Por @Alvy — 18 de Septiembre de 2020

5D Chess With Multiverse Time Travel

He aquí la más enrevesada y creativa variante de ajedrez que probablemente se haya inventado nunca: 5D Chess With Multiverse Time Travel [Steam]. Un primer mérito es que el título describe realmente el juego, que además intenta respetar todo lo posible las reglas del ajedrez original. Me lo encontré en un vídeo de Aliensrock, donde se pueden ver algunas partidas.

En esta versión multidimensional del ajedrez se considera que hay cinco dimensiones: las tres habituales (de las que se usan sólo las dos habituales del tablero plano) y luego otra temporal y otra de universos múltiples, de ahí lo de 5D. Los movimientos de las piezas pueden por tanto ser los habituales pero además de eso pueden viajar hacia atrás en el tiempo. Al hacerlo las piezas atacan a las piezas del oponente en el pasado, y si capturan al rey, se gana la partida. Un truco por ejemplo es mover una pieza de modo que ataque al rey en dos posiciones distintas del pasado (por ejemplo un rey inmóvil o en la misma fila o columna) de modo que se produzca un «jaque temporal» y a la siguiente jugada sea jaque mate.

Para evitar las paradojas, los movimientos al pasado a veces dividen el universo en dos líneas temporales, en las que también hay que jugar. De hecho se pueden mover las piezas a través de las 5D, es decir que el caballo puede mover dos casillas en una dirección plana del tablero y una en el tiempo, o el rey una casilla en el tiempo (pero sin moverse en el tablero).

Desde luego es más fácil verlo que explicarlo, así que recomiendo revisar los ejemplos del vídeo. Para jugar se puede elegir el tamaño del tablero, usando una versión simplificada con menos filas y columnas y piezas, o el ajedrez convencional. También se puede jugar contra otros jugadores o contra la inteligencia artificial del ordenador.

Definitivamente, una de las versión más ingeniosas que he visto por ahí.

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Por @Alvy — 18 de Septiembre de 2020

Mos Eisley - Lego Set

Lego lanzará pronto un set con la cantina de Mos Eisley (#75290), uno de los lugares más emblemáticos de Star Wars: los barrios bajos del lugar más bajo y hediondo de todo Tatooine. En palabras de Obi-Wan Kenobi: «no encontrarás otro lugar tan lleno de maldad y vileza». Pues ahora va a estar llena de minifigs.

Mos Eisley - Lego Set

Si no me equivoco, va a ser el cuarto set más caro de Lego del universo Star Wars (unos 350 dólares/euros), por detrás del Halcón Milenario, el Superdestructor Imperial y la mismísima Estrella de la Muerte. Eso sí: tiene buen tamaño: 3.187 piezas, unos 20 minifigs, incluyendo Obi-Wan, Luke, Chewbacca, Han Solo y los androides, además del antipático Greedo.

Tal y como puede verse en la web de Lego además tiene unos cuantos extras: se puede abrir para ver el interior completo, varios pequeños edificios exteriores, un landspeeder, y otros gadgets curiosos. También están al completo los miembros de la banda de música y está todo lleno de vasos y complementos para la barra y las mesas de la cantina. Un set más chulo que los bichos raros que pululan por ahí.

(Vía The Awesomer.

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Por @Alvy — 18 de Septiembre de 2020

Bill & Ted Face The Music (2020) es la tercera película de la –digamos– saga de culto que comenzó con Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (1989), que fue uno de los primeros papeles en largometrajes de Keanu Reeves, justo después de Las amistades peligrosas. Digo «de culto» porque aquella película apenas circuló por los cines o pasó directamente al vídeo en según qué regiones (muy típico de la época) y otro tanto le sucedió a la segunda parte, El viaje alucinante de Bill y Ted (1991).

Todas las películas de esta saga son malas, pero malas en una categoría estelar entre las mejores películas malísimas. Advertido esto, tratan sobre viajes en el tiempo, que es por lo que saltaron a mi radar hace tiempo; ni las había visto en su día. Esta última entrega, producida por Orion Pictures (¡clásico!) es una especie de salto hipertemporal 31 años después de que se estrenara la primera. Por aquel entonces Bill y Ted (Alex Winder y Keanu Reeves) hacían de quinceañeros atolaos hablando en su peculiar jerga de «¡mola! ¡estupendérrimo! ¡mazo guay!» y similares – o al menos supongo que esa sería la traducción aproximada porque creo que algunas ni se doblaron al castellano.

El guión es básicamente el de La Odisea, una «búsqueda de objetivos» de las de toda la vida: tras recibir un inquietante mensaje del futuro sobre el Fin del Mundo, los dos protagonistas (y sus respectivas hijas, adolescentes como ellos hace 30 años) deben buscar cómo crear la «canción perfecta» que unirá a la Humanidad y evitará el desastre. Teniendo en cuenta que el fracasado duo, los Wyld Stallyns, jamás ha hecho nada de éxito, las estupendas intenciones se tornan en un despropósito tras otro. Pero… Si se puede viajar por el tiempo, ¿por qué no reunir a músicos famosos de la historia e incluso robarse a sí mismos el tema ya compuesto? Obviamente esto empieza a producir una paradoja tras otra y bastantes situaciones risibles.

Bonus: los escenarios del futuro utilizan la arquitectura de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, como ya viéramos en Westworld y Tomorrowland.

Si en las primeras películas Bil y Ted reunían a Napoleón, Abraham Lincoln, Juana de Arco o Gengis Khan para completar el trabajo de fin de curso, aquí les toca a Mozart, Louis Armstrong o Jimi Hendrix: un más que extraordinario grupo musical. Al igual que en Dr. Who, aquí la máquina del tiempo es una cabina de teléfonos, y hay humor absurdo y sarcástico con la Historia, los tópicos de Hollywood y el cielo y el infierno (incluyendo la Muerte en persona). Aparte de que los protagonistas tienen pinta de habérselo pasado pipa recordando viejos tiempos, quedémonos con el mensaje más importante:

Sed buenos los unos con los otros.
¡Y que comience la fiesta, amigos!

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Por @Alvy — 17 de Septiembre de 2020

El planteamiento de Beforeigners (Los visitantes) es tan original como resultón: un buen día empieza a aparecer gente en las aguas del fiordo de Oslo que resultan provenir del pasado, sin que se sepa por qué ni cómo. Años después, se vuelve algo habitual: cada semana aparecen nuevos visitantes que se integran poco a poco en la sociedad. Algo que no es del todo fácil, sobre todo teniendo en cuenta que los hay que vienen de hace 100, 1000 e incluso 10.000 años.

Aunque no sea un planteamiento cien por cien original, lo interesante de Beforeigners es que los ocho episodios se desarrollan muy rápido y son fáciles de seguir. Y son una combinación del exitoso formato escandinavo policíaco tipo «aparece una chica muerta y nadie sabe qué ha pasado» con las rarezas de los protonórdicos, que es como se hacen llamar. Gentes que han pasado de ser vikingos, campesinos y guerreros a repartidores de comida a domicilio o gorilas de empresas de seguridad.

Es precisamente el encaje entre sociedades, un poco como sucedía en Distrito 9, Bright o incluso los míticos Caraconos, lo más interesante. ¿Cómo se comporta una vikinga si decide ser agente de policía? ¿Qué harán las gentes del medievo con sus costumbres en la época actual? ¿Y cómo reaccionarán los luditas ante el mundo tecnológico? Ciencia y tecnología sobre los viajes temporales hay poca, eso sí.

Cada uno de los episodios tiene en los diversos arcos de la trama un poco de investigación, acción, humor fino (o no tanto) y una buena dosis de misterio sobre el asunto de fondo: por qué la gente está llegando desde el pasado sin que nadie sepa por qué, ni cómo se viaja en el tiempo. De hecho termina la primera temporada con un cuelgue importante. En fin, es una serie que resulta un poco rara –no deja de ser noruega y no hollywoodiense– pero entretenida.

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