Por Nacho Palou — 26 de Septiembre de 2016

Dark sky web version

La app de meteorología Dark Sky comenzó como un proyecto de financiación colectiva. Cuando salió en 2013 se consideró como la mejor app de meteorología para móviles de todos los tiempos, a pesar de sus limitadas funciones y disponibilidad de entonces (para iPhone y para EE UU) por su sorprendente habilidad para indicar cuándo y durante cuánto tiempo iba a llover o a nevar en casi cualquier lugar concreto.

Igual que en la app (iPhone, Android) la versión web de Dark Sky, disponible en español, permite ver el tiempo real y variaciones en las horas siguientes y anteriores. Los mapas pueden representar diferentes aspectos meteorológicos: sensación térmica, velocidad del viento, punto de rocío, índice UV, temperatura, radar y previsión de lluvias.

La función Máquina del tiempo permite anticipar cuál será la situación meteorológica en cualquier fecha a partir de datos estadísticos, con la fiabilidad que eso conlleva por supuesto.

La interfaz es muy similar a la de la web Forecast.io, servicio meteorológico con quien Dark Sky se fusionó hace ya un tiempo. A pesar del parecido, Según Wired, se trata de algo más que un mero cambio de marcas. Dark Sky tiene una interfaz mejorada y mucha más información y funciones. La web convive y complementa las versiones móviles, donde seguirán disponibles igual que hasta ahora.

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Por @Alvy — 26 de Septiembre de 2016

Este vídeo es una excelente demostración de cómo «pensar de otra forma» respecto a los tipos de tareas que realiza el software actual y el que podrían hacer en el futuro. Se trata de la edición de fotografías de rostros mediante algoritmos de redes neuronales, algo que a diferencia de la edición habitual «por píxeles» en que se trabaja con el aprendizaje e «imágenes similares» modificando pequeñas zonas que puedan «tener sentido». El pincel y los colores intentan rellenar la imagen con la información que más se acerque al objetivo, lo cual puede requerir modificar otras partes de la foto, por ejemplo el color del pelo o los labios.

El resultado es bastante impresionante a nada que se deje volar un poco la imaginación, pero lo cierto es que actualmente es tosco e impreciso. De hecho funciona bien solo con las muestras de rostros generados directamente por la red neuronal, pero no funciona cuando se aplica a otras imágenes desconocidas. Un truco bastante burdo pero efecto combina ambas técnicas con las tradicionales «máscaras» para hacer más aceptables y menos estrambóticos los cambios. Pero parece prometedor.

Este software puede descargarse en Github (Neural-Photo-Editor) y es el trabajo de Andrew Brock de la Universidad de Cornell, cuyo trabajo puede leerse con todo detalle: Neural Photo Editing with Introspective Adversarial Networks.

(Vía Boing Boing.)

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Por @Alvy — 26 de Septiembre de 2016

Great Big Story nos cuenta esta vez cómo a mediados de los años 60 se hablaba del Big Bang como una teoría bastante plausible en especial por los análisis y cálculos de Edwin Hubble (con datos de Henrietta Leavitt y otras muchas «calculadoras») y las ideas de Georges Lemaître.

Pero no fue hasta que se descubrió de forma accidental la radiación de fondo de microondas y se pudieron ajustar ciertos valores como la temperatura de la radiación de fondo o incluso la edad del universo. Wicho explicó la rocambolesca historia por aquí hace tiempo:

(…) Mientras trabajaban en la antena de Holmdel poniendo en marcha el receptor más sensible del radiotelescopio, Arno Penzias y Robert Wilson detectaron lo que en principio parecían unas interferencias cuyo origen no fueron capaces de detectar para poder eliminarlas, incluso después de limpiar a mierda de pájaro de la antena.

Tras montones de pruebas y hablar con otros astrofísicos quedó claro que lo que estaba detectando la antena de Holmdel era la radiación de fondo de microondas, los restos del Big Bang.

La mini-entrevista de Great Big Story cuenta con imágenes de la época y las palabras de los propios protagonistas acerca de cuáles creían que eran las interferencias que pensaban eran las causantes (la cercana ciudad de Nueva York, algún fenómeno astronómico, las palomas…) hasta que se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo: si existió el Bing Bang su temperatura original sería altísima, pero con el paso del tiempo y la expansión del universo se habría ido enfriando. Y hoy en día esa radiación original serían ya simplemente microondas: ondas de radio. Eso era lo que estaba detectando la antena del radiotelescopio.

Esa misma radiación aparece como «ruido de fondo» en todas direcciones, con pequeñísimas variaciones. Algo que también concuerda con la idea de que no ocupamos ningún «lugar especial» en el universo en expansión. (¡Oh, desilusión!) Gracias a este descubrimiento Penzias y Wilson se hicieron con el premio Nobel en 1978, aunque en su gran humildad todavía se preguntan cómo el azar pudo llevarles a compartir título con Albert Einstein, por citar solo a uno de los agraciados con los mismos premios.

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Por @Wicho — 26 de Septiembre de 2016

Los imanes molan, tanto más cuanto más poderosos son.

Por eso no es de extrañar que Magination, una especie de Meccano para hacer cosas con imanes, consiguiera su objetivo de financiación unos 50 minutos después de haber iniciado su campaña en Kickstarter.

Se trata de un juego que tiene piezas con uno, dos o tres imanes que puedes usar para construir figuras o jugar partidas para ver quién es capaz de colocar el último imán suelto dentro de un círculo hecho con piezas de dos antes de que todo salte por los aires, etc…

Como es medianamente habitual en estos casos van con un cierto retraso en las entregas –las piezas de dos les salieron un poco curvas, con lo que no servían– pero parece que ya se están recuperando y a punto de realizar los envíos.

The Magneato - 52 piezas
The Magneato - 52 piezas

Si no llegaste a tiempo a la campaña de financiación colectiva da igual, aún puedes pedir tu juego de piezas aquí, por 42, 72 ó 96 dólares según quieras 20, 39 ó 52 piezas y su correspondiente bolsita y manual; nada te impide pedir varios juego, claro.

(Vía Carmen).

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