Por @Wicho — 8 de Octubre de 2026

Imagen de un iPhone mostrando el mensaje de que Bluesky ha sido taponadaMarcos nos escribió para hablarnos de tapón¹, una app para iOS que permite bloquear otras apps con un dispositivo físico para cuando necesitas un rato de concentración, para cuando te estás preparando para ir a la cama, o para lo que se te pueda ocurrir.

El proceso es muy sencillo: te bajas la app y vas configurando distintos perfiles en los que bloqueas las apps que quieras. A cada uno le pones el nombre que te de la gana. Y los activas o desactivas mediante el dispositivo físico mencionado en el párrafo anterior.

Que dicho así lo del dispositivo físico suena muy sofisticado pero puede ser alguno de los tapones impresos en 3D que puedes comprar en la web de tapón, aunque también puedes bajarte los modelos para imprimir en casa en 3D los tapones. O utilizar cualquier otro objeto que tengas por casa y te parezca adecuado. Que si, por ejemplo creas un perfil «A dormir», puede ser un lateral de la mesilla de noche.

Lo único que tienes que hacer en caso de escoger la opción casera es pegarle al objeto escogido una etiqueta NFC que tienes que añadir a la app mediante la opción Escribir nuevo tapón. Yo he probado estas y funcionan sin problemas.

Cada tapón o etiqueta NFC se asocian con uno de los perfiles que hayas creado. Para activar un perfil determinado tienes que abrir la app y pulsar el botón para escanear el tapón u objeto con etiqueta asociado. Para desactivarlo tienes que volver a escanear el tapón o la etiqueta.

Otra opción es programar una hora para que se active automáticamente a una hora determinada el o los días de la semana que quieras. Pero para desactivarlo tendrás que usar el tapón asociado con él.

También tienes la opción de programar hasta cinco desbloqueos de emergencia en cada perfil que duran de cuatro a quince minutos para poder saltarte sus limitaciones aunque no tengas a mano el tapón.

Y sí, todo esto puedes hacerlo con la opción de Tiempo de uso de iOS. Pero es bastante más coñazo –y a la vez fácil de saltárselo– con lo que probablemente al final no lo uses. Y también puedes hacerlo con productos como Brick que te cobra 64 euros por cada cacharro equivalente al tapón. Las etiquetas NFC cuestan unos céntimos cada una, así que tienes mucha más flexibilidad a la hora de crear perfiles y perfiles y perfiles.

Marcos nos dice que escribió la app para él y para su mujer y que luego, a sugerencia de unos amigos, decidió publicarla para que cualquiera pudiera utilizarla y que su idea es que sea gratis para siempre, que sabe que no se va a hacer rico con esto.

Yo añado que si algún día se aburre no habrás perdido más que unos céntimos de las etiquetas o unos euros si le compras los tapones a él. Así que anímate a probarlo si ves que el doomscrolling te roba demasiado tiempo.

_____
¹ ¿Que por quñe tapón? Pues porque es un objeto que siempre tenemos por casa y que tiene un tamaño ideal para pegarle una etiqueta NFC.


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 8 de Octubre de 2026

Pingüinos barbijo / Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN) / CSIC

Las colonias de pingüinos barbijo antárticos tienen una contribución inesperada al ciclo del metano: sus excrementos producen 490.000 toneladas de metano al año. Un equipo del CSIC y la Universidad de Granada ha medido las emisiones en dos colonias de la isla Decepción y han calculado el dato, que ahora se ha publicado en Nature. Así que estas simpáticas aves no solo dejan huellas en la nieve: también dejan «trabajo» a los microbios que descomponen sus excrementos y generan el gas. Ese metano, como el de los pedos de las vacas, retiene el calor en la atmósfera y contribuye al calentamiento global con más «eficacia» que el CO₂, aunque permanece menos tiempo en el aire. Algo es algo.

Equipados con drones y sensores, el equipo de investigadores cartografió las colonias y el terreno afectado. Al calcular la superficie total en donde los pingüinos «cagones» influyen en el suelo, la estimación podría acercarse a los 7 millones de toneladas anuales. Esto es una cifra del mismo orden que las emisiones atribuidas a las termitas en todo el mundo.

Todavía habría que afinarla la cifra, pero todo apunta a que esta actividad natural y perentoria de los pingüinos son una fuente natural inesperada que no figuraba en los inventarios globales. En la Antártida, hasta los organismos más aparentemente inofensivos dejan su huella, en este caso los pingüinos, en forma de metano. [Fuentes: Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) + Methane emissions from penguin colonies reshape the natural greenhouse gas budget.]


PUBLICIDAD


Por @Wicho — 8 de Octubre de 2026

La NASA acaba de publicar el vídeo de la reentrada y amerizaje de la cápsula Orión de la misión Artemisa II, que volvió a casa el pasado 11 de abril, grabado por una GoPro Hero 4 Black. En concreto de la denominada Cabcam2, que iba instalada en la ventanilla del piloto. Iban más cámaras a bordo pero esos vídeos aún no están disponibles.

Aunque la versión aquí embebida es la procesada por Simeon Schmauß, que sabe un montón y medio de estas cosas, para eliminar la distorsión causada por el modo en el que fue grabado el vídeo y que si no haces nada distorsiona el horizonte.

El vídeo comienza con la cápsula a unos 2.000 kilómetros de altitud y a una velocidad de unos 33.000 kilómetros por hora. La reentrada propiamente dicha comienza unos 10 minutos más tarde, cuando la Orión alcanza la interfaz de entrada a una altitud de 122 km volando a algo menos de 40.000 kph.

En el punto de vista de esta cámara es especialmente llamativa la cola de plasma que va dejando la cápsula tras sí. Y las oscilaciones de lado a lado que se ven mientras maniobra para dirigirse a su zona de amerizaje. Se oye –más o menos, más bien menos– a la tripulación y a Jenny Gibbons mientras habla con ellos. Pero lo que se oye perfectamente es el golpeteo de los motores de maniobra cuando se activan.

La trayectoria de reentrada fue modificada respecto a la de Artemisa I porque en la primera el escudo térmico de la cápsula resultó bastante dañado, lo que de hecho contribuyó a que se retrasara el lanzamiento de Artemisa II. Pero todo indica que fue un cambio extremadamente efectivo: de más de 100 sitios en los que el escudo perdió material la nueva trayectoria redujo los daños a sólo nueve, menos profundos además.

Fue un final perfecto para una misión en la que el problema más serio estuvo en el mal funcionamiento del retrete.

Aunque en cualquier caso da un poco igual ya que para futuras misiones las Orión llevarán un escudo térmico distinto. Y además Artemisa III, planeada para no antes de junio de 2027, será una misión en órbita baja terrestre, con lo que la velocidad de reentrada será mucho menor. Lo que tampoco es mala idea para probar el funcionamiento de ese nuevo escudo.

Relacionado,


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 8 de Octubre de 2026

La radiación de las antenas de telefonía comparadas con una bombilla del salón (CC0) Alvy

En la charleta de bar del otro día salió el tema de las antenas de telefonía del barrio, que son muy llamativas por su ubicación en un edificio de viviendas, justo enfrente precisamente de la terraza del bar (no son nuevas, pero deben ser 5G+4G). Tuve que oír cosas <dramatización> como: ¿Son peligrosas? ¿Nos dañarán el ADN? ¿Nos darán cáncer, nos saldrán antenas y tentáculos? En fin, cosas que surgen cuando no hay nada mejor de lo que hablar, supongo.

Ya hemos explicado por aquí más de una vez que este tipo de antenas no son peligrosas y que aunque moriremos todos tarde o temprano, no será por las antenas. ¿Permitiría el ayuntamiento que hubiera equipos peligrosísimos para la salud de los ciudadanos por toda la ciudad? ¿Rayos de la muerte cruzando de un lado a otro de la calle? Pues, hombre… va a ser que no.

Cuestión de radiaciones

Este tipo de antenas tan comunes emiten lo que se llama radiación no ionizante, como la luz visible de una bombilla o los infrarrojos de un mando a distancia. «Radiación» significa que la energía viaja mediante ondas; no implica radiactividad. Y «no ionizante» significa que cada fotón (que son como paquetes de energía), carece de energía suficiente como para llegar a arrancar los electrones de los átomos cuando choca con ellos. Por comparar, los rayos X sí que pueden hacerlo; por eso se tiene mucho cuidado con exponerse demasiado a ellos. Pero las ondas de telefonía no son rayos x y, simplemente, no pueden dañar el ADN.

Si queremos una comparación cotidiana la tenemos en el salón: encender una bombilla también nos expone a radiación no ionizante. Sus fotones tienen más energía que los de telefonía, aunque eso no determina por sí solo el riesgo. Importan la intensidad y cuánto absorbe el cuerpo. Una lámpara infrarroja (como las de broncearse o las que se usan en algunos terrarios) puede calentar; una radiofrecuencia suficientemente intensa también. Por eso hay límites de exposición. Pero «no ionizante» significa precisamente que es inocua a cualquier potencia.

Según la ICNIRP (la Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante), las investigaciones sobre cómo afecta a las personas la exposición normal a las estaciones base de telefonía no aportan pruebas concluyentes de que haya efectos perjudiciales. Y la OMS (Organización Mundial de la Salud) explica que el calentamiento es insignificante.

Así que queda claro: se puede vivir rodeado de antenas base sin mayores problemas. Las conspiranoias sobre antenas que fríen cerebros, o reprograman la mente en algunas versiones más extremas, necesitarían algo más que flechas rojas sobre una foto de baja calidad reenviada cien veces. Ojalá el 5G controlase nuestras mentes… Así podría usarse para conseguir que recordásemos las contraseñas.

Relacionados:


PUBLICIDAD