Por @Alvy — 29 de Noviembre de 2021

Los curiosos nombres elegidos por los ciudadanos para los camiones esparcidores de sal en Escocia

En el Departamento de Tráfico de Escocia tienen una curiosa práctica consistente en ponerle nombres divertidos a los camiones que esparcen sal durante el invierno en las carreteras del lugar. Algunos de ellos pueden verse en este mapa de la posición de los camiones de sal. Si el asunto suena divertido es porque convirtieron esos nombramientos en un concurso público a votación mediante el cual las nuevas adquisiciones reciben nuevos nombres sugeridos por la gente y votados en una página web.

Algunos de los nombres de estos camiones (en inglés, gritters) son juegos de palabras de lo más simpáticos:

  • Gritney Spears
  • Blizzard of Oz
  • Frosty
  • William Wall-Ice
  • Megameltasaurus
  • Mary Queen of Salt
  • Spready Mercury
  • Buzz Iceclear
  • Snow Connery
  • You Only Grit Ice
  • Licence to Chill

Llama la atención que muchos de ellos tienen que ver con la saga de James Bond, pero teniendo en cuenta que el ilustre escocés Sean Connery fue considerado uno de los más grandes intérpretes del personaje, está justificado.

A principios de año también se comentó que esta curiosa costumbre se estaba extendiendo a Estados Unidos y Rusia. Los americanos por ejemplo ya habían elegido como favoritos Plowasaurus Rex, Sir Salts-A-Lot y Snowboni; los concursos se organizaban por estados. De Rusia no sabemos nada de momento, pero seguro que acaba llegándonos algo al respecto.

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Por @Wicho — 29 de Noviembre de 2021

El día 8 de febrero de 1971 llegaban a España los dos primeros aviones anfibios Canadair CL-215, mucho más conocidos como los «botijos» que año tras año, lamentablemente, son una pieza fundamental en la lucha contra los incendios forestales.

Aquellos dos primeros aviones se integraron en el 803 Escuadrón de búsqueda y rescate. Luego, en enero de 1973, junto con varias Dornier 27 con depósitos de agua de 400 litros, pasaron a integrar el 404 Escuadrón de Fuerzas Aéreas, que a su vez fue el germen del actual 43 Grupo de Fuerzas Aéreas, constituido el 8 de mayo de 1980.

Un detalle curioso es que en España los Canadair nunca han pertenecido al Ejército del Aire sino al correspondiente ministerio en cada momento. Cuando llegaron, por ejemplo, eran propiedad de Ministerio de Agricultura; hoy lo son del Ministerio Transición Ecológica y Reto Demográfico. El EdA «sólo» los opera y los mantiene gracias a sucesivos convenios con el ministerio correspondiente.. Lo que no es poco; ya acumulan más de 200.000 horas de vuelo luchando contra los incendios forestales.

Uno de los Canadair del 43 Grupo en el aeropuerto de Santiago de Compostela – Wicho
Uno de los Canadair CL-215T del 43 Grupo en el aeropuerto de Santiago de Compostela – Wicho

Este vídeo sirve de recordatorio de su tarea y de cómo llegaron a nuestro país esos aviones de los que al principio nadie sabía mucho, aunque pronto demostraron su valía. Sirve también de homenaje a los 15 tripulantes del 43 Grupo que han dado su vida en los cinco accidentes mortales que ha sufrido la unidad en su historia. Y de reconocimiento a las personas que han integrado e integran la unidad, que año tras año se juegan el tipo por defender la naturaleza.

El futuro de la unidad pasa por la modernización de la flota, pues desgraciadamente no es previsible que sus servicios dejen de ser necesarios. Empezará, como es lógico, por los aviones más viejos, que a partir de 2022, cuando está previsto que comience su producción, serán sustituidos por hasta siete Viking Canadair 515, el «botijo» apagaincendios del siglo XXI.

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Por @Alvy — 29 de Noviembre de 2021

It’s About Time

Me pareció muy curioso este trabajo de unos ingenieros de Oxford que se han dedicado a entrenar un algoritmo de aprendizaje automático (machine learning) para leer la hora en los relojes analógicos. Algo interesantemente retro si tenemos en cuenta que hoy en día muchos jóvenes no son capaces de leer este tipo con soltura, dado que han vivido desde que nacieron rodeados de relojes digitales.

Aunque este algoritmo pueda parecer una especie de «superpoder inútil» hay que tener en cuenta que funciona con cualquier tipo de reloj que aparezca en fotos, vídeos u otro tipo de imágenes. Y que aunque pueda parecer una tarea sencilla, porque «todos los relojes son iguales» (con su círculo de números que marcan las horas, una manecilla larga, otra corta…) la realidad es muy distinta: las esferas no son perfectas y se pueden ver desde diferentes ángulos, las tipografías que se usan varían mucho, la longitud y forma de las manecillas también es muy variable (y a veces también tienen segundero)… En fin, es el típico ejemplo de algo trivial para los humanos pero tirando a complicadillo para las máquinas.

Para entrenar el algoritmo empezaron con relojes simulados (que es como se suele hacer, para ganar tiempo y entrenar millones de posiciones) y luego ya fotografías reales. Las aplicaciones son bastante variadas, pero por ejemplo incluyen poder datar las fotografías y vídeos con más precisión, obtener un metadato extra que originalmente podría no estar presente (la hora exacta, o al menos la hora que se ve en la imagen) y muchas más. La precisión de diversas versiones de este algoritmo es de un 80 por ciento más o menos, así que hay espacio para la mejora. El trabajo completo se puede leer en arXiv: It’s About Time: Analog Clock Reading in the Wild [PDF].

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Por @Wicho — 28 de Noviembre de 2021

En un futuro remoto, tan remoto que la memoria Tierra no es más que una leyenda, la humanidad se ha expandido por la Vía Láctea en un Imperio Galáctico que abarca millones de mundos. En ese contexto el matemático Hari Seldon desarrolla la psicohistoria, una herramienta que le permite predecir el comportamiento futuro de grandes masas de población. Con ella determina que el Imperio va a caer sí o sí. Y con ella desarrolla un plan que tiene como objetivo conseguir que el periodo de oscuridad posterior a la caída del imperio vaya a durar 1.000 años frente a los 10.000 que durará de no haber ningún tipo de intervención.

La serie Fundación en Apple TV+ intenta adaptar esta historia. He terminado de ver la primera temporada un poco porque no me gusta dejar series a medias y un poco por cabezonería ver hacia dónde llevaban la trama. Porque si bien es cierto que la obra de Asimov tiene fama de ser complicada de adaptar en este caso no han tenido demasiados problemas porque esta Fundación no es Fundación. Es Asimov con cosas, como dijo Manuel Herrador. Fundación con demasiadas cosas como para que sea reconocible como tal.

Ojo que no tengo ningún problema con cosas como los cambios de género de algunos personajes, más bien todo lo contrario. Pero –y eso que hace años que leí la trilogía original y alguna de las novelas asociadas– los cambios que hacen con sus líneas argumentales y personalidades no sé muy bien a dónde están llevando ni a qué vienen. La relación de Salvor Hardin y Gaal Dornick, por ejemplo, me la tienen que justificar muy bien en futuras temporadas para ver si entiendo qué pinta. O lo de los emperadores Cleón clonados eternamente y por triplicado. O la explicación absolutamente chorras al conflicto entre los anacreontes y los thespin que además nadie parece conocer hasta que viene muy a mano para dar un giro a la historia.

Y aquí viene mi segundo mayor problema con esta adaptación: podía haber aceptado que Fundación en AppleTV+ se parece como una castaña a un huevo si la serie fuera entretenida y coherente y haberla disfrutado igual; me gusta Asimov pero tampoco hasta el fanatismo. Sin embargo hay agujeros e inconsistencias en el guión que se meten demasiado con mi suspensión de la incredulidad. O incluso contra la lógica. Como por ejemplo –ojo, pequeño spoiler– cuando los anacreontes van a Términus a buscar personas para la tripulación de una nave y entran a tiros en el pueblo sin saber quien es quién. «Vaya, le hemos pegado un tiro en la cabeza a la navegante que necesitábamos». Eso sí, la producción es excelente. Se nota que hay pasta.

¿Verá la segunda temporada? Seguramente. Pero con muchas dudas de que se vaya a parecer más a la Fundación que yo recuerdo.

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