Por @Wicho — 23 de Febrero de 2019

Aunque aún falta más de un año para que la sonda New Horizons de la NASA termine de transmitir todos los datos –imágenes incluidas– que recogió durante su fugaz visita al objeto del cinturón de Kuiper 2014 MU69, también conocido como Ultima Thule, ya tenemos en casa las imágenes de más alta resolución que tomó.

Esta en concreto fue capturada a las 6:26 del 1 de enero de 2019 cuando la New Horizons estaba a 6.628 kilómetros de Ultima Thule, justo seis minutos y medio antes de la máxima aproximación. Su resolución es de unos 33 metros por pixel.

Pero aparte de lo que representa por ser el vistazo más cercano que hayamos echado al objeto más lejano que jamás hayamos visitado es un enorme logro del equipo de la misión teniendo en cuenta el reducido tamaño de 2014 MU69, que mide unos 33 kilómetros en su eje más largo, la incertidumbre sobre su órbita, y que la New Horizons viajaba a unos 51.500 kilómetros por hora en el momento de producirse el encuentro. Todo un trabajo de precisión que muy bien podía haber quedado en una serie de cuadros negros captados por Lorri, la cámara telescópica de la sonda, tan sólo con que los cálculos realizados para decirle hacia donde apuntar con la cámara hubieran estado mínimamente errados.

Esta versión de la imagen por Thomas Appéré, en la que ha utilizado la información de color proporcionada por la cámara MVIC, se parece más a la pinta que tiene Ultime Thule en el MundoReal™:

Hay que recordar, de todos modos, que Ultima Thule ha resultado ser mucho más plano de lo que se esperaba, en especial Thule, el lóbulo grande, algo que en estas imágenes no se aprecia.

El interés en estudiar un KBO como 2014 MU69 es que creemos que está formado por planetesimales, las partículas que con el paso del tiempo acabaron juntándose para formar planetas. Planetas como este sobre el que vivimos.

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Por @Wicho — 22 de Febrero de 2019

Muy alto… ¿Pero en el espacio?
A 30 metros de altura y subiendo – JAXA

Esta imagen, captada por la sonda Hayabusa 2 de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) a unos 30 metros de altura mientras subía tras haber tocado la superficie del asteroide Ryugu con su recolector de muestras muestra la zona que quedó marcada por el efecto de los propulsores de la sonda.

Más o menos en el centro de esa zona, que está justo abajo y a la derecha de la sombra de la sonda, es donde ha tocado el recolector de muestras. Y dado que la telemetría de la sonda indica que se disparó el proyectil destinado a remover la superficie del asteroide y que todos los demás parámetros de a bordo son correctos la JAXA puede suponer que todo ha ido bien y que en la primera cámara de muestras ya hay partículas de Ryugu listas para viajar a la Tierra.

Y aquí la palabra clave es suponer porque Hayabusa 2 no monta ningún tipo de sensor que le permita decirnos si hay algo en el interior de esa cámara. Así que habrá que esperar a finales de 2020 para comprobarlo. Pero si Hayabusa consigió traer unos miligramos de muestras aún a pesar de que no se disparó su proyectil todo hace suponer que en el caso de Hayabusa 2 la cantidad tiene que ser claramente superior.

Para estudiar Ryugu Hayabusa 2 lleva tres cámaras, un LIDAR (que es como un RADAR pero en láser), el sistema para la toma de muestras, una cámara desplegable junto con un impactador para hacer un cráter nuevo en el asteroide, y cuatro aterrizadores. Juntos todos estos instrumentos permiten estudiar el asteroide a escala global, macroscópica y microscópica.

Las distintas escalas
Las distintas escalas a las que Hayabusa 2 estudia Ryugu – JAXA

Ryugu nos interesa porque un asteroide tipo C (bueno, CG), lo que quiere decir que además de por roca está formado por materiales orgánicos y hielo. Y eso puede ayudarnos a entender de dónde sale la vida y por tanto de dónde salimos nosotros. Los asteroides son especialmente interesantes de cara a este tipo de estudios porque permanecen casi intactos desde la formación del sistema solar, conservados en el fresquito del espacio.

A Hayabusa 2 aún le queda la capacidad de tomar otras dos muestras antes de emprender el camino de vuelta a casa. Una de ellas será en algún otro punto de la superficie de Ryugu… pero otra será en un cráter recién fabricado por un impactador que la sonda disparará contra el asteroide, aunque antes se ocultará del otro lado por si acaso.

Eso sí, Hayabusa 2 se guarda un as en la manga para eso pues además del impactador dejará flotando en el espacio una cámara que grabará todo el proceso. Ese vídeo va a molar kilos.

Todo lo bien que está yendo la misión hasta ahora –y toco madera– es un magnífico homenaje al legado de la sonda Hayabusa original, a la que le pasó casi de todo pero gracias a la perseverancia de su equipo pudo terminar por cumplir su misión. Las lecciones aprendidas y la experiencia adquirida sin duda están demostrando lo que valen con Hayabusa 2.

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Por @Wicho — 20 de Febrero de 2019

Galaxy Quest, propuesta por el equipo Pillars of creation, formado por Almudena Martín, Jose Luis Martin-Oar y Juan Martinez, Rosa Narváez y Iñaki Úcar, ha sido la aplicación ganadora de la categoría Mejor uso de la ciencia del hackatón Space Apps Challenge de 2018 de la NASA.

La idea de la app es que los usuarios vayan ayudando a procesar datos del Hubble –y en el futuro también podrían hacer lo propio con los del James Webb– pero disfrazando todo de juego. Así, Galaxy Quest une aspectos de «gamificación» y de ciencia ciudadana para que quienes la utilicen vayan entrenando sin darse cuenta redes neurales que tienen como misión identificar elementos que salen en estas imágenes.

Algunas pantallas de Galaxy Quest
Algunas pantallas de Galaxy Quest

Lo malo es que por ahora sólo es una idea. Pero si alguien tiene la financiación para ejecutarla seguro que el equipo estará encantado de oírlo.

Con más de 18.000 participantes que crearon 1.375 proyectos la edición de 2018 es la séptima de Space Apps Challenge; la de 2019 ya calienta motores.

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Por @Alvy — 18 de Febrero de 2019

El ingenioso método de Arquímedes para calcular el valor del número π / Michele Vallisneri, NASA JPL

Que el valor del número pi (π) se conoce desde la antigüedad –al menos desde el año 1800 o incluso 2000 a. C.–es un hecho cierto. Por suerte también han llegado hasta nosotros los métodos que hace miles de años se emplearon para realizar los cálculos de su valor aproximado. Algo interesante, dado que hasta pasados muchos siglos (en el siglo XVIII) no se obtuvo una demostración de que el valor de pi era irracional, es decir que no era un valor que pudiera expresarse como una fracción.

Uno de los métodos más conocidos por ingenioso es el de Arquímedes de Siracusa en Los elementos. Hay una traducción paso a paso aquí: Archimedes’ Approximation of Pi. Y en Math Scholar hay también otro largo artículo que amplía la idea original: Simple proofs: Archimedes’ calculation of pi utilizando algunas técnicas más modernas.

El planteamiento de Arquímedes no era del todo original, dado que se sabía que la longitud de una circunferencia (y por tanto su relación con π) sería muy similar a la longitud de un polígono regular inscrito o cincunscrito a la misma. Cuantos más lados, más preciso sería el valor. La novedad del método de Arquímedes fue que su idea era un proceso iterativo, de modo que repitiéndolo se podían obtener valores de π cada vez más precisos.

Tampoco se conocen los detalles exactos del método de Arquímedes porque se saltó muchos cálculos, pero más o menos se sabe cómo lo hizo: utilizó un polígono (hexágono) inscrito y otro circunscrito respecto al círculo unidad. El valor de π quedaría por tanto entre ambos perímetros, más grande que el primero, más pequeño que el segundo. Luego repitió el proceso multiplicando por dos el número de lados: 12, 24, 48 y 96, con lo que se lograba cada vez más precisión. Curiosamente al hacer esto estaba eliminando en cierto modo la geometría y convirtiéndolo todo en un procedimiento meramente aritmético.

El ingenioso método de Arquímedes para calcular el valor del número π / Michele Vallisneri, NASA JPL

Hoy en día podemos poner las calculadoras a trabajar y sin mucho esfuerzo iterar el cálculo 20 veces, lo cual produce polígonos de 3.145.728 lados y un valor de π de 3,1415926535… en el que ambos polígonos coinciden hasta el décimo dígito decimal. Arquímedes se quedó en:

polígono de 96 lados: 3 1071 > π > 3 17

{Imagen: Michele Vallisneri, NASA JPL}

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