Por @Alvy — 9 de Diciembre de 2018

¡Dios mío! Jorge García se entretuvo en añadir algunos efectos visuales con After Effects a esta prueba de velocidad de un Tesla Roadster con resultados tan apropiados como espectaculares.

El resultado no sólo dejan con la boca abierta, sino con la boca salivando y la sonrisa en la cara, como debe ser. Y es que eso de las «88 millas por hora» tiene es algo más que simbólico (si el coche va equipado con condensador de fluzo, claro).

Bonus: por los cuidados detalles como haber incorporado la secuencia en el teléfono móvil que está grabando, abajo a la izquierda.

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Por @Alvy — 9 de Diciembre de 2018

El lanzamiento de botellas (bottle flipping) tiene mucho de habilidad pero también de ciencia (véase la receta perfecta en La física del reto de la botella de agua, en La ciencia de la mula Francis. Quizá es por eso por lo que –como nos enseña este vídeo de Mashablelos robots resultan ser extremadamente buenos en la tarea de calcular, lanzar y acertar. Como tantas veces ha sucedido en los últimos años, nos dejan con la boca abierta.

Aunque la fiebre del bottle flipping ya pasó hace casi un año y la mayor parte de la muchachada dejó de lanzar botellas en los colegios, calles y parques a todas horas, todavía quedan algunos irreductibles dale que te pego (hoy me pasé la comida aguantando los tracatrá, tracatrá, tracatá de los vecinitos en la hamburguesería). En Japón el asunto se lo toman más en serio: como parte de la RoboCon Japón 2018) una de las competiciones consistía precisamente en diversas pruebas de lanzamiento de botellas: velocidad, precisión, altura…

Los robots suelen ser cajas con ruedas relativamente sencillas, con un mecanismo lanzador. Hay plataformas circulares colocadas a diversas alturas y los robotijos deben ser capaces de verlas con sus sensores y activar los mecanismos de lanzamiento con la potencia y ángulo adecuados; me imagino que tendrán un tiempo de «calentamiento y calibración». El vídeo es solo un resumen, pero los aciertos parecen sobrehumanos (tampoco vemos si fallan mucho, pero no parece que demasiado). Las botellas parecen rellenadas según la fórmula óptima: entre 1/4 y 1/3 de su volumen (probablemente los robots también las pesarán con total precisión).

Algunos de los robots son capaces de lanzar dos o tres botellas a la vez, otros las lanzan estando en movimiento. En una de las pruebas se ve a un robot acertando con ocho botellas sobre la misma plataforma (aunque con la novena hace caer a otra de las que ya estaban colocadas). Algunos parece que alcanzan los 4 o 5 metros de altura en sus parábolas y otros pueden hacer el legendario truco imposible de hacer que se pongan de pie cayendo «de morro» (01:01). Incluso hay uno que hace un lanzamiento altísimo, después la botella rebota en un mini-trampolín y acaba aterrizando en su sitio. ¿Suerte? No creo. Ni Guillermo Tell bottle flippando, oiga.

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Por @Wicho — 8 de Diciembre de 2018

COSTAR ya metida en el Hubble – NASA

A las 4:13 del 8 de diciembre de 1993, hora peninsular española, comenzaba uno de los paseos espaciales más importantes para la historia de la astronomía, el cuarto de la primera misión de mantenimiento del Telescopio espacial Hubble. El objetivo era que Thomas D. Akers y Kathryn C. Thornton instalaran la Óptica Correctiva de Sustitución Axial del Telescopio Espacial (COSTAR) en el Telescopio espacial Hubble, un dispositivo que por fin le iba a permitir enfocar bien.

Y es que a pesar de todas las precauciones supuestamente tomadas durante su construcción Perkin-Elmer, la empresa encargada de construir el espejo principal del Hubble, había cometido un error al pulirlo y sus bordes eran demasiado planos por 2,2 micras (una micra es la milésima parte de un milímetro). Esto hacía que sufriera de aberración esférica, con lo que los rayos de luz que venían del borde del espejo tenían su punto de enfoque en otro que los que venían del centro, lo que impedía al Hubble dar los resultados deseados.

La instalación de COSTAR fue un éxito y enseguida quedó claro que gracia a él el Hubble ya «veía» correctamente. Eso sí, tres años y pico después de su lanzamiento.

La galaxia M100 antes y después de COSTAR
La galaxia M100 antes y después de COSTAR - NASA

Con COSTAR en su sitio el Hubble pudo por fin responder a todas las expectativas en él depositadas y a lo largo de su carrera se ha convertido sin duda en una de las misiones espaciales que más han contribuido al avance de la ciencia. Van más de un millón –y contando– de observaciones para astrónomos y científicos de todo el mundo, que aún hoy en día hacen cola para usarlo.

Ese millón y pico de observaciones se ha traducido en más de 15.000 trabajos científicos que a su vez han sido citados en más de 700.000 ocasiones, trabajos que nos han permitido poner casi patas arriba nuestra idea del universo..

Como decía Javier Armentia, director del planetario de Pamplona, con motivo del 25 aniversario del lanzamiento del Hubble:

Los astrofísicos sabemos que gracias a los grandes telescopios terrestres que comenzaron a funcionar en los 80, y a los observatorios espaciales que, especialmente a partir del Hubble, permitieron observar a la vez desde muy distintos lugares, con gran capacidad de resolución y detalle, y sobre todo en un amplio rango de longitudes de onda, nació una nueva astrofísica y se desarrolló como nunca en la historia de la Astronomía. Los avances de estos últimos 25 años han sido tan poderosos que nuestra idea del Universo es ahora tan diferente que parece increíble que solo haya pasado un cuarto de siglo.

Pero, también, y no es algo menor al lado de los avances más científicos, hemos aprendido a amar un Cosmos sorprendentemente bello y misterioso.

Con el tiempo, y a lo largo de las cinco misiones de mantenimiento del Hubble que la NASA llevó a cabo, se fueron reemplazando los instrumentos de a bordo por otros más modernos o distintos que ya incorporaban la corrección óptica necesaria para contrarrestar el defecto del espejo principal, con lo que el COSTAR dejó de ser necesario y fue traído de vuelta a Tierra. Hoy en día se puede ver en el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos.

Drew Feustel retirando el COSTAR
Drew Feustel retirando el COSTAR durante la última misión de mantenimiento del ubble - NASA

Hoy en día los astrónomos de todo el mundo viven un poco en un sin vivir, ya que siguen pidiendo tiempo en el Hubble, más tiempo del que literalmente hay, intentando sacar todo el partido posible a este telescopio.

Pero es que desde la retirada del servicio de los transbordadores espaciales de la NASA ya no hay manera de enviar otra misión de mantenimiento, así que todos sabemos que el final del Hubble está más cerca que lejos, y de vez en cuando recibimos un recordatorio de esto.

Y el Telescopio espacial James Webb, que se retrasa continuamente, por ahora no es más que una promesa de futuro –aunque no es exactamente un sustituto del Hubble, pues «ve» en longitudes de onda distintas. Además, su proceso de despliegue una vez lanzado es tan complejo que da miedo.

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Por @Wicho — 8 de Diciembre de 2018

Con un pequeño retraso sobre el horario previsto inicialmente debido a un problema con la red TDRS que permite comunicarse con ella la cápsula de carga Dragon 16 fue capturada por el brazo robot de la Estación Espacial Internacional a las 13:21 del 8 de diciembre de 2018, hora peninsular española. Luego, ya manejándolo desde Houston, el brazo completó el acoplamiento de la Dragon en el módulo Harmony a las 16:36.

Van a bordo 2.573 kilos de experimentos, provisiones para la tripulación, incluyendo algún detallito navideño, y componentes para la Estación.

Está previsto que permanezca acoplada a la Estación hasta el 13 de enero de 2019, cuando volverá a Tierra para poner fin a la misión con un amerizaje frente a las costas de California. Traerá de vuelta unos 1.800 kilos de resultados de experimentos, hardware variado, y posesiones de los tripulantes.

Esta fecha de retorno ha hecho que la primera misión de prueba de una cápsula Dragon tripulada se haya visto retrasada al menos hasta el 17 de enero. Técnicamente nada impide que haya dos Dragon –o más– atracadas a la vez en la Estación siempre que haya puertos libres, pero para esta primera misión quieren estar centrados en ella exclusivamente.

Por su parte la primera etapa del Falcon 9 que puso en órbita la Dragon 16 y que terminó amerizando inesperadamente ya está en tierra. Está sorprendentemente intacta, aunque se ve que que la tobera de uno de los motores está machada, igual que la zona negra interetapas. Le falta también una de las patas, pero es posible que se la hayan quitado antes de entrar en puerto para evitar problemas con el calado.

Habrá que ver, de todos modos, si SpaceX se atreve a reutilizarla en el futuro para una misión propia de la empresa, como decía Elon Musk a los pocos minutos del amerizaje. Tendrán que evaluar si les sale a cuento revisarla y repararla –probablemente sí– pero también tendrán que ver si encuentran quien asegure el lanzamiento y si les dan los permisos para volver a lanzarla.

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