Por @Alvy — 24 de Mayo de 2015

Es cauto utilizar este patinete/aerotabla/hoverboard sobre las aguas, pues es el tipo de trastos que nunca se sabe cuándo pueden fallar. Pero en este caso el inventor canadiense Alexandru Duru no solo no se estampó (ejem, no demasiado) sino que además batió el anterior Récord Guinness mundial de «distancia recorrida» con un artilugio similar, que estaba en 50 metros, llevándolo hasta más de 275 metros.

El hoverboard es una pequeña maravilla que mantiene automáticamente el equilibrio en el aire, se diría que propulsado por peróxido de hidrógeno; el piloto va enganchado con unas botas similares a las de esquiar y el control de los giros se realiza simplemente con movimientos de los pies.

Ahora solo resta miniaturizarlo un poco, dotarlo de más autonomía, pintarlo de rosa y… luchar por llegar a tiempo:

Hoverboard: Regreso al Futuro

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Por @Alvy — 24 de Mayo de 2015

Nuestra admirada Physics Girl dedica cinco minutos muy educativos a explicar cómo se las ingenian los físicos para «ver» objetos cada vez más pequeños.

MicroscopioEl viaje comienza con objetos tan pequeños como las células del cuerpo, las motas de polvo o los cristales, que son visibles con microscopios y luz visible como los que pueden encontrarse en muchas tiendas de óptica y los que, quien más quien menos, todos hemos podido experimentar. Basta colocarlos bajo la placa de observación para maravillarse de las formas y texturas que hay a tan pequeña escala.

Microscopio Electrónico (1)Pero la cuestión es que más allá de las moléculas están los átomos y aquí entran en juego los microscopios electrónicos. Están diseñados para objetos tan pequeños que no se pueden ver con luz visible (que llegan normalmente hasta ×2000 aumentos). Y aunque las longitudes de onda empleadas por los microscopios electrónicos son 100 000 veces menores que las de los fotones de luz visible y alcanzan sin problemas los ×10 millones de aumentos, pueden llegar a mostrar -en falso color, pues no puede «verse- hasta las moléculas que componen ciertos materiales.

Microscopio Electrónico (2)Los microscopios electrónicos se aprovechan de la famosa dualidad onda-partícula y de que cuanto mayor es la velocidad de éstas menor es su longitud de onda. Lo que aparece en esas fotografías con colores y forma no es la «realidad», sino su función de onda o probabilidad de que los protones, neutrones y electrones se encuentren en un lugar determinado (lo cual es una simplificación de una explicación teórica mucho más complicada). Una especie de sombra o interpretación de cómo son: parecido al objeto real pero un poco distinto.

Microscopio Electrónico (3)En 2013 se consiguió utilizar algo llamado «microscopía de fotoionización» para «fotografiar» un átomo de hidrógeno, nuevamente con colores y funciones de onda probabilísticas. Y, más allá ¿qué hay? Bueno, los protones y neutrones están compuestos a su vez de quarks, que deben ser más pequeños todavía. Y esos tampoco podemos «verlos» directamente; lo más parecido es deducir cómo son con colisionadores de partículas como el famoso LHC.

Lo cierto es que más allá de momento no hay... nada. Nada es más pequeño que los quarks, aunque algunos físicos teóricos hablan de unas subestructuras llamadas preones que podrían ser sus componentes constitutivos. Pero hay un momento en el que este juego de muñecas rusas se detiene: al llegar a la «longitud mínima de cualquier cosa» que en el modelo físico actual de nuestro universo es de 10-34 metros, la llamada longitud de Planck. Ahí se acaban los objetos «más pequeños».

Una exploración apasionante, aunque a mi personalmente me parece más interesante todavía la del tiempo de Planck. Es lo que tarda un fotón en recorrer la longitud de Planck, viajando a la velocida de de la luz. Un instante breve, brevísimo, tan pequeño que no se puede «medir un tiempo más pequeño»: equivale a lo que dura un «tic» del reloj del universo, si acaso ese concepto existie como tal como algo real.

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Por @Alvy — 22 de Mayo de 2015

Libros-Cambiar-Pensar

Estaba leyendo la lista de Caitlin Schiller sobre libros que «cambian tu forma de pensar» (10 books that will change how you think forever) y me apetecía compartirla y ampliarla. Esta es la original con diez títulos:

Me pareció una peculiar combinación de grandes libros que realmente pueden hacerte cambiar las ideas sobre tu forma de pensar, como ¿Existe la suerte?, Cien mejor que uno, The Righteous Mind y otros que -prácticamente- caen en la línea de la autoayuda y que apenas han sido relevantes - de hecho ni están traducidos.

Yo añadiría muchos títulos a esa lista, así que he elegido ocho un tanto variados para no aburrir y de paso comentar por qué pueden cambiarte la forma de pensar.

  • El gen egoísta de Richard Dawkins. Explica el comportamiento humano desde el punto de vista de la evolución. Es el libro que popularizó el término meme y la idea de que los seres humanos somos meras máquinas replicadoras para la supervivencia de nuestros genes - no algo «diseñado» de antemano. Esa idea de fondo es un tanto transtornante e incluso difícil de aceptar, pero permite entender gran parte de las cosas que suceden con la raza humana desde una perspectiva completamente diferente. Es para mi el libro que más puede cambiar esa «forma de pensar».
  • Cosmos de Carl Sagan. Explorando desde lo más enormemente grande a lo más pequeño, Sagan es capaz de cambiar las mentes de forma divulgativa, abriéndolas a ideas como que la ciencia gobierna el universo, que las pseudociencias son una superchería, que somos frutos del azar, las leyes físicas y la evolución - más allá de mitos y dioses. Además somos insignificantes a escala universal. Algo entre lo maravilloso y lo terrorífico. Como complemento: Contacto, la novela del mismo autor de la que surgió una estupenda película.
  • La estructura de la realidad de David Deutsch. Una accesible forma de entender el mundo desde el punto de vista de la computación cuántica y la teoría computacional. Mención especial a la teoría de que el universo pueda ser una simulación funcionando en una especie de gran ordenador cósmico.
  • A New Kind of Science de Stephen Wolfram. Una «nueva» (?) teoría sobre el universo entendido como un gran autómata celular, que explica las leyes físicas desde el punto de vista de la computación y con una idea de fondo: sistemas muy sencillos pueden dar lugar a resultados muy complejos y los autómatas celulares «emular» cualquier tipo de computación. Si acaso su teoría no fuera correcta -es un libro peculiar e hipercriticado por la comunidad científica- como repaso de lo que se sabe sobre diversas áreas de las matemáticas, la computación y la física no está tampoco nada mal.
  • Caos: La creación de una ciencia de James Gleick. Este libro consiguió divulgar, allá por los años 90, la teoría del caos, los sistemas no-lineales, los fractales y otros conceptos. Es la forma de entender la relevancia del efecto mariposa, el azar y otras cuestiones que nos rodean y en las que apenas nos fijamos muchas veces. Del mismo autor, mismo estilo e igual o mejor calidad: La información; sobre el universo entendido desde la perspectiva de la teoría de la información.
  • El hombre anumérico: El analfabetismo matemático y sus consecuencias de John Allen Paul. Después de leer este libro -o sus secuelas- se entienden las estadísticas de otra forma, se lee cada número de un periódico con más entendimiento y se distingue realidad de tontería cuando se escuchan estadísticas en la radio o la televisión.
  • Que sé yo de historia: todo lo que necesitas saber acerca de la historia de Estados Unidos de Kenneth C. Davis. Un libro en formato preguntas-y-respuestas que explica la corta pero compleja historia del «país más poderoso del mundo»: el genocidio a los indios nativos, cómo se aprovechó de la esclavitud de los negros africanos, cómo mantuvo el racismo hasta finales del siglo XX... Y cómo pese a conflictos y guerras logró ser «el bueno» y salir victorioso en la Segunda Guerra Mundial para convertirse en una superpotencia sin rival. Tan entretenido como revelador.
  • Ciudad permutación. Como guinda, una novela. Sobre un posible futuro en el que conceptos como la humanidad, la mente y la vida artificial se mezclan con las redes de comunicaciones, los mundos virtuales y el universo físico. Comparado con lo que sucede en Ciudad permutación, The Matrix queda como un mero aperitivo.

Así que si andabas aburrido en busca de algo con lo que «alimentar el alma» y que te hiciera darle vueltas a la manivela del coco ya tienes dónde elegir, en todas las modalidades.

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Por @Alvy — 22 de Mayo de 2015

Botones Bluetooth de Satechi

Satechi nos envió algunos gadgets para probar, incluidos sus curiosos Botones Bluetooth unos complementos cuya mera existencia es casi una rareza. Se trata simplemente de… botones. Sí: un botón de volumen, avance/retroceso y reproducir/pausa, otro para hacer fotos y otro con el icono Home/Siri de los iPhone. Tal como suena. Como si vendieran teclas sueltas.

Los botones vienen ya con su pila botón listos para usar: se enlazan en unos segundos con cualquier equipo: un iPhone, un ordenador, una tableta o una cámara que funcione con Bluetooth. Basta usar un clip para pulsar un interruptor en la parte trasera: cuando la luz parpadea, se activa el modo búsqueda Bluetooth en el equipo y ya se puede enlazar con un clic: nada de contraseñas ni otras cosas raras. El botón está listo para funcionar.

Botones Bluetooth de SatechiA partir de ese momento los botones se convierten en una especie de mando a distancia de función fija al que solo hay que descubrirle usos. El botón Obturador/Cámara sirve para tomar una foto o empezar a grabar vídeo; útil para selfies o el control de cámaras de forma remota). El botón Multimedia para controlar el volumen del equipo y cualquier reproductor de música o vídeo; es útil con los ordenadores, para pasar páginas de presentaciones y también como mando a distancia de un smartphone o tableta conectado a unos altavoces o a la TV. Finalmente el botón Siri (ese es su nombre oficial) activa el asistente personal de Apple cuando se mantiene pulsado.

Los botones son pequeños y cómodos de usar, bastante ligeros, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. Están fabricados en aluminio y plástico; vienen con una cuerda de seguridad y con una pegatina para adherirlos a cualquier superficie. Sus precios: unos 35€ el botón Multimedia, 30€ el Botón Obturador/Cámara y otros 30€ el Botón Inicio. Un precio ligeramente en la frontera del «pequeño lujo» pero adecuado para darse un capricho o para hacer un regalo diferente y original.

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