Por @Alvy — 1 de Julio de 2022

Delfines en el mar rojo (CC) Alfonso González

La consciencia nos parece algo único. Sin embargo, ese reconocimiento natural de la propia existencia parece claro que no es único del homo sapiens: muchos animales exhiben las mismas propiedades que nosotros. Por si eso fuera poco, ahora comenzamos a explorar la posibilidad de que las inteligencias artificiales sean también conscientes, lo cual no está exento de problemas.

En un podcast reciente escuché al gran @Recuenco explicar que hay quien considera a los pulpos animales tan conscientes como los humanos, y que se habían publicado trabajos científicos sobre ellos. Yo tenía claro que hay otros animales como nuestros primos los primates, los adorables delfines y seguramente los perros, gatos e incluso los cuervos que exhiben rasgos de esa consciencia, pero ni idea de hasta qué punto. ¿Las abejas? ¿Las hormigas? ¿Las orcas? Ni idea. Probablemente todo depende de cómo definas la consciencia, que es lo que pasa siempre.

Picturing the MindPor eso me ha encantado cruzarme con Picturing the Mind, un libro editado por MIT Press –y también disponible en tu librería hegemónica habitual– que no he podido leer todavía, pero donde parece que se trata sobre este tema de forma bastante ligera, con ilustraciones y textos sugerentes para debatir. Y aunque sea difícil marcar la delgada línea roja que separa la consciencia de la no-consciencia, dan muchas pistas, incluyendo esta lista de características que comentan en un largo artículo también muy interesante:

Las características de la consciencia

explicadas en Picturing the Mind de Simona Ginsburg y Eva Jablonka:

  1. Unión/unificación: ver los objetos como poseedores de características propias.
  2. Accesibilidad global: existencia de interacciones entre diversas partes del cerebro para comparar, generalizar, evaluar y tomar decisiones.
  3. Atención y exclusión selectivas: amplificar o excluir señales según eventos pasados y el contexto del momento.
  4. Intencionalidad: incluyendo mapear representaciones del cuerpo y sus partes, del mundo y de las acciones.
  5. Integración: poder guardar la información suficiente tiempo como para integrarla y evaluarla.
  6. Objetivos y evaluaciones flexibles: llevar a cabo acciones como recompensa o castigo según el contexto.
  7. Personificación: actividades espontáneas y comportamiento premeditado para lograr objetivos.
  8. Sentido del yo: registro del yo/otros desde una perspectiva estable.

La lista me parece bastante completa y acertada, y está claro que muchos animales cumplen todas o casi todas. Entre otras cosas, si aceptáramos esa regla latente en nuestro interior de «no te comerás a los seres como tú» prácticamente nos convertiría instantáneamente a todos en vegetarianos (¡no más pulpo a feira, Wicho!) Yo desde luego no me comería un delfín, ni mucho menos un chimpancé, pero esto y otras variantes de dudoso gusto son habituales en otras culturas. Aparte de que está el tema de la supervivencia, evolutivo y demás.

Lo interesante también es que muchos algoritmos de inteligencia artificial se diría que también comparten todas estas características (ven las cosas como objetos con características, funcionan mediante recompensa/castigo, mapean el cuerpo –robótico– en su mundo recreado…) La diferencia es que las IAs no son seres con química de carbono, como nosotros o el resto de animales conscientes, sino de silicio, aunque ambos compartamos la necesidad de energía, seamos mortales y podamos multiplicarnos y evolucionar. Lo del alma no le consta todavía a la ciencia.

En cualquier caso, es un tema interesante y que desde luego da para mucho debate. Veremos qué pasa cuando algunas IAs superen el test de Turing y puedan ser consideradas, al menos, «inteligentes». Y cuando luego intenten lo mismo con todas las definiciones y matices que le queramos poner a consciencia. Va a ser divertido de ver.

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Nota: Aunque a veces los términos consciencia y conciencia son según el diccionario sinónimos prácticamente intercambiables, en el contexto de la inteligencia, la neurología y la filosofía son bastante diferentes. Consciencia suele aplicarse para el «autoconocimiento de la propia existencia» (ej. «recuperar la consciencia tras haber estado anestesiado») y conciencia cuando además de eso hay ciertas implicaciones morales (ej. «ser consciente de que golpear con un palo en la cabeza a alguien está mal»).

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Foto (CC) Alfonso González @ Flickr.

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Por @Alvy — 1 de Julio de 2022

Este vídeo de Vox Media es tan interesante desde el punto de vista ingenieril como matemático, por no decir del humano y de pura diversión. Explica por qué el diseño de los loopings o rizos de las montañas rusas modernas no es circular, como era erróneamente cuando se inventaron. Se hace así para evitar que la gente sufra, se desmaye o algo peor debido a la aceleración o fuerzas g resultantes si se usa una trayectoria circular.

Y es que la realidad física es una aunque la intuición nos diga otra cosa: que un bucle circular se ve más sencillo y elegante… pero no es de eso de lo que se trata, sino de lo que mandan las leyes de la física. La trayectoria circular imprime una fuerza g tremenda y casi instantánea a quienes entran en ella, del orden de 12 a 14 g, lo cual puede resultar molesto, dañino o fatal, según cuanto tiempo se mantenga (más de 6 g durante 0,5 segundos se considera peligroso).

Roller Coaster Simulator

La solución, como comprendieron pronto los diseñadores de las primeras montañas rusas, es utilizar una clotoide, que es «una curva cuyo radio de curvatura disminuye de manera inversamente proporcional a la distancia recorrida». Este tipo de curvas se utilizan también en carreteras y autopistas. Al construir los rizos con forma de clotoides la fuerza g se ve muy reducida, aunque aumente el tiempo en que se mantiene… pero eso ya no supone un problema. En este simulador físico de trayectorias puede jugarse con los parámetros y ver los efectos de las fuerzas g en forma de gráficos.

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Euthanasia CoasterLos efectos nocivos colaterales de las fuerzas g de las montañas rusas con bucles extremos fueron llevados al límite con la idea loca de la llamada Euthanasia Coaster, un «concepto artístico» de 2010. Consistía en un diseño para matar a los pasajeros que se prestaran a viajar en ella voluntariamente: con 500 metros en su punto más alto, la caída aparentemente inocua aplicaría 10 g durante unos 60 segundos a quienes viajaran en los vagones. Al terminar, la hipoxia cerebral prolongada habría dejado sin oxígeno a los cerebros de los pasajeros –más bien al primer o segundo bucle, los siguientes serían «por si acaso»– y sus cadáveres sonrientes podrían ser «retirados» para dar paso al siguiente grupo. ¡Glups! ¡Prefiero la Shambhala o el Dragón Khan de Port Aventura!

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Por @Alvy — 30 de Junio de 2022

JS Bin - Collaborative JavaScript Debugging

Revisando enlaces viejos me encontré con este programa para resolver sudokus escrito en JavaScript y creado por Andrei Kashcha. Seguramente su sencillez es su mayor virtud: son unas 80 líneas de código ligero, perfectamente estructurado en unas pocas funciones. Eso sí, elegante no es mucho: como puede verse actúa mediante fuerza bruta, probando uno por uno todos los posibles números candidatos en todas las posiciones.

En el array grid[] se pueden introducir los números conocidos, dejando con ceros las celdas que vayan en blanco. Luego basta ejecutar el programa (Run with JS) para obtener el resultado. Si el sudoku está mal planteado y es «imposible», quedarán celdas en blanco. Si tiene varias soluciones, se mostrará la primera de ellas. Se podría mejorar haciendo que de paso indicara si es un sudoku perfecto de solución única.

El sudoku más difícil del mundo

Lo he probado con el sudoku más difícil del mundo y naturalmente no ha tenido problema. Se puede usar el código para aprender, ampliarlo a sudokus más grandes o utilizar en otros proyectos, como una app que resuelva el sudoku tras leerlo con la cámara. De ese estilo hay varias por ahí.

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Por @Alvy — 30 de Junio de 2022

En el M.I.T. han desarrollado este brazo robótico llamado FuseBot que es una combinción de hardware y software relativamente inteligente capaz de encontrar objetos en una pila de trastos desordenados aunque no puedan verse. Y ese razonamiento va mucho más allá de los clásicos «pues estará donde tú lo hayas dejado» o el «a que voy yo y lo encuentro» que usaban nuestras madres; es un complejo algoritmo capaz de «razonamientos complejos», según sus creadores.

El brazo encuentra los objetos de dos formas: por un lado, mediante etiquetas RFID (como las de las alarmas de las tiendas) pegadas a los objetos o mediante reconocimiento viual. Eso sí: el «objetivo» no tiene por qué llevar el RFID y ni siquiera ser visible: tal vez esté sepultado por una montaña de otroso objetos inútiles. La forma en que opera es en cierto modo muy humana: primero prueba a quitar algunos objetos de la parte de arriba del montón, los aparta y va observando con la cámara el resto, repitiendo el proceso tantas veces como haga falta. Cuando da con el que podría ser el objetivo, simplemente lo saca con sus pinzas.

Parte de la complejidad del asunto es la combinación de algoritmos y el hecho de que los objetos (muñecos, ropa, etcétera) sean deformables y que puedan acabar con cualquier orientación espacial al mezclarse en una inmensa pila de kippel. Quien no sueñe con uno de estos para que encuentre en casa esos trastos que siempre se pierden y acaban en cualquier rincón o Pila™ no sabe lo que se pierde.

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