Por @Wicho — 14 de Octubre de 2010

Hace unos días Óscar Menéndez se tomó en vivo y en directo en A2, el programa de televisión que dirige, 36 de las 40 pastillas de una caja de tranquilizantes, tal y como cuenta en Me suicidé ayer.

Con un tranquilizante de verdad esto tendría consecuencias probablemente funestas de no haber intervenido un médico y un lavado de estómago, pero es que en el caso de Óscar lo que se estaba tomando era un sedativo homeopático llamado Sedatif PC.

Y como era de esperar, estas pastillas no tuvieron efecto alguno, ya que desde que Samuel Hahnemann se inventara la homeopatía a principios del siglo XIX nadie en ningún lugar del mundo ha podido probar su efectividad más allá de la que pueda darle el efecto placebo.

Esto no es nada sorprendente, porque con las diluciones que se usan en estos «productos» en realidad no queda ni traza del principio activo original en lo que se vende.

Aún así, la supuesta medicina homeopática mueve millones y millones de euros, dólares, o la moneda que se quiera poner, al año.

Personalmente, me fastidia que la gente se deje su dinero en esto, pero siempre que sea en plan de complementos vitamínicos y esas cosas tampoco es demasiado grave, y a fin de cuentas es su dinero, con lo que es como si se decida a hacer aviones de papel con billetes de 20 euros y a tirarlos por la ventana.

Lo que ya me parece inaceptable es que haya sistemas de salud pública que la hayan incluido en su catálogo de prestaciones, porque es un desperdicio de un dinero siempre escaso en algo que no sirve para nada.

Pero me parece criminal que haya personas que convencidas de sus bondades opten por «tratamientos homeopáticos» en lugar de aquellos comprobados y que sí podrían salvarles la vida, como por ejemplo le sucedió a Penelope Dingle, una mujer australiana que murió en 2005 a los 45 años al haber acudido a la homeopatía en lugar de a la cirugía y la quimioterapia que podrían haberla salvado de su cáncer de colon.

Como tuiteaba Lucas,

Es un drama que tendría que ser delito
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