Por @Alvy — 27 de Septiembre de 2022

webЯcade

WebЯcade (así, con la R al revés) es un curioso experimento de código abierto consistente en una especie de consola web de juegos multiplataforma (Windows, Mac, iOS, Android, Xbox) para títulos clásicos, aunque también pueden ser juegos modernos al estilo pixelado y aviejunado. Por aclarar: no es emulador al uso que busque el máximo rendimiento ni que todas las viejas ROMs funcionen; está enfocado en que funcione en el navegador web, en diversos sistemas operativos, con joysticks Bluetooth y USB que no haya que instalar con rituales vudú y con una interfaz sencilla y fácil de entender.

La forma en la que consigue todo esto es con los llamados feeds que son todo lo que compone un juego: pantallazo de presentación, código, sonidos, etcétera. En esos feeds van pequeños emuladores para diversas plataformas: Atari, Sega, Nintendo o motores como el de Doom. De esa forma se pueden ver rápidamente en pantalla de forma muy elegante e intuitiva todos los títulos disponibles a los que se puede jugar. Luego los controles (teclado o joystick) funcionan sin mayores problemas y pudiéndolos y se pueden consultar con un solo clic. Las teclas Escape, Cursor y Espacio es casi todo lo que se necesita.

Gunfight / Atari 2600Así a simple vista en su web se puede jugar a un buen número de títulos de Atari 2600, NES, Gameboy y Gameboy Color y por supuesto Doom. Los títulos varían según están disponibles los derechos de las diversas marcas; algunos son «versiones» de los clásicos, como Space Instigators en vez de Space Invaders, pero parecen igual de divertidos. Yo le he echado un ratillo al Sea Wolf, el Gunfight y el Amoeba Jump de la 2600, que son una risa.

Todo el proyecto WebЯcade además está escrito en código abierto en Github, para quien quiera cotillearlo, mejorarlo, personalizarlo o supervitaminarlo.

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Por @Wicho — 27 de Septiembre de 2022

Nos estamos encaminando hacia una nueva era de la humanidad. Una era en la que potencialmente tenemos la capacidad de protegernos de algo como el impacto de un asteroide peligroso. Es algo increíble. Nunca antes habíamos tenido esa capacidad.

– Lori Glaze,
directora de la División de Ciencias Planetarias
de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA

Esta pasada noche, diez meses después de su lanzamiento, la sonda DART de la NASA se estrellaba –a propósito– contra el asteroide Dimorphos. Su objetivo era modificar, aunque sea mínimamente, la órbita del Dimorphos alrededor de Didymos, otro asteroide. De ahí el nombre de la misión, Double Asteroid Redirection Test, Prueba de redireccionamiento de un asteroide binario.

No hay ninguna posibilidad de que el impacto saque a Dimorphos de su órbita alrededor de Didymos. Ni de que ninguno de los dos vayan a a ser desviados hacia la Tierra como consecuencia de él. De hecho, fueron escogidos como objetivo de la misión precisamente porque no suponen ningún peligro para nosotros.

Pero la idea es ver si seríamos capaces de desviar un asteroide que viniera hacia la Tierra pegándole un buen piñazo. El cambio será muy pequeño, pues a fin de cuentas DART tenía una masa de unos 570 kilos frente a los 5 millones de toneladas de Dimorphos. Pero con tiempo un pequeño cambio en la trayectoria de un asteroide puede ser suficiente como para que no corramos la suerte de los dinosaurios. Aunque aquí el concepto fundamental es «con tiempo»; en eso aún tenemos que mejorar.

Infografía con DART, Dimorphos y Didymos a escala comparados con objetos como un bus, el Arco del Triunfo, la Estatua de la Libertad, las pirámides de Giza, el One World Tarde Center, o el Burj Califa
DART, Dimorphos y Didymos a escala con otros objetos – DLR

La respuesta a si DART lo ha conseguido la tendremos en los próximos días o semanas en cuanto empiecen a llegar a Tierra las imágenes tomadas por las dos cámaras que van a bordo de LICIACube, un CubeSat que DART liberó unos días antes del impacto. Y en cuanto otros observatorios que han seguido el impacto, como por ejemplo ATLAS, y que están ahora mismo obteniendo imágenes de Dimorphos tras él, puedan establecer si hemos cambiado su órbita o no.

Pero la «prueba del algodón» la hará la misión Hera de la Agencia Espacial Europea (ESA). Con un lanzamiento previsto en octubre de 2026, llegará al sistema Didymos–Dimorphos en 2026. Una vez allí analizará los dos asteroides para que tengamos constancia fehaciente de sus características físicas, lo que permitirá terminar de afinar los cálculos acerca de los resultados del impacto de DART.

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Por @Wicho — 26 de Septiembre de 2022

El SLS, con la Orión en lo alto, montado en la plataforma móvil de transporte y lanzamiento, visto desde la trinchera de llamas de la Plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy
EL SLS y la Orión vistos desde la trinchera de llamas de la Plataforma de lanzamiento 39B – NASA/Kim Shiflett

La tormenta tropical Ian ha terminado por convertirse en el huracán Ian. Que la previsiones meteorológicas indican que se dirige hacia Florida. Así que al final a la NASA no le ha quedado más remedio que decidir retirar el cohete de la misión Artemisa I de la plataforma de lanzamiento y devolverlo al Edificio de Ensamblado de Vehículos (VAB) para protegerlo de los posibles efectos de Ian.

El primer movimiento está previsto para las 5 de la mañana del martes 27, hora peninsular española (UTC +2), que en Florida son las 11 de la noche del día 26. Se puede seguir en la emisión en directo que la agencia mantiene de la plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy. La idea es tener el SLS en el VAB y las puertas del edificio cerradas con tiempo para dejarlo protegido y que las personas de la NASA tengan también tiempo de guarecerse en sus casas.

El día 27 era, de hecho la fecha de lanzamiento a la que la NASA apuntaba tras la prueba con éxito de las reparaciones en los conductos de propelentes. Aunque ya el sábado 24 la agencia dijo que no iba a intentarlo ese día porque la depresión tropical 9 se había convertido en la tormenta tropical Ian. Y ya entonces todo indicaba que iría hacia Florida. Aunque decidieron no mover todavía el cohete por si Ian cambiaba de rumbo y podían intentar el lanzamiento el día 1 o el día 2.

Un mes o dos de retraso

Pero al final no ha sido así. Así que ahora, como muy pronto, la NASA podrá lanzar la misión Artemisa I hacia la Luna en la ventana de lanzamiento que va del 17 al 31 de octubre, en la que no se puede lanzar los días 24, 25, 26, y 28. Aunque es posible que no pueda acabar las tareas y revisiones que necesita el cohete –especialmente en su sistema de autodestrucción, que lleva ya casi un mes pasada su fecha de caducidad– y que tengan que esperar a la ventana que va del 12 al 27 de noviembre, en la que no se puede lanzar los días 20, 21, y 26.

Los días en los que no se puede lanzar Artemisa I son aquellos en los que es imposible cumplir con una serie de criterios que la agencia ha establecido para esta misión, más estrictos que en futuras misiones:

  • El día de lanzamiento la Luna tiene que estar en la posición adecuada en su órbita para que la etapa superior del SLS pueda hacer la maniobra de inyección translunar –la que la sacar de la órbita terrestre y la lanza hacia la Luna– de tal forma que pueda interceptar la Luna y entrar en la órbita lunar retrógrada lejana programada para la misión.
  • La trayectoria resultante para un día determinado debe garantizar que Orión no esté en la oscuridad durante más de 90 minutos seguidos para que los paneles solares puedan recibir y convertir la luz solar en electricidad y la nave pueda mantener un rango de temperatura óptimo.
  • La fecha de lanzamiento debe ser compatible con una trayectoria que permita la reentrada por saltos programada. Es una maniobra en la que la Orión entrará en la parte superior de la atmósfera terrestre para perder velocidad y al mismo tiempo saltar fuera de ella, y luego volver a entrar para el descenso final y el amerizaje. Esta técnica permite reducir las fuerzas experimentarán las tripulaciones, y a mantener las cargas estructurales de la nave dentro de los límites de diseño.
  • La fecha de lanzamiento debe posibilitar un amerizaje de día para facilitar las tareas de localización y recuperación de la nave.

Así que estamos frente a otro retraso más en el primer lanzamiento del SLS. De un mes o dos. Que no son nada frente a los prácticamente seis años de retraso que lleva sobre la fecha inicialmente prevista de finales de 2016. Y sí, es posible que al final Ian no se acerque al Centro Espacial Kennedy. Pero mejor ir sobre seguro con un lanzamiento cuyo coste se estima en unos 4.000 millones de dólares, sin hablar de los aproximadamente 16.000 que van invertidos en el desarrollo del cohete, su torre de lanzamiento, la cápsula Orión, y los sistemas de tierra asociados. Es un cohete que, a estas alturas, no deja indiferente a nadie.

Objetivo: la Luna

El objetivo de Artemisa I es colocar una cápsula Orión no tripulada en órbita alrededor de la Luna y traerla de vuelta. Pero volará vacía por si acaso. Probará los sistemas de maniobra y control y de comunicaciones, así como una versión reducida del sistema de soporte vital. Y, sobre todo, probará el escudo térmico a velocidades de reentrada lunares, ni más ni menos que Mach 32. Eso genera mucho más calor que una reentrada desde órbita baja terrestre o incluso que la de la misión de prueba EFT-1 de 2014.

Está previsto que sea la primera de una serie de misiones cada vez más complejas que lleven al aterrizaje de la misión tripulada Artemisa III sobre la superficie de la Luna y el eventual establecimiento de una base lunar. Pero aunque la NASA sigue diciendo que lanzará Artemisa I en 2025, parece poco probable, cuando no imposible. Entre otras cosas porque el aterrizador lunar y los trajes espaciales que necesita para la misión aún están en fases muy iniciales de su desarrollo. Y es altamente improbable que estén listos a tiempo.

El SLS está en Twitter como @NASA_SLS; el equipo de tierra de la NASA que lo gestiona está en @NASAGroundSys. La Orión es @NASA_Orion. El programa Artemisa es @NASA_Artemis. Todas ellas están en mi lista de Twitter de cuentas relacionadas con el espacio.

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Por @Wicho — 26 de Septiembre de 2022

Júpiter con sus bandas de color perfectamente visibles contra el negro del espacio
Júpiter visto por el Hubble en junio de 2019. Por mucho que te esfuerces esta noche no lo verás así ni remotamente – NASA, ESA, A. Simon (Goddard Space Flight Center), y M.H. Wong (Universidad de California, Berkeley)

Júpiter y Saturno suelen llamar la atención por su brillo cuando son visibles en el cielo nocturno. Y puede que en el caso de Júpiter estos días un poco más, ya que está más cerca de la Tierra de lo que lo ha estado en los últimos 59 años. Y de lo que estará en los próximos 129.

Justo esta noche, a las 21:25, hora peninsular española (UTC +2) se situará en oposición, que es el momento en el que el Sol, la Tierra y el gigante gaseoso están exactamente alineados. Se llama oposición porque, vistos desde la Tierra, Júpiter en ese instante está justo en el lado opuesto al Sol. Es también el momento en el que la distancia entre nuestro planeta y el gigante gaseoso será mínima, con «tan sólo» 591 millones de kilómetros frente a un máximo de 966 millones. Será también el momento en el que alcance su brillo máximo.

Así que es un buen momento para salir a observarlo. A simple vista verás un punto muy brillante hacia el este. Pero si tienes unos buenos prismáticos sujetos por un trípode quizás podrás ver la banda diagonal central del planeta y tres o cuatro de las lunas galileanas. Con un telescopio relativamente modesto, hasta podrás ver la Gran Mancha Roja. Aunque también está la opción de ver si un planetario o agrupación astronómica cercanas organizan alguna observación.

La luna y Júpiter y tres de sus lunas sobre las montañas Wasatch en una imagen nocturna. La Luna está sobreexpuesta para que se vean el planeta y sus lunas
Júpiter sobre las montañas Wasatch el 27 de febrero de 2019. Esto se parece más a como podrás verlo estas noches, aunque sin que la Luna moleste tanto – NASA/Bill Dunford

Pero si esta noche está nublado o no puedes dedicarle un rato, tampoco pasa nada. Aunque a partir de las 21:25 Júpiter empiece a alejarse, no será perceptible ni en unas horas ni en unos días ni en unas semanas. De hecho es muy difícil darse cuenta sin instrumentos de medida pues es un proceso gradual.

Júpiter y la Tierra están en oposición cada 13 meses. Pero como sus órbitas no son circulares sino un poco elípticas, la distancia mínima a la que están y la máxima no son siempre las mismas sino que varían según el lugar de sus respectivas órbitas en el que la oposición los pille. Por eso tardaremos 159 años en poder volver a verlo tan cerca.

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