Por @Alvy — 19 de Junio de 2019

The War of the Worlds: The Immersive Experience

Esto tiene una pinta estupenda: The War of the Worlds: The Immersive Experience. Es un espectáculo medio teatral, medio parque de atracciones, medio virtual en el que se combinan un montón de escenarios y técnicas con La guerra de los mundos de H.G. Wells como argumento. Eso sí, usando la sempiterna banda sonora de Jeff Wayne.

El espectáculo ocupa unos 2.000 metros cuadrados y no sé si calificarlo de steampunk o cyberpunk. Por un lado recrea perfectamente el Londres de la época victoriana, que es cuando se sitúa originalmente la novela (la película trasladaba la acción a Estados Unidos en la época post-Segunda Guerra Mundial), así que tiene el «look antiguo». Pero por otro utiliza también gafas de realidad virtual y otros artilugios más del siglo XXI, así que es difícil situarse.

Esta experiencia se califica como de «teatro inmersivo» combinado con realidad aumentada, realidad virtual y carricoches tipo parque de atracciones. Hay teatro, proyecciones en pantallas, baile, decorados ultrarrealistas, hologramas, cúpulas estilo planetario , magia, tecnología que parece magia y muchos actores.

En total son 110 minutos (con un intermedio para el «visite nuestro bar», en este caso diseñado por el mismísimo Jeff Wayne) y se participa en grupos de 12 personas, a partir de 12 años. Dicen que para los visitantes es «como meterse en una película», en este caso no haciendo de protagonistas sino más bien de refugiados tras la invasión de los marcianos.

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Por @Alvy — 19 de Junio de 2019

Un año de nuestro planeta visto con los ojos distantes del satélite meteorológico Himawari-8; una secuencia hipnótica que muestra la belleza, fragilidad y desastres que ocurren en la Tierra.

Felix Dierich ha realizado este espectacular montaje titulado con imágenes del satélite Himawari-8 que se encuentra en la órbita geoestacionaria a 35.786 km de la superficie (unas 90 veces más lejos que la Estación Espacial Internacional), en 140,7° Este, moviéndose según la rotación de la Tierra a unos 3 km/s (11.000 km/h). De lejos o un poco más de cerca es lo que se vería si pasáramos un año completo en la órbita geoestacionaria.

Las diversas escenas están creadas (y algunas animadas) con las fotografías y datos científicos de las observaciones, originalmente para la agencia meteorológica japonesa por el equipo de la agencia australiana. Los datos pasaron finalmente por la NCI (Infraestructura Computacional Nacional) de los australianos, para obtener imágenes a alta resolución tras procesarlos masivamente.

Como las observaciones fueron tomadas entre 2015 y 2016 entre otros eventos visibles pueden verse dos grandes tormentas, los incendios de Kamchatka, el solstício de verano e invierno y varios supertifones.

Finalmente se añadieron algunos efectos y la banda sonora, que está producida algorítmicamente –por eso suena tan raruna– a partir de los mismos datos. Tan interesante como bello y en cierto modo relajante.

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Por @Wicho — 18 de Junio de 2019

AlbatrossOne en vuelo

Desde los inicios de la aviación –e incluso antes– las alas de los pájaros han servido de inspiración a la hora de diseñar las de los aviones. No sólo en cuanto a su forma en general sino también en cuanto a la capacidad de las aves de cambiar la forma de sus alas según el momento del vuelo. Y es que las alas de los pájaros son cualquier cosa menos rígidas.

Así la inmensa mayoría de los aviones montan en sus ala unos dispositivos llamados flaps que se extienden hacia abajo y hacia atrás que dan mayor sustentación, con lo que pueden despegar y aterrizar a menor velocidad. Algunos también incorporan slats, que son dispositivos similares en función a los flaps pero que va en la parte de delante del ala.

A lo largo de la historia también ha habido aviones con la capacidad de mover sus alas hacia atrás y hacia adelante –el más conocido probablemente sea el Grumman F-14 Tomcat– también para adaptarse mejor a los distintos momentos y necesidades del vuelo.

Otra idea en pos de la optimización de la forma de las alas es la de utilizar alas cuyas puntas se puedan subir y bajar en vuelo. Aunque hasta la fecha sólo el el XB-70 Valkyrie, un avión que fue cancelado por ser, probablemente, demasiado adelantado a su tiempo, llegó a volar con alas así.

Uno de los prototipos del Valkyrie en vuelo

Valkyrie en vuelo
El Valkyrie en vuelo con las puntas de las alas en posición normal y bajadas

Pero es una idea que está resurgiendo con los avances en materiales que permiten construir los mecanismos que las mueven con un peso razonable, de tal forma que compense utilizarlas. La NASA lleva algún tiempo haciendo pruebas con un demostrador denominado Spanwise Adaptive Wing o SAW, de Ala Adaptable a lo Ancho.

Y ahora se apunta Airbus, pero con un giro extra. El AlbatrossOne es un modelo a escala del Airbus A321 que se maneja por control remoto y tiene la curiosa característica de que la punta de sus alas puede batir libremente.

Aunque no es que el AlbatrossOne la accione con ningún motor sino que las puntas de sus alas suben y bajan en respuesta a la fuerza que hace el aire sobre ellas. Esto, según Airbus, permite reducir los efectos de los golpes de viento y de las turbulencias, lo que a su vez permite construir un ala más ligera pues reduce la fuerza que ha de soportar la unión de esta con el fuselaje. Esto también permite alargar las alas, lo que las hace más eficaces, reduciendo el consumo de combustible.

AlbatrossOne tiene por delante un programa de pruebas de 20 meses en los que se estudiará tanto la efectividad de las puntas alares móviles como la forma en la que se produce la transición entre el vuelo con ellas bloqueadas y con ellas libres.

Si todo va bien la idea es construir luego otro modelo de pruebas más grande y, con el tiempo irlo escalando hasta montarlo en un avión de verdad, aunque aún estamos a años de verlo un avión en servicio comercial que incorpore este diseño.

(Vía JoseM-SGP).

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Por @Wicho — 18 de Junio de 2019

Despliegue del marcador

En las últimas semanas el equipo de la sonda Hayabusa 2 de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) está preparando las cosas para llevar a cabo una segunda toma de muestras del asteroide Ryugu. Para ello han colocado un marcador sobre su superficie. Aunque ha sido al segundo intento, ya que en la primera ocasión el sistema autónomo de guiado de la sonda detectó una discrepancia entre los valores que manejaba y las lecturas del altímetro láser por lo que abortó la aproximación.

En la parte inferior derecha de la foto de arriba se puede ver el marcador tras la separación; arriba a la derecha parte de Hayabusa 2, incluido el tubo de toma de muestras; y sobre la superficie de Ryugu la sombra de la sonda.

Estos marcadores son unas esferas de 10 centímetros que sirven de apoyo al altímetro durante las maniobras de toma de muestras. Al conocer su tamaño y su reflectancia el sistema de navegación puede obtener datos acerca de la posición de la sonda respecto al asteroide a partir de lo que captan sus cámaras.

Los marcadores

En esta ocasión el marcador ha sido colocado en la zona marcada como C01 en esta ilustración:

Zona de despliegue del segundo marcador

Es la zona en la que impactó el proyectil que Hayabusa 2 lanzó contra Ryugu para hacerle un nuevo cráter. Este cráter permite ver el material que recubre el asteroide por debajo de la capa exterior que lleva millones de años expuesta a las condiciones del espacio. Así los científicos pueden ver las diferencias entre esa capa exterior y lo que hay por debajo.

Hayabusa 2 tomando muestras – Akihiro Ikeshita/JAXA
Impresión artíctica Hayabusa 2 tomando muestras en el cráter que ha creado – Akihiro Ikeshita/JAXA

Ahora toca decidir si van a arriesgarse a hacer una segunda toma de muestras –Hayabusa 2 puede hacer hasta tres tomas– para traer de vuelta a Tierra parte del material expuesto por el nuevo cráter o si se contentan con observarlo en remoto con los instrumentos de la sonda. Es una cuestión de poner en la balanza los riesgos de una toma de muestras y sus posibles beneficios frente al hecho de que la sonda ya tiene a bordo una muestra de Ryugu.

Está previsto que Hayabusa 2 estudie Ryugu hasta diciembre de 2019, momento en el que partirá de vuelta para entregar las muestras que traiga a bordo en diciembre de 2020.

Se puede seguir la misión en Twitter como @haya2e_jaxa

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