Por @Wicho — 6 de Agosto de 2026

La descripción
La cabina de pasaje de un 737 MAX - Boeing

Lo de Boeing es impresionante. A este paso va a acabar por darme pena: no bien acaba de obtener el permiso para la entrada en servicio del 737 MAX 7 tras ocho años de pruebas se ha sabido que la Administración Federal de Aviación (FAA) de los Estados Unidos tiene pensado emitir una directiva de aeronavegabilidad (DA) que obligará a revisar que los asientos de unos 450 aviones matriculados en el país estén bien instalados.

La DA menciona los Boeing 737-8, 737-9, y 737-8200, lo que viene siendo MAX 8, MAX 9 y la versión especial del MAX fabricada para Ryanair en la que pueden ir hasta 200 pasajeros. Lo que pasa es que, por lo que sea, Boeing intenta huir en la medida de lo posible de la denominación MAX desde que estuvo casi dos años sin poder volar a causa de un par de accidentes mortales.

No es sólo una mala noticia tras lo de la certificación del MAX 7, sino que además llega poco después de que la FAA relajara su vigilancia sobre Boeing tras los citados accidentes dejándole que volviera a inspeccionar ella misma los aviones que fabrica para darles el certificado de aeronavegabilidad; parece que no consiguen librarse de los problemas de la falta de control de calidad en sus cadenas de montaje.

Y es que ha habido problemas eléctricos; con el ensamblado del estabilizador vertical; con el mamparo de presión trasero; y luego está lo del MAX de Alaska Airlines que perdió parte del fuselaje en pleno vuelo.

Aunque hay que decir que los problemas en cuestión no han afectado a toda la flota sino a algunos lotes determinados y que todos han sido solucionados y que de hecho desde la vuelta al servicio del MAX no ha habido ningún incidente serio. Bueno, salvo lo del avión ese de Alaska Airlines.

La directiva dice que

La FAA ha recibido un informe en el que se indica que algunos conjuntos de asientos de pasajeros montados sobre guías no se instalaron correctamente en ellas. Los vástagos de seguridad de la parte de posterior no se habrían cerrado correctamente ni se habrían enganchado en los rieles del asiento. Los conjuntos de asientos montados sobre rieles que estén instalados incorrectamente pueden desengancharse de los rieles en caso de aumento de la carga, turbulencias o un aterrizaje de emergencia. Si no se soluciona esta situación, podría provocar lesiones a los pasajeros y a la tripulación durante un aterrizaje de emergencia o bloquear el pasillo, lo que podría ralentizar la evacuación.

Cuando habla de conjuntos de asientos se refiere a los tres que van juntos en cada fila a cada lado del pasillo. Pero vamos, que a este paso ni con el cinturón de seguridad puesto puedes pensar que estás a salvo de las turbulencias si vuelas en uno de los aviones afectados.

Según Boeing ya habían avisado de esto a los operadores afectados en diciembre de 2025. Pero les parece correcto que la FAA haga la revisión obligatoria. Habrá que ver si hay aviones afectados en Europa y en ese caso qué decide la EASA, la Agencia Europea de Seguridad Aérea, al respecto.

(Gracias, José Manuel).


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Por @Wicho — 6 de Agosto de 2026

Portada del libroLa anomalía. Por Hervé Le Tellier. Traducción de Pablo Martín Sánchez. Seix Barral 31 de marzo de 2021. 326 páginas.

El 10 de marzo de 2021 el vuelo AF006 de Air France procedente de París aterriza en el aeropuerto JFK de Nueva York tras haber atravesado una tremenda tormenta que apareció casi de repente en su ruta y que no pudieron atravesar de ninguna manera.

El 24 de junio de 2021 el mismo vuelo AF006 se pone en contacto con el aeropuerto Kennedy para aterrizar. Lo que desata todas las alarmas porque el AF006 de ese día ya ha aterrizado. Así que lo redirigen a la base aérea de McGuire por si los terroristas o algo.

Pero una vez allí, para asombro de propios y extraños, descubren que el avión que acaba de aterrizar es físicamente el mismo que el 10 de marzo atravesó aquella tormenta. El mismo hasta el último átomo. Y que sus 243 ocupantes son las mismas que las de aquel otro AF006, hasta la última molécula de su ADN.

Algo o alguien o quién sabe qué los ha duplicado sin que sean conscientes para nada de ello; de hecho creen que aún están en marzo a pesar de que en realidad han pasado más de tres meses desde su primer aterrizaje.

Con esos mimbres el autor cuenta una historia –o dos– en la que invita a reflexionar sobre lo que es el yo e incluso sobre lo que es la realidad. O no.

Me ha parecido un enfoque interesante que, por supuesto, deja más preguntas en el aire que preguntas respondidas.

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Por @Alvy — 5 de Agosto de 2026

«Mira mamá, sin cookies»: una web que revela todo lo que un sitio web que se visita puede saber de ti y además te explica cómo lo hace

I didn’t set a cookie («No he puesto ni una cookie») es un proyecto de esos de fin de semana de Kuber Mentha, que andaba investigando la identificación mediante huellas digitales (fingerprinting) de los visitantes a una página web. El resultado es tan inquietante como didáctico, además de ser de código abierto. La página es una especie de demo y no está pensada para «hacer el mal», así que ni guarda tus datos. Y, apropiadamente, no te pone ni una cookie, como su propio nombre indica.

Y es que las cookies son como las brujas malas de la web, unas asustar viejas: todo el mundo las acusa de ser lo peor y en realidad hoy en día ya no hacen ni falta. Tan es así que la página de Mentha puede identificar 166 señales distintas para crear un fingerprint único e identificar a los visitantes. No hace falta ni darle permisos (aunque en un momento dado los pide, como un extra); todo sucede a través de los datos expuestos por los navegadores web y los datos que circulan en cada conexión.

En la misma visita se puede ir viendo (¡tachán, tachán! paso a paso para hacerlo más inquietante) datos como el sistema operativo, el navegador web real (aunque intente ocultarse), el proveedor de Internet o la ciudad (más o menos). También están otros muy típicos como la resolución de pantalla, el nivel de batería, el hardware gráfico y el número de cámaras y micrófonos conectados. Más llamativas son las fuentes tipográficas o incluso poder distinguir si el usuario utiliza herramientas de programación. Esto último me pareció un buen truco: contrastando las fuentes tipográficas instaladas con una lista de las más habituales en programación se puede saber si la persona es programadora o no (y casi seguro que acierte). Toma perfilado.

Otro dato que me sorprendió es que sepa cuántas voces sistéticas (texto-a-voz) hay instaladas en el sistema, supongo que cosa de mi MacOS; por no hablar de que hace un gran guiño al decir «tu navegador pide el Do Not Track para evitar el seguimiento… pero lo he ignorado». ¡Touché! Además, descubrió que tenía instalado y activado mi media player (ni me acordaba) con un truco muy ingenioso: hace una petición a varios de los puertos típicos, mide el tiempo de respuesta y si en vez de una denegación en unos 30-60 ms (que sería lo habitual si el puerto está cerrado) la petición se deniega en más de 1200 ms… es que el puerto existe y por tanto esa aplicación (media player) está abierta localmente. ¡Muy bueno!

También hay otro par de datos relativos al comportamiento humano del usuario, para lo cual muestra cómo es capaz de analizar el ritmo de escritura y bastante información sobre el perfil publicitario (qué temas de interés, qué has buscado…), dado que el resto de dato pueden enviarse como parte de una puja publicitaria OpenRTB en apenas una décima de segundo. Esto ya inquieta más.

La combinación de todo esto crea una huella digital del navegador (browser fingerprint) con, cierto número de bits de entropía que te dicen cuán improbable es que seas el mismo visitante que otro. En mi caso solo 1 de cada 145 millones de personas tenemos exactamente la misma configuración, así que… no puedo refugiarme en la masa.

El autor recuerda al final del todo que en este proyectillo el objetivo no es recopilar datos, sino mostrar cómo se hace: junto a cada sección hay un enlace que explica las técnicas usadas. Todo funciona localmente en el navegador y el proyecto es de código abierto para quien quiera aprender más. Y, parafraseando al chiste infantil, «mira mamá, sin cookies».


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Por @Wicho — 5 de Agosto de 2026

El Sol visto a través de unas gafas para eclipses sujetas por una mano
Foto de Jason Howell en Unsplash

Dentro de una semana, poco antes de las 20:30 dependiendo de dónde te encuentres, se producirá el máximo del eclipse de Sol del 12 de agosto de 2026. Es el único momento en el que puedes mirarlo sin unas gafas homologadas. Suponiendo que hayas escogido un buen sitio para verlo, claro. Y que sea un lugar donde el eclipse es total.

Lo del sitio es fácil. Pero por si acaso: en Trío de eclipses tienes un mapa que puedes explorar haciendo zoom sobre él o bien tecleando una dirección, un topónimo, o un código postal. Ahí podrás averiguar a qué hora empieza y termina y a qué hora es el máximo, así como la altura a la que estará el Sol y en qué dirección tendrás que mirar para verlo por si no es obvio.

Captura de pantalla del visto en un iPhonePero en cualquier caso lo más sencillo, con diferencia, es que, unos días antes, te vayas con el móvil al sitio desde el que tengas pensado observarlo y compruebes con esta página que usa la cámara y los sensores de orientación del teléfono que no hay ningún obstáculo que te lo vaya a impedir. Más fácil imposible.

Y si no vives en un lugar en el que se vaya a poder ver y te vas a desplazar, intenta llegar al menos el día antes para hacer esta comprobación. Además, es previsible que el día del eclipse se monte un follón del quince.

La noche del eclipse, por cierto, coincide con el máximo de las Perseidas de este año. Y como ha habido eclipse hay Luna nueva, así que un plan extra puede ser quedarte a verlas si estás en una zona sin contaminación lumínica.

Lo de las nubes, pues ya se verá. Y ahí poco podemos hacer. Pero la AEMET va a emitir una predicción diaria al respecto a partir del viernes 7.

La otra cosa imprescindible es que te hagas con unas gafas homologadas. No vale una radiografía. No valen unos negativos fotográficos. No valen las gafas de soldador con factor menor a 14 y las de factor 14 o superior no las encontrarás a la venta por ahí… ¡¡¡Y por el FSM no utilices unos prismáticos o telescopio si no tienen el filtro adecuado!!!

Ten muchísimo cuidado con esto, porque resulta que las retinas no tienen receptores del dolor, así que te las puedes estar jodiendo –con perdón– sin darte cuenta. Y quizás sin remedio.

Las gafas tienen que cumplir la normativa ISO 12312-2 y no tener ninguna raya y mucho menos ningún hueco. Además, si llevan tiempo en casa, deberías hacerte con unas nuevas porque el material del que están hechas tiene caducidad.

Yo las he visto en el supermercado y en ópticas. La ONCE las estaba regalando estos días aunque no sé si les quedarán. Y llegado el caso, si las pides en línea urgentemente deberían llegarte a tiempo. Mi amigo Dosi, por ejemplo, aún tiene unas cuantas en stock. Aunque dice que mañana será el último día que haga envíos.

Pero aún con ellas no es cosa de estar mirando al Sol todo el rato, mejor hazlo a poquitos. Y cuando vayas a mirar al Sol, póntelas antes de levantar la cabeza. Si llevas gafas de ver puedes colocarlas por delante o por detrás de ellas, eso como te sea más cómodo. Y presta especial atención a niños y mayores para que no se despisten.

Si por lo que sea no consigues unas gafas otra opción es hacerte una caja de eclipse, con la que evitas mirar al Sol en absoluto.

Todo esto, por cierto se aplica siempre para mirar al Sol, no sólo en los días de eclipse.

Y para terminar mi consejo es que a menos que tengas experiencia con esto y sepas lo que estás haciendo dejes la cámara de fotos en casa y el móvil el el bolsillo. Un eclipse total es una ocasión única y hay que disfrutarlo sin distracciones. Luego ya tendrás tiempo de buscar fotos y vídeos, que los habrá a patadas.

(Gracias por la consulta ocular, Conchi).

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