Por @Wicho — 30 de Septiembre de 2009

Esta anotación fue publicada originalmente en La Voz de Galicia, diario en el que nos han fichado como colaboradores para publicar una página sobre tecnología, ordenadores, Internet y esas cosas en la sección de Sociedad.

Los chips también han revolucionado los teléfonos móviles - Foto por Manuel MarrasUna ley que cambió el mundo,
La Voz de Galicia 27 de septiembre de 2009.

Los continuos avances en la potencia de los ordenadores gracias a los chips fueron previstos con enorme exactitud hace más de cuarenta años por Gordon Moore

El 19 de abril de 1965, en en el número que marcaba el 35.º aniversario de la revista Electronics, Gordon Moore, cofundador junto con Robert Noyce de Intel, la empresa que fabrica la mayoría de los procesadores de los ordenadores personales que se venden en la actualidad, publicaba un artículo titulado Encajando más componentes en circuitos integrados, que incluía un párrafo que venía a decir que el número de transistores que se podría meter en un circuito integrado -un chip- por el mismo precio se duplicaría cada año, lo que simplificando equivale a decir que los chips se volverían el doble de potentes cada año.

Esta afirmación, que el propio Moore modificaría en 1975 para decir que esta duplicación se produciría cada dos años, fue bautizada sobre 1970 por Carver Mead, profesor de Instituto Tecnológico de California y pionero también en el desarrollo de los circuitos integrados, como la Ley de Moore, y ha demostrado ser acertada, algo extremadamente inusual en el campo de la tecnología, y aún se sigue cumpliendo hoy en día, a pesar de que en numerosas ocasiones se anunció su muerte y de que cuando fue formulada el autor solo se atrevió a decir que se mantendría durante al menos diez años.

Con el paso del tiempo incluso ha llegado a decir que dado que la tecnología está a punto de alcanzar la barrera del tamaño de los átomos en cuanto a su capacidad de colocar más transistores en un chip, en unos 5 o 15 años, a partir de ahora se producirá una ralentización del proceso a menos que se adopten otras tecnologías. Pero pase lo que pase en el futuro, lo cierto es que desde los primeros chips, que contenían un solo transistor, hasta los microprocesadores actuales que contienen miles de millones de ellos la evolución de estos dispositivos ha cambiado radicalmente nuestro mundo.

Revolución tecnológica
Para empezar, fue precisamente la aparición del microprocesador la que permitió la aparición a su vez de los ordenadores personales, que si bien desde que salieron al mercado no han bajado de un precio mínimo en muchos años hasta que han aparecido en los ultraportátiles de 300 o 400 euros, tampoco han parado de ofrecer más y más prestaciones por el mismo precio.

Pero los chips no solo están presentes en los ordenadores, sino en prácticamente cualquier ámbito de la vida, como televisores, microondas, equipos médicos, medios de transporte, teléfonos móviles, consolas de videojuegos y cámaras digitales, por citar solo algunos ejemplos, dándoles a todos estos dispositivos capacidades que hace pocos años nos habrían parecido de ciencia ficción.

De hecho, las características en cuanto a velocidad de proceso, capacidad de memoria, o incluso el número de píxeles en los sensores de las cámaras digitales y de la mayoría de los dispositivos electrónicos digitales crecen a un ritmo muy similar al previsto por la Ley de Moore, e incluso hasta el móvil más barato con cámara es capaz hoy en día de guardar las fotos en formato jpg sobre la marcha, cuando no hace mucho más de diez años era necesario utilizar una tarjeta aceleradora especial para hacer eso en un ordenador personal sin que se eternizara en el proceso.

Así, en la mayoría de los casos, todos estos dispositivos, incluidos los ordenadores, hace tiempo que van absolutamente sobrados de potencia para la mayoría de los usos que les damos, con lo que como usuarios haríamos bien en fijarnos más en la facilidad de uso de estos que en la potencia pura, que igual que decía aquel anuncio de neumáticos, por si sola no sirve de nada.

Para compensar los efectos de la Ley de Moore tenemos el «software inflado», o el Gran Compensador de la Ley de Moore, como lo llamó Randall C. Kennedy, un antiguo empleado de Intel, que se encarga de ir haciendo que las ganancias en prestaciones de los ordenadores queden compensadas por las cada vez mayores exigencias del software al ir acumulando más funciones, no siempre especialmente útiles ni apreciadas por los usuarios.

Según Kennedy, a pesar del aumento de las prestaciones de los ordenadores entre el 2000 y el 2007, Microsoft Office 2007 hacía las mismas tareas a la mitad de la velocidad en un ordenador típico del 2007 que Office 2000 en un ordenador del 2000, aunque esto es aplicable a muchos otros programas y sistemas operativos.


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