Por @Wicho — 12 de Octubre de 2021

Portada de la primera edición de La guía del autoestopista galácticoEl 12 de octubre de 1979 salía a la venta la primera edición de La guía del autoestopista galáctico (The Hitchhiker's Guide to the Galaxy), la adaptación escrita por Douglas Adams del serial radiofónico del mismo nombre. Así que acaba de cumplir 42 años.

La novela narra las aventuras de Arthur Dent, un terrícola rescatado in extremis de la destrucción de la Tierra para construir una autopista espacial por su amigo Ford Prefect, que resulta ser un alienígena que lleva quince años en nuestro planeta como investigador de La guía del autoestopista galáctico. Sus aventuras les llevarán a descubrir el verdadero origen y propósito de la Tierra.

Es una de las novelas más divertidas que me haya echado nunca a la cara, y siempre la recomiendo para quienes dicen que no les interesa la ciencia ficción. Y es que, como toda buena ciencia ficción, La guía es una gran reflexión acerca de cómo somos. Pero envuelta en un humor sarcástico y a veces surrealista que si no te saca alguna carcajada durante su lectura deberías hacértelo mirar.

De hecho La guía del autoestopista galáctico vendió ni más ni menos que 250.000 copias en sus tres primeros meses. Que ni Juan Gómez Jurado, oiga. Y terminó convirtiéndose en el germen de una trilogía que terminó siendo una trilogía de seis libros, el último de ellos escrito por Eoin Colfer tras la prematura muerte de Adams. También hay una serie de televisión de la BBC de 1981 y Hulu está trabajando en una nueva serie que se estrenará en 2022; una película; cómics; versiones teatrales; juegos de ordenador…

Un verdadero regalo que si no conoces puedes aprovechar este significativo aniversario para hacerlo. Parafraseando a los delfines, «hasta luego y gracias por todas las risas»

(Gracias por el recordadorio, Nacho).

Ralacionado,

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Por @Alvy — 9 de Octubre de 2021

BuscoPueblo.com

Se podría decir que BuscoPueblo es como un Idealista de la España vaciada, un buscador de territorios abandonados (o casi) o un Airbnb de lo rural. Lo interesante es que aunque Diego –que es su creador y quien nos lo ha presentado– dice que todavía está en desarrollo y queda mucho por hacer, ya permite ver lo básico de la idea: una forma de encontrar pueblos españoles según las preferencias de cada cual y las características más inusuales que puedan desearse.

La forma en que funciona es una combinación de las ideas de diversas plataformas y apps similares, pero básicamente tiene todas estas funciones:

  • Un buscador de pueblos en base a criterios inusuales, como la demografía, la cercanía de hospitales o colegios, el número de habitantes (y si hay más jóvenes o mayores), su cercanía a la costa o si tiene cerca supermercados o buena conectividad (fibra, wifi). De este modo puede que alguien encuentre un lugar bien conectado para teletrabajar, con no mucha gente y cerca de un hospital, aunque no necesite que tenga cajeros automáticos o colegios porque no hay niños en la familia.
  • Una función de Match donde viendo fotos se pueden ir guardando pueblos para ir a visitarlos según la pinta que tengan por las fotos.
  • Anfitriones. Son lugares donde se puede ofrecer alojamiento para quien quiera conocer un pueblo; algunos son gratuitos y otros no, la idea es irse unos días o una temporada «para probar».
  • Comunidad. En la aplicación hay chat, descripciones editables, la posibilidad de subir fotos, y demás, de modo que se forme cierta comunidad en torno a lugares o estilos de vida.

La web es sencilla, rápida, funciona bien y permite verlo casi todo de un vistazo. Poco más se puede pedir. Aunque ya sabemos que la vida rural es algo que produce ensoñaciones idealizadas en mucha gente –y la realidad luego es muy distinta– y que no todo el mundo está preparado para esa «desconexión de la ciudad» y la vuelta a la vida sencilla y la naturaleza, quien quiera intentarlo aquí tiene una herramienta con la que empezar.

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Por @Alvy — 9 de Octubre de 2021

Tal vez porque todo en el mundillo del Bitcoin resulta un poco raro, enigmático y lioso es entendible que lleguen ahora un par de «iniciativas populares» no relacionadas entre sí pero que tienen en común la criptodivisa más popular. Una tiene buena pinta y la otra es quizá demasiado loca.

El símbolo satoshi

SatSymbol

La primera de ellas es el símbolo Satoshi. Un satoshi (SAT) es 1/100.000.000 de bitcoin, una cienmillonésima parte de bitcoin, la unidad más pequeña en que se puede dividir un bitcoin. Se le puso ese nombre en honor a Satoshi Nakamoto, la persona (o grupo de personas) que firmó el documento con los fundamentos de Bitcoin (el famoso paper titulado Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System). La idea al ponerle nombre a los satoshis era resolver el problema de darle nombre a esa granularidad. Al cambio 1 bitcoin equivale hoy en día a miles de dólares/euros; eso resulta poco intuitivo como medida para compras pequeñas y cotidianas de cara a su popularización (un café ~ 0,000017 bitcoins, por ejemplo). Así que usando una fracción más pequeña (como hacemos con los euros y los céntimos de euro) puede resultar más sencillo (1 café ~ 1700 satoshis)¹.

El caso es si bien el logo de Bitcoin de la B con dos barras al «estilo dólar» es bastante reconocible (fue creado y donado al dominio público por Bitboy allá por 2010, en BitcoinTalk), el satoshi todavía no tiene logo «oficial». La propuesta es un símbolo modificado sobre otro del unicode (el U+2250 = «se acerca al límite») que también recuerda al símbolo japonés de «abundante, pleno, lleno de recursos». En la página del símbolo Satoshi se puede ver una explicación gráfica y acceder a una tipografía que la incluye.

La notación Satcoma

SatSymbol

La otra iniciativa es el llamado estándar de notación satcoma para escribir las cifras relacionadas con Bitcoin. Esta sí que puede calificarse como pequeña ida de olla o incluso idea de bombero, porque supone combinar puntos decimales y comas separadoras de miles para escribir las cantidades relacionadas con bitcoin de una forma «novedosa». Como si no hubiera ya suficiente cacao entre la costumbre anglosajona y francoalemana de separar los decimales por un punto o una coma y quienes agrupan –o no agrupan– y marcan con comas, puntos o incluso espacios las cifras de los miles, millones, etcétera. (Aunque te sorprenda el espacio –pero sólo para números de más de 4 cifras– es la recomendación en español, del mismo modo que tanto el punto como la coma son válidos para los decimales).

Según esta idea, dado que Satoshi Nakamo tuvo la desafortunada idea de usar sólo 8 decimales en vez de 9 (que hubiera permitido agrupar más naturalmente de tres en tres) nos peleamos subconscientemente con la forma de rellenarlo y los cálculos (satoshis a bitcoins y al revés) son más complicados. La propuesta esa que se ponga primero el símbolo de bitcoin (₿) seguido de la parte entera de la cifra, un punto separador de decimales y luego los decimales agrupados de tres en tres pero separados por comas, y además rellenados a izquierda o derecha con ceros si es necesario.

SatSymbol«Las respuestas a mi iniciativa no han sido 100% positivas», ha afirmado su creador, quien le está dando una vuelta al asunto. El problema combina dificultad visual, las tradiciones y la granularidad a la hora de que las cantidades se «parezcan» a las que estamos acostumbrados, al menos en euros/dólares, porque en otros países es distinto. Esto por cierto me recordó al Juego del Calamar, una serie de televisión en la que tuve que consultar el valor del cambio de los wones surcoreanos, porque las cifras resultan un tanto desorbitadas si estás acostumbrado a los euros o dólares. A grandes rasgos a 1 EUR = 1.000 wones (más exactamente 1.384 wones), de modo que basta dividir siempre mentalmente por mil, para no perderse con los billetes y cifras que se mencionan.

El tiempo dirá si estas iniciativas prosperan, lo cual no tiene más importancia que la de haber visto cómo surgían y si se adoptan o caen en el olvido.

¹ - Que el bitcoin se pueda dividir en 100 millones como fracción mínima es una arbitrariedad marcada a fuego en el protocolo; podría haber sido más o menos, pero es la que es y según las épocas ha sido más conveniente o menos. En las cifras actuales en las que se mueve el bitcoin (1 bitcoin = 47.000 EUR) resulta que 1 EUR ~ 0,00002127 bitcoin ó 1 EUR = 2.127 satoshis. Ambas resultan un tanto incómodas para compararlas mentalmente con euros o dólares.

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Por @Alvy — 9 de Octubre de 2021

Resulta divertido ver este segmento de British Pathé (algo parecido al No-Do español) que data de 1967 acerca del Drivotrainer (Entrenaconductores), un curioso simulador de conducción para enseñar a la gente en las academias. La solución es ingeniosa: pequeños cochecitos con volante, pedales, palancas de cambio y otros botones con los que practicar «desde la seguridad de estar completamente parados».

En una clase de autoescuela cabían 15 de estos; la misma compañía que lo inventó (Aetna) en 1951 tenía otros chismes anteriores con nombres como Reactómetro, Carreterómetro. A me suena haber visto alguno parecido en España en los 70, pero hace décadas de aquello, igual era una idea similar pero más simplificada.

Con este simulador los novatos podrían comenzar por el simulador y aprobar el examen de conducir a la primera; para los profesores sería toda una tranquilidad ver cómo su vida no depende de un inoportuno ataque de nervios de los alumnos.

Según cuentan las lecciones eran de 90 minutos y básicamente permitían a los alumnos familiarizarse con los controles del vehículo, además de acostumbrarse a los protocolos y rutinas habituales al sentarse al volante. Los pedales variaban el volumen del ruido del motor y tenían cierta resistencia (algo como la respuesta háptica de la pantalla de los móviles) para que resultan realistas.

Un detalle interesante es que en las prácticas «estáticas» se proyectaba una película de conducción para crear cierta sensación de realidad, algo tosco pero efectivo. Además de eso los movimientos se grababan en una larga banda de papel perforado a modo de control de precisión, para saber si se había cambiado de marchas en los momentos adecuados y demás. En total se rodaron 22 películas y había una a modo de examen que duraba unos 25 minutos y cubría muchas situaciones. Lo de aparcar me imagino que iría en otro tipo de invento.

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