Por @Alvy — 9 de Septiembre de 2026

Spaceships, el Asteroids al revés, donde no eres la nave, sino el campo gravitatorio que dirige los asteroides

En Spaceships, a Trey Bastian se le ocurrió crear una innovadora versión de Asteroids en la que el jugador no controla la nave: controla los campos gravitatorios que afectan a los asteroides. Eso sí: el juego tiene todo el look del clásico, gráficos vectoriales fosforescentes simulados incluidos, y también las rítmicas notas graves electrónicas que acompañan como música de fondo y se van acelerando, para recrear la experiencia al 100%.

La primera pantalla comienza con tres asteroides y una nave enemiga. El objetivo es colocar «pozos de gravedad» para curvar sus trayectorias, convirtiéndolos en proyectiles. El objetivo no es sobrevivir a los asteroides, sino destruir las naves y procurar que queden asteroides suficientes para embestir a cuantas más naves mejor antes de que pulvericen las piedras con sus disparos láser.

Cada pozo gravitatorio dura unos 2,5 segundos y consume energía (que es limitada). Se pueden «detonar» antes de tiempo para dar un último empujón a los asteroides que estén más cerca de las naves. Puede haber hasta tres a la vez, de modo que aquello acaba pareciéndose menos a un videojuego y más a dibujar tirachinas invisibles en el espacio. Según se avanzan pantallas aparecen más naves, aparecen algunas que persiguen los asteroides grandes, atacan los pozos o llevan blindaje. El marcador va contabilizando las naves destruidas y cuántas pantallas se superan.

Se pueden configurar algunos detalles del juego: el sonido, las estelas y el brillo, entre otros, y además se puede jugar vinculándolo a una cuenta de Bluesky para aparecer en las tablas de récords. El título no exagera: las naves están ahí para que hagamos con los asteroides lo que normalmente hacían con nosotros.

(Vía Kottke.)

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Por @Alvy — 9 de Septiembre de 2026

BNE Digital

No tenía yo muy ubicada la BNE Digital; se ve que se me quedó en los «enlaces para revisar» en algún momento en que la renovaron (creo que enero de 2026) y no le dediqué mucho tiempo. Pero más vale tarde que nunca. Se trata de la plataforma de colecciones digitales de la Biblioteca Nacional de España donde se reúnen en un mismo lugar todo lo que está digitalizado (y además, es de todos). Hay más de 400.000 obras de distintas épocas y formatos, suficientes para entrar a consultar algo y salir con una investigación sobre cartografía antigua que nadie te había encargado.

Desde octubre de 2025 integra los fondos de la Biblioteca Digital Hispánica, las búsquedas de la Hemeroteca Digital y las publicaciones nacidas ya como digitales. La idea es poder explorar desde el navegador todo tipo de libros, manuscritos, mapas, fotografías, partituras musicales y grabaciones sin tener que peregrinar entre varios portales.

BNE Digital

La parte histórica incluye más de 35 millones de páginas digitalizadas, con libros impresos de los siglos XV al XX, dibujos, carteles, grabados y atlas, entre otros materiales. Las obras de dominio público (también hay muchas con licencia Creative Commons, es grato encontrarlo ahí) se pueden consultar y descargar gratuitamente, en formatos PDF, JPEG y similares, por páginas o completas. Como suelo hacer me voy a lo que conozco para ver lo que completo que puede estar y qué opciones ofrece; las cartografías, por ejemplo, son abundantes y de obras como La odisea, ahora tan de moda, hay más de 30 ediciones con diversas traducciones, tanto en español como en griego.

Seguir leyendo: «BNE Digital, más de 400.000 obras para abrir pestañas una tras otra y perder la noción del tiempo»


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Por @Alvy — 9 de Septiembre de 2026

Aceleración de la gravedad terrestre según la distancia al centro de la Tierra / Basado en una imagen de Fermat's Library

Podemos intuir que es normal que la aceleración de la gravedad terrestre no sea exactamente 9,8 m/s² en todas partes, debido a aquello de que la Tierra no es exactamente una esfera sino más bien una esfera achatada estilo «patata». Hay lugares de la superficie a diferente altitud sobre el nivel del mar, y están la rotación terrestre y la propia composición irregular del interior del planeta. Pero hay un dato al respecto mucho más curioso y contraintuitivo.

Resulta que si comenzaras a excavar y profundizar bajo tierra, podrías observar cómo la gravedad puede alcanzar los 10,7 m/s², casi un 10% más de lo normal. Esto sucedería bajando 2.890 km, hasta el límite entre el núcleo externo y el manto inferior. De ahí en adelante, eso sí, la gravedad iría disminuyendo poco a poco como cabría suponer, hasta llegar a ser exactamente cero al llegar al centro del planeta.

Esta curiosidad la descubrí hace tiempo en una nota de Fermat’s Library donde se explica que esto se debe a la mayor densidad del núcleo. En otras palabras: al profundizar y acercarse al centro la menor distancia al centro tiende a aumentar la atracción; esa atracción depende de toda la masa encerrada entre tu posición y el centro, incluido el núcleo, mucho más denso que el manto.

Una interesante propiedad matemático-geométrica para hacer estos cálculos («suponiendo una tierra esférica…») es que todo lo que queda «por fuera» (es decir, desde la capa imaginaria que envuelve el punto en el que estás hacia el exterior) se compensa gravitatoriamente y se anula. Una vez dentro del núcleo, cuanto más bajas, menos masa queda entre tu posición y el centro. Esa masa disminuye lo bastante deprisa como para que la gravedad se reduzca a pesar de que estés cada vez más cerca del centro, donde acaba siendo cero.

Todo esto coincide con el modelo geofísico de referencia PREM que es el que usan los expertos.

Y sobre la superficie… ¿cuánto cambia la gravedad?

Consulté también por curiosidad los valores extremos tiene la gravedad sobre la superficie de la Tierra, que llegan a variar un 0,7% de un sitio a otro, y alguna que otra curiosidad:

  • El valor convencional (fijado por el NIST) es 9,80665 m/s².
  • En el nevado Huascarán (Perú, a 6.757 metros sobre el nivel del mar) se han medido 9,7639 m/s².
  • En el océano Ártico se ha calculado en 9,8337 m/s².
  • En el Ecuador es de unos 9,780 m/s². Esto es porque está «ensanchado» unos 21 km respecto a los meridianos, y además el efecto centrífugo de la rotación terrestre hace disminuir el valor aparente.
  • En los polos es de 9,832 m/s² (una diferencia del 0,53% respecto al ecuador.
  • Cuanto más alto, menor gravedad. Se puede calcular en unos 0,003 m/s² por cada kilómetro de altura.
  • Geología: las montañas, fosas oceánicas y ciertas diferencias de densidad en la corteza y el manto producen pequeñas anomalías locales, que se han mapeado pero son muy pequeñas.
  • En Madrid, curiosamente y con alguna que otra variación según la altitud, tenemos 9,800 m/s², un valor que podría considerarse bastante redondo.

Con todos estos datos, podría decirse que moverte por la superficie del planeta no te adelgazará demasiado en una báscula (unos 560 gramos como mucho) pero bajar al centro de la Tierra sí que funcionaría, aunque el trabajo de excavación sería titánico… y durante los primeros 2.890 km podría incluso parecerte que te han timado, porque pesarías más.

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Por @Alvy — 9 de Septiembre de 2026

Alan Bean en el ATMDC del Skylab / NASAEl Skylab fue la primera estación espacial estadounidense, un laboratorio que la NASA lanzó al espacio en 1973 para estudiar el Sol, observar la Tierra y comprobar cómo se desenvolvían los humanos en estancias prolongadas en órbita. Durante 171 días trabajaron allí tres tripulaciones, hasta 1974. Luego permaneció en órbita hasta los seis años, 1979.

IBM suministró los ordenadores que controlaban su orientación y la de sus instrumentos, los llamados ATMDC (Apollo Telescope Mount Digital Computer). Su historia aparece en The Skylab Computer System, un capítulo de Computers in Spaceflight: The NASA Experience, de James E. Tomayko y tiene algunas anécdotas muy buenas.

Un ordenador potente para la época

El sistema llevaba dos ATMDC, basados en el procesador TC-1 de la familia IBM 4Pi. Eran máquinas de 16 bits con 32 KB de memoria cada una (menos que un Commodore C-64, vamos). Una trabajaba y la otra permanecía apagada como reserva. Lo de tener un ordenador de repuesto ya era buena idea antes de que existieran las «actualizaciones automáticas». Hay que tener en cuenta el estado de la informática en aquella época; por situarnos, podrían haber elegido un PDP-8, un PDP-11 o quizá un HP 2116A, que eran lo más de lo más.

El estreno del Skylab fue bastante más emocionante de lo recomendable, para susto de todos. Durante el lanzamiento se perdió un panel solar, otro se quedó atascado y la estación sufrió daños en su protección térmica. Los controladores tuvieron que utilizar el ordenador durante dos semanas para mantener un equilibrio entre generar electricidad y evitar que el laboratorio se recalentara mientras preparaban las reparaciones que llevaría la primera tripulación. ¿Cómo se resolvió todo aquello?

Seguir leyendo: «El Skylab y el ordenador de IBM que despertó tras cuatro años como si el tiempo no hubiera transcurrido»


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