Por @Wicho — 22 de Enero de 2019

El 18 de enero de 2019 la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) lanzaba su cuarto cohete Epsilon. Se trata de un cohete pensado para el lanzamiento de satélites científicos que, en su versión de cuatro etapas, es capaz de colocar hasta 590 kilos en una órbita sincrónica al Sol de 500 kilómetros.

El lanzamiento del día 18, conocido como Innovative Satellite Technology Demonstration-1 y configurado para esta órbita, llevaba a bordo siste satélites.

La carga principal era el RAPIS 1, y con él viajaban, en el orden que los menciona la JAXA, los satélites MicroDragon, RISESAT, ALE-1, OrigamiSat-1, Aoba VELOX-IV y el NEXUS. Todos ellos tienen como misión demostrar el funcionamiento de varios dispositivos y tecnologías en el espacio

Pero el más peculiar de todos es sin duda ALE-1. Fabricado por la empresa Astro Live Experiences es una demostración tecnológica de lo que esperan que algún día sea una serie de satélites capaces de provocar lluvias de meteoros bajo demanda.

ALE-1Este primer satélite tiene como objetivo estudiar el funcionamiento del concepto y ver si tener un satélite en órbita ayuda a comercializar la idea; obtener datos sobre la atmósfera superior de la tierra tales como densidad, dirección del viento y composición observando el comportamiento de los meteoros artificiales; y entender cómo la reentrada puede cambiar y afectar la trayectoria del meteorito.

La forma de producir estos meteoros artificiales es disparar unas bolas de un centímetro compuestas de materiales no tóxicos, bolas que al entrar en la atmósfera se consumen y dejan un rastro de luz similar el de los meteoros naturales. Para evitar problemas está previsto que los satélites de esta serie no «disparen» nunca por encima de los 400 kilómetros, por lo que lo primero que tiene que hacer ALE-1 es bajar su órbita, para lo que desplegará una membrana que actuará como una especie de aerofreno y que hará que vaya perdiendo altitud. Además las partículas terminan de consumirse entre los 80 y los 60 kilómetros de altitud, con lo que no sólo no llegan a Tierra sino que es imposble que golpeen ninguna aeronave.

Después de eso la empresa prevé que su primera lluvia de estrellas artificial se produzca en la primavera de 2020 sobre Japón.

Los satélites ALE tienen unos 68 kilos de peso, un coste de unos 3 millones de dólares, y son capaces de cargar con entre 300 y 400 meteoros artificiales, por lo que cada estrella fugaz de un satélite cargado a tope sale en unos 7.500 dólares, gastos de lanzamiento aparte… de ahí lo de ver si son capaces de comercializar la idea, claro.

En cualquier caso, y aunque es un uso claramente frívolo del espacio yo lo veo como una señal más de que el acceso al espacio es algo cada día más asequible, hasta el punto de que nos permite comcebir y ejecutar ideas como esta.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear

Por @Alvy — 22 de Enero de 2019

Esta Máquina robótica de patear palabras activada por voz es una curiosa instalación creada por Neil Mendoza. Hace básicamente lo que su nombre dice: hace «volar» palabras por el cuadro y un pie las patea de vez en cuando, de forma mecánica… O casi.

En palabras del autor:

La Máquina robótica de patear palabras activada por voz es un montaje surrealista acerca del lenguaje y nuestra extraña relación con las máquinas parlantes, desde los bots de los servicios de atención al cliente a los «asistentes inteligentes». Es una combinación de lo virtual y lo físico: cuando las palabras se acumulan un pie robótico les da patadas de vez en cuando, hasta que algunas acaban retornando al «mundo real» en forma de sonido.

El montaje es cuando menos curioso: cuando los visitantes hablan el software de reconocimiento de voz lo convierte en texto. Entonces las palabras se «lanzan» en una simulación física creada con Box2D como si fueran rectángulos unidos con muelles. Cada letra es independiente y todo produce un efecto bastante realista en el proyector.

Luego, cuando las palabras pasan cerca del pie robótico el software manda la orden de patear: un montaje con Arduino convierte esa acción en movimiento físico, que se corresponde con el del pie virtual que golpea las palabras. Cuando las palabras entran por azar en el embudo que hay al otro lado, un sistema de síntesis de voz las pronuncia con otra voz robótica.

Toda una curiosa combinación de montaje raruno, tecnológico y divertido.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 22 de Enero de 2019

Ursula K. Le Guin por Marian Wood Kolisch

Leemos libros para averiguar quiénes somos. Lo que otras personas, reales o imaginarias, hacen, piensan y sienten… es una guía esencial para entender qué somos nosotros mismos y en qué podemos convertirnos.

– Ursula K. Le Guin,
(vía Windumanoth por RT de Minibego)

{Foto: Ursula Le GuinCC por Marian Wood Kolisch}

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 22 de Enero de 2019

Impresión artística de Dragonfly «aciendo la cencia» en Titán

En 2016 la NASA solicitó nuevas propuestas de misiones para el programa New Frontiers, el mismo que nos ha dado la New Horizons, Juno u Osiris-Rex. De las 12 propuestas recibidas en abril de 2017 la agencia se ha quedado con dos, Caesar y Dragonfly. Una de las dos será la cuarta del programa.

Caesar, la pobre, es una misión para tomar muestras para traerlas de vuelta a Tierra del cometa 67P/Churyumov–Gerasimenko, que igual te suena más como Chury, pues en efecto fue el cometa que estudiaron Rosetta y Philae. Y digo pobre porque no es que me parezca una misión trivial ni sin interés, pero es que en mi opinión palidece frente a la otra.

Y es que el equipo de Dragonfly –Libélula– propone enviar un «dron» con ocho rotores –cada uno de un metro– a la superficie de Titán. Los científicos piensan que esta luna de Saturno se parece mucho ahora mismo a la Tierra primigenia. Y no sabemos cómo en la tierra pasamos de química a biología, un proceso que podría estar teniendo lugar en Titán ahora, así que estudiar las condiciones actuales de Titán nos podría llevar a entender mejor el origen vida.

Pero para mi espaciotrastorno incluso los posibles resultados científicos de la misión palidecen ante la idea de colocar una aeronave en una luna del sistema solar. Suena a ciencia ficción total, aunque es más ciencia –y tecnología– de lo que pueda parecer. Con una atmósfera 4,4 veces más densa que la de la Tierra y un séptimo de su gravedad las condiciones son óptimas para hacer volar una aeronave allí. Sería capaz de desplazarse decenas de kilómetros en cada vuelo, con lo que a lo largo de su vida útil podríamos inspeccionar un montón de sitios distintos.

Su investigadora principal, Elizabeth «Zibi» Turtle, lo cuenta en esta charla:

Eso sí, dada la cantidad de nubes que hay en Titán y su distancia al Sol la misión tendría que usar un generador termoeléctrico de radioisótopos similar al de Curiosity. Durante el día «titaniano» –que dura ocho días terrestrres– Dragonfly volaría de sitio a sitio, o incluso permanecería en vuelo estático para tomar medidas con sus instrumentos y hacer observaciones con sus cámaras. Con los datos recogidos además de «acer la cencia» el equipo de la misión programará nuevos destinos a los que volar.

Durante la noche, además de recargar las baterías, seguiría recogiendo muestras –para eso llevará sendos taladros en sus dos patines– y analizándolas, llevaría a cabo estudios sismológicos, y monitorizaría las condiciones meteorológicas, además de obtener imágenes microscópicas locales usando iluminación LED.

Todo esto tendría que hacerlo en automático, por supuesto, ya que Saturno está tan lejos de nosotros que cualquier comando que se le envíe a Dragonfly tarda horas en llegar allí. Pero ya tenemos bastante experiencia en diseñar sondas y rovers semiautónomos que no lo hacen nada mal.

La NASA ha anunciado que escogerá la ganadora en julio de 2019 con el objetivo de lanzarla en 2024 ó 2025, aunque casi con toda seguridad la fecha de lanzamiento no se mantendrá.

Si la NASA opta por el camino fácil se quedará con Caesar. Pero si realmente hace honor al nombre del programa Dragonfly es una misión que hará cosas que nunca hemos hecho antes, por mucho que se base en tecnologías ya probabas. Y eso, por definición, es lo que debe hacer cualquiera que explore nuevos horizontes.

{Imagen: Johns Hopkins APL}

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear