Por @Wicho — 22 de Marzo de 2019

Boeing 737 Instrument Panel (CC) Dan Lohmar @ Unsplash

A medida que se van conociendo más detalles sobre lo sucedido en el último gran accidente de aviación comercial, y tal como contamos en un artículo para El Diario, el caso del 737 MAX se complica cada vez más para Boeing y la Autoridad de Aviación de EEUU. Entre otros detalles:

  • Cada vez hay menos dudas de que el sistema automático MCAS está relacionado con el accidente.
  • La falta de recursos de la autoridad competente dejó en manos de Boeing buena parte del proceso de certificación del avión.
  • Boeing clasificó un posible fallo del MCAS sólo como «peligroso» en lugar de «catastrófico».
  • El día anterior al accidente del Lion Air un piloto que volaba como extra en la cabina evitó probablemente que el avión se estrellara.

Boeing sigue trabajando en una actualización del software que controla el MCAS, pero habrá que probarla en vuelo y es poco probable que antes de mayo de 2019 pueda estar certificada. Así que a las aproximadamente 350 unidades de 737 MAX 8 y 9 que existen en aerolíneas de todo el mundo aún les quedan al menos un par de meses en tierra.

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{Foto (CC) Dan Lohmar @ Unsplash}

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Por @Alvy — 22 de Marzo de 2019

Cuando los ordenadores modernos –ejem por lo de «modernos»– comenzaron a usarse para tareas civiles importantes como era ayudar en el control de tráfico aéreo la seguridad era la prioridad ante todo. En el año 1971 un ordenador especializado IBM 9020 podía servir para seguir la pista a varios aviones a la vez, aunque no muchos: cada equipo tenía 512 KB de memoria RAM y se usaban decenas de ellos trabajando coordinadamente cuando había mucho tráfico.

¿Eran fiables? No podías abarcarlos con un abrazo ni mucho menos levantar su peso o tirarlo por la ventana. Pero están construidos «a prueba de fallos».

En este vídeo de CuriousMarc que me encontré en YouTube se muestra cómo eran los núcleos de memoria magnéticos. En otros vídeos han hecho incluso radiografías a estas piezas para ver cómo son y en qué estado se encuentran. El IBM 9020 era un Sistema 360/50 o 65 y se instalaban varios para encargarse de los aviones o del rádar. Cada placa («plano«) tenía 33 KB de memoria: 32 KB de datos y 1 KB de bits extra de registros y otros usos. También había 1 o 2 bits de paridad por cada uno cada esos 9 o 18 «planos».

IBM 9020 en un centro de control de tráfico aéreo

En la vieja fotografía se pueden ver cómo eran los armarios del IBM 9020: están a la derecha del técnico que está sentado. Había 4 placas de memoria en cada bloque y 4 bloques por armario, con una decena de armarios de 512 KB cada uno en un centro de control típico, unos 5 MB por tanto, menos de lo que ocupa una foto de calidad hoy en día.

Y cables, muchísimos metros de cable.

Si algo fallaba, no pasaba nada: todo estaba doblemente comprobado y replicado, así que era muy tolerante a fallos, como se suele decir en la industria. Se podía cambiar el trabajo a otro procesador y recuperar los datos sin mayores problemas. Al fin y al cabo se estaban controlando cientos de aviones con miles y miles de personas abordo.

Además de eso no podía faltar una impresora gigante de líneas, la mítica IBM 1403, y diversos sistemas de almacenamiento en cinta magnética. Teniendo en cuenta que toda esta informática jurásica funcionaba con cables, núcleos de ferrita, miles de soldaduras y frágiles placas, todavía impresiona. Tanto como uno de los datos al respecto: estos equipos no se retiraron totalmente del servicio hasta 1999, básicamente porque se pensó que no superarían el efecto 2000. Curiosamente, los equipos por los que fueron reemplazaron continuaron ejecutando su software en emulación durante un buen tiempo.

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Por @Wicho — 22 de Marzo de 2019

Impresión artística de PRISMA en órbita
Impresión artística de PRISMA en órbita – Arianespace

Un cohete Vega –el número 14– de Arianespace que despegaba a las 2:50 del 22 de marzo de 2019, hora peninsular española, ponía en órbita el satélite PRISMA de la Agencia Espacial Italiana (ASI).

Se trata de un pequeño satélite de 1,75×1,54×3,4 metros y un peso al lanzamiento de 879 kilos que tiene como objetivo demostrar tanto la viabilidad de la plataforma –la base sobre la que está construida el satélite– como del instrumento que lleva a bordo.

PRISMA* viene de PRecursore IperSpettrale della Missione Applicativa, algo así como misión precursora de los instrumentos hiperespectrales. Su objetivo es obtener imágenes de la Tierra mediante un instrumento que combina un sensor hiperespectral con una resolución de 30 metros y una sensor pancromático con una resolución de 5 metros.

La idea es que estas imágenes, que cubren un ancho de 30 kilómetros, sean utilizadas para monitorizar el medio ambiente y ayudar a la gestión de recursos, clasificación de cosechas, y control de la polución. Para ello la cámara pancromática permite ver la geometría de las cosas mientras que el sensor pancromático permite detectar la composición de aquello que está viendo el satélite.

Cubrirá hasta 200.000 kilómetros cuadrados cada día desde su órbita sincrónica al Sol de 675 kilómetros. La duración prevista de la misión es de cinco años y la ASI espera obtener de ella datos que sean útiles a la comunidad científica. Pero si PRISMA –el instrumento, que comparte nombre con el satélite– funciona como se espera también servirá para validad ese tipo de instrumentos combinados para futuras misiones.

La misión está en Twitter como @SatellitePrisma.

*Ojo, no confundir con Prisma.

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Por @Wicho — 21 de Marzo de 2019

Kindle 2019Durante años desaconsejé la compra del modelo básico del Kindle porque su pantalla no tenía luz. Pero eso se ha acabado con el Nuevo Kindle (original nombre dónde los haya). Este modelo, que es la novena generación de este dispositivo, por fin incorpora una luz frontal ajustable, aunque el ajuste es manual.

Eso sí, la pantalla tiene cuatro ledes para la iluminación frente a los cinco del Paperwhite o a los 12 del Oasis. Y la resolución es de 167 puntos por pulgada frente a los 300 de sus dos hermanos mayores. El tamaño es de 6", igual que la del Paperwhite, una pulgada menos que la del Oasis. Aunque también incluye «última tecnología de tinta electrónica para un mejor contraste.»

Tiene conectividad WiFi, 4 GB de almacenamiento –que son más que suficientes–, y no es resistente al agua como los otros dos, que están certificados como IPX8, lo que quiere que deben resistir una inmersión completa y continua en agua, lo que siempre es de agradecer en playas y piscinas.

A falta de poder probarlo lo que menos me convence es que la pantalla, que sigue siendo táctil, deja de usar una barrera de infrarrojos y pasa a ser capacitiva, lo que quiere decir que se acabó poder pasar la página o manejarlo aún con unos guantes puestos o con la punta de un lápiz, por ejemplo. A cambio eso sirve para evitar deslizamientos accidentales, según dice Amazon. Aunque por otra parte el Paperwhite y el Oasis ya incorporan ese tipo de pantallas así que tampoco es un inconveniente muy grande.

Pero por 90 euros tampoco veo mucho por lo que protestar. Eso sí, no está disponible hasta el próximo 10 de abril, aunque lo puedes ir encargando.

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