Por @Wicho — 18 de Septiembre de 2026

La descripción
Selfie de Curiosity por sus 5.000 soles en Marte – NASA/JPL-Caltech

El 6 de agosto de 2012 el rover Curiosity de la NASA se posaba en el interior del cráter Gale de Marte tras un emocionante descenso. Eso marcaba el principio de su misión, en principio diseñada para durar un año marciano, lo que son algo más de 686 soles, unos 22 meses terrestres. Pero esta foto es la que conmemora sus 5.000 soles en Marte, 5.137 días terrestres, que cumplió el pasado 30 de agosto.

Son una pila de días pero aún le supera Opportunity, que estuvo activo durante casi 5.500 días en una misión que iba a durar 90.

En cualquier caso si echas las cuentas es fácil ver que la misión De Curiosity ha durado más de siete veces lo previsto. Y contando. Además lo hace en muy buen estado de salud, con todos sus instrumentos en funcionamiento y sin que por ahora haya temor de que el generador de radioisótopos que genera la electricidad que lo hace funcionar se vaya a quedar sin carga.

La principal preocupación son sus ruedas, bastante hechas polvo tras más de 14 años terrestres rodando por Marte. Pero hace tiempo que recibieron una actualización de software para minimizar el desgaste van tirando. Y, en el peor de los casos, si Curiosity no pudiera seguir rodando podría seguir funcionando como una estación científica fija.

En todos esos soles –un sol es un día solar en Marte y dura unas 24 horas, 39 minutos y 35 segundos terrestres– ha recorrido más de 37 kilómetros y ha conseguido ascender más de 1.000 metros por las laderas de Aeolis Mons, conocido también como monte Sharp por la NASA. Perseverance ha recorrido más distancia, casi 45 kilómetros. Pero Curiosity tiene por ahora el récord de ascenso.

La duración prevista inicialmente para la misión principal de Curiosity era de un año marciano, equivalente a unos 1,88 años terrestres: aproximadamente 23 meses o cerca de dos años en Marte.

En todo este tiempo ha ido estudiando la composición del suelo y las rocas que ha ido encontrando por el camino y también ha ido recogiendo datos meteorológicos. Y aunque no ha encontrado pruebas de que en el pasado del planeta haya habido vida –no está diseñado para ello ni tenemos muy claro si sabríamos detectar tal cosa– sí que ha dejado bastante claro que en el pasado hubo agua líquida sobre su superficie, un requisito imprescindible para la vida tal y como la conocemos.

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Por @Wicho — 17 de Septiembre de 2026

El pasado 8 de julio, al terminar la cumbre de la OTAN en Turquía, el presidente Trump abandonó Ankara en uno de los Air Force One «antiguos» en lugar del flamante y lujoso nuevo Air Force One¹ que le había regalado Qatar en el que llegó al país. O eso fue la versión oficial durante algo más de un mes hasta que The Washington Post sacó a la luz la historia que cuenta el mini documental El avión señuelo que Netflix estrenó hace unos días.

La versión oficial, que ya entonces no se creyó nadie, era Trump viajó en uno de los Air Force One que van a ser retirados para enviar el nuevo Air Force One de visita a la base de Mildenhall en el Reino Unido para que lo viera el personal allí destacado.

Lo que todo el mundo sospechaba es que el Servicio Secreto, la agencia que se encarga, entre otras cosas, de la protección del presidente, le pidió que volara en uno de los Air Force One «antiguos» porque están mejor equipados en lo que se refiere a contramedidas defensivas.

Y es que no hay que olvidar que esos días las tensiones con Irán, país que además tiene frontera con Turquía, estaban aún más altas de lo normal pues Trump había ordenado nuevos ataques.

Pero la realidad resultó ser aún más rocambolesca: Trump cambió de avión y tampoco viajó en el Air Force One antiguo sino que lo abandonó nada más subir en él escondido en un camión de catering para subirse a un C-32, un Boeing 757 militarizado, en el que sí hizo el viaje.

Esto dejó al Air Force One en el que se había subido en Ankara como un señuelo por si Irán decidía atacar. Y de hecho ese avión voló con el indicativo Air Force One aunque Trump no estaba a bordo.

A la llegada de ambos aviones a Mildenhall, y de nuevo en secreto, Trump volvió a cambiar de avión para hacer ver que había viajado en aquel en el que se había subido en Ankara.

Aunque ni la Casa Blanca ni el Servicio Secreto han querido confirmar nada –lo que no es de extrañar si piensas en Trump, una de las personas más poderosas del mundo, escondido en el carrito de los helados– este mini documental de Netflix cuenta la historia de esta engañifa.

En la que, no hay que olvidarlo, un grupo de periodistas fueron utilizados como señuelo. Que a la tripulación del avión y a los agentes del Servicio Secreto les irá en el sueldo. Pero a los periodistas no.

Una historia más que añadir a la colección de historias medio truchas que rodean a este regalo.

_____
¹ El Air Force One es cualquier avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) en el que en ese momento esté a bordo el presidente, sea el avión que sea. Pero independientemente de eso el avión ex-catarí tiene en realidad la denominación VC-25 Bridge, mientras que los otros, a los que va a sustituir, son dos VC-25A que algún milenio de estos serán sustituidos por los VC-25B, una versión moderna que, oh sorpresa, Boeing lleva años de retraso a la hora de entregar.

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Por @Alvy — 16 de Septiembre de 2026

El legado fotográfico de Ruth Matilda Anderson en sus viajes por España hace un siglo, ahora disponible en la Web

Ruth Matilda Anderson (1893-1983) fue una fotógrafa estadounidense de la Hispanic Society of America que, entre 1923 y 1930, realizó cinco grandes expediciones por España para documentar el país. Viajó con su cámara especialmente por la zona noroeste Galicia, Asturias, León, Castilla, Extremadura y Andalucía. También hizo algunas fotografías en Portugal y las Azores y el norte de África. Así que nos dejó un archivo que cerca de 14.000 fotografías, que puede ya verse en la web en Un viaje visual por la lente de Ruth Matilda Anderson.

Anderson fotografió pueblos, mercados, campesinos, pescadores, artesanos, fiestas, hogares, ropa y escenas cotidianas. La calidad, cercanía y variedad de sus fotos permite observar con gran detalle cómo era la España de aquella época, desde comercios a carreteras, la vestimenta y algunas costumbres que de otro modo apenas habrían quedado registradas.

La gracia de la colección digital de Ruth Matilda Anderson es que funciona como una máquina del tiempo fotográfica de la España de hace un siglo. No se limitaba a hacer tomas de monumentos y paisajes: retrataba cómo vivía y trabajaba la gente corriente, generalmente en los pueblos, acompañándolo de notas sobre los lugares, las fechas y otros detalles.

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Por @Wicho — 16 de Septiembre de 2026

Ilusstración del Roman
Impresión artística del Roman en el espacio con todos sus paneles solares, parasol y antenas desplegados – NASA

Aunque está en sus primeros días la misión del telescopio espacial Nancy Grace Roman se está desarrollando hasta ahora a la perfección. Lo que era de esperar pero siempre es bueno que se vea confirmado. Aunque la NASA acaba de comunicar que estima que la misión se va a poder prorrogar en doce años más de lo estimado, para un total de 22 años, al menos en lo que se refiere al combustible que lleva a bordo el telescopio.

Esto es así gracias a varios factores.

El primero es que el telescopio en sí pesa casi 1.800 kilos menos de lo estimado al principio, lo que permitió cargar más combustible en sus depósitos sin que el lanzamiento se viera afectado. Eso, dice la NASA, han sido como cuatro años más de combustible.

El segundo es la precisión en el lanzamiento por parte del Falcon Heavy de SpaceX, que ha permitido que la primera maniobra de corrección de trayectoria hacia el punto de Lagrange L2, desde el que trabajará el telescopio, fuera mucho más pequeña de lo estimado inicialmente.

Lo que unido a que el telescopio sea más ligero de lo previsto, lo que requiere menos impulso por parte de sus motores para cambiar su trayectoria, ha permitido que esa maniobra sólo utilizara un 10 por ciento del combustible previsto. Y eso han sido otros cuatro años de combustible para maniobrar.

En el caso del Telescopio Espacial James Webb, también lanzado hacia el punto de Lagrange L2, sucedió algo parecido: el Ariane 5 que lo puso de camino lo hizo con tal precisión que también añadió años de combustible a la misión.

En el caso del Roman queda aún una segunda maniobra de corrección de trayectoria. Pero visto lo visto la agencia estima que será tan pequeña se ahorrarán otros cuatro años de combustible.

Así que 4 + 4 + 4 son los doce años extra que hay que sumar a los cinco años nominales de la misión y a los otros cinco de misión extendida con los que todo el mundo contaba para un total de 22.

El combustible es el principal consumible de la misión además de la electricidad. Pero la electricidad en principio no será un problema mientras los paneles solares no se degraden demasiado; se acabará mucho antes el combustible.

Y eso que el Roman en principio sólo tiene que consumir un poco cada 28 días para mantener su órbita tipo halo en el punto de Lagrange L2. De ahí que esos ahorros de combustible que se han ido produciendo hayan permitido cada uno añadir cuatro años a la misión.

No hay que olvidar, además, que el telescopio está diseñado para ser repostado allí a un millón y medio de kilómetros de la Tierra. Así que no es descabellado pensar en que se pueda diseñar una misión robótica que le lleve combustible y prolongue aún más la misión. Pero ahora ya no hay tanta prisa para eso.

Mosaico de los 16 sensores del instrumento con detalles ampliados de la imagen captada por alguno de ellos
Primera imagen obtenida por el instrumento principal del telescopio, aún sin terminar de calibrar – NASA’s Goddard Space Flight Center, Tyler Desjardins (STScI)

Además, el Roman ha desplegado sin problemas su antena de radio de alta velocidad y el parasol que protege el telescopio propiamente dicho; ha activado el coronógrafo, el instrumento que le permitirá localizar planetas extrasolares; y también ha activado el Wide-Field Instrument, su instrumento principal.

Queda calibrarlos y, por ejemplo, que se enfríen hasta su temperatura de trabajo de unos -180 Celsius, algo que irá sucediendo mientras el Roman sigue camino a su destino, a dónde debería llegar tras 90 días de viaje.

Pero desde luego hasta ahora todo son buenas noticias para esta misión.


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