Por @Wicho — 22 de Junio de 2017

No había oído hablar nunca del Sea Dragon, probablemente el cohete más tocho jamás diseñado, aunque nunca construido, con una altura de 165 metros y un diámetro de 23 frente a los 111 y 10 respectivamente de un Saturno V.

El Sea Dragon fue proyectado en 1962 por Robert Truax, de Aerojet, con la idea de que fuera capaz de poner ni más ni menos que 550 toneladas de carga en órbita baja terrestre. Por comparación el Saturno V «sólo» tenía una capacidad de carga de poner 118 toneladas en esa misma órbita.

Sea Dragon y Saturno V a la misma escala
Sea Dragon y Saturno V a la misma escala

El poderío del único motor de su primera etapa era tal que se calculaba que la columna de llamas de escape podía llegar a medir más de un kilómetro y medio y que su potencia sería capaz de destruir cualquier plataforma de lanzamiento.

Por eso estaba diseñado para ser lanzado desde el mar. Desde el mar, no desde una plataforma en el mar: una vez llenos los depósitos de keroseno en tierra se echaría el cohete al mar para llevarlo al punto de lanzamiento. Una vez en el punto de lanzamiento, y una vez llenos los depósitos de hidrógeno y oxígeno líquidos, se inundarían unos tanques de balasto para hacerlo ponerse vertical y así encender el motor debajo del agua. Esto atenuaría el sonido y evitaría destrozos en la plataforma de lanzamiento; otra cosa sería lo que le pasara a la fauna marina de la zona, claro.

Lamentablemente el proyecto nunca fue más allá de la mesa de diseño porque en realidad no había necesidad de hacer lanzamientos tan masivos.

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Por @Wicho — 22 de Junio de 2017

Tal y como era de prever la Agencia Espacial Europea ha seleccionado la misión LISA como L3, la tercera misión de la clase L de su programa de investigación Visión Cósmica. Las misiones L son las más grandes y ambiciosas de este programa.

L1 es Juice, una misión para estudiar las lunas heladas de Júpiter, cuyo diseño preliminar acaba de ser cerrado, con lo que ya se puede empezar a trabajar en el prototipo, con la idea de lanzar la sonda en 2022.

L2 es Athena, un telescopio para la astrofísica de altas energías, cuyo lanzamiento está previsto para 2028.

LISA, de Laser Interferometer Space Antenna, o Antena Interferómetro Láser Espacial, tiene como objetivo detectar ondas gravitacionales extremadamente débiles.

Predichas por Einstein en su teoría de la relatividad general las ondas gravitacionales son producto de algunos de los sucesos más energéticos del universo, como la colisión de dos agujeros negros o de dos estrellas de neutrones. Son sucesos tan violentos, que generan tanta energía, que hacen temblar la estructura misma del universo.

Sabemos que existen gracias a que el instrumento LIGO las detectó por primera vez en septiembre de 2015 y luego el 16 de diciembre de ese mismo año y el 4 de enero de 2017.

Simplificando las cosas, LIGO funciona disparando un láser que es dividido en dos a la entrada de dos tubos de 4 kilómetros cada uno construidos con 90 grados de separación entre ellos –como una L con los dos brazos iguales– y midiendo el tiempo que el láser tarda en volver.

Según la predicciones de Einstein las ondas gravitacionales son capaces de estirar el espacio–tiempo, con lo que al atravesar los dos brazos de LIGO uno cambiaría de tamaño respecto al otro –están construidos a 90º para maximizar la diferencia del efecto de una eventual onda gravitatoria sobre ellos– y el experimento detectar ese mínimo cambio de tamaño.

Pues bien, LISA quiere llevar eso un pelín más lejos usando brazos de 2,5 millones de kilómetros cada uno, aunque en el vídeo de arriba habla de 5 millones. Esto hará que LISA sea mucho más sensible que LIGO. Pero para hacer unos brazos de ese tamaño es necesario irse al espacio, aparte de que en el espacio es más fácil aislar el experimento de influencias externas como un camión o un tren que pasen cerca y provoquen vibraciones que distorsionen las mediciones.

Así que LISA constará de tres satélites situados en los vértices de un triángulo de esos 2,5 millones de kilómetros de lado. Dentro de cada uno de ellos habrá una masa en caída libre, completamente aislada de influencias externas, cuya distancia respecto a las otras se medirá mediante láser.

La idea es que cuando las ondas gravitacionales pasen por cada uno de los satélites harán moverse las masas de medición, lo que permitirá detectar el paso de las ondas.

Esto suena tan complicado como lo es, y lo de hacer las cosas con precisiñon milimétrica se queda muy, muy corto. Pero precisamente por eso la Agencia Espacial Europea lanzó el 3 de diciembre de 2015 la misión bautizada como LISA Pathfinder, que tenía como objetivo comprobar que disponemos de la tecnología necesaria desarrollar la misión LISA. Y LISA Pathfider, cuya misión terminará a finales de junio de 2017, ha sido todo un éxito.

Así que la ESA ha decidido seguir adelante con LISA, que a partir de ahora pasa a la fase de diseño detallado, lo que a su vez permitirá ir haciendo una estimación de los costes. Con el diseño y los costes ya preparados la misión será «adoptada» por la agencia, el paso previo a que pueda comenzar su construcción.

Eso sí, el lanzamiento está previsto para 2034, así que toca armarse de paciencia.

LISA está en Twitter como @LISACommunity.

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Por @Wicho — 22 de Junio de 2017

Aunque estaba diseñada para durar 180 días en órbita la sonda india Mangalyaan, también conocida como Mars Orbiter Mission, cumplía 1.000 días en órbita alrededor de Marte el 19 de junio de 2017. Ha sobrevivido incluso a un corte de comunicaciones del 2 de junio de 2015 al 2 de julio de 2015 debido a que Marte estaba al otro lado del Sol visto desde la Tierra.

Con la llegada con éxito de Mangalyaan a Marte la agencia espacial India se convertía en la cuarta en conseguir colocar una sonda en órbita alrededor del planeta tras la NASA, la Unión Soviética y la Agencia Espacial Europea.

La enorme diferencia es que la India lo consiguió a la primera –fueron los primeros en lograr tal cosa– y con un coste de unos 73 millones de dólares, menos que muchas películas de Hollywood.

El objetivo de la misión era demostrar que la India disponía de la tecnología necesaria para desarrollar con éxito una misión interplanetaria; además, MOM está estudiando la superficie de Marte tanto en cuanto a su forma como a su composición y su atmósfera.

Todo parece indicar además que a Mangalyaan le queda cuerda para rato, ya que sus cinco instrumentos siguen funcionando, así que por ahora, mientras le quede combustible, la misión sigue adelante.

La misión está en Twitter como @MarsOrbiter.

(Vía Tokaidin).

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Por @Alvy — 22 de Junio de 2017

Este vídeo tiene dos problemas: uno el SVV; otro que no está a escala, como cuando Doc Brown le ensaña a Marty la maqueta del Delorean que va a viajar en el tiempo… Peeero perdonamos ambas circunstancias, porque es sencillamente genial. Y el plus del sonido original del aterrizaje hace mucho.

Lo ha creado Tomás García a modo de pequeña prueba con ARkit (el kit de desarrollo de Apple para realidad aumentada) y Unity, la herramienta para programación de juegos multiplataforma.

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