Por @Wicho — 5 de Junio de 2007

A pesar de que cuando hoy en día alguien habla de un PC normalmente tiene en mente un ordenador compatible con el PC de IBM, lo que a estas alturas quiere decir una máquina Wintel, hoy se cumplen 30 años de la puesta a la venta del Apple II, el ordenador que por primera vez demostró que el público en general podía tener interés en tener un ordenador en su casa y probablemente el primero al que en justicia se le podía aplicar el título de ordenador personal.

Apple II © Apple Inc.

Basado en un procesador 6502 de MOS Technology a 1 MHz (sí, 1 megahercio) y con la friolera de 4 KB de RAM (ampliables a un máximo de 48 KB) el Apple II tenía además un teclado incorporado, dos intérpretes de BASIC integrados en su ROM, una salida de vídeo en color capaz de mostrar 24 líneas de 40 columnas en un monitor o en una televisión (usando un modulador de radiofrecuencia opcional), altavoz, y se podía conectar a un casette para grabar o cargar programas; no sería hasta 1978 cuando aparecerían las unidades de disco flexible que permitirían mayor velocidad y capacidad de almacenamiento.

Tenía además 8 ranuras para tarjetas de expansión para las que se desarrollaron todo tipo de tarjetas que le permitían desde correr otros sistemas operativos -algunas estimaciones dicen que en la década de los 80 la mitad de los ordenadores que usaban CP/M eran Apple II con tarjetas Z80- a conectar todo tipo de periféricos, incluidos instrumentos de laboratorio, pasando por ampliaciones de memoria o tarjetas de vídeo de mejores prestaciones que la incorporada.

Aunque parezca mentira porque ahora la cuota de mercado de Apple está por debajo del 10%, durante los 80 y parte de los 90 el Apple II fue el estándar de facto en el mercado educativo de los Estados Unidos, y también tuvo un enorme éxito en el mundo empresarial gracias a Visicalc, la primera hoja de cálculo de la historia.

Estuvo en producción hasta el 15 de octubre de 1993, cuando fue definitivamente sustituido por el Macintosh tras haber vendido entre cinco y seis millones de unidades entre todas sus variantes, sin que nadie se atreva ni siquiera a estimar cuantos millones más de clones, legales o no, se vendieron.

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