Por @Alvy — 18 de Diciembre de 2018

Este instructivo vídeo muestra cómo ha sido el descubrimiento de 105 elementos químicos en los últimos 300 años. Antes de eso no se sabría gran cosa sobre el tema, así que añadidos a los otros 13 que se conocían de la antiguedad forman los 118 de la tabla periódica de los elementos actual.

La ONU por cierto ha proclamado el año 2019 como el Año internacional de la tabla periódica de los elementos químicos, así que hay que irla repasando y qué mejor manera que esta.

Los 13 elementos que toma el vídeo como «conocidos desde la antigüedad» son el carbono, fósforo, azufre, hierro, cobre, arsénico, plata, estaño, antimonio, oro, mercurio, plomo y bismuto. El vídeo comienza en el año 1718 y hasta 1739 no se descubre el cobalto, que es el siguiente que se añade. El hidrógeno a pesar de ser tan abundando en el universo y tan elemental no se descubrió hasta 1766.

Cuando comienza el siglo XIX ya se conocen 35 elementos, incluyendo el uranio aunque no estaba muy claro qué era exactamente –aunque se sabe de hecho que en el siglo I ya se empleaba como pintura para decorar cerámica–. Por cierto, que tomó su nombre del planeta Urano, no al revés.

A principios del siglo XX la tabla ya tenía 85 elementos, con tan solo el tecnecio y el astato como principales ausentes de la parte principal de la tabla (excepto la séptima fila; números atómicos 87 a 118). Todos los demás que faltaban eran las llamadas tierras raras: lantánidos y actínidos. De hecho del elemento 95 al 118 sólo existen versiones «sintetizadas en laboratorio» porque no se encuentran en la naturaleza. El último elemento se descubrió el 30 de diciembre de 2015; los últimos nombres y símbolos se confirmaron en noviembre de 2016.

Un vídeo sin duda instructivo y curioso, que probablemente puede venir bien a la chavalada de secundaria para familiarizarse con la tabla.

(Vía Visual Capitalist.)

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Nota: en la parte principal de la tabla del vídeo hay dos huecos para los elementos 71 y 103, pero es porque a veces se sitúan al final de las filas de las tierras raras. Son el lutecio (Lu) y el laurencio (Lr), aunque en el vídeo por error han puesto al laurencio el símbo del rubidio (Rb) elemento 37).

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Por @Alvy — 17 de Diciembre de 2018

IllustrisTNG

El proyecto IllustrisTNG genera simulaciones cosmológicas de la formación de galaxias, algo que denominan simulaciones magnetohidrodinámicas, con la idea de arrojar algo de luz a los procesos mediante los que se crean y evolucionan estas estructuras en el universo.

En su página web de imágenes y vídeos tienen un montón de material interesante y muy bonito, casi «artístico» se diría, aunque todo procede en realidad de los puros datos surgidos de los modelos matemáticos. El que ilustra esta anotación por ejemplo es una simulación de la potencia del campo magnético interestelar [MPEG4], con regiones azules y púrpuras de baja energía a modo de filamentos de la «telaraña cósmica», mientras que las regiones blancas y naranjas son donde hay campos magnéticos más intensos: en el interior de las galaxias. [Del mismo vídeo hay versión 4K que debe ser más impresionante todavía, aunque a mi no me ha funcionado.]

Para hacerse una idea de la magnitud de esta simulaciones y su complejidad baste saber que la imagen corresponde a una región de unos 10 megapársecs: unos 300 trillones de kilómetros (3 × 1020 km).

A quien le interesen estos temas le gustará también este artículo: The Universe Is Not a Simulation, but We Can Now Simulate It (Quanta Magazine), que es donde encontré la referencia original. Allí se cuentan las dificultades y se explican las técnicas que utilizan los astrofísicos para la creación de estos modelos que buscan simular cómo es el universo a tan grandísima escala.

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Por @Alvy — 17 de Diciembre de 2018

Mounzer Awad @ Unsplash

Unos recientes trabajos de investigadores de la Universidad de Waterloo han confirmado algo que en cierto modo más o menos se conocía –en especial entre los aficionados a los métodos mnemotécnicos– pero ahora ha sido comprobado experimentalmente. Tal y como se publica en The British Psychological Society, cuando se trata de memorizar datos, el hecho de dibujar algo es infinitamente superior de cara a recordarlo que simplemente escribirlo. Es tan grande la diferencia que no sólo ayuda a los adultos más mayores que empiezan a «olvidar cosas» sino incluso a quienes padecen de una pérdida avanzada de las funciones cognitivas.

La investigación consistió en pedir a los voluntarios que recordaran largas listas de palabras comunes (perro, manzana, camión…) y luego comprobar cuántas podían recordar al cabo de unas horas o varios días. Había cierta diferencia entre quienes simplemente las memorizaban o las escribían y sobre todo respecto a quienes las dibujaban (incluso aunque fuera con unos pocos garabatos en unos pocos segundos). También probaron con conceptos más complicados y términos como «isótopo», dejando más tiempo para dibujar; también funcionó. Si se les pedía simplemente calcar un dibujo ya existente o dibujar a ciegas sin ver el papel la cosa mejoraba, pero no tanto.

Lo que les pareció más curioso a los investigadores es que la mejora en la capacidad de memorización no dependiera de la calidad de los dibujos: incluso dibujando muñecos de palo había una diferencia notable. Aunque la técnica puede ser simplemente una más al tratarse de varios estudios relacionados que apuntan todos en la misma dirección creen que puede ser relevante de cara a plantear estrategias para ayudar a traer de vuelta los recuerdos y reforzar la memoria de muchas personas.

Esta noticia me recordó dos cosas: una, la noticia de la abuelita aquella que utilizaba una agenda de teléfonos con dibujos hechos por su nieto porque no sabía leer y con los dibujos había resuelto el problema (lo cual requiere también asociar dibujos con personas reales y sus nombres). La otra es la del conocido y muy práctico método de loci o «palacio de la memoria», una técnica de memorización que consiste en recordar una secuencia de palabras asociándola a objetos que están en un lugar o un recorrido imaginario. Es fácil de llevar a cabo y muy útil. Hay incluso quien lo utiliza para memorizar el orden de dígitos aleatorios o los naipes de una baraja mezclada.

Algo similar que leí hace poco y también parece funcionar es algo así como «el método del absurdo» para recordar pequeños datos un tanto irrelevantes durante el tiempo justo: si aparcas el coche en la calle, tienes que acordarte de hacer algo al llegar a la oficina o de llamar a una persona sin falta, basta visualizarlo la cosa o asunto junto con algo totalmente absurdo e inusual en ese contexto (mi favorito es un salmón gigante). De algún modo eso se queda guardado en la memoria como algo «raro e impactante» y cuando necesitas recordar el lugar exacto o la persona a quién tenías que llamar es más fácil acordarse del «complemento absurdo», que a su vez extrae de la memoria el dato original. Tan absurdo como fácil.

{Foto (CC) Mounzer Awad @ Unsplash.)

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Por @Alvy — 17 de Diciembre de 2018

Reloj 123

En Maths around the Clock la profesora de matemáticas Antonella Perucca ha recopilado algunos relojes que utilizan una numeración matemática inusual, aunque correcta. Eso sí, hacen pensar un poco antes de decidirse a dar la hora correcta, y algunos son realmente complicados. Este por ejemplo es el reloj 1-2-3, que sólo emplea los dígitos 1, 2 y 3 y operaciones matemáticas sencillas para generar todas las horas del reloj: de la 1 a las 12.

Reloj pi

De ese estilo están los relojes 1, 2, 3… etc donde sólo se utiliza un dígito, además de otros muy curiosos como el reloj e, el reloj binario, el reloj de los números primos… A mi me gustó especialmente el reloj pi (π) donde se utilizan los semicorchetes para simbolizar las funciones parte entera techo y suelo (es decir: el entero más próximo hacia arriba o hacia abajo) y eliminar los molestos e infinitos decimales.

Si te gustan estos relojes por aquí ya hablamos en su día del reloj 9 (todo construido con nueves) o del reloj en radianes, que se unen a otros curiosos como el reloj de los procrastinadores o el reloj versión redundante.

(Vía @TeachFMaths.)

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