Por Nacho Palou — 3 de Junio de 2009

Juan nos consultaba por correo si tenía cabida pensar que el Airbus de Air France pudiera haber sido alcanzado por un resto de basura o chatarra espacial.

La consulta es similar a una pregunta planteada en las páginas del Asteroid and Comet Impact Hazards a raíz del accidente del TWA 800 de 1996 sobre si era posible que un meteorito pudiera chocar contra un avión comercial y hacerlo explotar y si podría haber sido ésta la causa de la destrucción en vuelo del TWA 800.

(Respuesta rápida: improbable)

Que en lugar de un meteorito fuera un resto de basura espacial se antoja incluso aún menos probable e incluso altamente improbable cercano (pero sin llegar) a imposible, ya que son muchos más lo meteoritos que logran atravesar las capas altas de la atmósfera sin quemarse que la cantidad de basura espacial que lo consigue.

La llamada basura espacial en su mayor parte consiste en restos y artefactos pequeños y frágiles (suele ser aluminio y metales ligeros) que normalmente se queman antes si quiera de tocar las capas más densas de la atmósfera. Esto a diferencia de la naturaleza mineral y de hierro de los meteoritos, que incrementa su resistencia a la fricción y por tanto no es raro que un buen puñado de ellos alcancen la superficie de la tierra cada año.

Aunque ha habido casos de basura espacial lo suficientemente grande como para no quemarse por completo en la atmósfera y golpear la superficie son casos muy excepcionales. Se trata de artefactos realmente inusuales y grandes, como lo fue el de la estación espacial Skylab cuyos restos alcanzaron zonas del Océano Índico y de Australia -donde el gobierno local multó a los EE UU por arrojar basura en suelo público- y no suelen suponer un peligro directo en tierra.

Basura Espacial cercana a la Tierra
Objetos en órbita alrededor de la Tierra.
La zona de mayor densidad es la circunferencia de a 36.000 km correspondiente a la órbita geoestacionaria, donde habitan la mayoría de los satélites de telecomunicaciones.
Imagen ESA / Agencia Espacial Europea.

Sin embargo, la basura espacial sí supone un problema en su entorno, ya que puede causar daños en satélites y naves espaciales. Allí arriba una partícula del tamaño de una mota de polvo puede resultar catastrófico en misiones tripuladas y ya han causado algún susto a la tripulación de la Estación Espacial.

Precisamente fue un satélite en desuso, sin control orbital, el que destruyó recientemente el satélite de comunicaciones Iridium 33, en un impacto que dispersó millones de restos que se calcula pueden permanecer 10.000 años en órbita, con el riesgo que esto supone para futuras misiones y vuelos espaciales, incluso turísticos.

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