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Por @Alvy — 18 de Octubre de 2026

Minidrones que vuelan impulsados por el sonido, sin motores ni electrónica / EPFL

Tenía por ahí guardada esta nota acerca de unos minúsculos drones que vuelan gracias al sonido, sin motores, baterías ni electrónica. Los han desarrollado en la EPFL (Escuela Politécnica Federal de Lausana). El truco consiste en aprovechar la resonancia de Helmholtz, el mismo fenómeno que hace que una botella emita un sonido cuando soplamos por su abertura.

Los investigadores de uno de los laboratorios de la escuela, llamado Microbs, diseñaron unas diminutas cavidades huecas que, al recibir ondas sonoras de determinadas frecuencias, hacen oscilar el aire de su interior. El aire sale entonces expulsado en forma de chorro concentrado y genera un pequeño empuje, suficiente para mover a los propios drones, que apenas pesan unos microgramos. Es como lo del Roadster saltador de Tesla, pero en miniatura. Física de andar por casa llevada al frikismo microscópico.

Para demostrar que la idea funcionaba, los investigadores construyeron pequeños barcos y vehículos voladores con esta técnica. Los barcos, de apenas unos centímetros, incorporan hasta tres cavidades, cada una sintonizada con una frecuencia sonora diferente. Cambiando el tono de un altavoz externo pueden avanzar, girar, esquivar obstáculos y seguir trayectorias programadas.

Los minidrones voladores, más espectaculares, se fabrican mediante nanoimpresión 3-D y emplean ultrasonidos inaudibles para los humanos. Uno de los prototipos pesa tan solo 150 microgramos (0,15 miligramos) y asciende verticalmente como un cohete. Otro utiliza unas pequeñas palas que giran hasta a 13.000 revoluciones por minuto, generando sustentación como un helicóptero. Todo ello sin engranajes ni motores convencionales.

El trabajo, publicado en Science Advances este verano abre posibilidades para crear drones todavía más pequeños, ligeros y capaces de cambiar de forma. Según los investigadores, podrían combinarse en estructuras flexibles, para doblar, mover o hacer vibrar partes específicas de un dispositivo robótico.

De momento son solo prototipos de laboratorio que necesitan una fuente externa de sonido, pero la idea tiene su gracia: convertir una especie de silbato microscópico en el sistema de propulsión.

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Por @Alvy — 18 de Octubre de 2026

500 relojes para ver la hora de otras tantas maneras

Por aquí somos muy de relojes, así que me ha encantado toparme con Five Hundred Clocks, donde hay exactamente 500 relojes animados, todos diferentes y mostrando la hora actual de formas insólitas. Los hay binarios, mecánicos, astronómicos, matemáticos, generados a partir de autómatas celulares, palabras en diferentes idiomas (incluido el ruso), juegos y fenómenos naturales.

El resultado es una especie de museo del tiempo donde cada reloj tiene su propia personalidad. Algunos son perfectamente legibles; otros requieren un pequeño máster en frikismo avanzado. Para añadir un poco de locura, cada vez que se recarga la página cambia la posición de los relojes (!) así que si se quiere localizar alguno lo mejor es usar el buscador (semitransparente) del menú superior. También se puede cambiar el tamaño de todos ellos.

La página es obra de Tom Gally, que encargó a Claude Opus 5.5 diseñarlos y programarlos… Para que luego digan del vibe coding. Según cuenta, la creación llevó unas 18 horas repartidas en cuatro sesiones, con unos 15 millones de tokens. Es de suponer que habrá seleccionado los que tengan más sentido, porque una IA te puede generar cualquier cosa, pero los que he visto me gustan y parecen ingeniosos. Entre mis favoritos está el de la hora Internet, aquel bizarro invento de Swatch. Muchos de los que se ven en la página podrían existir en el MundoReal™; otros no.

Otras opciones de 500 relojes son pausar o adelantar la velocidad del tiempo hasta ×3.600 veces o retroceder y avanzar doce horas. Todo está contenido en un único archivo HTML de 6,3 MB, sin bibliotecas, imágenes ni conexiones externas. Los gráficos se generan mediante JavaScript y Canvas, así que funciona incluso sin internet.

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Por @Alvy — 18 de Octubre de 2026

El Comandante Norton: un viaje nostálgico por los directorios y archivos del DOS de los 80 y 90s

Me encontré con La historia del desarrollo del Comandante Norton, un documento lleno de detalles acerca de la mítica utilidad para DOS que, quien más, quien menos, todos usamos en la década de los 80 y 90 para navegar por las procelosas aguas de los directorios y archivos sin tener de los PCs sin tener que órdenes en la línea de comandos. Y sin Windows y todo en modo texto con líneas y cuadraditos.

Lo primero, y no menos importante, es que tanto el software como el propio nombre del programa se tradujeron, algo inusual pero efectivo para comercializarlo. El Norton Commander era NC.exe en inglés y CN.exe, Comandante Norton, en español. Usar una u otra versión era cuestión de gustos, pero ahí estaba el primero de los matices. Lo segundo, que a mi me ha sorprendido, es que Peter Norton, ya famoso en aquella época por sus Norton Utilities (1982) y otro software, no fue quien lo escribió (¡mito caído!) Fue John Socha, su primer empleado, pero eligieron el nombre porque resultaba mucho más comercial.

Un problema con solución

Norton Commander resolvía el principal problema del sistema operativo DOS: gestionar archivos y directorios sin tener que escribir crípticas órdenes en la línea de comandos (aprendiéndose además previamente cuáles eran, claro). Recordemos que Windows ni existía ni se le esperaba. La novedad era que permitía hacerlo visualmente, con el teclado, en una pantalla dividida en dos paneles. Servía para navegar por los directorios (carpetas), copiar y mover archivos, borrarlos, editarlos (si eran de texto) y ejecutarlos según su extensión, algo así como el doble-clic actual con el ratón.

De este modo, si en DOS para copiar algo del disco duro a un disquete era:

COPY C:\DOCS\2026\DATOS.TXT A:\COPIAS\

en el Comandante Norton se hacía abriendo las dos carpetas en sus respectivos paneles, seleccionando DATOS.TXT y pulsando F5 (copiar).

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