Por @Alvy — 18 de Septiembre de 2019

Un equipo de ingenieros del MIT han desarrollado lo que llaman «el material más negro existente hasta la fecha», más negro que el Pantone Black, más negro que el alma de un spammer, más negro que la negrura misma y que la sangre del Yibb-Tstll de Lovecraft.

Lo curioso es que este material es más negro incluso que el famoso Vantablack®, que absorbe el 99,96% de la radiación lumínica, que a su vez era más negro que el crearon en la Universidad de Rice (99,9%) e incluso más que la muestra de carbono que se utiliza en los centros de certificación para medir la «negrura». De esta nueva creación dicen que absorbe el 99,995 por ciento de la luz, por lo que es diez veces más negra todavía.

La demo de este material, compuesto por microfilamentos en forma de nanotubos de carbono, puede verse en el vídeo de Amaze Lab y en vivo en el edificio de la Bolsa de Nueva York en forma de montaje artístico, y se llama The Redemption of Vanity: un diamante pintado de este negro negrísimo.

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Por @Alvy — 14 de Septiembre de 2019

Estos veinte minutos de entrevista con el profesor de informática y experto en computación cuántica Scott Aaronson son muy densos y dan para muchos temas. Lanza muchas preguntas –que es lo interesante– especialmente sobre el tema de la consciencia en las máquinas, uno de mis favoritos. Está en el canal de Science, Tech and the Future –que es un poco fringe y marginal, todo sea dicho– y hasta podría entrar en la calificación de pajamentalero. Pero está entretenido para desconectar y pasar un rato.

El título proviene de un trabajó que publicó hace unos años el mismo Aaronson con el título The Ghost in the Quantum Turing Machine hablando de física, libre albedrío, azar y muchas cosas más. Por el camino se habla de la paradoja de Newcomb (y en cierto modo del experimento mental del Basilisco de Roko), de la entropía y la flecha del tiempo y del teorema de no clonación.

Entre otras cosas viene a plantearse la cuestión de si el cerebro humano es «clonable» o no, probablemente lo segundo. Si fuera copiable de forma obvia alguien podría copiar un cerebro en una especie de simulación, hacerla funcionar más rápido (o revertirla) y «adivinar qué iba a hacer» o «qué hizo» alguien, incluso demostrándole incluso a ese ser copiado que no tiene libre albedrío. ¿Qué sucedería si se matara a la copia o copias? ¿Podría hacérsela sufrir amenazándola con eliminar a otras copias iguales? Razonando como en el argumento de Nick Bostrom en «¿Vivimos en una simulación?» nosotros ya seríamos esas copias. ¡Chungo! Sin embargo el teorema de no clonación no permitiría hacer una copia cuántica de nuestro cerebro, de modo que en cierto modo tendríamos una «privacidad» especial. Aunque no estaría muy clara la relación de eso con la consciencia como tal.

Otra cuestión interesante –definiciones aparte, claro– es si se puede poner un límite físico a la «cantidad de consciencia» de un sistema físico. Explicado en plan rápido:: sabemos que una persona tiene algo que llamamos consciencia, pero, ¿lo tiene una piedra? ¿una célula? ¿un ordenador avanzado? ¿una molécula? ¿un átomo?

Curiosamente conocemos los límites a la cantidad de computación y almacenamiento que puede haber en un sistema físico, que dependen básicamente de su tamaño. Por ejemplo, en una esfera es de unos 1069 qubits por metro cuadrado de superficie; el número de pasos computacionales que puede ejecutar en toda su existencia tiene un límite similar. ¿Cuál sería el mínimo para afirmar que en esa computación cuántica hay consciencia? En el Universo desde luego lo hay (¿o no?), también en un ser humano… ¿Somos diez o cien veces más «conscientes» que una rana simplemente porque somos más grandes? ¿Se podría llegar a razonar que incluso un electrón tiene algún tipo de consciencia?

Todo esto es la parte que me pareció más interesante de la entrevista, pero el resto contiene muchas más preguntas todavía, y algunos datos y conceptos llamativos, desde el solipsismo a los códigos de corrección de errores en computación cuántica o la necesaria aplicación de la navaja de Occam para zanjar algunas cuestiones. Tan entretenido como apasionante.

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Nota: Aunque a veces los términos consciencia y conciencia son según el diccionario sinónimos prácticamente intercambiables, en el contexto de la inteligencia, la neurología y la filosofía son bastante diferentes. Consciencia suele aplicarse para el «autoconocimiento de la propia existencia» (ej. «recuperar la consciencia tras haber estado anestesiado») y conciencia cuando además de eso hay ciertas implicaciones morales (ej. «ser consciente de que golpear con un palo en la cabeza a alguien está mal»).

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Por @Wicho — 13 de Septiembre de 2019

Icono CONCISECONCISE es un proyecto de investigación de dos años formado por nueve instituciones de cinco países europeos que tiene como objetivo conocer el papel que desempeña la comunicación científica en el origen de las creencias, percepciones y conocimientos sobre temas científicos de la ciudadanía.

Para ello hará cinco consultas ciudadanas en las que grupos de ciudadanos con perfiles escogidos para representar toda la sociedad contarán cómo perciben cuatro temas científicos rodeados de bastante controversia: vacunas, el uso de medicinas complementarias y alternativas, el cambio climático y los organismos modificados genéticamente, más conocidos como transgénicos aunque en realidad no son exactamente lo mismo. El equipo de Concise evaluará, validará, analizará y comparará sus conocimientos y posturas sobre estos cuatro temas científicos, con el fin de publicar los resultados con libre acceso.

La primera de estas consultas arranca mañana en Vicenza, Italia; le seguirán Łódź en Polonia, Trnava en Eslovaquia, Valencia en España y finalmente Lisboa en Portugal.

La idea es que las consultas permitan profundizar en la comprensión pública de la ciencia e identificar los modelos actuales de comunicación científica a través de los que las personas se informan sobre ciencia. El objetivo es dar con indicadores que ayudarán a mejorar la comunicación científica.

Y es que aunque muchas veces como sociedad no pensemos en ello la ciencia –y su derivada aplicada la tecnología– son fundamentales para nuestra vida. Pero los científicos también tienen que aprender a transmitir esa relevancia de lo que hacen a la sociedad en la que viven y que, además, los financia.

Concise es un proyecto europeo (H2020 – SwafS, GA n. 824537) que reúne a socios de cinco países europeos: España, Italia, Portugal, Polonia y Eslovaquia. Uno de los socios es la Asociación Española de Comunicación Científica, de cuya junta directiva soy miembro.

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Por @Wicho — 13 de Septiembre de 2019

Un momento de la ceremonia de entrega
Un momento de la ceremonia de entrega / AIR

Suenan a broma pero no lo son; son investigaciones serias que quizás algún día sirvan para algo más que echarnos unas risas. Y los premios Ig Nobel de 2019, otorgados los editores de Annals of Improbable Research, han recaído en estas categorías y «cienteficos»:

  • Medicina: Silvano Gallus, por recoger pruebas de que la pizza podría proteger contra la enfermedad y la muerte si la pizza se hace y se come en Italia.
  • Formación médica: Karen Pryor y Theresa McKeon, por usar una técnica simple de entrenamiento de animales llamada «clicker training» para entrenar a cirujanos para realizar cirugía ortopédica.
  • Biología: Ling-Jun Kong, Herbert Crepaz, Agnieszka Górecka, Aleksandra Urbanek, Rainer Dumke, y Tomasz Paterek, por descubrir que las cucarachas muertas magnetizadas se comportan de manera diferente a las cucarachas vivas magnetizadas.
  • Anatomía: Roger Mieusset y Bourras Bengoudifa, por medir la asimetría de la temperatura escrotal en carteros desnudos y vestidos en Francia.
  • Química: Shigeru Watanabe, Mineko Ohnishi, Kaori Imai, Eiji Kawano y Seiji Igarashi, por estimar el volumen total de saliva producido al día por un niño típico de cinco años. [Aunque cualquiera que haya tenido hijos aseguraría sin necesidad de estudio alguno que varias toneladas.
  • Ingeniería: Iman Farahbakhsh, por inventar una máquina de cambio de pañales para bebés humanos.
  • Economía: Habip Gedik, Timothy A. Voss, y Andreas Voss, por comprobar qué papel moneda de un país es el mejor para transmitir bacterias peligrosas.
  • Paz: Ghada A. bin Saif, Alexandru Papoiu, Liliana Banari, Francis McGlone, Shawn G. Kwatra, Yiong-Huak Chan, y Gil Yosipovitch, por tratar de medir el placer de rascarse una picazón.
  • Psicología: Fritz Strack, por descubrir que sostener un bolígrafo en la boca te hace sonreír, lo que te hace más feliz, y por descubrir que no es así.
  • Física: Patricia Yang, Alexander Lee, Miles Chan, Alynn Martin, Ashley Edwards, Scott Carver y David Hu, por estudiar cómo y por qué los wombats hacen caca en forma de cubo. Nota: Este es el segundo Premio Ig Nobel que se llevan Patricia Yang y David Hu. Ellos dos y otros dos colegas compartieron el Premio Ig Nobel de Física de 2015 por probar el principio biológico de que casi todos los mamíferos vacían sus vejigas en unos 21 segundos (más menos 13 segundos).

¿Que no te crees que estos sean estudios científicos de verdad? En Announcing the 2019 Ig Nobel Prize Winners tienes los enlaces a todos y cada uno de ellos.

Y para seguir echándote unas risas aquí tienes todas las listas que hemos venido publicando cada año desde que Microsiervos existe: 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018.

Por cierto que los premios Ig Nobel tienen dotación económica: 10 billones de dólares zimbabuenses. Que hoy en día equivalen a… nada porque esa moneda fu abandonada en 2009.

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