Febrero2012

Por @Wicho — 29 de Febrero de 2012

Aunque We Are the Explorers no deja de ser un vídeo promocional de la NASA, en mi opinión la última frase lo clava en cuanto a por qué es importante no sólo la investigación espacial sino cualquier tipo de exploración e investigación científica:

No sabemos que nuevos descubrimientos nos aguardan, pero esa precisamente es la razón por la que debemos ir.
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Por @Wicho — 29 de Febrero de 2012

Probablemente no es algo que ninguno de nosotros vaya ya no a tener que hacer sino tan siquiera poder hacer, pero por si acaso, Pranas Dulis, el mismo que nos explicaba las diferencias entre la cabina de un Airbus 320 y un Boeing 737, nos enseña como encender este último modelo de avión desde la condición de frío y oscuro (cold and dark) y dejarlo listo para rodar.

En este caso le echa una mano su compañero Povilas Maknavicius, ya que es un procedimiento que se lleva a cabo entre dos.

El vídeo correspondiente al A320 está en Airbus A320 - From Cold and Dark to Ready for Taxiing.

(Nos envió el enlace fulgen después de verlo en Gizmodo).

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Por @Alvy — 29 de Febrero de 2012

Construyendo Mundos Mejores es su lema; el vídeo está dirigido por Ridley Scott. Y no digo nada más. Ahí lo dejo.

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Por @Alvy — 29 de Febrero de 2012

Billetes de euroMe encantó este sencillo truco MacGyveriano que publicaron en LifeHacker para un problema de la vida cotidiana: medir con cierta exactitud objetos cuando no tienes una regla a mano. Quizá no puedas encontrar una regla o metro, pero seguro que llevas algunos billetes en la cartera. Si recuerdas de memoria las dimensiones de esos billetes, ya tienes algo con lo que comparar.

Echando un vistazo a los tamaños oficiales de los billetes de euro se ve que lo más práctico (por comunes) es recordar que los billetes de 5 euros miden 12 cm de largo. El resto son ligeramente más grandes; de medidas exactas también está el billete de 50 euros de 14 cm. Tan solo el Bin Laden o «billete de 500€» –del que como es bien sabido no existen pruebas científicas de su existencia, aunque se debate entre el mito y la leyenda, como el bosón de Higgs– tiene, según quienes dicen haberlo avistado, otra medida exacta: 16 cm.

Las monedas para medidas más pequeñas son harina de otro costal, y la única un poco práctica si acaso parece la de 2 euros y 2,20 cm de diámetro (los doses ayudan como mnemotécnico). Otra medida relativamente común que se puede utilizar es la del largo de las páginas A4 (siempre que sean verdaderas A4, que es el tamaño más corriente y estándar): con sus 297 mm son casi, casi, 30 cm de largo por 21 cm exactos de ancho.

Hay gente que también se mide a sí misma: las manos, brazos, dedos, etc. hasta dar con algunas medidas exactas que luego vengan bien. Una bastante aproximada y muy tradicional para personasd de dimensiones promedio es que de la punta de los dedos al hombro del brazo opuesto suele haber 1 metro casi exacto, más o menos lo mismo que entre las huellas que dejan los pies en un paso «un poco largo».

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Por @Alvy — 29 de Febrero de 2012

Mujer-FichaEn CityPages publicaron una curiosa noticia con una importante moraleja sobre qué sucede a veces con nuestra información personal y el acceso que las entidades públicas, incluyendo los agentes de las fuerzas de seguridad del estado, pueden hacer de ella. El caso es el de una mujer estadounidense de unos 37 años que había sido policía. Rubia, de ojos verdes y físicamente atractiva, su vida privada sufrió una extraña «invasión» cuando se corrió la voz entre los colegas de trabajo acerca de que «estaba de muy buen ver», de que participaba en competiciones de culturismo y actividades por el estilo.

Unos 104 agentes de 18 agencias diferentes consultaron 425 veces sus datos personales: foto, nombre, dirección, teléfono y demás en la base de datos de Tráfico, que registra a todos los ciudadanos con carnet de conducir (en Estados Unidos es similar al DNI). Algunos llegaron incluso a llamarla para proponerle citas, como si tal cosa. El problema es que esa información personal está protegida por las leyes y no puede consultarla cualquiera así como así. De hecho los ordenadores registran quienes accede a las fichas (e incluso a veces ni eso, gracias a las puertas traseras) y esos cientos de agentes pueden tener ahora serios problemas con la justicia.

Podemos imaginar lo molesta que resultó la situación para la mujer en cuestión. Pero también que si para una nimiedad como es conseguir un teléfono o una dirección para el ligoteo los agentes de la ley se saltan las normas, qué no harán cuando consideran que se trata de algo más importante –según su particular «criterio»–. Es un problema que viene de antiguo: ¿quién vigila a los vigilantes?

La mujer va a denunciar el caso, y dice que no es una cuestión puntual, sino que a pesar de las restricciones legales, la policía utiliza esa base de datos como si fuera un Facebook, y que lleva años siendo así sin que nadie haga nada para impedirlo.

Este caso ejemplifica perfectamente por qué hay tanta gente en contra de registros como los DNI, las cámaras de vídeo en las calles y otras medidas de «seguridad» consistentes en meter toda la información de la gente en grandes bases de datos. Más allá de la supuesta seguridad que proporcionan –que además sabemos que es poca– pueden suponer una importante violación de la privacidad y facilitar los malos usos, tanto por los propios agentes encargados de custodiarla como por quienes puedan sobornarlos o simplemente hackear esos sistemas en remoto y acceder a ellos.

(Vía Neatorama.)

Actualización: Como nos recuerda Iosu, otro terreno donde se producen este tipo de problemas es en el de los historiales clínicos informatizados; véase esta noticia reciente: El Servicio Navarro de Salud debe pagar 125.000 euros por un acceso «ilegítimo» a un historial clínico.

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