Por @Alvy — 17 de Enero de 2019

James O' Donoghue de la NASA ha preparado algunas animaciones a escala en las que se pueden apreciar las distancias y la velocidad de la luz cuando viaja entre tres objetos celestes: la Tierra, la Luna y Marte.

En la primera animación Tierra-Luna tanto los tamaños como la distancia de la Tierra y la Luna están a escala. Un rayo de luz o una onda electromagnética viajando a ~300.000 km/s necesitaría ~1,255 segundos, dado que la distancia es de unos 384.000 km (varía un poco a lo largo de su órbita). El tiempo se calcula «de superficie a superficie» y sería equivalente al retardo por ejemplo de las señales enviadas entre el Centro de Control de la Tierra y los astronautas del Apolo 11 cuando estuvieron en la Luna.

En la segunda animación Tierra-Marte la cosa es más tranquila: la Luna se ve muy cerca de la Tierra y Marte en el quito pino, porque las distancias también está escala, aunque sus tamaños se han dibujado a escala ×20 para que se puedan ver mejor.

La distancia (mínima) que a recorrer son 54,6 millones de km y la luz haría ese viaje en 3 minutos y 2 segundos. Eso es, por ejemplo, lo que tardan en viajar de un lado al otro las órdenes que enviamos a los rovers marcianos como el Opportunity, o lo que tardarían las comunicaciones de voz o vídeo cuando algún día pongamos una base con exploradores en la Luna.

Puede parecer un poco lento, pero es que… ¡Es la física relativista, amigo! Nada puede viajar más rápido que la luz, así que no hay nada que hacer ni más ancho de banda que «contratar». Ni te cuento lo que tardarían las comunicaciones si algún día llegamos a otras estrellas… Literalmente, años.

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Por @Wicho — 16 de Enero de 2019

Este vídeo que reconstruye el fallo del lanzamiento de la cápsula tripulada Soyuz MS-10 tiene ya unos meses pero no lo había visto antes. Y me parece impresionante. No sólo porque permite ver desde distintos ángulos el accidente sino porque fue publicado antes de que Roscosmos hiciera público el vídeo grabado desde el propio cohete.

El fallo fue provocado porque en uno de los propulsores laterales de la primera etapa el sensor que detecta la separación del núcleo del cohete no funcionó, lo que hizo que a su vez no se activara una descarga de oxígeno líquido que separa la punta del propulsor del resto del cohete. Esto hizo que fuera rozando el núcleo, provocando su ruptura, tal y como se ve en el vídeo.

Afortunadamente el ordenador de a bordo detectó el problema antes de que nadie pudiera reaccionar y activó el sistema de escape que llevó a Aleksey Ovchinin y a Nick Hague a aterrizar sanos y salvos, aunque algo agitados, unos minutos después.

Desde entonces, y tras identificar el origen del problema en un error durante el acoplado del propulsor al resto del cohete que dobló el sensor de separación, dejándolo inutilizado, las cápsulas Soyuz han vuelto al servicio con el lanzamiento sin problemas de la Soyuz MS-11

Y Ovchinin y Hague están a poco más de un mes de volver a ser lanzados al espacio en la Soyuz MS-12, en esta ocasión acompañados de Christina Hammock.

(Lionel Ferra vía Nicola Pecille)

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Por @Wicho — 16 de Enero de 2019

Las Soyuz 4 y 5 acopladas en el espacio

El 16 de enero de 1969 a las 9:20, hora peninsular española, las cápsulas tripuladas Soyuz 4 y Soyuz 5 se acoplaban en el espacio, convirtiéndose en las dos primeras naves espaciales de la historia en llevar a cabo tal maniobra.

Y por si esto fuera poco a las 13:43 comenzaba un paseo espacial en el que Yevgeny Jrunov y Aleksei Yeliseyev pasaron de la Soyuz 5, en la que habían despegado, a la Soyuz 4, en la que aterrizaron. Fue la primera vez en la historia que se intercambiaban tripulantes entre dos naves espaciales y la única vez hasta en la que lo han hecho mediante un paseo espacial.

Tanto el acoplamiento como el paso de cosmonautas de una a otra nave eran maniobras necesarias para la misión tripulada a la superficie de la Luna que planeaba la Unión Soviética, aunque al final esa misión nunca llegó a llevarse a cabo.

Gracias a lo aprendido en el primer paseo espacial de la historia, llevado a cabo por Alekséi Leónov el 18 de marzo de 1965, los trajes que usaron Jrunov y Yeliseyev no se hincharon como globos, lo que permitió que en poco más de media hora consiguieran pasar de una nave a otra.

De hecho para lo complicada que era la misión a priori todo salió muy bien. El susto vino con la vuelta a casa de la Soyuz 5, pues el módulo de servicio no se separó del módulo de descenso. Esto hizo que la nave reentara en la atmósfera de morro, con Boris Volynov colgando de sus atalajes en lugar de apoyado en su asiento. Afortunadamente el módulo de servicio se separó antes de que la protección térmica de la nave se dañara seriamente y entonces el módulo de descenso se puso automáticamente en la posición adecuada para que el escudo térmico absorbiera el calor de la reentrada.

Pero aún había otra sorpresa para Volynov, pues las líneas de los paracaídas se enredaron un poco y además los cohetes de frenado fallaron, con lo que la toma fue realmente dura. Tanto como para que se le partieran algunos dientes, aunque la cosa podía haber sido peor.

Y por si fuera poco entre el rato de reentrada en posición incorrecta y el fallo parcial de los paracaídas al final aterrizó bastante lejos del punto previsto, con lo que Volynov tuvo que abandonar la cápsula por sus propios medios y caminar varios kilómetros con temperaturas de cerca de -40 ºC hasta encontrar refugio en casa de unos campesinos mientras los equipos de rescate llegaban a buscarlo.

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Por @Wicho — 15 de Enero de 2019

Bob Benkhen y Doug Hurley son los dos astronautas de la NASA que, si todo va según lo previsto, serán los primeros en despegar en una nave tripulada estadounidense desde la retirada de los transbordadores espaciales de la agencia en 2011. Lo harán, en concreto, en una Dragon 2.

En este vídeo cuentan un poco las diferencias que supone trabajan con SpaceX frente a hacerlo en la NASA –básicamente todo es mucho más ágil– y de cómo todo el tiempo que llevan trabajando juntos hace que el entrenamiento para usar la nueva nave sea más sencillo porque a menudo saben cómo va a reaccionar el otro sin tener que hablarlo.

La Dragon 2 de SpaceX y la Starliner de Boeing son las primeras naves espaciales desarrolladas íntegramente por empresas privadas según su propio criterio, aunque han tenido la precaución de cumplir con las especificaciones de la NASA para que la agencia acepte que sus astronautas vuelen en ellas. Pero al ser naves privadas nada impide además que ninguna de las dos empresas usen las naves para sus propias misiones.

La Dragon 2 tendrá su primer vuelo de prueba en febrero y, si todo va bien, podría volar con Benhken y Hurley a bordo en verano. La Starliner va unos meses por detrás.

Sin duda 2019 va a ser un año la mar de interesante en lo que se refiere al acceso al espacio.

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