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La calidad del audio que nos rodea: ingeniería vs. percepción

5052 Stereo Valvle (CC) Ewan Topping @ Flickr

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone donde colaboramos semanalmente con el objetivo de crear historias que «alimenten la mente de ideas».

Cuando examinamos la calidad de los equipos audiovisuales que nos rodean en el hogar, el coche o los centros de ocio, solemos pasar muchos detalles por alto que solo los expertos son capaces de definir con palabras. Por eso me encantó descubrir por ahí medio perdida esta entrevista a Alan Parsons en CE Pro, una revista para los profesionales de la electrónica donde desvela algunos de estos detalles.

Quién sería más adecuado para hablar de música: ¿Un artista capaz de valorar su calidad? ¿Un productor que sepa lo que cuesta conseguirla? ¿O un ingeniero que conozca toda la tecnología implicada en ello? Pues nadie más indicado que Alan Parsons, que ha tocado las tres facetas –como productor, músico e ingeniero de sonido– con estrellas como Los Beatles o Pink Floyd.

Hace tiempo ya explicábamos que para mucha gente la calidad no es lo más importante, algo en lo que Alan Parsons parece estar de acuerdo: él sostiene que los consumidores prefieren el MP3 porque es «rápido» –y en muchos casos gratis– y porque no saben lo que se pierden. Considera que el CD es una calidad «razonable» pero que estaría bien tener disponibles otros formatos de más resolución.

Los venerables discos de vinilo, afirma Alan Parsons, sigue siendo para puristas, y los formatos de más alta calidad, para los ingenieros. El hecho es que existen formatos para almacenamiento de música superiores al CD, como el DVD-Audio, el Super Audio CD o el DTS-HD Master Audio, pero no solo son formatos «enfrentados» sino que ninguno de ellos parece haber ganado la guerra frente a los CDs convencionales o el MP3.

Y sobre las disputas de los audiofilos respecto a si la calidad del vinilo es superior a la de algunos MP3, la discusión sigue abierta: los más viejos del lugar recordarán que en los primeros MP3 con una velocidad de muestreo muy baja se notaba realmente la ausencia de ciertos sonidos y frecuencias; en cambio hoy en día con los MP3 de alta calidad (256 Kbps en adelante) es difícil distinguirlos de los CD, o de los vinilos, para el caso.

El propio Alan Parsons reconoce en la entrevista no ser un gran consumidor de música «ni como entretenimiento» y que tampoco se gasta mucho dinero en equipos de audio; aparte de tenerle cierta «manía» a YouTube a quienes considera un poco piratillas. Pero deja caer otra perla que tiene que ver con la calidad del audio que disfrutamos a diario: lo que recibimos como audio final ha pasado por innumerables procesos de compresión y descompresión, y vuelta a comprimir y descomprimir, de modo que la calidad final queda degradada de forma casi inevitable.

¿En dónde puede apreciarse fácilmente esa degradación? Pues, por ejemplo, en la sincronización entre el audio y el vídeo. Ahora que todas las emisiones llegan codificadas a través de TDT (Televisión Digital Terrestre), satélite digital o Internet es fácil que en estos procesos de compresión la sincronía entre las imágenes y el audio quede ligeramente desplazada. Para expertos como Parsons, que se considera «especialmente sensible» a esos matices, es algo que se detecta fácilmente. De hecho, asegura que más o menos la mitad de los canales que se emiten están ligeramente desincronizados: de hecho basta zapear un poco y fijarse en ese detalle en escenas de diálogo o conciertos para observarlo.

Desde luego, con tantos canales en el aire cuyos telediarios incluyen un sinfín de vídeos de YouTube tremendamente pixelados no parece que esto sea un problema técnico sino simplemente de dejadez: qué más dará la sincronización del audio –pensarán– si estamos emitiendo píxeles como puños a menos fotogramas por segundo que las películas de Georges Méliès.

Afortunadamente, los seres humanos tenemos una habilidad innata en nuestro cerebro para «completar» todo lo que falta, ya sean imágenes o sonidos. Podemos ver caras donde hay píxeles y recrear una sinfonía a falta de algún acorde o matiz musical. Esta capacidad que nos ha proporcionado la evolución hace, aunque parezca raro, que ver un telediario «youtube» o escuchar un MP3 sea más llevadero.

{Foto: 5052 Stereo Valvle (CC) Ewan Topping @ Flickr}