Por @Wicho — 21 de Mayo de 2019

Está haciendo las rondas una noticia que dice que Hermeus, una empresa fundada por, entre otros, algunos ex-empleados de Blue Origin y SpaceX, acaba de conseguir dinero para empezar el desarrollo de un avión de pasajeros supersónico.

No dicen cuanto dinero han obtenido. Y tampoco dan mucha información acerca del avión que quieren construir más allá de que será capaz de volar a Mach 5 con lo que será capaz de enlazar Nueva York y París en 90 minutos. Aunque se supone que con el dinero que han conseguido desarrollarán un demostrador del sistema de propulsión y algunos otras tecnologías necesarias.

Pero el vuelo hipersónico es complicado. Y más a Mach 5. Un avión así necesitaría de materiales para su construcción que no son precisamente los que se usan en los aviones comerciales en servicio. Por no hablar de unos motores que no existen a pesar de años y años de esfuerzos de la industria aeronáutica por desarrollarlos. Y eso sin meternos en temas regulatorios sobre el impacto sonoro que puede tener un avión volando a Mach 5 –la NASA está ahora mismo trabajando en ello pero a velocidades más reducidas–.

Y además el vuelo hipersónico es caro. Los pocos aviones hay en servicio en la actualidad que puedan superar Mach 2 son aviones militares para los que el coste de operación no es precisamente el factor principal. El único avión supersónico de pasajeros que operó con regularidad fue el Concorde, avión que fue retirado porque no era económico de operar.

Así que estoy dispuesto a apostar gallifantes contra euros a que en pocos años Hermeus habrá desparecido –junto con el dinero de estos inversores iniciales– sin haber hecho volar nada o se habrá convertido en otra cosa. Como por ejemplo le sucedió a Flexjet.

Allá por 2015 Flexjet iba a desarrollar el Aerion AS2, un avión capaz de volar a Mach 1,5 –algo mucho menos ambicioso que lo de Hermeus– y hoy en día es una empresa de alquiler de reactores privados sin que en su web se pueda encontrar mención alguna al Aerion.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 20 de Mayo de 2019

El Apolo 11 rumbo a la plataforma 39A

A las 12:30 locales del 20 de mayo de 1969 el Saturno V AS-506 con el Módulo de mando CM-107 y el Módulo lunar LM-5 montados en su parte superior abandonaba el Edificio de ensamblado de vehículos montado en uno de los transportes de orugas de la NASA.

Unas cinco horas después llegaba a la plataforma de lanzamiento 39A del Centro Espacial Kennedy, de la que ya no saldría hasta el 16 de julio a las 13:32:00 UTC en la misión Apolo 11, que nos llevaría por primera vez a la Luna.

Esos transportes oruga, convenientemente modificados, se usaron para el programa de los transbordadores espaciales de la NASA y, de nuevo convenientemente modificados, se están usando para el Space Launch System.

La plataforma de lanzamiento 39A, también convenientemente modificada, fue utilizada para lanzar esos mismos transbordadores espaciales –de ella despegó el Atlantis en la misión STS-135, la última de estas naves–. Y ahora ha sido modificada para lanzar algún día la primera Crew Dragon tripulada.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 20 de Mayo de 2019

Imagen por ordenador que recrea el Gran K
Imagen por ordenador que recrea el Gran K – Greg L

No recuerdo exactamente la definición de kilogramo que estudié en el colegio. Pero era parecida a esta, sacada de la Wikipedia: «su patrón se define como la masa que tiene el patrón internacional, compuesto de una aleación de platino e iridio, que se guarda en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas en Sèvres, cerca de París (Francia)».

Pero ese patrón y otras copias que hay repartidas por el mundo han ido cambiando de masa muy ligeramente debido a las manipulaciones a las que ha sido sometido en los 130 años que lleva en servicio. La variación es superior a 50 microgramos, lo que en nuestra vida diaria es irrelevante. Pero para «acer la cencia» con la precisión que se necesita esto es inaceptable

Así que tras años de darle vueltas para encontrar una definición que no dependiera de un objeto físico y por tanto sujeto a cambios en 2011 la Conferencia General de Pesas y Medidas decidió que el kilogramo pasaría a basarse en la definición de la constante de Planck.

Esta constante relaciona la energía de un fotón –una partícula de luz– con su frecuencia. Y dado que energía y masa están íntimamente relacionadas según la famosa ecuación E=mc2 de Einstein los científicos pensaron que la constante de Planck podía servir para definir un kilo.

Pero tuvieron que esperar a la 26ª Conferencia General de Pesos y Medidas, celebrada en noviembre de 2018, para poder anunciar que se habían conseguido hacer mediciones lo suficientemente precisas –gracias a las balanzas de Kibble– como para poder acordar esa nueva definición del kilo basada en las constante de Planck.

Imagen por ordenador que recrea el Gran K
Balanza de Kibble NIST-4

Con las mediciones facilitadas por la NIST–4, que empezó a funcionar en 2015, y otras similares que permitieron medir la constante de Planck con la suficiente precisión –13 partes por billón en 2017 en el caso de la NIST–4– los científicos acordaron definir la contante como 6.62607015×10−34 kg⋅m2⋅s−1.

Suena raro pero así el kilogramo queda definido en función del metro y del segundo, que a su vez están definidos en función de constantes físicas. Y por tanto el kilo pasa a quedar definido también por completo en función de constantes físicas que nunca cambiarán.

Y ese cambio entra en vigor hoy, 20 de mayo de 2019.

Adiós, «platino lidiado», hola nuevas barbaridades que saldrán en los exámenes a partir de ahora. Porque por ejemplo ahora podemos decir que un kilogramo es la masa de 1,4755214×1040 fotones emitidos los átomos de cesio utilizados en los relojes atómicos.

(El dato de los porrocientos fotones vía National Geographic).

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 20 de Mayo de 2019

El físico por la Universidad de Zaragoza Iñaki Echeverría, que actualmente se está doctorando en la Universidad de Navarra, ha ganado Famelab España 2019 con Déjame salir. Es un monólogo en el que nos intenta convencer, como dice la sabiduría popular, de que las prisas a menudo son malas. Sobre todo si tienes prisa para evacuar un recinto en una situación de emergencia. E incluso de que la presencia de obstáculos por medio puede acelerar la evacuación. O no.

Iñaki participará ahora en la final internacional que se celebrará en el Festival de Cheltenham de Ciencia en junio de 2019.

En segundo puesto fue para Mariola Penadés Fon con su monólogo El silencio de mis neuronas en el que explica el mecanismo neuronal por el cual inhibimos la percepción de nuestros propios estímulos sensoriales. Que por qué nos quedamos empanados, vaya.

El tercero fue para Kevin Fernández-Cosials, quien en su monólogo Risky Bussines explicó cómo influye en el diseño de los sistemas de seguridad la percepción del riesgo que tenemos de los accidentes.

Famelab España es una iniciativa de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y el British Council, con la colaboración de la Obra Social «la Caixa».

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear