Por @Wicho — 7 de Octubre de 2026

Siempre me ha parecido una perrería que Apple no deje utilizar la pantalla de los iMac como un monitor para otro ordenador¹, una consola, o lo que quieras enchufarle. En especial cuando ese iMac deja de poder recibir actualizaciones del sistema y sin embargo la pantalla en sí sigue funcionando perfectamente. Pero al parecer RetinaRelay ha venido a solucionar eso. Y sin tener que hacer cirugía cerebral en el iMac.

Digo al parecer porque en un primer intento no localicé ningún iMac compatible –tiene que ser de finales de 2012 o posterior y capaz de correr macOS 10.15 Catalina o posterior– para poder probarlo, aunque tengo que mirar con más detenimiento en el almacén del curro. Pero por los vídeos que he podido ver por ahí, como por ejemplo este, funciona de maravilla.

Digo sin hacer cirugía cerebral porque a diferencia de otras soluciones a este problema creado por Apple no hace falta abrir el iMac para instalarle nada, pues lo hace todo vía software.

El truco es instalar una aplicación en el Mac que vas a usar como ordenador y otra en el iMac –aunque también soporta otros modelos– que vas a usar como monitor y conectarlos con un cable Thunderbolt, un cable USB 3, ethernet o, incluso por WiFi si no tienes el cable adecuado.

Las dos aplicaciones se encargan de apañarse entre ellas y negocian automáticamente la mejor calidad de imagen que soporta el método de conexión que hayas utilizado, ya sea como pantalla extendida o como pantalla duplicada. También puedes optar por enviar el audio a los altavoces del iMac.

Eso sí, son 49 dólares en un pago único. Aunque te puedes bajar la demo completamente funcional de siete días para comprobar antes que todo va como quieres.

Apple, querer es poder y tal.

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¹ Sí, durante un tiempo hubo una cosa llamada modalidad de pantalla de destino que funcionó con algunos iMac y con algunas versiones de macOS (y con bastantes limitaciones) pero hace mucho que Apple la mató.


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Por @Alvy — 7 de Octubre de 2026

ZeroKeyUSB, un gestor de contraseñas de bolsillo que se hace pasar por teclado

Bruno nos escribió para hablarnos de su ZeroKeyUSB, un proyecto que ya superó la fase de financiación colectiva y que surgió como proyecto de fin de carrera. Es un gestor de contraseñas de bolsillo para quienes prefieren llevar sus secretos encima, como quien lleva las llaves. Almacena hasta 64 credenciales (nombre de usuario + contraseña) cifradas con AES-128 bits en una memoria EEPROM y se conecta por USB-C. Su truco consiste en hacerse pasar por un teclado.

El funcionamiento es sencillo: se conecta el ZeroLeyUSB a un puerto libre del ordenador o dispositivo, e introduce el PIN, se elige una cuenta y el aparato se encarga de escribir el usuario y la contraseña, simulando que es un teclado. Hay un vídeo que explica cómo funciona.

La gracia es que funciona con ordenadores, móviles y tabletas que admitan teclados USB, sin instalar controladores ni depender de internet. Es una una especie de «chuleta electrónica universal». Lo ideal para no tener que recordar esas contraseñas tan ingeniosas y complicadas que inventas un día y olvidas al siguiente.

El aparato mide unos 55 × 15 × 4 milímetros y pesa unos pocos gramos; prácticamente lo puedes llevar en el llavero o en la cartera (consejo de Schneier, alabado sea). El pequeño chisme tiene una pantalla OLED y controles táctiles. Se alimenta del propio puerto USB y no necesita batería. Tanto el hardware como el firmware son de código abierto, lo cual proporciona una mayor garantía de seguridad.

Lo mejor es que para el uso cotidiano no requiere aplicaciones, aunque dispone de una herramienta web para gestionar las credenciales, hacer copias de seguridad y actualizarlo. También han creado para él una extensión opcional para Chrome y Edge, para facilitar la búsqueda del sitio/contraseña. Eso sí, la orden final de «escribir contraseña» sigue requiriendo pulsar físicamente en el dispositivo siempre, para mayor seguridad.

De momento han producido una primera tanda de 50 unidades de prueba y lo han puesto a la venta a 99 dólares más gastos de envío; para España sale en total por unos 125 euros (IVA incluido). Se enviarán a partir de abril de 2027 si todo va bien.

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Por @Alvy — 7 de Octubre de 2026

Un homenaje tipográfico a las teclas del Commodore 64

Parece que el C-64 nunca muere; al menos la gente se pasa el día haciéndole homenajes. Uno de ellos es C64 Keyboard, una tipografía que ha reconstruido las letras y símbolos impresos en las teclas del Commodore 64. Está recreada a partir de fotografías, con las formas más depuradas y las proporciones uniformes. Incluye mayúsculas, números, signos de puntuación, flechas y algunas letras acentuadas (el autor es húngaro). El Commodore-64 nunca tuvo eñe «directamente»; por desgracia había que generar un juego de caracteres nuevo para conseguirla.

PETSCII / Un homenaje tipográfico a las teclas del Commodore 64Como curiosidad, también incorpora las etiquetas de las teclas f1 a f12 (un poco raro, porque sólo había cuatro, que con mayúsculas hacían de f1 a f8). Y, atención, los 63 símbolos gráficos PETSCII de los frontales de las teclas. El PETSCII era algo así como el código ASCII de los Commodore; la parte alta de la tabla se convertía en rayas, bloques de colores y símbolos especiales, incluyendo los palos de la baraja francesa y el símbolo π, entre otros.

La tipografía de las teclas era distinta de la fuente de pantalla, también muy característica. Aquí las curvas son suaves y sin píxeles visibles.

Esta tipografía se puede descargar desde Github en formatos TTF, OTF y WOFF2, o como paquete completo Es un proyecto independiente y no oficial, como indica su autor.

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Por @Wicho — 7 de Octubre de 2026

Cuando estrenaron Person of Interest (Vigilados), no recuerdo en qué canal de TV, empecé a seguirla con bastante interés (guiño guiño codazo codazo). Pero los típicos cambios de horario y de día de emisión hicieron que no tardara mucho en perderle la pista. Hasta que este verano me la volví a encontrar en Netflix y por fin pude verla entera y a mi ritmo. Y vaya serie más buena ha resultado ser.

La premisa es que el gobierno de los Estados Unidos dispone de un sistema al que llaman la Máquina que, sacando información de múltiples fuentes, ya sean abiertas o privadas, con permiso o sin él, y esto incluye cámaras de circuito cerrado y micros situados en cualquier sitio, es capaz de señalar a una persona o personas que suponen un riesgo de seguridad para el país, las personas de interés que dan título a la serie.

Con esa información la agencia que maneja la Máquina envía a sus agentes de campo a tomar cartas en el asunto. Lo que suele implicar un par de tiros o tres y listo. ¿Que qué fue de aquello de que todo el mundo tiene derecho a un juicio justo? Pues se ve que a La Máquina o a quienes la usan no se lo contaron. O les tira de un pié.

Pero resulta que mientras trabaja la Máquina también identifica personas que se van a ver involucradas en actos violentos pero no en terrorismo, personas que son descartadas por irrelevantes.

Para cuando comienza la serie nos encontramos con que el Sr. Finch está dedicando su tiempo y sus grandes recursos –es muchimillonario– precisamente a intentar ayudar a esas personas irrelevantes. Como lo suyo es el geekerío, colarse en bases de datos, hackear cerraduras electrónicas en remoto, crear identidades falsas y cosas así, recluta a John Reese, un ex agente de la CIA caído en desgracia, como su agente de campo para cuando hay que dar alguna piña o algo.

Es cierto que al principio la serie parece la típica en la que cada semana resuelven un caso –algo estilo C.S.I.– y listo. Aunque a poco que le des una oportunidad pronto empieza a haber algunos flashbacks y otras pistas que permiten ver que las cosas son mucho más complejas y complicadas de lo que parecen y que hay una historia mucho más grande que la de lo que hacen Finch y Reese cada semana.

Seguir leyendo: «Person of Interest (Vigilados), una gran serie sobre la vigilancia sin límites y los límites (o no) de la inteligencia artificial»


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