Por @Alvy — 27 de Julio de 2021

Atto

Atto es un Basic creado por James Livesey con el que se puede juguetear, hacer algunas cosas o simplemente recordar viejos tiempos. Funciona en el navegador y basta abrir la página en la que se aloja para empezar a hacer cosas. A pesar de que como el de tantos jóvenes de los años 80 fue mi primer lenguaje, no puedo recomendarlo y de hecho se dice de él que es prácticamente imposible enseñar programación correctamente con él y que «mutila la mente sin esperanza alguna de regeneración». Así que cuidadín.

Naturalmente, Atto es un poco diferente de los Basic a los que muchos conocimos. Para empezar los comandos se colorean automáticamente, lo cual sirve un poco de ayuda. Los programas se guardan automáticamente y se pueden recuperar de una sesión del navegador a otra usando LOAD. Las líneas de los programas (que van numeradas como de costumbre) se pueden editar con EDIT.

Por la parte de limitaciones: no se puede subir y bajar con el cursor, y ni el ratón ni las teclas de copiar-y-pegar hacen nada. Además de eso tiene comandos para dibujar fácilmente, al estilo del lenguaje Logo «el de la tortuguita», algo de sonido, algunas constantes (Pi, e…) y las funciones básicas (sin, cos, tan…. Se puede revisar la guía y un pequeño curso con HELP.

En fin, es una curiosa experiencia; nada práctico excepto quizá para enseñar algo a la muchachada o simplemente tener siempre a mano un intérprete Basic por si hay que epatar a las amistades.

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Por @Alvy — 26 de Julio de 2021

Pocas escenas hay tan espectaculares hoy en día como los aterrizajes de los cohetes de SpaceX, ya sea en tierra o sobre los espaciopuertos flotantes que los reciben con total precisión. Sin embargo, llevan arrastrando un problema desde el principio de sus aventuras frente al gran público: cuando están a punto de aterrizar… ¡adiós al enlace de vídeo! El clímax de la misión, los segundos críticos, el momento de máxima emoción… pasa a ser un pixelado de tonos amarillos, un cartel de «downlink lost» y cuando reaparece segundos después… el cohete ya está –normalmente- de pie perfectamente aterrizado. Un show interruptus en toda regla. Por suerte parece que SpaceX ya lo ha solucionado.

Como pudo verse medio por sorpresa en las imágenes de hace unos días de la misión GPS III Space Vehicle 05 ya no hay cortes, ni pixelados ni «problemas de la tecnología del pasado»: una retransmisión en vivo perfecta. Mucha gente estaba mosqueada –y con razón, diría yo– porque se suponía que esto era el futuro y es difícil imaginar cómo puedes enviar cohetes al espacio y hacerlos aterrizar de forma autónoma sin problemas y en cambio no puedes hacer una retransmisión en directo decente. Creo que en parte se debe a que hoy en día prima eso de «foto, o no existió» y lo mismo se aplica al vídeo. Incluso teorías conspiranoicas al respecto ha habido.

La solución que han encontrado en SpaceX está explicada en un estupendo vídeo de Primal Space. Allí se analizan los dos problemas principales y las dos soluciones que ha encontrado SpaceX:

  • La primera es la dificultad de que las dos señales del cohete (la telemetría y el vídeo de las cámaras a bordo) atraviesen la zona de calor y plasma que rodea la base del cohete durante la reentrada a 500 Km/h. Esta señales se transmiten en banda S, primero al centro de control, luego al espaciopuerto. La banda S atraviesa bien las nubes, pero no sucede lo mismo con el plasma generado, porque está en las mismas frecuencias. La solución que han encontrado es colocar los transmisores de banda S en una zona más alta de los cohetes, evitando así la base que es donde durante el frenado se acumula más plasma. De ese modo señales pueden «salir» sin problemas desde el cohete hasta la estación base en el espaciopuerto flotante.
  • El segundo problema es que el espaciopuerto debe retransmitir el vídeo a la central de Hawthorne (California) donde se remezcla con la telemetría y el audio de los comentaristas para luego ser distribuido a través de YouTube. En este caso el problema es que el espaciopuerto utiliza una antena direccional que apunta a un satélite de comunicaciones en órbita, pero los movimientos generados por los motores de propulsión del cohete al frenar sobre la barcaza hacen temblar las antena, de modo que se suele perder el enlace. Esas vibraciones pueden ser más grandes o menos, pero inevitablemente han arruinado muchas retransmisiones. Se podría usar otro barco cercano más estable (conectado con un cable a la barcaza flotante) pero sería caro y poco práctico. La solución que han encontrado es utilizar los satélites de Starlink —que también es un proyecto de Elon Musk– cuyas antenas emplean una tecnología que resulta más estable a la hora de garantizar la conexión; además de ancho de banda no van mal en casi cualquier lugar del planeta. Estas antenas «saltan» de un satélite a otro según sea la calidad de la señal, y la red Starlink puede bajarla a California sin problemas. Así que problema solucionado.

Ambas soluciones son muy prácticas y no demasiado caras, como en el caso de las cámaras en el aterrizador Perseverance, que eran casi de juguete. Muchas misiones espaciales no han trabajado hasta ahora mucho este aspecto porque «lo importante es volar», pero la realidad es que es algo más necesario a cada día que pasa. Vivimos en la era del vídeo y del espectáculo; un ejemplo perfecto han sido las imágenes de vídeo del rover chino Zhurong sobre Marte que han triunfado frente a las fotos estáticas de los rovers de la NASA y las pobres, escasas e insulsas tomas del dron marciano Ingenuity. Otro tanto se puede decir de los vuelos de Virgin Galactic y Blue Origin, con sus comentaristas, múltiples cámaras, previos, preparativos y todo el show business asociado.

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Por @Wicho — 26 de Julio de 2021

Con cuatro días de retraso sobre lo previsto inicialmente mientras se veía qué pasaba con Nauka el módulo Pirs de la Estación Espacial Internacional (EEI) se separaba de ella a las 12:55, hora peninsular española (UTC +2) del 26 de julio de 2021. Se encargaba de llevárselo consigo la cápsula de carga Progress MS-16. Y a las 16:51 los restos que pudieran quedar del módulo y la cápsula impactaban sobre el Punto Nemo en el océano Pacífico a miles de kilómetros de cualquier sitio, uniéndose a otros restos de naves espaciales que desde hace décadas se dejan caer en esa zona.

Esto ponía fin una misión que ha durado casi 20 años desde que Pirs se acopló a la EEI el 16 de septiembre de 2001. A lo largo de estos veinte años ha servido de puerto de atraque para cápsulas tripuladas Soyuz y para cápsulas de carga Progress y también ha sido utilizado como esclusa para acceder al exterior de la Estación para hacer paseos espaciales en el segmento ruso. Veinte años de servicio no están nada mal si se tiene en cuenta que la vida útil inicialmente programada para el módulo era de cinco años.

Pirs a su partida de la EEI – Oleg Novitski/Roscosmos
Pirs y la Progress MS-16 a su partida de la EEI – Oleg Novitski/Roscosmos

Pirs es el primer módulo de la Estación que se retira del servicio. Pero es por una buena causa: deja su sitio al módulo Nauka, que si todo va según lo previsto, y aún a pesar de los múltiples problemas que ha tenido una vez puesto en órbita, debería atracar en la EEI el jueves 29. Aunque antes el brazo robot de la Estación va a hacer un detallado estudio del puerto de atraque que ha quedado libre y de la zona que lo rodea por si hubiera que eliminar algún resto que pueda haber quedado. De ser necesario Novitski y Piotr Dubrov llevarían a cabo un paseo espacial para hacerlo.

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Por @Alvy — 25 de Julio de 2021

La teoría del caos es una de esas cuestiones matemático-físicas que es mucho más fácil «ver para entender» que leer páginas y páginas sobre el tema. Lo interesante es que además puede visualizarse de muchas formas y ni siquiera hay que crear software complejísimo para simular los cambios meteorológicos o algo parecido: basta algo de física básica como pelotas de goma, mesas de billar o ruedas con cubos de agua.

En este vídeo de Numerphile Matt Henderson muestra cómo se pueden escribir algunos de estos sencillos programas para crear animaciones con Mathematica, una de las herramientas más potentes para este tipo de cosas. Al mismo tiempo va explicando de dónde provienen los efectos, como en el caso de las pelotas de goma que rebotan y cuya diferencia de posición a partir del cuarto decimal hace que a los pocos segundos sus posiciones sean completamente caóticas.

La clave es que las pequeñas diferencias iniciales se amplifican exponencialmente. En el primer ejemplo es en la posición inicial, lo cual influye a su vez en el punto de rebote, de ahí al segundo punto de rebote, etcétera. Al cabo de unas cuantas interacciones es imposible saber por dónde va a ir la cosa – y la única forma de averiguarlo con exactitud es hacer todos los cálculos. Esto ya le pasó a Edward Lorenz en sus primitivas simulaciones meteorológicas y gracias a ello se dio cuenta que eran esos pequeños errores de redondeo tras muchas cifras decimales los que producían enormes diferencias a nivel macro con el paso del tiempo.

A mí me gusta mucho más el mismo efecto explicado con las bolas de colores y la mesa de billar ideal (rectangular) frente a la «mesa física» (convexa, o cónvaca, según se mire). Aquí una pequeña variación en la curvatura de las paredes hace que los rebotes de las bolas se conviertan en algo completamente impredecible a partir del cuarto o quinto golpe con las bandas.

Esto es algo que ya calculó con bastante ingenio el físico Michael Berry para mostrar cómo si se quisiera hacer un golpeo perfecto con 9 bolas una detrás de otra habría que tener en cuenta hasta la influencia gravitatoria de la persona que las golpea (¡y para 56 bolas requeriría tener en cuenta todas las partículas subatómicas del universo!)

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