Por @Alvy — 20 de Octubre de 2026

El Atlas del ciberespacio, un precioso libro ilustrado que muestra el aspecto de internet allá por 2001

Andaba ordenando, limpiando y catalogando los libros de mi biblioteca (sí, es algo que hay que hacer de vez en cuando) cuando me topé con el Atlas of Cyberspace, de Martin Dodge y Rob Kitchin (Addison-Wesley, 2002). Es un enorme volumen de tapa dura, ya descatalogado, de esos de tener cerca de la mesa de lectura para hojear de vez en cuando. Son 268 páginas a todo color que sirven como una fotografía de una época, mostrando lo que era internet hacia 2001: mapas, esquemas, bocetos y capturas de pantalla.

Lo mejor es que durante mi catalogación me apareció que los autores tienen en su web una versión Creative Commons gratuita y descargable en PDF; en realidad dos, una en baja y otra en alta resolución. Naturalmente, es más bonito el papel grueso y brillante, pero como es difícil de encontrar, han hecho bien en liberarlo para deleite de aficionados, estudiosos y amantes del mundo digital:

El libro está organizado en seis capítulos, cuatro de ellos dedicados a las grandes formas de representar Internet: infraestructuras y tráfico, la Web, conversaciones y comunidades, y visiones artísticas del ciberespacio. Están los primeros esquemas de Arpanet y subsiguientes mapas lógicos pero también mapas de cables submarinos, conexiones entre servidores, representaciones tridimensionales de páginas web y diagramas de las relaciones entre usuarios.

El Atlas del ciberespacio

En la última parte también aparecen capturas de mundos virtuales, lo que vendría a ser el espíritu del ciberespacio, salas de chat y otros espacios digitales que hoy tienen cierto encanto arqueológico. Algunos son auténticas obras de arte; otras recuerdan a los gráficos futuristas de las películas de ciencia ficción; de hecho Matrix (1999) y Tron (1982) andan por ahí mencionadas.

Lo más interesante es contemplar estas representaciones de Internet de 25 años con los ojos de hoy. Muchas redes y servicios desaparecieron o están en desuso (Gopher, WAIS, Archie…) mientras que algunas ideas visuales anticipaban técnicas de navegación que todavía utilizamos hoy en día. Como en los antiguos mapas de los exploradores, había territorios conocidos, rutas por descubrir y enormes espacios en blanco. En la red, en lugar de monstruos marinos, había routers, servidores y comunidades de internautas por descubrir, la mayoría amigables, otras no tanto.

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Por @Wicho — 19 de Octubre de 2026

Un cohete H3-24 ha despegado hace un par de horas de la plataforma de lanzamiento LA-Y2 del Centro espacial de Tanegashima en Japón para poner rumbo a Marte la misión MMX (Martian Moons Exploration, Exploración de las lunas marcianas) de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). Colaboran en ella la Agencia Espacial Europea (ESA), la NASA, el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) francés, y el Centro Aeroespacial Alemán (DLR).

El objetivo es estudiar Fobos, la luna más grande de Marte, y traer muestras de su superficie de vuelta a la Tierra. Aunque también le echará un ojo a Deimos cuando empiece el camino de regreso. También está previsto que deposite el rover Idefix, desarrollado por el CNES y el DLR, sobre la superficie de Fobos.

La descripción
Impresión artística de Idefix en Fobos – JAXA/CNES/DLR

Si todo va según lo previsto MMX entrará en órbita alrededor de Marte en agosto de 2027 y se convertirá en un cuasisatélite de Fobos en septiembre. Idefix, por su parte, aterrizará sobre la superficie de la luna a principios de 2029 para una misión de 100 días en los que estudiará la composición de su superficie. Su datos servirán también para determinar dónde se tomarán las muestras en 2030, muestras que aterrizarán en el desierto en Australia en 2031. Se espera que traiga al menos 10 gramos.

La sonda MMX, con un peso de poco menos de 4,5 toneladas, se compone de tres partes: el módulo de propulsión, el módulo de retorno y el módulo de exploración. En total monta once instrumentos, siete en el módulo de exploración y cuatro en Idefix.

La descripción
De izquierda a derecha el módulo de propulsión, el de retorno y el de exploración – JAXA

Es una misión de primeros, pues será la primera misión en «orbitar» Fobos, la primera en tomar muestras de una luna que no sea la Luna, y la primera en traerlas de vuelta a la Tierra. Rusia lo intentó con la sonda Fobos-Grunt, que fue lanzada en 2011. Pero un fallo en el software de la segunda etapa del cohete que la lanzó la dejó varada en órbita terrestre, con lo que terminó haciendo una reentrada no controlada en la atmósfera terrestre.

Japón, por su parte, ya ha traído a tierra muestras de dos asteroides: de Itokawa con la misión Hayabusa y de Ryugu con Hayabusa 2.

La idea es que con los datos que obtenga MMX y con el análisis de las muestras que traiga podamos hacernos una idea de cómo se formaron y de qué están compuestas Fobos y Deimos, lo que a su vez nos ayudará a saber más de la historia de nuestro sistema solar.

Mientras, el congreso de los Estados Unidos ha cancelado a todos los efectos la misión de retorno de muestras de Marte de la NASA, así que todo indica que será China quien lo consiga primero con la misión Tianwen-3.


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Por @Alvy — 19 de Octubre de 2026

Cuando Timothy Leary y William Gibson trolearon a Autodesk por intentar registrar el término Ciberespacio™

Uno de los protagonistas ha narrado en su blog una historia de esas antiguas como la internet primigenia y, en cierto modo, prescrita por el paso del tiempo, protagonizada por el mismísimo William Gibson, autor entre otros de novelas y relatos míticos de la ciencia-ficción como La máquina diferencial, Quemando cromo, Johnny Mnemonic, o Neuromante.

En Quemando cromo (1982) acuñó por primera vez el término Cyberspace (ciberespacio) para referirse a un dispositivo informático en un entorno de realidad virtual al que acceden los hackers. Y lo popularizó dos años después con Neuromante (1984), donde se usaba en el sentido moderno al referirse al mundo de la realidad virtual y las redes digitales de los ordenadores de todo el mundo interconectados.

Pero años después, en 1989, parece que Autodesk (la empresa creadora de AutoCAD) intentó registrar como marca comercial la palabra «cyberspace». Gibson se enteró y protestó a través de sus abogados. De Ciberespacio™, nada, les dijo: la palabra se identifica con el trabajo de Gibson y entre los aficionados y profesionales informáticos.

El asunto se enredó cuando surgió el rumor de que, como venganza, Gibson había intentado registrar el nombre «Eric Gullichsen», uno de los trabajadores de Autodesk que estaba trabajando en un proyecto de Realidad Virtual para la compañía. Esa historia era una troleada mayúscula de Timothy Leary, también escritor y promotor de sustancias psicodélicas como el LSD, y fue amplificada por Rudy Rucker, otro de los creadores de la corriente ciberpunk. También ayudó a que circulara el no menos socarrón John Perry Barlow, autor de la mismísima Declaración de Independencia del Ciberespacio.

El caso es que Gullichsen acabó conoció personalmente a Gibson durante el Art Futura 1990, en Barcelona. Acabaron reconciliándose entre fiestas y copas de cava. Gibson le dejó una frase memorable:

La calle encuentra sus propios usos para las cosas, pero Autodesk no es la calle.

– William Gibson

De este modo, Autodesk abandonó su idea del registro de la marca, aunque continuó con su sistema de realidad virtual: un PC basado en el Intel 80386, dos tarjetas gráficas Matrox, gafas VPL EyePhone y un guante para la introducción de datos. Era capaz de generar apenas entre seis y diez fotogramas por segundo, con unos pocos cientos de polígonos. Algo «poco real» para ser realidad virtual… pero es lo que había.

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Foto (CC) William Gibson en Booksmith / Steve Rhodes @ Flickr.

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Por @Wicho — 19 de Octubre de 2026

Portada del artículoEstos días se han cumplido 25 años de la publicación del artículo de apenas seis páginas Digital Natives, Digital Immigrants, en español Nativos digitales, inmigrantes digitales.

En él su autor, Marc Prensky, decía que «Nuestros alumnos han cambiado radicalmente. Los alumnos de hoy en día ya no son las personas para las que se diseñó nuestro sistema educativo.»

Y basaba esa afirmación en la diferencia que ya entonces apreciaba entre los alumnos, acostumbrados de toda la vida a vivir rodeados de tecnología digital, los nativos digitales, y los inmigramtes digitales, el profesorado, o las personas de más edad en general, que para nada había crecido rodeado de esa tecnología y que en el mejor de los casos estaba intentando adaptarse a esa tecnología digital.

Él defendía, además de que los profesores tuvieran que adaptarse, la necesidad de que esa adaptación en cuanto a metodología y contenidos.

Y más o menos este es el resumen del artículo.

Pero al poco de la publicación del artículo la expresión nativo digital empezó a ser aplicada a todas esas personas que en efecto habían crecido rodeadas de tecnología pero con la connotación de que precisamente por eso no hace falta educarlas en ello; es como que ya vienen enseñadas de serie.

Sólo por esto ya se les supone unas habilidades poco menos que innatas a la hora de manejar la tecnología, y lo cierto es que por lo general solían ser los únicos capaces de programar el vídeo en casa o de poner en hora el microondas. También se les supone capaces de moverse con total soltura en Internet y que esta no tiene secretos para ellos.

A esto ayuda que los teléfonos móviles, tablets y ordenadores cada vez son más fáciles de utilizar, así que tienen una soltura al manejarlos que parece innata. Pero yo me pregunto si el chimpancé Sugriva también es un nativo digital:

Aunque yo llevo años diciendo que basta con rascar un poco por debajo de la superficie para ver que en realidad no todos los jóvenes son esos supuestos «nativos digitales», ni mucho menos; que si los sacas de la red social de moda del momento hay muchas habilidades de las que carecen. Y eso por no hablar de una preocupante falta de criterio a la hora de filtrar la información con la que se topan en Internet, que suelen dar por buena sin un mínimo de pensamiento crítico.

Seguir leyendo: «Los nativos digitales, que no existen, cumplen 25 años»


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