Por @Alvy — 11 de Octubre de 2026

Atari revive la nostalgia con su ordenador 8 bits: ¿puede nuestro corazón soportarlo?

Algunas consolas y ordenadores de otras épocas están volviendo poco a poco a la vida. En esta ocasión es la mismísima Atari* quien va a resucitar el Atari 800XL, una recreación moderna del ordenador de 8 bits que lanzó en 1983. Quizá no era de los más populares, como fueron el C-64, el Spectrum o el Amstrad, pero tenía sus seguidores y una pedazo de marca para la época, en la que Ataris era como Hermes, el Dios de los (video)juegos.

El nuevo equipo conserva la carcasa clásica de toda la vida, el teclado mecánico a tamaño completo, la ranura para cartuchos, completamente funcional y lleva, cómo no, el Atari Basic incorporado. La versión original tenía 64 KB de memoria RAM y chips para gráficos y sonido; esta es un poco diferente en ese aspecto y añade algunas modernidades al respecto. Pero se comporta igual: es el ordenador con el que muchos aprendieron informática, aunque ahora para enchufarlo no hay negociar con la familia quien puede usar el televisor del salón.

Es un gran acierto que además incluya 25 juegos de aquella época, entre ellos Asteroides, Centipede, Missile Command, Boulder Dash, BattleZone y el mitiquísimo M.U.L.E. de Electronic Arts.

Joystick Atari XL800También lleva un joystick actualizado, con ocho botones. La ranura admite la mayoría de los cartuchos de Atari 400, 800, XL y XE pero en los tiempos que corren también carga juegos y programas desde pendrives USB. Puede leer archivos de imágenes de cartucho, discos y casetes, así que el ritual de rebobinar la cinta tiene menos glamour, pero es más rápido. Se puede jugar en cualquier monitor a través de la salida HDMI, en modos PAL de 50 Hz y NTSC de 60 Hz, formato 4:3, con filtros CRT opcionales para aviejunar la imagen y recordar las teles de culo y pantalla medio curva, y 12 marcos decorativos.

También permite conectar mandos y unidades USB mediante cuatro puertos USB-A. Cada juego ofrece cuatro espacios para guardar partidas, algo que no tenía el original, y una función para retroceder hasta 40 segundos, lo cual habría sido un milagro en aquella época. Se puede reservar ya por unos 220 dólares. Atari espera empezar a enviarlo en abril de 2027.

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* Atari hoy en día es, más bien, el holding francés que adquirió la compañía tras muchas vicisitudes y cambios de propietarios.

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Por @Alvy — 11 de Octubre de 2026

Mi camello de vídeos viejunos interesantes (¡gracias, Gali!) me pasó esta joyita del canal de David Hoffman sobre una tienda de gadgets de 1995, que revive por unos momentos cómo era aquella época en la que entrar en uno de estos establecimientos era casi como visitar una exposición universal en miniatura.

En esta tienda de Palo Alto (California) se pueden ver teléfonos fijos inalámbricos, ordenadores de sobremesa, portátiles que hoy parecen maletas con teclado y monitores CRT que ocupaban media mesa. Nada que ver con las límpidas y clónicas Apple Stores de hoy en día. Además, captura algo menos fácil de describir: aquellas escenas costumbristas de clientes preguntando por tecnologías que les resultaban desconocidas, empleados explicando cómo funcionaban las cosas y parejas negociando qué aparato merecía convertirse en regalo de Navidad. Era solo una tienda, sí, pero cada estantería prometía una pequeña incursión al futuro.

Entre los PCs de IBM, Compaq y Apple asomaban impresoras de agujas y de inyección de tinta, ratones, teclados, unidades de disquetes, lectores de CD-ROM y algunos aparatos más raros todavía. El software llegaba en cajas, en disquetes o en discos compactos, y en los ordenadores con Windows se usaba el Solitario a modo de «demo». Había quien se pasaba la tarde colocando cartas mientras fingía que estaba probando el equipo. (Windows 95 salió en agosto de aquel año y también popularizó el Buscaminas y el FreeCell.)

Bloc de notas digitalLa visita no se limitaba a los ordenadores: había agendas digitales, un bloc de notas electrónico cuyo «papel» aceptaba notas y dibujos a mano, como esos juguetes en los que dibujan los niños y luego borran con una palanca, algunas enciclopedias digitales y teléfonos con memoria para números, contestador automático y hasta función de «monitor de bebés» para escuchar lo que sucedía en otras habitaciones. Cada cacharro parecía resolver un problema cotidiano… Aunque probablemente generaba otros tres.

Lo que hoy nos hace sonreír no es solo el tamaño de los aparatos, también son detalles como la solemnidad con que explica el vendedor que se necesita un adaptador de casete «falso» que «transmite las señales digitales como ondas magnéticas» para escuchar la música de un CD en el radiocasete del coche. O ver a la gente rodeando un PC como si fueran los monos junto al monolito en 2001, una odisea del espacio.

También es bastante reconcible esa emoción de tocar algo que aún no sabíamos muy bien para qué serviría. En 1995 la informática doméstica todavía tenía mucho de descubrimiento. Verlo ahora es mirar a un pasado que ya parece prehistórico, aunque algunas escenas sigan siendo familiares… Pero nunca serán lo mismo.

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Por @Alvy — 11 de Octubre de 2026

Un reloj digital  que da la hora con segundero, sin complicaciones (y otras utilidades relacionadas)

Clockbeam sería una de esas páginas que hacen una sola cosa y la hace bien, si no fuera porque hace varias cosas y también las hace bien. La principal es ser un reloj con segundero, esa extraña especie en extinción.

Y es que hoy en día, si se quiere ver los segundos en el ordenador, hay que reconfigurarlo; en los teléfonos móviles, como el iPhone, es imposible verlo en el menú o con la pantalla bloqueada (a menos que lo enchufes y lo pongas en horizontal en el «modo noche»). Así que, como alternativa, tener esto a un clic no está nada mal.

Lo mejor es que es una página sencilla, limpia, sin registro, publicidad ni otras molestias. Entras, pulsas F (Pantalla completa) y listo. Se puede elegir el modo 12/24 horas y, si necesitas algo más de tu gusto, personalizarlo a medida: diseño, fecha, tamaño… Se puede optar por un reloj como los de paletas, uno analógico o incluso cambiar los colores o la imagen del fondo.

Otras utilidades relojiles relacionadas con la hora, disponibles en la misma página, son un temporizador (cuenta atrás), un cronómetro, una alarma y otras para convertir la hora, planificar reuniones, hacerse un pomodoro, o poner un temporizador en plan rápido (5, 10, 15 minutos).

Tan sencillo como práctico.

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Por @Alvy — 10 de Octubre de 2026

Proyecto Timestamper: un intento de salvaguardar de forma inmutable el legado cultural y científico de la humanidad.

El Proyecto Timestamper es, además de una iniciativa con nombre de película de ciencia-ficción, un intento de dejar constancia de la existencia de libros, películas, música, artículos científicos, pinturas y páginas web antes de que la inteligencia artificial generativa pudiera generar fakes y copias modificadas de forma masiva. El proyecto ha registrado colecciones enormes: por ejemplo, 85 millones de artículos científicos y 339.000 millones de capturas de páginas web. Esta es su descripción oficial:

Project Timestamper es una iniciativa de código abierto destinada a proteger la integridad del patrimonio de información de la humanidad en la era de la IA generativa. En este proyecto se asignan marcas de tiempo criptográficas al contenido histórico más valioso usando la cadena de bloques de Bitcoin. De este modo se crea una prueba permanente de la existencia de dicho contenido a mediados de la década de 2020. Etas marcas de tiempo generadas se comparten públicamente para garantizar que el contenido creado por humanos en el pasado pueda identificarse claramente, incluso cuando el contenido generado por IA llegue a dominar nuestra cultura.

Cómo funciona Timestamper

¿Cómo funciona TimeStamper? Para certificar una obra, ya sea un PDF, una película, una imagen, una base de datos o cualquier otro tipo de archivo, se calcula un hash o huella digital de cada archivo. Es una especie de identificador criptográficamente seguro que cambiaría si se modificara el contenido, aunque fuera en lo más mínimo.

El siguiente paso es guardar esas huellas en el lugar probablemente más seguro e inmutable que hay en la red hoy en día: la cadena de bloques (blockchain) de Bitcoin. Esto lo hace mediante OpenTimestamps, un estándar abierto que aprovecha una de las principales características de la cadena de bloques: su capacidad para marcar de forma indefectible el tiempo y el hecho cierto de que unos acontecimientos sucedieron antes que otros. De este modo, cualquiera puede comprobar más adelante que un archivo concreto ya existía en una fecha determinada. La ventaja es que el Proyecto Timestamper no conserva necesariamente los archivos ni demuestra quién los creó.

Al ser un proyecto de código abierto se puede acceder a todos los datos, que están en Github, ordenados por tipos de archivo: desde los trabajos científicos las películas, libros e incluso genomas públicos.

En el FAQ y el Porqué hay más información, algo sobre sus creadores e incluso un pequeño blog, donde explican precisamente la hercúlea tarea que supone por ejemplo el registro de 339.000 millones de páginas web. Me ha parecido una iniciativa tan ambiciosa por su alcance como ingeniosa por la forma de llevarlo a cabo, así que solo podemos desearles parabienes.

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