Por @Wicho — 20 de Noviembre de 2019

Charles Conrad Jr. al lado de la Surveyor 3
Charles Conrad Jr. al lado de la Surveyor 3 – NASA

El 20 de abril de 1967 la sonda Surveyor 3 de la NASA aterrizó suavemente sobre la superficie de la Luna tras dar un par de botes. Desde allí transmitió 6.315 imágenes usando su cámara de TV antes de ser apagada para su primera noche lunar el 3 de mayo, noche de la que nunca despertó.

El 20 de noviembre de 1969, durante el segundo y último paseo espacial de la misión Apolo 12, Charles «Pete» Conrad y Alan L. Bean se acercaron hasta ella –habían aterrizado a poco más de 300 metros de distancia– para examinarla y para traer algunas piezas de vuelta a la Tierra. La idea era examinarlas para ver cómo las había afectado la exposición al vacío durante cerca de dos años y medio.

Entre ellas estaba la cámara, que hoy en día está expuesta en el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos:

Cámara de la Surveyor 3

La cámara, que fue usada entre otras cosas para estudiar la composición de la superficie de la Luna tomando imágenes de cerca de muestras recogidas con el brazo robot de la sonda, montaba un objetivo de 25 milímetros y otro de 100. Con el segundo fue con el que captó la primera imagen de la Tierra vista desde la superficie de la Luna que vimos jamás:

Primera foto en color de la Tierra desde la Luna

Eso sí, la imagen no es gran cosa porque aunque la Surveyor 3 usaba un tubo vidicon, que en aquella época era una tecnología de lo más avanzada, su resolución era equivalente a unos 0,04 y 0,36 megapixeles según estuviera funcionando en modo de 200 líneas o de 600 líneas.

Es, hasta ahora, la única vez que hemos vuelto a tocar una sonda de las que hemos enviado a explorar el sistema solar. Quién sabe si algún día visitaremos otras de las sondas que reposan sobre la Luna, sobre Marte, o incluso sobre Titán.

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Por @Alvy — 20 de Noviembre de 2019

Hace unos días el Centro de innovación Plexal británico invitó a Alan Kay y otros personajes de la cultura de Internet local a compartir sus vivencias personales de las décadas prodigiosas del nacimiento de Internet con motivo de las celebraciones por el 50º aniversario de Internet. Ni que decir tiene que la una charla de Kay es oro puro y en esta están concentrados en poco más de media hora con la sagacidad y sapiencia que le caracterizan.

Kay habla de los pioneros de todos los campos que dieron lugar a Internet y a la computación personal, muchos de los cuales pasaron por el centro de investigación Xerox PARC de un modo u otro, como es bien sabido. Se remota a la gente que inventó el rádar (invento conjunto de británicos como Tizard y estadounidenses, que acabó desarrollándose y fabricándose masivamente con ayuda del MIT) y que contribuyó enormemente a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Bannevar Bush se preguntaba entonces cuán interesante que toda la información de un desarrollo conjunto de este tipo de científicos de todo el mundo estuviera en hipertexto, enlazado y compartido, algo que llamó memex. Como recuerda Kay «…y si la idea del “memex” nos resulta familiar es porque hoy todos llevamos uno en el bolsillo».

También menciona a los equipos de Bletchley Park y a figuras como el grupo de Manchester, con ordenadores muy avanzados para su tiempo. Por desgracia para los británicos, como dice, «entonces llegó IBM y compró todo eso tan bueno allá por los años 50 y 60». A este respecto hace énfasis en que muchos de los desarrollos tecnológicos de la época se hicieron por miedo –miedo a «los soviéticos y al Sputnik»– y que eso siempre ha sido un gran aliciente para que los gobiernos soltaran pasta a lo largo de la historia.

Mientras tanto gente como Licklider pensaba que los ordenadores servirían para aumentar nuestro intelecto, que serían una especie de amplificadores universales, y por suerte consiguió dinero en 1962 del gobierno y también un montón de doctorados pagados por la ARPA para inventar cosas – y de ahí a Internet había sólo un paso. Por ahí se mencionan a Kleinrock, Paul Baran y Don Davies y también a Douglas Englebart, con el sambenito de «ser el creador del ratón», aunque ese invento a él le parecía una «nimiedad» y las menciones algo tan absurdo como entrevistar a George Orwell y preguntarle todo el rato por su «máquina de escribir».

Como curiosidades habla también de la Aloha net de la Universidad de Hawaii que hizo repensar el sistema de difusión de paquetes (por los precios de las comunicaciones de entonces), lo que llevó al surgimiento del ethernet. Y de cómo muchas de las reuniones y «demostraciones» de la época eran en fiestas como una que celebraron en la que se usó el primer sistema de voz IP: fue en medio de una barbacoa en California y la señal llegó sin problemas hasta Washington.

El equipo original de Xerox PARC eran pocas personas, excepcionalmente brillantes para Kay, «gente especial» como las que pocas veces se han reunido. Parte de su éxito fue que no se esperaba de ellos nada especial: se les dejaba usar sus propios métodos y perseguir sus intereses. En general todo el mundo enfocaba los problemas de forma ligeramente diferente, esa era su grandeza. Luego, cuando pedían cosas, lo hacían pensando a lo grande: Licklider dirigió un memorando una vez a los «Afiliados de la Red de Ordenadores Intergaláctica» porque sabía que los ingenieros sólo le iban a dar luego el mínimo exigible, así que si de ahí salía una red planetaria que era lo que quería, se daba por contento.

En la página web del evento pueden encontrarse hiperenlazados algunos de los trabajos mencionados, de modo que quien necesite documentación sobre los orígenes de estas tecnologías o algo más sobre las personas que estaban detrás de ellas allí encontrará material, desde el Augmenting Human Intellect de Engelbart (1962) al The Power of Context del propio Alan Kay (2004).

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Por @Alvy — 20 de Noviembre de 2019

Earth Core / NASA

En un trabajo titulado The young center of the Earth [arXiv] tres científicos daneses desarrollan una explicación tan curiosa y llamativa como didáctica sobre el fenómeno de la dilatación temporal en la relatividad de Einstein. Sabemos que el tiempo transcurre más «despacio» en los lugares que sufren de un gran potencial gravitatorio. Esto les lleva concluir que cuando se calcula la «edad» de un objeto tan masivo como la Tierra o el Sol puede haber diferencias significativas entre cuánto tiempo (relativo) marca su «edad», dependiendo de dónde se mida –hipotéticamente, claro– ya sea en la superficie o bien el centro del objeto.

Entender este fenómeno es además muy didáctico: la cuestión no se refiere al momento en que el polvo cósmico se reunió para comenzar a formar la Tierra, sino que desde ese momento hace miles de millones de años lo que quedó en el centro ha estado sometido a un mayor potencial gravitatorio que lo que quedó en la superficie; de ahí que el centro sea «más joven» que la superficie, porque «su tiempo» ha transcurrido más lentamente debido a la dilatación temporal.

El centro de la Tierra es unos dos años más joven (literalmente) que la superficie, debido a la relatividad de EinsteinDiferencia de «edad» entre el núcleo de la Tierra y la superficie, según si homogénea (rojo) o no

Al parecer el físico Richard Feyman ya apuntó esta curiosidad en los años 60 y calculó a ojímetro que la diferencia sería de «uno o dos días». Se equivocaba: según los autores de este trabajo la diferencia, correctamente calculada, es más bien de entre 2 y 2,5 años. En el caso del Sol esa diferencia es de unos 39.000 años (o 4.800 años si se considera que tiene una densidad uniforme).

La última parte del trabajo la dedican a preguntarse por qué científicos de todo el mundo han citado siempre el dato de Feynman de la Tierra como «uno o dos días» en vez del correcto, que son más bien dos años. La explicación es que simplemente lo han hecho como loros, sin cuestionarlo porque el buen hombre era toda una figura en su campo. Pero el propio Feynman decía aquello de «Nunca presto atención a los “expertos”, así que lo calculo todo yo mismo.» Algo que, como puede verse, todavía sigue siendo conveniente.

(Vía Principia Marsupia. Imagen: NASA/JPL-Université Paris Diderot - Institut de Physique du Globe de Paris)

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Por @Alvy — 19 de Noviembre de 2019

Keisan Online Calculator

Buscando otra cosa parecida me encontré medio por casualidad –suele suceder– con la Keisan Online Calculator. Es una calculadora de alta precisión disponible online y con la garantía de ser de Casio. Normalmente opera con 22 dígitos de precisión, pero se puede aumentar esa cantidad hasta los 130. La interfaz no es precisamente su punto fuerte, pero si se trata de hacer unos cálculos tampoco se necesita mucho más.

Raro es necesitar tanta precisión en cualquier tipo de cálculo, pero viene bien por ejemplo para comprobar a ojo si un número con decimales es periódico o no, si dos grandes números son iguales o si dos fórmulas complicadas dan como resultado exactamente el mismo valor. (Si no con certeza sí al menos «casi, casi seguro»).

Del número π, por ejemplo, tiene sus primeros 130 decimales, aunque sabemos que la NASA realiza sus cálculos con tan solo 15 ó 16 y que con 10 decimales se puede calcular la circunferencia de la Tierra con precisión de un milímetro. Pero oye, hay gente a la que lo de la alta precisión le encanta así que… Ahí van dígitos a tutiplén.

Para cálculos de este estilo mi otro favorito es, naturalmente, WolframAlpha que incluye el motor de Mathematica.

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