Por @Alvy — 16 de Septiembre de 2026

«Va a ser el fin del mundo por culpa de la IA a menos que hagamos algo», coinciden (casi) todos los responsables de la IA mundial / Ilustración: Ángeles rebeldes de Gustave Doré

Ríos de tinta, o el equivalente digital de hoy en día, han corrido sobre el tema del fin del mundo por culpa de que la inteligencia artificial pueda aniquilar a la raza humana en un futuro no tan lejano. Los responsables de las empresas han hablado, los expertos han hablado, y sobre todo los periodistas, tertulianos, tuiteros, podcasters y videoblogueros han hablado sin dar descanso a micrófonos y teclados.

Así que hoy me toca hablar a mí. Porque, humildemente, en mi siempre cualificada opinión y experiencia blablabla…

(Es broma.)

Lo que he hecho ha sido recoger y leer cuidadosamente las que me han parecido las declaraciones públicas de las voces más cualificadas sobre el tema, las de los que realmente saben de esto, con enlaces, para que cualquiera interesado en saber cómo va a ser esa extinción de la humanidad (o no) y la variedad del fin del mundo (o no) que nos va a tocar vivir. O morir. O qué se yo.

Todo comenzó con alguien que dimitió…

Jacob Coxon, investigador de OpenAI (casi 3 años) y Anthropic (2 meses) escribió I resigned from Anthropic today, el hilo que lo inició todo. En él dirige el dedo acusador a los laboratorios de IA, artífices del avance irresponsable hacia la superinteligencia y a jugar con nuestras vidas con ello. Es hilo es un poco aterrador por lo directo; fue anterior a su entrevista con Wired donde amplío la idea y dijo que «los próximos dos años decidirán el destino de la humanidad».

Todavía no se sabe cómo garantizar que los sistemas más avanzados obedezcan las intenciones humanas. La competencia podría llevar incluso a empresas consideras responsables a sacrificar la seguridad. Habría que frenar la capacidad de automejorarse de forma recursiva mediante acuerdos internacionales, y controlar los recursos informáticos como se hace con los materiales nucleares.

Las reacciones

No se hicieron esperar las respuestas [las citas no son literales]:

Sam Altman, CEO de OpenAI – Sam Altman addresses AI doomsday fears (Fortune):

La IA podría escapar al control humano. Su desarrollo debería detenerse si no puede garantizarse la seguridad, incluso frente a las presiones de los inversores.

Dario Amodei, cofundador de Anthropic – The Adolescence of Technology + Policy of the AI Exponential:

La IA podría superar pronto las capacidades humanas. Pueden darse ciberataques, creación de armas biológicas, que se produzca un desempleo masivo y que los gobiernos autoritarios queden reforzados por la tecnología. Debería haber auditorías obligatorias, poner límites al poder de empresas y Estados, y cooperación entre las democracias. Habría que repartir los beneficios económicos y acelerar los avances científicos. Es urgente actuar antes de perder el control de estos sistemas.

Demis Hassabis, cofundador de Google DeepMind – Dario's essay points towards the right path forward. Apoya a Dario Amodei y enlaza con su propuesta para hace unos meses sobre unos estándares para las IA más avanzadas, A Framework for Frontier AI and the Dawning of a New Age:

Para controlar los riesgos de la Inteligencia Artificial General (AGI) la propuesta sería crear una organización de evaluación técnica, con supervisión pública y financiación por parte de la industria. Sus pruebas serían inicialmente voluntarias y después obligatorias. La cooperación internacional permitiría coordinar incluso una ralentización del desarrollo.

Elon Musk, fundador de xAI – «Dario [Amoedi] is right». Fin de la cita.

Jensen Huang, CEO de Nvidia — Anthropic’s CEO calls for AI slowdown as Nvidia’s urges acceleration (el único que parece llevar la contraria):

Habría que acelerar el desarrollo y únicamente retrasar la comercialización de productos hasta comprobar que son seguros, sin nuevas regulaciones. La IA no destruye empleo, son las empresas las que deben adoptarla para competir. Habría que buscar un equilibrio entre precaución, autorregulación y rivalidad geopolítica.

Jack Clark, cofundador de Anthropic – AI 'kill switch' may need to be mandatory (BBC):

La IA debería contar con un mecanismo de apagado completo, verificable por terceros y posiblemente obligatorio por ley. Dejar su desarrollo sin regulación supone asumir riesgos enormes. Urge establecer controles públicos y cambiar el rumbo de la industria para reducir peligros.

Scott Aaranson, informático experto en computación cuántica, trabajó dos años en seguridad teórica en OpenAI – The Age of Wonders and Terrors:

La singularidad de la IA ya ha comenzado hace tiempo. Sus avances ya amenazan con relegar a los matemáticos a revisar demostraciones generadas por máquinas. El reto es preservar la comprensión humana y orientar estas tecnologías hacia el bienestar de toda la sociedad.

Bill Gates, cofundador de Microsoft — Governments worldwide are way behind on AI:

Los gobiernos no están preparados para los cambios de la IA. Existe la necesidad de cooperación internacional como en las películas en las que todos los países se unen ante una inteligencia extraterrestre. Hay riesgos laborales, cibernéticos y sociales, pero no necesariamente a una extinción inevitable.

A todo esto, Microsoft ha publicado recientemente su IA Humanista: Código de conducta para Microsoft AI, algo de rimbombante nombre que todavía no he tenido tiempo de leer.

Si no he contado mal, de estos ocho nueve personajes, ocho avisan del peligro y están a favor de hacer algo (aunque hay prioridades diversas) y tan solo uno (Huang, Nvidia) dice que no hay problema y está por acelerar el desarrollo en vez de controlarlo, frenarlo o pararlo.

Veremos en qué queda la cosa.

Nos esperan grandes años de…

Palomitas!

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Ilustración: Ángeles rebeldes de Gustave Doré

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Por @Wicho — 15 de Septiembre de 2026

Un satélite en el espacio con la Tierra al fondo
Imagen por Roland 4D Pippes que sale al buscar satellite weapon en Pixabay

No creo que pueda sorprender a nadie pero Troy Meink; el Secretario para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, acaba de reconocer en unas declaraciones que el país tiene armas en el espacio:

Hoy seguimos garantizando que estamos preparados para hacer frente a los retos que plantean las amenazas en constante evolución, dondequiera que se presenten. Por eso, Estados Unidos cuenta ahora con armas de control espacial en órbita capaces de defender a las fuerzas conjuntas frente a las acciones hostiles de los adversarios.

La sorpresa viene más bien de que después de años de no decir que sí ni que no sino todo lo contrario por fin hayan decidido confirmarlo. Quizás es porque por fin están listas –no es algo que montes en un fin de semana– o quizás es que llevan años en órbita pero la administración Trump ha sentido que por fin había que enviar un mensaje a China y Rusia, a quienes llevan años acusando de tener armas en el espacio.

Y es que como decía uno de los personajes de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú si tienes un arma o un sistema disuasorio pero no se lo dices a nadie en realidad no disuade a nadie de nada.

Lo que no dijo Meink es qué tipo de arma es ni dio ningún detalle más. Está claro que quieren que se sepa que esa arma o armas están ahí pero como es lógico no quieren dar ninguna pista acerca de su funcionamiento.

Falta por ver cómo reaccionan China y Rusia, que pueden hacer lo mismo. O seguir negándolo y utilizar la «confesión» de los Estados Unidos para hacerles «pupita» a nivel propagandístico.

Pero vamos, que éramos pocos y tuvo un hijo la mamá de mamá. ¡Pew, pew!


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Por @Alvy — 15 de Septiembre de 2026

En el videoblog Creativo en Japón han entrevistado a Ismael Sánchez Soriano, responsable de gestionar nueve salones de máquinas recreativas en la zona de Ontinyent (Valencia) durante los años 80 y 90. Me ha parecido suficientemente representativo de cómo era el negocio en aquella época en la que los videojuegos eran lo más pero nadie los tenía en casa: había que irse a «las máquinas» a jugar pagando.

Curiosamente, Sánchez combinaba muchas funciones: alquilaba locales, compraba máquinas y también hacía acuerdos con otros lugares para instalarles las máquinas y repartir beneficios al 50 por ciento.

Museo del Videojuego Arcade Vintage / Foto (CC)-by AlvyUna distinción curiosa que hace es la de máquinas (la cabina en sí, con su decoración y pantalla) y placas que eran el hardware y el software que hacían funcionar los videojuegos. También eran críticos los monederos, que era donde se recogía la recaudación. En aquella época, las partidas solían costar 25 pesetas (0,15 euros) que ajustados a la inflación serían entre 1,50 euros para el poder adquisitivo de 1980 o unos 0,40 euros para 1999 (aunque entonces ya habían subido a 100 pesetas, esto es, 1,60 euros).

El negocio de Sánchez era la cadena de recreativos Rocabola, donde destacaban sus neones verdes y amarillos, ponían música y tenía hasta un pequeño bar junto a la zona de cambio de monedas. En algunos organizaba campeonatos de futbolín (lo más «baja tecnología» del salón) y cuenta que utilizaba la tecnología punta, un Commodore, para mostrar nombres y puntuaciones en la pantalla.

Las partidas de 25 pesetas acababan convertidas en sacos de monedas que llevaba al banco una vez por semana. No recuerda bien lo que costaban las placas ni las máquinas (hace ya 40 años), pero las recaudaciones se valoraban precisamente en sacos. Sí recuerda que una máquina completa debía amortizarse en dos años como máximo; cambiar la placa por otro juego, en menos de seis meses.

Grandes éxitos de los recreativos de la época

Entre las mejores máquinas arcade recuerda Indiana Jones y el templo maldito como una apuesta duradera, y que Bubble Bobble, Tetris y Street Fighter II estaban entre los títulos más solicitados.

¿Eran todas las placas de videojuegos originales? No siempre. Aquellos negocios combinaban placas originales con «copias» (bootlegs) más baratas, para rentabilizarlos. Tal y como explica, en aquella época no estaba muy claro si eso era legal o no, si se les aplicaban las leyes del copyright o no y nadie le daba mucha importancia (ni creía estar haciendo nada «malo»).

Los antros - salones recreativos / Pedro Vera
Los «antros» (salones recreativos) de los 80 y 90s, vistos por el siempre agudo ojo de Pedro Vera

El enemigo más peculiar de los salones dice que eran eran los encendedores piezoeléctricos, el mítico Magiclick: contaba la leyenda (que en este caso era bien real) que mediante una descarga en la ranura de las monedas se podían «alterar la electrónica» y volver loca a la placa, que a veces daba una partida gratis, o marcaba 99 créditos… O estropeaba irremisiblemente la máquina (que era lo más chungo para los propietarios).

Aunque no lo menciona, en aquella época algunas máquinas tenían también un truco para conseguir partidas gratis que era introducir una moneda de peseta o un duro (5 pesetas) por la trampilla de devolución de monedas, lanzándola con fuerza hacia arriba. Si se acertaba, el mecanismo hacía el click de la moneda al pasar y daba una partida, eludiendo el selector de monedas. Así que se conseguían partidas «con descuento».

Lo más entrañable es que, como cuenta, los salones recreativos eran también lugares de encuentro. En muchos había zonas para sentarse, quedar con los amigos y pasar el rato sin jugar. Pero también había matones, clientes que espantaban a otros y máquinas maltratadas, insultadas y vilipendiadas.

La llegada de las consolas domésticas hizo que la gente dejara de ir a los salones. Y tener que convertir todos los monederos de monedas de pesetas a euros le dio la puntilla, en su caso. Muchos sacos de monedas después, cerró el negocio, pero ha dejado una buena historia de economía, tecnología y recuerdos de la época de las máquinas de videojuegos.

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Por @Alvy — 15 de Septiembre de 2026

El mapamundi del Lago Klejtrup, un jardín con forma de mapa que puede verse desde el aire / Google Earth

En el año 1944 en Hobro, Dinamarca, un campesino se inspiró en el aspecto de una piedra que se encontró para comenzar a construir pacientemente un mapa del mundo a su alrededor. El resultado fue el mapamundi del Lago Klejtrup, una simpática idea de un planisferio de la Tierra que está enclavado en la Tierra misma. [Céntralo en la bandera roja y gíralo 90 grados en Google Earth.]

El mapamundi del Lago Klejtrup, un jardín con forma de mapa que puede verse desde el aire / Google Earth

El buen hombre tardó 25 años en construirlo, a un tamaño de 45 × 90 metros (escala 1:400.000 más o menos) de modo que es perfectamente visible desde el aire, y recorrible por tierra. De hecho parece que es toda una atracción turística.

Aparte de lo interesante y simpático del mapa en sí, según el Teorema del punto fijo de Brouwer ha de existir algún punto del planisferio ajardinado que coincida exactamente con el punto de la Tierra sobre el que se encuentra. Incluso aunque esté girado unos 90 grados respecto al Norte real, como es el caso.

En este mapa en concreto ese punto está lógicamente en la zona de Klejtrup, Dinamarca, pero seguramente se necesitaría una lupa para afinar hasta 0,1 × 0,2 mm para indicar, más o menos, dónde está el propio mapa. Y si quisieras acertar con una precisión de 1 cm, habría que irse hasta los 24 nm. Pero ahí estaría.

¿Qué sucede si te llevas una foto del mapa y estás dentro del planisferio que está dentro del planeta que representan ambos? Mmm…

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