Por Nacho Palou — 7 de Junio de 2015


Concorde de Air France con librea de Pepsi, en 1996— Fotografía de Richard Vandervord

El Flight Club, Remember When A Concorde Wore This Ridiculous Pepsi Livery?,

Para promocionar su nuevo logotipo, en 1996 Pepsi pintó de azul uno de los Concorde que entonces Air France tenía operativos.

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El Concorde opera en entornos extemos a altitudes de más de 18 000 metros manteniendo velocidades de crucero de Mach 2 [2172 km/h o 2,04 veces la velocidad del sonido] y el revestimiento del avión está sujeto a enormes presiones durante el vuelo supersónico (...) Esto exige el uso de una pintura específica con una alta reflectividad y un esquema de pintura lo más simple posible para disipar tanto calor como sea posible.

El Concorde con la librea de Pepsi debía mantener en cambio una velocidad de crucero de Mach 1,7 debido a que toda esa pintura azul no era tan efectiva como la pintura blanca a la hora de disipar el calor.

Aunque el cuerpo del avión estaba pintado de azul, las alas conservaban el color blanco tradicional del Concorde para conseguir la máxima disipación del calor en ellas, ya que en su interior están situados los tanques de combustible.

Esta obsesión por disipar el calor puede parecer exagerado, pero en realidad no lo es: cuando el Concorde alcanzaba su velocidad de crucero el calor por la fricción con el aire provocaba una variación en la longitud del fuselaje de entre 15 y 30 cm — longitud que algunas aerolíneas hoy considerarían espacio de sobra en el que colocar otra fila de asientos.

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Así de cerca puedes estar del Concorde en el The Intrepid Sea, Air & Space Museum, uno de los lugares que exponen alguna unidad del mítico avión. Puedes pasear por debajo de él y si te pones muy sentimal no tienes más que estirar un brazo para acariciar algunas partes del fuselaje. Incluso se puede concertar un visita al interior.

Lo que más impresiona estando junto al Concorde es... lo pequeño que es en realidad. Y sobre todo lo pequeño que es en relación a la enormidad de sus motores. Básicamente es un ala con cuatro motores del tamaño de un coche familiar. Con el SR-71 Blackbird que se puede ver en el mismo museo, instalado sobre la cubierta del portaaviones Intrepid, la sensación es bastante parecida.


Los turborreactores Rolls-Royce/Snecma Olympus 593 tenían una potencia de 169 kN en su tercera y última variante destinada al Concorde.

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Debajo de cada Concorde este adhesivo —que no es muy grande, hay que fijarse bien para verlo— estaba firmado por los ingenieros responsables de cada aparato, junto con la declaración de intenciones del Concorde: ser el mejor avión y volar por encima de los demás.

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