Por @Alvy — 29 de Julio de 2021

Pedro Machado es un artista brasileño que tiene en su portfolio de animaciones 3-D este curioso Super Zoom que comienza con un escritorio, una hoja de papel y un bolígrafo y se adentra pasito a pasito hasta el interior de los materiales y el mundo subatómico, hasta llegar a la escala de Plank (10-34).

El vídeo está inspirado, cómo no, en el clásico Potencias de 10 (1977) de Charles y Ray Eames. El hecho de utilizar animación y objetos 3D le confiere un punto más de realismo, con unas transiciones mucho más suaves a cada nivel; apenas es perceptible cuándo aparecen las moléculas, partículas subatómicas y otras estructuras. A la derecha hay una escala en metros (10-5, 10-10, 10-12, etcétera) que indica en qué se está viendo en la pantalla, si milímetros, micras, nanómetros o algo más pequeño todavía.

Todo lo que sucede en el átomo de carbono que aparece a partir de 10-10, especialmente a partir de 10-14 cuando se adentra en el núcleo diría que requiere mucho ejercicio de imaginación, porque aunque debe estar bastado en imágenes reales no sabemos exactamente cómo son visualmente esas estructuras. De hecho parte del problema es que a esas escalas y más allá «observar con luz» pierde un poco el sentido, puesto que el propio impacto de los fotones lumínicos modificaría notablemente las partículas. Así que el «campo de gluones», las «fluctuaciones cuánticas» y el «campo métrico gravimétrico» son algo más pallá que pacá. Pero bueno, cumplen con su misión informativa.

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Por @Alvy — 25 de Julio de 2021

La teoría del caos es una de esas cuestiones matemático-físicas que es mucho más fácil «ver para entender» que leer páginas y páginas sobre el tema. Lo interesante es que además puede visualizarse de muchas formas y ni siquiera hay que crear software complejísimo para simular los cambios meteorológicos o algo parecido: basta algo de física básica como pelotas de goma, mesas de billar o ruedas con cubos de agua.

En este vídeo de Numerphile Matt Henderson muestra cómo se pueden escribir algunos de estos sencillos programas para crear animaciones con Mathematica, una de las herramientas más potentes para este tipo de cosas. Al mismo tiempo va explicando de dónde provienen los efectos, como en el caso de las pelotas de goma que rebotan y cuya diferencia de posición a partir del cuarto decimal hace que a los pocos segundos sus posiciones sean completamente caóticas.

La clave es que las pequeñas diferencias iniciales se amplifican exponencialmente. En el primer ejemplo es en la posición inicial, lo cual influye a su vez en el punto de rebote, de ahí al segundo punto de rebote, etcétera. Al cabo de unas cuantas interacciones es imposible saber por dónde va a ir la cosa – y la única forma de averiguarlo con exactitud es hacer todos los cálculos. Esto ya le pasó a Edward Lorenz en sus primitivas simulaciones meteorológicas y gracias a ello se dio cuenta que eran esos pequeños errores de redondeo tras muchas cifras decimales los que producían enormes diferencias a nivel macro con el paso del tiempo.

A mí me gusta mucho más el mismo efecto explicado con las bolas de colores y la mesa de billar ideal (rectangular) frente a la «mesa física» (convexa, o cónvaca, según se mire). Aquí una pequeña variación en la curvatura de las paredes hace que los rebotes de las bolas se conviertan en algo completamente impredecible a partir del cuarto o quinto golpe con las bandas.

Esto es algo que ya calculó con bastante ingenio el físico Michael Berry para mostrar cómo si se quisiera hacer un golpeo perfecto con 9 bolas una detrás de otra habría que tener en cuenta hasta la influencia gravitatoria de la persona que las golpea (¡y para 56 bolas requeriría tener en cuenta todas las partículas subatómicas del universo!)

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Por @Alvy — 24 de Julio de 2021

https://arxiv.org/abs/2107.07283

Bajo el interesante y prometedor título Estrategias y consejos para la búsqueda de inteligencia extraterrestre se puede encontrar un trabajo del profesor de astrofísica y astronomía Jason T. Wright donde se repasa el estado actual de la cuestión con un pequeño recorrido histórico desde que esta búsqueda activa comenzara hacia 1960 con figuras como Frank Drake o el mismísimo Carl Sagan.

Entre otras cosas se explica la diferencia entre la búsqueda activa y pasiva y los diferentes tipos de «tecnoseñales» que se podrían encontrar, explicando incluso las razones y motivaciones por las que se eligieron históricamente. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Por desgracia, como decía Sagan, esta búsqueda debe ser experimental porque los simples argumentos teóricos acerca de la existencia de inteligencia extraterrestre –aunque están muy bien– por buenos que sean no bastan para convencer a los más escépticos.

En este sentido apunta a que mirando al cielo con nuestros telescopios y observando las señales de los radiotelescopios podríamos encontrarnos con estructuras o tecnoseñales de distinta naturaleza, que mostraran artefactos propios de tecnologías avanzadas, o bien señales de que dichas tecnologías –y por ende civilizaciones– existen o han existido en el pasado.

Entre otros se supone que podríamos observar objetos y estructuras / megaestructuras en los puntos de Lagrange de planetas y estrellas; cinturones de asteroides o satélites, estructuras sobre las superficies de exoplanetas… Pero –y esto es más interesante– también nos valdrían los efectos colaterales tales como el exceso de calor o los cambios medioambientales típicos de las civilizaciones, algo que podemos observar con espectroscopia, encontrando estos cambios en zonas críticas de los planetas y además.

Más allá están las megaestructuras como las esferas de Dyson, cuyo radio es tan grande como una órbita planetaria, de las que todavía tampoco hemos detectado ninguna, algo sobre cuya existencia teórica y forma de detectarlas se ha trabajado bastante.

(Vía @EmuleNews.)

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Por @Wicho — 23 de Julio de 2021

Portada de La ciencia de los campeones por José Manuel López Nicolás La ciencia de los campeones: Deporte, triunfo y revolución científica por José Manuel López Nicolás. Editorial Planeta (16 junio 2021). 384 páginas.

Hoy, que acaban de comenzar los Juegos Olímpicos de 2020 aunque sea julio de 2021, es un día perfecto para recomendar este libro. Que trata, precisamente de cómo la ciencia y la tecnología son usadas en distintas y variadas disciplinas deportivas. Tanto para cuidar la salud y el bienestar de quienes las practican como para conseguir mejores resultados, ya sea a través de la dieta, de un enfoque de los entrenamientos basado en los datos, o de la aplicación de diversos avances tecnológicos, por citar algunos ejemplos.

Pero también entra sin complejos en temas polémicos como por ejemplo el caso de la atleta Caster Semenya y los problemas que ha tenido a causa de su intersexualidad y todas las decisiones más –o más bien menos– afortunadas que han tomado las autoridades deportivas al respecto. Y no se corta en poner en duda la efectividad de algunas dietas, complementos o materiales más o menos populares. Y me ha encantado la mención expresa a la importancia de que las niñas tengas referentes fuertes como cuando en el capítulo dedicado al bádminton y hablando, cómo no, de Carolina Marín, dice que «en los últimos diez años las licencias de jugadoras de bádminton han aumentado en nuestro país un 195% y las de técnicas oficiales, match control, árbitros o entrenadoras lo han hecho un 90%.»

Aunque he de decir que he echado de menos alguna ilustración o explicación más de algunos términos como por ejemplo cuando menciona el «característico juego de saque y volea y sus potentes golpes de drive y revés» hablando de Roger Federer; sé más bien poco de tenis y no tengo ni idea de cuales son esos golpes. O cuando, en el capítulo dedicado al bádminton, nos haba de «proteinuria, hematuria, glicosuria y una mayor concentración de nitritos y cuerpos cetónicos en la orina de los jugadores.» Sé que puedo buscar todo eso y otros términos más o menos técnicos que salpican el texto en Google (o en cualquier otro buscador). Pero sería más cómodo tener unas breves descripciones como notas a pie de página o al final del libro.

Finalmente, un consejo de lectura: creo que, salvo que te interes muchísimo el deporte, no es un libro para leer todo seguido, ya que la estructura de unos capítulos y otros es bastante similar, sino que es mejor ir intercalándolo con otras lecturas. Tampoco descartaría la opción de leerlo en el orden de interés de los deportes de los que habla, pues por lo general ningún capítulo se apoya en otro de forma que no se puedan entender si no se leen en orden.

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