Por @Alvy — 18 de Septiembre de 2018

Apolo 11 en Lego

No sé hasta qué punto este kit de coleccionista tiene posibilidades de ver la luz –porque se está desarrollando sin el apoyo oficial de Lego, quien no admiten ya más propuestas sobre el tema «misiones Apolo» en general– pero desde luego es una preciosidad: un conmemorativo de la misión del Apolo 11 en Lego, con su módulo lunar Eagle, su módulo de mando Columbia, y tres minifigs representando a los astronautas (Armstrong, Collins, Aldrin). Como es un proyecto de financiación colectiva sus creadores van simplemente a reunir las piezas, crear las instrucciones y meterlas en cajas; si alcanzan la financiación los venden y si no pues nada.

Apolo 11 en Lego

Los módulos tienen gran cantidad de detalles y van acompañados de algunas pegatinas para las pantallas, indicadores e instrumentos (incluyendo una cámara y otros utensilios) pero por lo demás utilizan piezas de Lego bastante estándar que forman un «kit personalizado». También hay una placa que rememora la placa conmemorativa del aterrizaje, como la que llevaba el original.

Apolo 11 en Lego

Eso sí: el kit no será barato; han calculado unos 230€ para el módulo de mando y unos 250€ para el módulo lunar la versión básica (aunque se pueden comprar sólo las instrucciones en papel o digital con la lista de piezas). La versión más cara es la «edición de coleccionista» por unos 600 euros todo incluido.

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Por @Wicho — 18 de Septiembre de 2018

BFR a la Luna

En febrero de 2017 SpaceX anunció una misión tripulada en una Crew Dragon alrededor de la Luna para 2018, misión que nosotros dijimos que seguro que se retrasaba. De hecho se retrasó tanto que fue cancelada apenas un año después cuando Elon Musk anunció que el Falcon Heavy, que era el cohete que se iba a utilizar para lanzarla, no iba a ser certificado para vuelos tripulados.

Pero la idea no ha muerto y ahora acaban de anunciar que Yusaku Maezawa, un multimillonario emprendedor japonés que era una de las dos personas que iban a ir en la misión cancelada, sigue pensando en volar a la Luna. Pero en un BFR y junto con seis u ocho personas más que él escogerá. Su idea es cumplir su sueño infantil de ver la Luna de cerca y de paso llevarse con él a algunas personas que en principio jamás serían consideradas como astronautas –al menos por lo visto hasta la fecha– ya que él quiere que sean artistas. Lo único que les pedirá a cambio es que a la vuelta creen algunas obras inspiradas por el viaje.

La misión, de aproximadamente una semana de duración, llevaría Maezawa y sus invitados en un arco alrededor de la Luna que los pondría a una distancia de entre 500.000 y 650.000 kilómetros de la Tierra, convirtiéndolos en las personas que más se hayan alejado de la Tierra en la historia. Ese récord lo tienen, por ahora, los tripulantes del Apolo 13, que el 15 de abril de 1970 alcanzaron los 400.171 kilómetros de distancia de la Tierra mientras su nave daba la vuelta a la Luna aprovechando su gravedad para retornar a la Tierra.

Trayectoria de la misión

También serían las primeras personas –al menos Maezawa– de nacionalidad no estadounidense en ir a la Luna. Pasarían a una distancia mínima de unos 200 kilómetros de su superficie.

En esta ocasión, sin embargo, no se han atrevido a dar una fecha cerrada. Lo más que han dicho es que no antes de 2023. Y aún así me parece muy pronto, pues hay que tener en cuenta que ningún BFR ha volado hasta la fecha. Así que diría que en 2023 no va a ser… y que veremos si llega a ser, porque el desarrollo del BFR es varios órdenes de magnitud más complicado que el del Falcon 9 o el del Falcon Heavy.

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Por @Wicho — 17 de Septiembre de 2018

Impresión artística de Kepler en el espacio

Lanzado el 7 de marzo de 2009 para una misión de tres años y medio el observatorio espacial Kepler no sólo la cumplió con creces sino que los miembros de su equipo encontraron la forma de seguir utilizándolo aún después de que fallaran dos de sus cuatro ruedas de reacción.

Las ruedas de reacción –un tipo de giroscopio, para entendernos– le permitían mantener el equilibrio y apuntar con precisión a un punto determinado del espacio para medir el brillo que llega de las estrellas comprendidas en su campo de observación. Las bajadas en el brillo de esas estrellas son lo que permite detectar que hay planetas pasando entre ellas y nosotros.

Pero para cuando fallaron dos de las ruedas Kepler no podía mantenerse lo suficientemente estable como para hacer unas mediciones tan precisas como es necesario; a fin de cuentas un planeta es mucho más pequeño que su estrella y las variaciones en el brillo que nos permiten detectar su presencia son minúsculas. Así que parecía que había llegado el fin de la misión.

Sin embargo los miembros de su equipo discurrieron una forma de sacarle más partido a Kepler usando la presión de la luz del Sol y sus impulsores para mantenerlo estable. No tanto como antes, con lo que perdió precisión, pero aún lo suficiente como para seguir encontrando planetas extrasolares. Y así ha seguido en funcionamiento desde junio de 2014 hasta ahora, cambiando de orientación cada 84 días para que el Sol no se meta en su campo de vista.

Esquema de funcionamiento de la misión K2

El problema ahora es que se le está terminando el combustible, y sin combustible sí que ya no hay nada que hacer. De hecho en julio de 2018 la NASA lo ponía en reposo para salvaguardar los datos que llevaba recogidos de la campaña de observación número 18, pues aparte de para mantenerse estable Kepler usa el combustible para maniobrar al final de cada campaña de observación y apuntar con su antena hacia le Tierra y enviar los datos y no querían arriesgarse a quedarse sin combustible antes de que los hubiera enviado.

Kepler envió esos datos a casa a principios de agosto, aunque luego la NASA no tenía claro si poner en marcha la campaña de observación número 19 porque uno de los propulsores no está funcionando bien y no saben si es porque está fallando o porque queda poco combustible.

Y no, Kepler no lleva medidor de combustible porque en el espacio, en caída libre, aún no hemos sido capaces de diseñar uno que funcione con fiabilidad, así que el equipo de la misión usa estimaciones a partir de la presión que hay en el depósito y del combustible que se ha ido usando con los años.

Pero al final han decidido tirar para adelante y desde el 29 de agosto Kepler está en su campaña de observación número 19, que si todo va bien durará hasta un poco más de mediados de octubre. Aunque tendrán que hilar fino, no vaya a ser que se termine el combustible y los datos se queden sin enviar; además la NASA tiene la intención de dejar a Kepler apagado y lo más asegurado posible –descargando sus baterías, abriendo los propulsores para que salga cualquier combustible residual que quede, apagando sus sistemas, etc– y para eso aún necesitan hablar con él, con lo que es necesario que su antena apunte a la Tierra.

Pero mientras tanto seguirá haciendo crecer la cuenta de planetas extrasolares que ha descubierto: 2.652 en la misión principal y más de 2.700 candidatos después de «resucitar».

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Por @Alvy — 17 de Septiembre de 2018

Siempre me han fascinado las construcciones con naipes; de hecho de pequeñito me pasé no pocas tardes construyendo lo que podía y viendo cómo caían naipes y barajas completas – porque hasta que le coges el truqui la cosa tiene su intríngulis.

Por eso me impresiona ver este viejuno vídeo cómo se eleva en time-lapse una torre de más de 6 metros y 29.000 naipes construida por Scott Dyer – y sin truco ni cartón, ni pliegues ni dobleces ni pegamento.

Pero más impactante que la altura de la construcción es su asombrosa resistencia. Esto puede verse a partir de 00:30, cuando Dyer empieza a golpear y arañar la torre que va cayendo poco a poco pero sin derrumbarse – y hay quien cree que soplando se podría tumbar.

Así a ojo si son 29.000 naipes y cada uno pesa 1,75 gramos estamos hablando de unos 50 kg de naipes. Los arquitectos y expertos en cálculos de resistencia y estructuras seguro que pueden explicar mejor cómo están distribuidas las cargas y por qué el propio peso de la torre aumenta su resistencia.

Parte del secreto de estas construcciones está explicado en Stacking de Deck, un precioso librito de fotos donde Brian Berg –que tiene varios récords Guinness al respecto– explica cómo se construyen las celdas básicas y matrices de gran resistencia que luego se replicar para levantar grandes construcciones. Hay vídeos, fotos y mucha más información en su web CardStacker.

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