Por Nacho Palou — 23 de Septiembre de 2017

En 1928 el arquitecto alemán Herman Sörgel propuso el desarrollo del proyecto Atlantropa, que básicamente consistía en drenar parcialmente el mar Mediterráneo. La idea de Sörgel era construir una presa grande de narices en el estrecho de Gibraltar. De este modo se aislaba el Mediterráneo del Atlántico. Aislado, el Mediterráneo empezaría a perder agua de forma natural, por evaporación.

Para controlar el nivel de las aguas del Mediterráneo 100 metros por debajo de su nivel natural la presa regularía el caudal de agua procedente del Atlántico. Diseñada por Bruno Siegwart, la presa serviría además como central hidroeléctrica con capacidad para producir al menos 50.000 Mw, suficiente entonces para suministrar electricidad a toda Europa y a algunos países más de la región.

Mediterraneo parcialmente drenado

El proyecto expondría más de medio millón de kilómetros cuadrados de nuevas tierras, una superficie equivalente al tamaño de la península Ibérica. El problema es que la sal depositada en esas tierras tras la evaporación del Mediterráneo impediría el uso de esas tierras para pasto y cultivo e incluso sería terreno demasiado hostil como para habitarlo.

Así que tendríamos electricidad y sal a montones, y además se podría viajar desde Berlín hasta Ciudad del Cabo por carretera o en tren, del tirón.

Ahora vienen los “peros” —empezando por el mosqueo de miles de poblaciones costeras que se quedaría sin playa, enumerados en el vídeo What Would Happen If We Drained the Mediterranean Sea? Entre otros,

  1. La obra tardaría 100 años en completarse; suponiendo una pérdida calculada de 80 cm de agua al año por evaporación se tardarían 200 años en alcanzar el nivel deseado.
  2. Básicamente no hay hormigón en el mundo para construir esa presa.
  3. Requeriría la cooperación de al menos una veintena de países.
  4. La rotura de la presa (por terrorismo o por causas naturales, como terremotos y movimientos tectónicos — por aquello de que África y Europa están en colisión) habría “hundido” el proyecto entero.
  5. Cambiaría el clima de la región, de Europa y de África.
  6. El Mediterráneo es el muro de contención norte del desierto del Sáhara. Al reducirlo el desierto automáticamente ocuparía las tierras expuestas. De hecho, si se eliminara el Mediterráneo lo más probable sería que el Sáhara se extiendiese hasta los Alpes como poco.
  7. El agua que no tuviese cabida en el Mediterráneo iría a parar a cualquier otro lugar del planeta, aumentando el nivel de los otros mares y océanos de la Tierra.

En la novela El hombre en el castillo, de Philip K. Dick —adaptada en la serie The Man In the High Castle que se emite en Amazon Prime Video— los nazis, que han ganado la guerra y ocupado toda Europa, África y la parte este de EE UU (la mitad oeste se la quedan los japoneses) se lleva a cabo el proyecto Atlantropa.

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Por Nacho Palou — 23 de Septiembre de 2017

El prototipo de arma láser de Lockeed Martin, Athena (Advanced Test High Energy Asset), demuestra en este vídeo su capacidad para derribar aeronaves no tripuladas; UAV o drones de los de verdad, no pequeños cuadricópteros de aeromodelismo.

Las pruebas se realizaron hace unas semanas, durante el pasado mes de agosto, en el campo de pruebas de misiles White Sands, en Nuevo México. En total Athena destruyó cinco drones que hacían el papel de malo disparando pulsos de luz láser de 30 kW, una potencia relativamente baja para los resultados obtenidos.

La eficiencia energética del sistema —que se logra en parte gracias a un sofisticado sistema óptico y de software—, junto con su tamaño relativamente compacto, permite la instalación del arma en vehículos y plataformas táctiles móviles, suministrando una cantidad casi ilimitada de “balas que se mueven a la velocidad de la luz.”

Durante las pruebas el arma Athena alcanzó y derribó todos los blancos. “La ciencia ha alcanzando a la ciencia-ficción. Lockheed Martin ha demostrado que los sistemas de armas láser pueden destruir y detener el avance ofensivo de objetivos terrestres, aéreos o marítimos”, según Lockheed Martin.

No confundir con este otro Loki que no es Martin pero también lanza rayos,
Loki I Like This

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Por @Wicho — 22 de Septiembre de 2017

Centro Katherine G. Johnson

Situado en Langley Research Center, el Centro de Investigación Computacional Katherine G. Johnson, con una inversión de 23 millones de dólares, es un edificio de algo más de 11.000 metros cuadrados –equivalente a un campo de fútbol, aunque depende de cómo lo mires–, diseñado para ser eficiente en el uso de energía, que consolida cinco centros de datos antes repartidos por todo Langley y más de 30 salas de servidores. La instalación mejorará los esfuerzos de la NASA en modelado y simulación, big data y análisis. Gran parte del trabajo que ahora se realiza en túneles de viento será realizado eventualmente por ordenadores como los del CRF.

Johnson fue una «computadora humana» en Langley, donde calculó trayectorias para los primeros vuelos espaciales de Estados Unidos en la década de 1960. Recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos, el más alto honor civil de la nación, en 2015. Sus contribuciones y las de otras computadoras humanas afroamericanas de la NASA son la base de la película Figuras ocultas de 2016, basada a su vez en el libro del mismo nombre de Lee-Shetterly. Trabajó en Langley desde 1953 hasta que se jubiló en 1986.

De la biografía de la NASA:

Katherine G. JohnsonSer escogida para ser uno de los tres estudiantes negros que comenzaron el proceso de integración las escuelas de postgrado de Virginia Occidental es algo que mucha gente consideraría uno de los momentos más notables de su vida, pero es sólo uno de los muchos avances que han marcado la larga y notable vida de Katherine Johnson. Nacida en White Sulphur Springs, Virginia Occidental, en 1918, la gran curiosidad y brillantez de Katherine Johnson con los números hicieron que adelantara varios cursos en la escuela. A los trece años ya iba al instituto el campus del histórico West Virginia State College. A los dieciocho años, se matriculó en la universidad propiamente dicha, donde no tuvo ningún problema en completar el currículo de matemáticas y encontró un mentor en el profesor de matemáticas W. W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en matemáticas. Katherine se graduó con los más altos honores en 1937 y empezó a trabajar como profesora en una escuela pública negra en Virginia.

Cuando Virginia Occidental decidió integrar discretamente sus escuelas de postgrado en 1939, el rector de la universidad estatal, el Dr. John W. Davis, seleccionó a Katherine y a dos estudiantes varones como los primeros estudiantes negros que recibieron plazas en la Universidad de Virginia Occidental. Katherine dejó su trabajo de maestra, y se inscribió en el programa de matemáticas para graduados. Al final del primer periodo de clases, sin embargo, decidió dejar la universidad para empezar una familia con su marido. Regresó a la enseñanza cuando sus tres hijas crecieron, pero no fue hasta 1952 que un pariente le informó sobre los puestos vacantes en la sección de computación del área oeste, totalmente negra, en el laboratorio Langley del Comité Consultivo Nacional de Aeronáutica (NACA), dirigido por Dorothy Vaughan, también de Virginia Occidental. Katherine y su esposo, James Goble, decidieron trasladar a la familia a Newport News para aprovechar la oportunidad, y Katherine comenzó a trabajar en Langley en el verano de 1953. Apenas dos semanas después de que Katherine ocupara el cargo en la oficina, Dorothy Vaughan la asignó a un proyecto en Departamento de Maniobras de la División de Investigación de Vuelos, y la posición temporal de Katherine pronto se convirtió en permanente. Pasó los siguientes cuatro años analizando datos de las pruebas de vuelo, y trabajó en la investigación de un accidente aéreo causado por una turbulencia. Su esposo murió de cáncer en diciembre de 1956, justo cuando estaba terminando este trabajo.

El lanzamiento en 1957 del satélite soviético Sputnik cambió la historia y de paso la vida de Katherine Johnson. En 1957, Katherine desarrolló algunas de las fórmulas para el documento de 1958 Notas sobre la tecnología espacial, un compendio de una serie de conferencias de 1958 impartidas por ingenieros de la División de Investigación de Vuelo y la División de Investigación de Aeronaves Sin Piloto. Ingenieros de esos grupos formaron el núcleo del Grupo de Tareas Espaciales, la primera incursión oficial de la NACA en los viajes espaciales, y Katherine, quien había trabajado con muchos de ellos desde que llegó a Langley, «se fue incluida con el programa» cuando la NACA se convirtió en la NASA a finales de ese año. Hizo análisis de trayectoria para la misión Freedom 7 de Alan Shepard en mayo de 1961, el primer vuelo espacial humano de América. En 1960, ella y el ingeniero Ted Skopinski coescribieron Determinación del ángulo acimutal para colocar un satélite sobre una posición seleccionada de la Tierra, un informe que establece las ecuaciones que describen un vuelo espacial orbital y que permiten especificar la posición de aterrizaje de la nave espacial. Era la primera vez que una mujer de la División de Investigación de Vuelo recibía crédito como autora de un informe de investigación.

En 1962, mientras la NASA se preparaba para la misión orbital de John Glenn, Katherine Johnson fue llamada para hacer el trabajo por el que sería más conocida. La complejidad del vuelo orbital había requerido la construcción de una red mundial de comunicaciones que conectaba estaciones de rastreo por todo el mundo con ordenadores IBM en Washington, DC, Cabo Cañaveral y las Bermudas. Los ordenadores habían sido programados con las ecuaciones orbitales que controlarían la trayectoria de la cápsula en la misión de Glenn, desde el despegue hasta el amerizaje, pero a los astronautas no les entusiasmaba la idea de poner sus vidas en manos de las máquinas electrónicas de cálculo, pues eran propensas a los problemas y a los apagones. Como parte de la lista de verificación previa al vuelo, Glenn pidió a los ingenieros que «trajeran a la chica» -Katherine Johnson- para que hiciera los mismos cálculos con las mismas ecuaciones que habían sido programadas en el ordenador, pero a mano, en su calculadora mecánica mecánica de escritorio. «Si ella dice que están bien», recuerda Katherine Johnson que dijo el astronauta, «entonces estoy listo para partir.« El vuelo de Glenn fue un éxito y marcó un punto de inflexión en la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Cuando se le pide que mencione su mayor contribución a la exploración espacial, Katherine Johnson habla sobre los cálculos que ayudaron en el atraque del módulo lunar del Proyecto Apolo con el Módulo de Mando y Servicio, que permanecía en órbita lunar. También trabajó en el transbordador espacial y el Landsat 1, y fue autora o coautora de 26 trabajos de investigación. Se jubiló en 1986, después de treinta y tres años en Langley. «Disfruté yendo a trabajar todos y cada uno de los días», dice. En 2015, a la edad de 97 años, Katherine Johnson agregó otro logro extraordinario a su larga lista: el presidente Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos.

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Por @Wicho — 22 de Septiembre de 2017

Este vídeo acerca de Adeline, la propuesta de Airbus para cohetes reutilizables, ya tiene un par de años, pero es la primera referencia que encuentro sobre ese concepto.

Adeline, de ADvanced Expendable Launcher with INnovative engine Economy, o Cohete Desechable Avanzado con Economía de Motor Innovador (odio los acrónimos graciosetes en inglés), no apuesta por recuperar toda la primera etapa del cohete, sino sólo los motores de ésta, que son el componente más caro.

Así, tras el lanzamiento, y terminada la misión de la primera etapa, la parte final de ésta se desprendería del resto para volver a tierra como una especie de dron gracias a sus alas y a sus dos motores, motores que durante el despegue permanecen ocultos dentro de un carenado.

Etapas de vuelo de Adeline

Airbus estima que su uso permitiría ahorrar entre el 20 y el 30% del coste de un vuelo a cambio de una penalización de peso de un 10% adicional.

El proyecto comenzó en 2010, pero por ahora no hay más que unos modelos a escala de prueba y no hay fechas firmes para una prueba a tamaño real, ni mucho menos para ver cuando los Ariane 6, que se estrenarán en 2020, podrían incorporar esta tecnología, tecnología que además la Agencia Espacial Europea tendría que decidir adaptar al Ariane 6, cosa que no está hecha ni mucho menos.

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