Por @Alvy — 12 de Agosto de 2026

Como buen fan de Doctor en Alaska (Northern Exposure, 1990–1995) no he podido dejar de ver este vídeo de Tom Stanton en el que explica cómo construyó un trabuquete o «lanzapiedras» capaz de romper la barrera del sonido. No es un sonido atronador, pero sí que es un chasquido supersónico.

El trabuquete o fundíbulo es una especie de catapulta del medievo, una variante optimizada para destruir las murallas de los castillos lanzando piedras y proyectiles de gran tamaño. En aquella época acojonaba solo de verlo; sufrir sus consecuencias era devastador.

En Doctor en Alaska el bueno de Chris lo utilizaba en un episodio para lanzar un piano por los aires, con resultados espectaculares. Stanton se propuso un rato parecido: superar la barrera del sonido, y se pasó casi 6 años haciendo cálculos. La cosa no era fácil: el contrapeso en caída libre sólo acelera a 9,81 m/s² (la aceleración de la gravedad terrestre) y soltado desde 2 metros llega al suelo a apenas 6,2 m/s. ¿La solución? Usar poleas.

Tal y como muestra el vídeo, desacoplando el contrapeso del brazo y utilizando un sistema de poleas 3:1 con una transmisión mediante cuerda se consigue el efecto de una especie de «caja de cambios» mecánica. El brazo está fabricado en fibra de carbono y pesa sólo 116 gramos. Originalmente la cuerda se enrollaba unas 15 vueltas para alcanzar el régimen máximo de lanzamiento, liberando el proyectil al llegar a unas 2.000 rpm, con una ventana de disparo (para que salga en vertical) de apenas 2,5 milisegundos.

Las pruebas requirieron optimizar el brazo y los accesorios para reducir el peso, aumentar las rpm y ganar más energía. Todo esto me recordó un poco a cómo se produce el chasquido de un látigo.

Con un contrapeso de 10 kg la versión mejorada alcanzó 1.248 rpm y 634 km/h, que no está nada mal. Aumentando el peso a 20, 30 y 40 kg se llegó a 2.336 rpm y 1.152 km/h, ligeramente por debajo de la barrera del sonido. El problema era que subiendo a 50 kg se superaban los límites y se rompían algunas piezas. Pero eso no fue impedimento para nuestro «inventor loco»: redujo el peso del proyectil y modificó de nuevo la transmisión y el mecanismo de liberación.

En el lanzamiento definitivo, el brazo alcanzó 2.342 rpm moviéndose a 441 km/h. Las poleas de la honda multiplicaron esa velocidad para que recorriera 1,94 metros en 5,6 milisegundos. Eso son 346,4 m/s, equivalentes a 1.249 km/h, unos 14 km/h por encima de la velocidad del sonido en el aire.

Toda una demostración de que con paciencia, buenos cálculos y siendo un poco terco se pueden combinar física medieval, diseños CAD en 3D y piezas fabricadas con CNC e impresoras 3D para conseguir algo grande: un pequeño estampido sónico.

Relacionados:


PUBLICIDAD


Por @Wicho — 10 de Agosto de 2026

Foto de producto con el mando en funcionamiento con un móvil dentro

He estado probando el mando para juegos para móviles Trust GXT 735 Mylox con mi iPhone. Para mí, que sólo juego de vez en cuando, está muy bien. Aunque la escasez de juegos que soporten mandos en iOS juega en su contra (guiño guiño codazo codazo).

El Mylox es extensible, por lo que vale para cualquier móvil que mida entre 95 y 170 mm de alto. El ancho da un poco igual, aunque por si quieres saberlo superficie sobre la que se apoya el móvil es de 82 mm; si quieres usar un móvil un poco más ancho tampoco pasa nada aunque sobresalga un poco del mando por arriba.

Además, el hueco en el que va el móvil es más profundo por la parte izquierda del mando, por lo que el móvil quedará perfectamente plano sobre el mando aunque las cámaras sobresalgan. Una pestaña en la parte inferior se asegura de que el móvil no se escape, aunque la superficie de contacto es de goma rugoso, lo que también contribuye a ello.

Así, por ejemplo, mi iPhone 17 Pro Max cabe sin problemas incluso con la funda puesta.

Seguir leyendo: «Probamos el mando para juegos para móviles GXT 735 Mylox de Trust»


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 10 de Agosto de 2026

World Flight Sim: un inmersivo simulador de vuelo con imágenes de ciudades de todo el mundo, probablemente hasta las de tu casa

Me he estado dando una vuelta por el barrio a vista de pájaro en la avioneta del World Flight Sim, un pequeño pero interesante simulador de vuelo gratuito que funciona directamente en el navegador. Lo más interesante es que utiliza las imágenes de Google Earth para representar ciudades y otros lugares en 3D; tiene cierta calidad. Además, se puede volar la avioneta muy fácilmente, lo cual siempre se agradece.

La idea es irresistible, todo hay que decirlo, además de tremendamente «viciante»: para empezar basta escribir dirección o nombre de algún lugar conocido (yo he probado con mi casa y algunos enclaves típicos), elegir el tipo de avión o empezar con la avioneta que viene por defecto… y a volar. No hay que descargar nada y funciona en casi todos los PC y Macs, aunque no sean superpotentes.

Un simulador simple, pero con opciones variadas

Lo más conveniente es registrarse, por ejemplo con una cuenta Google, algo que requiere dos segundos. Luego, el simulador permite ajustar la hora del día y las condiciones meteorológicas, despegar desde el aire, un aeropuerto o aeródromo y ¡listo! El avión se maneja con el teclado o un joystick USB, si tienes alguno a mano, pero no hay excesivos controles que memorizar: izquierda, derecha, flaps… lo típico. Hay indicaciones para mantenerlo nivelado, cosa que hace casi automáticamente, y otros avisos diversos sobre la altitud y «problemas» que pueden surgir. Eso sí: el algoritmo de colisión no es perfecto; puedes acabar estampado algunos metros antes de tocar suelo o atravesar limpiamente un edificio alto.

En cuanto a aviones, la H-182 Strutwing, por ejemplo, que es el modelo de avioneta por defecto, tiene una velocidad de 128 nudos (237 km/h), un motor de 230 HP, entra en pérdida a 49 nudos y tiene un techo de 13.500 pies (4.115 metros de altitud). Los hay más potentes.

Además del vuelo libre hay otros modos de juego: escuela de vuelo, desafíos, y carreras, en el las que se acumulan horas, destinos y logros. Ir avanzando permite desbloquear aviones y hasta hay un modo Ring Runs: circuitos de anillos por los que pasar la avioneta, sobre escenarios reales, en los que hay que intentar mejorar los tiempos.

Lo que más engancha, a mi parecer, es que una vez comienzas a explorar una zona conocida, por ejemplo tu barrio, es imposible no ir siguiendo las calles para redescubrir nuevos sitios. Yo acabé yendo al centro de la ciudad, esquivando rascacielos, llegando al río Manzanares y siguiéndolo hasta una de las presas cercanas a la capital, para ver cómo era el camino exacto, que se puede hacer prácticamente andando si tienes aguante y te gusta hacer senderismo. Una vez has captado la idea y te manejas bien… a explorar el resto del mundo.

(Vía Nico, que también nos puso sobre la pista del estupendo WenWare.)


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 9 de Agosto de 2026

Alguien ganó una apuesta de las de «A largo plazo» / Apuesta sobre la durabilidad de las URLs

La apuesta sobre cierta URL pasados 11 años es todo un ejemplo de resistencia al paso del tiempo. La URL se mantuvo viva y no soltó un 404 al ir a consultarla con el navegador 11 años después. De hecho hoy en día, 15 años después, sigue en pie. Aunque con un matiz: el protocolo de hipertexto cambió automáticamente de http a https (la versión «segura») y la triple W (www.…) desapareció (cuestión de modas). Aun así se da por válida: Haughey se impuso a Keith y ganó los 1.000 dólares de la apuesta (cada uno había puesto 500 originalmente).

Ya habíamos hablado de Long Bets (Apuestas a largo plazo) en alguna ocasión (¡hace 23 años, madre mía!) y me sigue apareciendo de vez en cuando al navegar por ahí. Es un sitio para hacer predicciones a largo plazo, cuestiones más por lo filosófico, científico, económico y social que por ganar cuatro perras. Alguien plantea una predicción, otra persona la acepta y se convierte en apuesta. Luego se esperan unos años. Ojo porque las hay de 2, 5, 100 o 150… A gusto de los apostadores.

Naturalmente, no es un sitio de apuestas como tal: es un sitio para generar conversación en torno a los temas más diversos. Actualmente ya casi llegaron a mil apuestas; se ve que el tema sigue interesando a la gente. A mi me siguen haciendo pensar, aunque más todavía me hacen darle vueltas al coco las de 10.000 años. Y es que el futuro, digan lo que digan, sigue siendo muy difícil de predecir.

Relacionado:


PUBLICIDAD