Agosto2017

Por @Wicho — 21 de Agosto de 2017

Imagina que coges una bola de jugar a los bolos y le quitas el centro, como cuando le quiras el corazón a una manzana, dejándola con la forma de una especie de servilletero de, digamos, 20 centímetros de altura. Imagina que pudieras hacer lo mismo con la Tierra y dejarla convertida en un servilletero gigante de 20 centímetros de altura.

Pues, por increíble que parezca, ambos «servilleteros» tendrían el mismo volumen, aunque el primero sería bastante más grueso que el otro.

Tomatito vs. naranja

Esto es una consecuencia del Principio de Cavalieri, que viene a decir que «si dos cuerpos tienen la misma altura y además tienen igual área en sus secciones planas realizadas a una misma altura, poseen entonces igual volumen».

Michael de Vsauce hace los cálculos en The napkin ring problem y demuestra que esto es porque el volumen de esos dos «servilleteros» no depende del radio de la esfera de los que los saques sino de la altura de la pieza resultante, por poco intuitivo –más bien nada intuitivo– que esto resulte.

Un ejemplo más de que las matemáticas pueden hacer explotar tu cerebro de formas insospechadas.

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Por @Alvy — 21 de Agosto de 2017

Spaghetti Monster 1 1024x1024

Este colador del Monstruo Espagueti volador tiene una triple función: por un lado es un homenaje al FSM; por otro sirve como símbolo reconocido en carnets y pasaportes para sus fervientes seguidores y por otro es un estupendo y colorido colador para pasta – tenga albóndigas o no.

Además de todas estas virtudes es sin duda un símbolo superior en belleza y practicidad al de muchas otras religiones, sean de verdad o de broma «de la buena», de modo que sólo podemos decir ¡Ramén! ante lo que es un nuevo caso de

Shut up and take my money!!!

(Vía No puedo creer + Dangerous Minds.)

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Por @Wicho — 21 de Agosto de 2017

El 30 de junio de 1973 se produjo un eclipse total de Sol que alcanzó su máximo en el área de Agadez, en Níger. Allí el máximo del eclipse alcanzó los 7 minutos y 4 segundos, tan sólo 283 segundos menos del máximo posible.

Pero un grupo de científicos británicos y franceses pudieron disfrutar aquel día de la totalidad del eclipse durante algo más de 74 minutos.

Para ello convencieron a las autoridades francesas de que les dejara utilizar el prototipo número 1 del Concorde, convenientemente modificado con cuatro ojos de buey instalados en su techo sólo para ese vuelo de tal forma que los instrumentos pudieran apuntar al Sol a través de ellos.

Interior del Concorde
Uno de los instrumentos montados en el interior del Concorde para este vuelo

En plan era «sencillo»: despegar del aeropuerto de Las Palmas de Gran Canaria cuando la sombra del eclipse aún estaba atravesando Sudamérica e interceptarla sobre Mauritania, país que había accedido a cerrar su espacio aéreo para la misión.

A la caza del eclipse
A la caza del eclipse

Volando a Mach 2,05, con el mítico André Turcat a los mandos, el avión interceptó la trayectoria de la sombra del eclipse con una precisión de un segundo, lo que en una época en la que los sistemas de posicionamiento vía satélite apenas eran un sueño, no está nada mal.

Así, pudieron mantenerse dentro de la sombra del eclipse durante algo más de 74 minutos, y aunque la velocidad del Concorde les habría permitido seguir dentro de ella un rato más el hecho de que no había pistas de aterrizaje que le sirvieran más al este del Chad les obligó a dejarla ir.

Las observaciones realizadas a bordo incluyeron el estudio del entorno del Sol para ver si quedaban restos del paso de cometas, el efecto de la repentina oscuridad en las moléculas de oxígeno en la atmósfera y la medición de los pulsos en la intensidad de la luz que nos llegaba del Sol dieron para tres artículos en Nature y un montón de datos que estudiar. La altura a la que volaban, unos 17 kilómetros, contribuyó enormemente a la calidad de los datos obtenidos, ya que estaban por encima de las nubes y de buena parte de la atmósfera.

Postal y sello conmemorativos del vuelo
Postal y sello conmemorativos del vuelo

Así que lo de los siete minutos que conseguirán los dos WB-57F de la NASA que siguieron el eclipse del 21 de agosto de 2017 no está mal, pero queda un poco en mantillas frente a lo del Concorde.

(Descubrí esta historia en un tuit de Thomas Pesquet; encontré más información en Motherboard).

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Por @Alvy — 21 de Agosto de 2017

Este cortometraje de Grant Harveyes titulado Tears in the Rain (Lágrimas en la lluvia) es todo un homenaje a Blade Runner, una suerte de precuela con tan solo un par de personajes, una cuidada ambientación, una estupenda banda sonora y unos efectos visuales más que dignos. Es como dice su autor «toda una carta de amor a la obra maestra de Ridley Scott y a la novela de Philip K. Dick en que está basada.

Teniendo en cuenta que los 11 minutos de Tears in the rain se rodaron en un par de días con un muy limitado presupuesto de tan sólo unos 1.500 dólares esta pequeña joya es casi un sueño imposible hecho realidad. La historia se sitúa como precuela de la película, con una historia sobre los Nexus 3 (anteriores a los Nexus 6) que enlaza bien con el original.

El cortometraje está lleno de detalles, guiños y homenajes –especialmente a las frases míticas– tanto en cuanto a los personajes como en la ambientación, y quizá por eso es una delicia. Pero también su pequeña historia tiene un interés nada despreciable; quizá por eso guste tanto a los fans y ha ganado algunos premios y menciones.

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