Por Nacho Palou — 13 de Junio de 2016

Las tres leyes de la robótica dictan que,

  1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.

Aunque originarias de un relato de ciencia ficción escrito por Isaac Asimov en 1942, se considera que estas tres «leyes» son potencialmente aplicables y válidas también en el MundoReal™.

O no.

Porque al menos por ahora las de Asimov no son leyes de verdad y por tanto no son de obligado cumplimiento. Es motivo es precisamente el que ha llevado al artista Alexander Reben a construir un robot cuyo único propósito es hacer daño a las personas.

Según Alexander Reben, «hasta ahora nadie había construido un robot con el único fin de hacer daño» según se recoge en This Robot Intentionally Hurts People—And Makes Them Bleed,

Robot disenado causar dolor

El daño causado no es más que un pinchazo en el dedo, aunque lo efectúa a alta velocidad con el fin de provocar tanto daño como sea posible hacer clavando una aguja en el dedo. La máquina está diseñada para provocar dolor de forma aleatoria. Algunas veces el robot clava la aguja y algunas veces no, de modo que incluso cuando su constructor coloca el dedo no sabe si el robot le hará daño o no.

Su propósito, a parte de tal vez ganarse el título de robotista más macarra del lugar, tiene más que ver con llamar la atención y encender el debate al respecto, que profesionales relacionados con las leyes, la filosofía, la ingeniería o la ética tomen en cuenta su su construcción y resuelvan de forma conjunta el problema que trata de plantear con su obra.

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