Por @Alvy — 10 de Marzo de 2009

Wired entrevista al sociólogo y transhumanista James Hughes acerca de la clínica de fertilidad americana que ofrecía niños «a la carta» donde se examinan algunos ejemplos de lo que ya ha sucedido y puede suceder en el futuro: Designer Babies: A Right to Choose?

Hughes: Mientras que las opciones que se ofrezcan sean elegir el color de ojos y del pelo, eso no va a crear ningún desequilibro en cuanto a desigualdades en nuestra sociedad. Es un pequeño detalle y la gente más pudiente podrá tener más opciones reproductivas, pero no sería una razón como para prohibir esas libertades en cuanto a la reproducción.

Ahora bien: si esas técnicas genéticas permitieran duplicar el Cociente Intelectual de los niños –cosa que no puede hacerse– ese sí sería el tipo de desigualdad que requeriría unas políticas sociales para evitarlo. Me preocupan ese tipo de cosas, no el color de ojos.
Hughes: En los últimos cinco o seis años hemos visto todo tipo de cosas, por ejemplo una pareja de lesbianas sordas que querían que se elegiera genéticamente un embrión que portara la misma sordera hereditaria. Ellas consideraban que la sordera era algo en cierto modo benigno y que vivir en el mundo de la gente que oye es como vivir en el mundo de los blancos siendo negro (…) Un principio desarrollado por Peter Singer resulta útil para decidir sobre la moralidad de este tipo de situaciones: Si los padres fueran castigados legalmente por retirarle cierta característica a un niño ya nacido, probablemente se trataría de algo malo.

También hay unas preguntas a Marcy Darnovsky del Center for Genetics and Society, pero en esta ocasión son mejores las preguntas de Brandon Keim de Wired que las respuestas:

Wired: ¿Por qué es diferente la posibilidad de realizar una selección genética que tomar suplementos dietéticos durante el embarazo? ¿Por qué es diferente de, digamos, negarse a concebir un niño con alguien que tenga taras que no se quieran transmitir genéticamente? ¿Qué problema hay con todo esto? (…)

Marcy Darnovsky: Es una cuestión de igualdad (…) Muchos genetistas bioéticos que han contemplado estos escenarios creen que lo más probable es que sólo la élite tuviera acceso a los niños modificados genéticamente.
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