Por @Wicho — 11 de Diciembre de 2017

La parte de los avistamientos de OVNI y los contactos con alienígenas es perfectamente prescindible, pero por lo demás esta entrevista de la periodista de la CNN Rachel Crane a Robert Bigelow me parece muy interesante porque se puede ver el interior de un modelo de un módulo B330 a tamaño real con dos personas dentro, lo que ayuda a captar su escala.

El Bigelow B330 es un hábitat espacial hinchable –sí, así como suena– con capacidad para seis personas diseñado para ser lanzado «rechumido» dentro de un cohete con una cofia de tamaño estándar de tal forma que luego se expande una vez en el espacio hasta alcanzar su tamaño de 14×7 metros y 330 metros cúbicos.

Es una tecnología que la NASA estuvo probando en su momento mediante el programa Transhab pero que abandonó porque los materiales disponibles entonces no tenían las características necesarias. Pero unos veinte años y 275 millones de dólares después Bigelow Aerospace ya ha puesto en órbita con éxito los los módulos hinchables Genesis I y Genesis II, lanzados en 2006 y 2007 respectivamente y está teniendo un gran éxito con el Bigelow Expandable Activity Module (BEAM) o Módulo de Actividad Expandible Bigelow, aunque en el vídeo, de 2016, aún se habla de su lanzamiento en el futuro.

BEAM, enviado inicialmente a la Estación Espacial Internacional para probar la viabilidad de utilizar este tipo de módulos acoplados a ella, está funcionando tan bien que la NASA y sus socios han decidido conservarlo como un módulo de almacenamiento más para la Estación.

Así que cuando Robert Bigelow diga que sus planes para acoplar un B330 a la EEI siguen adelante o cuando hable de montar una estación espacial hinchable en órbita lunar igual junto con United Launch Alliance hay que tomarlo medianamente en serio, alienígenas o no.

El B330 en la Luna

De hecho ahora mismo el problema principal de Bigelow es disponer de un cohete lo suficientemente potente para poner en órbita las aproximadamente 20 toneladas de un B330, por lo que tendrá que esperar a que el Vulcan de ULA entre en servicio.

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Por @Alvy — 11 de Diciembre de 2017

Este cubo de Rubik de 33×33×33 es tan grande como titánicamente cafre: fabricado con 6.153 pequeñas piezas su precio es de unos 15.000 euros, pero no basta con soltar la pasta: encima hay que esperar 3 meses a que lo impriman en 3D (25 horas) y te lo monten (200 horas). Lo venden en Oliver Stickers.

El colmo es que sus caras ni siquiera parecen girar muy bien y hay que manejarlo con un refajo para que no se rompa. Además dicen que el pestazo que sueltan los productos químicos que hay que usar tira para atrás y que después de manejarlo un poco acabas con las manos negras. ¡Todo por la causa rompecabecística!

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Por Nacho Palou — 11 de Diciembre de 2017

Mindhunter netflix 1

Al parecer Netflix tiene una lista de “cámaras aprobadas” a las que hay que idealmente hay ceñirse para filmar sus producciones, documentales, programas, series y películas que luego firma como Netflix originals. Salvo que aspires a que Netflix emita tu producción la lista es más bien una curiosidad, pero ahí queda: The Cameras Behind Netflix’s Original Films and Series.

Según el artículo es posible “salirse de la lista” siempre que la cámara utilizada cumpla una serie de requisitos técnicos, que distingue entre cámara principal y cámara secundaria; en la secundaria los requisitos son algo más laxos. La cámara secundaria suele destinarse a grabaciones complementarias como tomas aéreas o submarinas, por ejemplo.

Como imprescindible la cámara primaria tiene que tener como mínimo un sensor 4K “de verdad” (4096 x 2160 píxles, no vale UDH) y 16 bits, entre otros requisitos técnicos.

El artículo de PremiumBeat revela además qué cámaras se utilizaron en algunas de las producciones de Netflix como Mindhunter, Stranger Things, Ozark o American Vandal, entre otras.

Fotografía: Mindhunter, Netflix.

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Por @Wicho — 11 de Diciembre de 2017

Aunque se parece mucho al comportamiento de los fluidos no newtonianos –esos que cuando les metes un guantazo se solidifican– el proceso que hace que la arena que llena este jacuzzi se comporte como un líquido es muy difernte.

Se trata del proceso conocido como fluidización, un proceso en el que una corriente ascendiente de un fluido, que puede estar en estado líquido o gaseoso, hace que las partículas sólidas del material granular que atraviesa se comporten como un líquido. A este líquido «de mentira» se le denomina lecho fluidificado.

Algunos de sus usos más habituales son el de separar partículas por tamaños, lavarlas, permitir ciertas reacciones químicas a temperatura uniforme sin que se formen puntos más calientes que las impedirían o estropearían el product final pues en un lecho fluidificado la temperatura es uniforme… Y echarse unas risas tuneando un jacuzzi estropeado para demostrar este efecto.

(Vía Miguel García).

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