Por @Wicho — 12 de Octubre de 2026

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La Cygnus 24 recién liberada por el brazo robot de la Estación Espacial Internacional – NASA TV

Hace unas horas terminaba la misión de la cápsula de carga Cygnus 24 con su reentrada controlada en la atmósfera. Como es habitual en estos casos llevaba a bordo material ya no necesario y de desecho de la Estación Espacial Internacional (EEI). Pero en esta ocasión también iban a bordo las cápsulas de KREPE-3, un experimento sobre nuevos materiales y diseños para escudos térmicos.

KREPE-3, de Kentucky Reentry Probe Experiment, Experimento de Kentucky de investigación sobre la reentrada, consiste de doce cápsulas fabricadas con distintos materiales y de distintas formas que transmitieron datos de temperatura, presión, movimiento, el campo magnético y luz durante su reentrada a través de los satélites Iridium.

La idea es que sirvan para informar sobre el comportamiento de esos materiales y formas de cara al diseño de futuros escudos térmicos, incluido el de la cubierta que protegerá a Dragonfly cuando llegue a Titán.

Cada una de las cápsulas iba dentro de un contenedor protector fabricado en una aleación de aluminio cuyas dos mitades iban unidas mediante tornillos de policarbonato diseñados para que se fundieran a una temperatura de unos 250 °C, momento en el que dos muelles separaron las dos mitades del contenedor para liberar así la cápsula.

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Una de las cápsulas en su contenedor protector; la anilla sirve para activarla – NASA

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Una de las cápsulas de reentrada – NASA

Esto debe haber sucedido a una altitud de entre 50 y 60 kilómetros, un poco después de que la Cygnus propiamente dicha empezara a desintegrarse, con lo que las cápsulas de KREPE-3 ya debían estar a salvo de los restos de la Cygnus.

A su llegada a la EEI la Cygnus 24 llevaba a bordo 2.120 kg de equipo para el mantenimiento y modernización de la estación, 1.410 kg de suministros para la tripulación, 1.075 kg de instrumentos científicos y experimentos, 330 kg de equipo informático, y 65 kg de material para paseos espaciales.

Mañana mismo está previsto en lanzamiento de la cápsula de carga Dragon 35, que llevará un nuevo lote de suministros y materiales a la Estación.

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Por @Alvy — 12 de Octubre de 2026

«Tengo tokens» es el nuevo «tengo tierras»: / Imagen: ChatGPT Astra

Los tokens se están convirtiendo en la unidad de medida del consumo de inteligencia artificial. Es habitual hablar de que cada consulta o línea de código generada gasta cierta cantidad de tokens. Son valiosos y se compran casi «al kilo». No valen tanto como el oro o los bitcoins, porque son una micro-unidad en ese aspecto, pero… las empresas y la gente los ansía cual maná que no cae del cielo.

La comparación con el oro ya aparece en las noticias: la Bolsa de Futuros de Shanghái estudia crear productos financieros ligados a los tokens, y hay quien los que considera prácticamente una «materia prima digital» porque representan el consumo de capacidad de cálculo (los viejos FLOPS pasan a ser actores secundarios) En otras palabras: quien tenga más acceso a esa capacidad podrá usar «más IA», poner más agentes a trabajar y probar más cosas.

La IA no hace más que «pedir perras»

El caso es que el consumo de tokens sigue creciendo a lo bestia a medida que la IA pasa de contestar preguntas a realizar tareas más complejas. Según OpenRouter, el trabajo con agentes puede consumir unas 15 veces más tokens por consulta de lo normal. Y Goldman Sachs Research ha calculado que el consumo mensual podría multiplicarse por 24 entre 2026 y 2030, hasta llegar a los 120 cuatrillones de tokens. Es una previsión, pero apunta a una economía en la que disponer de más capacidad para procesarlos puede dar ventaja.

Afortunada o desafortunadamente, se da otro hecho extraño: el precio de cada token puede bajar, mientras que el gasto total no deja de aumentar. Esto es porque aunque sea más barato usamos más IA y las tareas consumen más.

Por esta razón, tanto las empresas como los desarrolladores e incluso la gente de a pie se pasan el día rastrean modelos y proveedores en busca de los tokens más baratos que les pueda servir. Porque no todos son iguales: trabajar con Claude no es lo mismo que con Grok ni con Kimi (por decir tres nombres conocidos).

¡Al token barato, oiga!

Aquí van cinco comparadores de precios que recopilan información sobre los precios de los tokens:

  • OpenRouter: compara muchos modelos y proveedores; además, indica cuáles tienen descuentos y permite usarlos desde una misma plataforma.
  • Artificial Analysis: combina precios con pruebas de calidad, velocidad y rendimiento; útil para comparar cuánto cuesta lo que hace cada modelo.
  • PricePerToken: compara tarifas e incluye una calculadora y un contador de tokens.
  • ModelPricing.ai: es una tabla comparativa de tarifas por millón de tokens, junto con una calculadora estimadora de costes.
  • EasiAPI: tiene un catálogo bastante amplio, con precios de tokens de entrada y salida para cientos de proveedores.

Como siempre, una precaución: las tarifas de la IA cambian muy frecuentemente. Los tokens de una IA que hoy pueden parecer baratos pueden pasar a ser un precio corriente o incluso caro cuando su competencia saque una nueva versión. Y no basta con mirar el precio de entrada: conviene comparar los tokens de entrada (los de la consulta), de salida (los generados por el modelo) y confirmar dos veces todos los precios antes de ponerse a quemar tokens y vaciar ríos y lagos de agua como si no hubiera un mañana.

Tengo tokens

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Por @Alvy — 12 de Octubre de 2026

Portátiles con pegatinas: ¿Sí o no? ¿Cuántas? ¿Que se solapen o no? Y otras cuestiones banales

Wouter Groeneveld plantea algunas cuestiones filosófico-geeks en una anotación titulada Portátiles con pegatinas: ¿Sí o no? Es algo en cierto modo cotidiano pero profundo, que quizá dice mucho sobre la persona propietaria del portátil o quizá puede entenderse como un desesperado grito de ayuda. Y es que, como sabemos, el mundo se divide en dos tipos de usuarios: los que decoran su portátil con pegatinas, y los que no.

Los principales dilemas a los que se enfrenta todo usuario son:

  • Pegatinas, ¿sí o no?
  • Si se decide que sí… ¿Cuántas?
  • ¿Que se solapen o no?
  • ¿Colocadas de forma planificada o no?
  • ¿Sólo relacionadas con la tecnología o no?

Como bien dice Groeneveld, «incluso de las decisiones más banales de la vida pueden salir preguntas y explicaciones profundas».

Estamos hablando de pegatinas en los portátiles porque esto es un blog geek; podríamos igualmente trasladarlo a los imanes de la nevera o a los objetos inútiles pero decorativos de cualquier hogar.

Confieso mi regla: nunca jamás he puesto pegatinas a un portátil, todos han quedado siempre limpios e impolutos, como debe ser… en mi opinión. Por que al final, esto es cuestión de opiniones y gustos. Y como poner pegatinas es algo que no hace daño a nadie… cada cual que haga lo que quiera.

Lavadora malamente pegatinizadaBonus: la gente que deja las pegatinas del fabricante puestas en los electrodomésticos como la nevera, lavadora, televisor que contienen información absurda e innecesaria una vez adquiridos, como que la nevera es de eficiencia energética A++, que la lavadora alcanza 1.000 rpm o que la tele es de 55 pulgadas. Vale incluso que se dejen unos días por si hubiera que devolverlos, pero… ¿Durante años y años? ¡Aaaggg!

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Foto: Pegatinas @ StickerTop.art.

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Por @Alvy — 12 de Octubre de 2026

Contraseñas y Passkeys / GPT-6Como cada madrugada de sábado a domingo estuve en Cruce de cables (RNE), el programa de radio que acerca el mundo de la tecnología a todas las personas, hablando sobre una de las curiosidades tecnológicas que nos rodean: la historia de la iconografía del botón de encendido y por qué tiene ese símbolo (o símbolos, más bien). Se puede escuchar en RTVE Play en streaming; recordar que en directo se emite de madrugada de sábado a domingo a las 3:00am.

Y es que el símbolo del botón de encendido está en el ordenador, el mando de la televisión y hasta en los coches eléctricos… Lo pulsamos constantemente sin preguntarnos qué representa. Es un círculo con una pequeña raya vertical que entra por una abertura superior, o bien un círculo con una raya dentro.

La explicación habitual es que combina un cero y un uno. El cero representa apagado; el uno, encendido, la base de la informática y todos los aparatos modernos digitales.

Muchos interruptores tienen una raya en un extremo y un círculo en el otro, por ejemplo los de muchas regletas de enchufes. Si dudas de cuál es cuál, pensar en un uno y un cero ayuda a recordarlos.

Símbolos internacionales

Los dibujos e iconos evitan tener que usar traducciones: un fabricante puede vender el mismo interruptor en España, Japón o Finlandia. La Comisión Electrotécnica Internacional, conocida como IEC, normaliza estos símbolos mediante un catálogo, la norma IEC 60417. También los usa la Organización Internacional de Estándares (ISO). En sus colecciones están los símbolos de encendido, apagado y muchos otros.

Pero hay un detalle que suele contarse mal: el círculo abierto por arriba, con la raya sobresaliendo, está definido por la IEC como símbolo de espera, o standby. Existe otro, con el círculo cerrado y una raya dentro, para alternar entre encendido y apagado. Curiosamente, el primero se ha extendido como símbolo general de «alimentación eléctrica», aunque pulsarlo no garantiza desconectar eléctricamente el aparato.

Encendidos y apagados poco «mecánicos»

Los interruptores antiguos resultaban más directos. En muchos, mover una palanca separaba físicamente unos contactos y cortaba la alimentación. Se notaba incluso en un «clic» sonoro y táctil. Había radios cuyo encendido estaba integrado en la rueda del volumen. Girabas, sonaba un clic, se encendía la radio y, si seguías girando, subía el sonido. Un único mando para hacer dos cosas. Y también había teclas que se quedaban hundidas o interruptores deslizantes. La posición del mando permitía reconocer el estado del aparato.

En muchos aparatos modernos, en cambio, el botón envía una señal a un circuito de control. Según la configuración y cuánto tiempo se pulse, puede significar encender, suspender o apagar.

En un ordenador, una pulsación breve puede «despertar» un ordenador suspendido, o decirle que se «apague de forma ordenada»: cerrar programas, terminar operaciones pendientes, etcétera. En cambio mantenerlo pulsado varios segundos puede servir para «entrar en el modo configuración» (al encenderlo) o para ordenar un «apagado forzoso» si acaso se ha quedado bloqueado. Esto último puede hacerte perder lo que no hayas guardado, así que ¡cuidadín! En algunos casos también se pueden combinar con otros botones: apagado + volumen arriba o abajo sirve para reiniciar teléfonos iOS o Android rebeldes, por ejemplo.

Sabiendo cómo funciona un televisor es fácil entender cómo funciona el modo de espera (standby). Lo apagas con el mando y desaparecen la imagen y el sonido, pero quedan circuitos funcionando para recibir la siguiente orden, por ejemplo un número de canal que la vuelve a encender. Si no hubiera alimentación eléctrica, no podrías encenderlo desde el sofá. (Para esto y paga apagarlo definitivamente suelen tener un discreto botón en la parte trasera o el marco, que no todo el mundo conoce).

Esos circuitos consumen electricidad, aunque sea poca. Como ejemplo, un vatio continuo durante un año supone unos 9 kilovatios hora, que son unos dos euros anuales. El consumo real depende del aparato y sus funciones. Por eso, si tienes muchos en casa, los llaman vampiros de electricidad, porque te «chupan» la corriente y la suma total ya es un dinerillo.

El apagado en los ordenadores

Seguir leyendo: «Cruce de cables: On-Off, la extraña historia del botón de encendido y por qué tiene ese símbolo»


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