Por @Wicho — 22 de Septiembre de 2017

Centro Katherine G. Johnson

Situado en Langley Research Center, el Centro de Investigación Computacional Katherine G. Johnson, con una inversión de 23 millones de dólares, es un edificio de algo más de 11.000 metros cuadrados –equivalente a un campo de fútbol, aunque depende de cómo lo mires–, diseñado para ser eficiente en el uso de energía, que consolida cinco centros de datos antes repartidos por todo Langley y más de 30 salas de servidores. La instalación mejorará los esfuerzos de la NASA en modelado y simulación, big data y análisis. Gran parte del trabajo que ahora se realiza en túneles de viento será realizado eventualmente por ordenadores como los del CRF.

Johnson fue una «computadora humana» en Langley, donde calculó trayectorias para los primeros vuelos espaciales de Estados Unidos en la década de 1960. Recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos, el más alto honor civil de la nación, en 2015. Sus contribuciones y las de otras computadoras humanas afroamericanas de la NASA son la base de la película Figuras ocultas de 2016, basada a su vez en el libro del mismo nombre de Lee-Shetterly. Trabajó en Langley desde 1953 hasta que se jubiló en 1986.

De la biografía de la NASA:

Katherine G. JohnsonSer escogida para ser uno de los tres estudiantes negros que comenzaron el proceso de integración las escuelas de postgrado de Virginia Occidental es algo que mucha gente consideraría uno de los momentos más notables de su vida, pero es sólo uno de los muchos avances que han marcado la larga y notable vida de Katherine Johnson. Nacida en White Sulphur Springs, Virginia Occidental, en 1918, la gran curiosidad y brillantez de Katherine Johnson con los números hicieron que adelantara varios cursos en la escuela. A los trece años ya iba al instituto el campus del histórico West Virginia State College. A los dieciocho años, se matriculó en la universidad propiamente dicha, donde no tuvo ningún problema en completar el currículo de matemáticas y encontró un mentor en el profesor de matemáticas W. W. Schieffelin Claytor, el tercer afroamericano en obtener un doctorado en matemáticas. Katherine se graduó con los más altos honores en 1937 y empezó a trabajar como profesora en una escuela pública negra en Virginia.

Cuando Virginia Occidental decidió integrar discretamente sus escuelas de postgrado en 1939, el rector de la universidad estatal, el Dr. John W. Davis, seleccionó a Katherine y a dos estudiantes varones como los primeros estudiantes negros que recibieron plazas en la Universidad de Virginia Occidental. Katherine dejó su trabajo de maestra, y se inscribió en el programa de matemáticas para graduados. Al final del primer periodo de clases, sin embargo, decidió dejar la universidad para empezar una familia con su marido. Regresó a la enseñanza cuando sus tres hijas crecieron, pero no fue hasta 1952 que un pariente le informó sobre los puestos vacantes en la sección de computación del área oeste, totalmente negra, en el laboratorio Langley del Comité Consultivo Nacional de Aeronáutica (NACA), dirigido por Dorothy Vaughan, también de Virginia Occidental. Katherine y su esposo, James Goble, decidieron trasladar a la familia a Newport News para aprovechar la oportunidad, y Katherine comenzó a trabajar en Langley en el verano de 1953. Apenas dos semanas después de que Katherine ocupara el cargo en la oficina, Dorothy Vaughan la asignó a un proyecto en Departamento de Maniobras de la División de Investigación de Vuelos, y la posición temporal de Katherine pronto se convirtió en permanente. Pasó los siguientes cuatro años analizando datos de las pruebas de vuelo, y trabajó en la investigación de un accidente aéreo causado por una turbulencia. Su esposo murió de cáncer en diciembre de 1956, justo cuando estaba terminando este trabajo.

El lanzamiento en 1957 del satélite soviético Sputnik cambió la historia y de paso la vida de Katherine Johnson. En 1957, Katherine desarrolló algunas de las fórmulas para el documento de 1958 Notas sobre la tecnología espacial, un compendio de una serie de conferencias de 1958 impartidas por ingenieros de la División de Investigación de Vuelo y la División de Investigación de Aeronaves Sin Piloto. Ingenieros de esos grupos formaron el núcleo del Grupo de Tareas Espaciales, la primera incursión oficial de la NACA en los viajes espaciales, y Katherine, quien había trabajado con muchos de ellos desde que llegó a Langley, «se fue incluida con el programa» cuando la NACA se convirtió en la NASA a finales de ese año. Hizo análisis de trayectoria para la misión Freedom 7 de Alan Shepard en mayo de 1961, el primer vuelo espacial humano de América. En 1960, ella y el ingeniero Ted Skopinski coescribieron Determinación del ángulo acimutal para colocar un satélite sobre una posición seleccionada de la Tierra, un informe que establece las ecuaciones que describen un vuelo espacial orbital y que permiten especificar la posición de aterrizaje de la nave espacial. Era la primera vez que una mujer de la División de Investigación de Vuelo recibía crédito como autora de un informe de investigación.

En 1962, mientras la NASA se preparaba para la misión orbital de John Glenn, Katherine Johnson fue llamada para hacer el trabajo por el que sería más conocida. La complejidad del vuelo orbital había requerido la construcción de una red mundial de comunicaciones que conectaba estaciones de rastreo por todo el mundo con ordenadores IBM en Washington, DC, Cabo Cañaveral y las Bermudas. Los ordenadores habían sido programados con las ecuaciones orbitales que controlarían la trayectoria de la cápsula en la misión de Glenn, desde el despegue hasta el amerizaje, pero a los astronautas no les entusiasmaba la idea de poner sus vidas en manos de las máquinas electrónicas de cálculo, pues eran propensas a los problemas y a los apagones. Como parte de la lista de verificación previa al vuelo, Glenn pidió a los ingenieros que «trajeran a la chica» -Katherine Johnson- para que hiciera los mismos cálculos con las mismas ecuaciones que habían sido programadas en el ordenador, pero a mano, en su calculadora mecánica mecánica de escritorio. «Si ella dice que están bien», recuerda Katherine Johnson que dijo el astronauta, «entonces estoy listo para partir.« El vuelo de Glenn fue un éxito y marcó un punto de inflexión en la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Cuando se le pide que mencione su mayor contribución a la exploración espacial, Katherine Johnson habla sobre los cálculos que ayudaron en el atraque del módulo lunar del Proyecto Apolo con el Módulo de Mando y Servicio, que permanecía en órbita lunar. También trabajó en el transbordador espacial y el Landsat 1, y fue autora o coautora de 26 trabajos de investigación. Se jubiló en 1986, después de treinta y tres años en Langley. «Disfruté yendo a trabajar todos y cada uno de los días», dice. En 2015, a la edad de 97 años, Katherine Johnson agregó otro logro extraordinario a su larga lista: el presidente Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor civil de Estados Unidos.

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Por @Wicho — 22 de Septiembre de 2017

Este vídeo acerca de Adeline, la propuesta de Airbus para cohetes reutilizables, ya tiene un par de años, pero es la primera referencia que encuentro sobre ese concepto.

Adeline, de ADvanced Expendable Launcher with INnovative engine Economy, o Cohete Desechable Avanzado con Economía de Motor Innovador (odio los acrónimos graciosetes en inglés), no apuesta por recuperar toda la primera etapa del cohete, sino sólo los motores de ésta, que son el componente más caro.

Así, tras el lanzamiento, y terminada la misión de la primera etapa, la parte final de ésta se desprendería del resto para volver a tierra como una especie de dron gracias a sus alas y a sus dos motores, motores que durante el despegue permanecen ocultos dentro de un carenado.

Etapas de vuelo de Adeline

Airbus estima que su uso permitiría ahorrar entre el 20 y el 30% del coste de un vuelo a cambio de una penalización de peso de un 10% adicional.

El proyecto comenzó en 2010, pero por ahora no hay más que unos modelos a escala de prueba y no hay fechas firmes para una prueba a tamaño real, ni mucho menos para ver cuando los Ariane 6, que se estrenarán en 2020, podrían incorporar esta tecnología, tecnología que además la Agencia Espacial Europea tendría que decidir adaptar al Ariane 6, cosa que no está hecha ni mucho menos.

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Por Nacho Palou — 22 de Septiembre de 2017

Impresion 3d bimetal 1
Vista bajo el microscopio de la unión mediante impresión 3D de la dos aleaciones metálicas —la de cobre abajo y de iconel, arriba— fundidas y entrelazas en la zona de unión entre ambas. Fotografía: NASA/UAH/Judy Schneider.

Imprimir en 3D metal es relativamente sencillo y común, y de un tiempo a esta parte las piezas fabricadas por este método están empezando a utilizarse en aviones y en cohetes. Hasta ahora, eso sí, siempre tratándose de piezas compuestas por una única aleación de metal.

Ahora ingenieros del Marshall Space Flight Center de la NASA han logrado por ver primera resultados satisfactorio fabricando una pieza de metal impresa en 3D compuesta por dos aleaciones diferentes, de cobre e inconel (níquel-cromo).

Para fabricar este prototipo de iniciador de la combustión (léase, el “mechero que le prende fuego” al combustible del cohete) las dos aleaciones se unieron utilizando un proceso de impresión 3D híbrido llamado sintetización por láser de polvo soplado. El proceso sintetiza partículas de polvo en suspensión que se fusionan sobre el objeto, uniendo fuertemente todas las partes.

Impresion 3d bimetal 0

Fotografía: NASA/UAH/Judy Schneider

Por el método tradicional el componente, aun siendo de pequeñas dimensiones, se habría tenido que fabricar en cuatro partes diferentes soldadas posteriormente a mano, “un proceso que requiere personal cualificado y experimentado que lleva mucho tiempo”, según New Atlas.

La técnica no sólo permitirá fabricar piezas de forma más rápidas y menos costosa, sino que posibilitará construir la pieza y sus componentes internos durante el mismo proceso, algo que hasta ahora no era posible.

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Por @Wicho — 22 de Septiembre de 2017

Pósteres retro de Cassini

Hace una semana que le dijimos adiós a Cassini, una de las misiones espaciales más exitosas de las últimas décadas, aunque sin duda seguiremos oyendo hablar de ella según los científicos sigan trabajando con los aproximadamente 635 GB de datos que nos ha dejado.

Pero los espaciotrastornados podemos seguir disfrutando de ella con cosas como estos pósteres retro que la NASA diseñó para conmemorar el fin de la misión.

El de la izquierda, llamado Swan song (canto del cisne) hace homenaje a un cartel ya clásico del concierto de Led Zeppelin en Chicago del 6 de julio de 1973. El de arriba a la derecha es Whoosh! y homenajea al díptico Wham! de 1963 de Roy Lichtenstein. El de abajo a la derecha es ’97 Cassini. What else. y está inspirado en un anuncio del Corvette en la revista Road 6 Track titulado ‘70 Corvette. What else.

Todos ellos se pueden descargar en alta resolución para imprimirlos en condiciones.

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