Por @Alvy — 16 de Febrero de 2020

En esta pieza que el Musen Americano de Historia Natural hizo en conmemoración del 150º aniversario del nacimiento de Charles Hayden (1870-1937) y cuenta la historia de los planetearios, aunque un poco centrada en los de Estados Unidos. Hayden era hombre de negocios que financió en 1935 la construcción del famoso planetario que lleva su nombre en Nueva York, ahora convertido en el Rose Center for Earth and Space, dirigido por el mismísimo Neil deGrasse Tyson.

Las antiguas esferas armilares y planetarios mecánicos (orreys) eran complicados mecanismos con ruedas dentadas y palancas, que reproducían los movimientos de los planetas y cuerpos celestes. El planetario moderno como tal fue un invento de la empresa de óptica Carl Zeiss: esferas, motores y lentes perfectamente sincronizados. Ya existía uno en Estados Unidos (el Planetario Adler) que Hayden al verlo quería replicar en Nueva York. Pero al ser un inventó alemán no entraba dentro de los planes de financiación del New Deal para la reconstrucción de los Estados Unidos tras la Gran Depresión, de modo que lo financió personalmente.

A esos inventos siguieron muchos otros. Ya en los 90 comenzó la era digital y los planetarios empezaron a poder sustituirse por proyectores de imágenes igual de precisos y con infinitas posibilidades más, aunque no con el mismo encanto, claro.

Todavía tiene entre mayores y pequeños un gran impacto ver esos gigantescos planetarios mecánicos en el centro de las cúpulas de proyección, aunque se pueda hacer lo mismo con proyectores digitales de alta resolución. De hecho hay estupendos espectáculos divulgativos que suelen combinar ambos sistemas. Y los planetarios, como tales, siguen resultando muy educativos para las explicaciones y clases sobre astronomía, aunque se pueda hacer casi lo mismo con la pantalla de un ordenador y un software suficientemente avanzado.

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Por @Alvy — 15 de Febrero de 2020

La cuarta dimensión

La cuarta dimensión [iOS] es una curiosa app de Drew Olbrich que tiene un poco de todo. Es como un pequeño libro interactivo cuyo objetivo es explicar y experimentar con la cuarta dimensión (espacial).

Para ello utiliza explicaciones muy sencillas –y está traducido al castellano– con analogías entre el 2D, 3D y 4D y una forma curiosa de mostrar un teseracto («cubo 4D») de modo que se pueda girar, ver cómo proyecta sobra, etcétera. Me recordó mucho al mundo de Flatland («Planilandia») de Edwin Abbot, que hemos mencionado muchas veces por aquí.

Como extra, la parte final del relato interactivo –que incluye sonido de ambientación envolvente para hacerlo más intrigante– puede experimentarse con un efecto 3D+4D si eres de esas personas capaces de ver las imágenes en formato ojo mágico (básicamente, superponiendo dos imágenes «poniéndote bizco»).

En definitiva, como app/libro me pareció un experimento curioso que recomendaría para jóvenes o personas que no hayan leído mucho sobre cómo «funciona» la cuarta dimensión espacial, sientan intriga por experimentarla y lo quieran hacer con su iPhone o iPad. Una forma sencilla de introducirse en un curioso mundo del «más allá geométrico».

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Por @Wicho — 15 de Febrero de 2020

La Cygnus 13 en la plataforma de lanzamiento - NASA/Aubrey Gemignani
La Cygnus 13 en la plataforma de lanzamiento - NASA Wallops

La cápsula de carga Cygnus 13 (oficialmente NG-13 o CRS-13) está lista de nuevo para su lanzamiento hacia la Estación Espacial Internacional desde la Plataforma 0A del complejo de lanzamiento Wallops en Virginia. Como es habitual se encargará de ponerla en órbita un cohete Antares 230+.

El lanzamiento estaba previsto para abril aunque la NASA le pidió a Northrop Grumman que lo adelantara, lo que no es muy habitual. Así que se produjo un primer intento el pasado 9 de febrero de 2020. Pero un problema con los equipos de tierra obligó a pararlo apenas tres minutos antes del despegue. Una vez solucionado el problema técnico las condiciones meteorológicas impidieron intentar en lanzamiento hasta el día 14. Pero también hubo que posponer el lanzamiento porque los vientos en altura eran demasiado fuertes. Así que el tercer intento de lanzamiento está programado para las 21:21, hora peninsular española, del 15 de febrero. Se podrá seguir a través de Internet.

Van a bordo de la cápsula 1.603 kilos de hardware para la Estación, 986 kilos de investigaciones científicas, 757 kilos de suministros para la tripulación, 91 kilos de equipos para paseos espaciales y 29 kilos de recursos informáticos.

Entre todo ello va el primer microscopio electrónico de barrido portátil del mundo, bautizado como Mochii, que además de ser operado en remoto. Mide 210×210×265 mm y pesa algo menos de 13 kilos.La idea es que en lugar de esperar a que haya sitio en una Drago para enviar las muestras a tierra para ser analizadas estas se puedan meter «frescas» en el microscopio.

Si todo va según lo programado la Cygnus 13 llegará a las proximidades de la Estación el domingo 16 poco después de las 11 de la mañana. Una vez allí será capturada por el brazo robot de la EEI para luego ser acoplada a la Estación.

Robert H. LawrenceLa cápsula ha sido bautizada S.S. Robert H. Lawrence en honor a Robert Henry Lawrence Jr, el primer astronauta afroamericano. En junio de 1967 fue seleccionado para participar en el proyecto Manned Orbital Laboratory (MOL, Laboratorio Orbital Tripulado) de la fuerza Aérea de los Estados Unidos, aunque murió en diciembre de ese mismo año en un accidente durante un vuelo de entrenamiento a bordo de un F-104.

El programa MOL fue cancelado en 1969 y todos los astronautas seleccionados para él menores de 35 años fueron transferidos a la NASA, así que Lawrence, de haber seguido con vida, también habría sido transferido. Y es previsible que, como sus compañeros, hubiera terminado yendo al espacio a bordo de los transbordadores espaciales de la agencia.

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Por @Alvy — 15 de Febrero de 2020

En la Universidad de Toronto un equipo de neurocientíficos está investigando cómo reconstruir imágenes visuales a partir de la actividad cerebral. En otras palabras, sería algo así como «ver lo que ven otras personas». Para ello utilizan el clásico gorrito-de-piscina-ridículo lleno de cables que realiza un electroencefalograma (EEG) al cerebro de una persona mientras está viendo rostros en una pantalla. Con esos datos se trabaja después en la reconstrucción de los rasgos faciales.

The Neural Dynamics of Facial Identity Processing: Insights from EEG-Based Pattern Analysis and Image Reconstruction / U of T

Es una tarea que desde luego no resulta fácil; en el proceso intentan mediante algoritmos de aprendizaje automático discernir los patrones correspondientes a lo que se detecta en el cerebro comparándolos con las imágenes de los rostros en cuestión.

Los investigadores creen que esto puede ser útil para tanto para entender cómo funciona en el cerebro la visión humana –y cómo distingue unas características de otras, por ejemplo rostros de objetos– como para que quienes no pueden moverse puedan comunicarse o usar un lenguaje de signos. Por el lado inquietante, también podría usarse para que las fuerzas del orden comprobaran la validez de los testimonios de testigos, que como sabemos no siempre son los más fiables del mundo.

Hay más detalles en el trabajo publicado en eNeuro: The Neural Dynamics of Facial Identity Processing: Insights from EEG-Based Pattern Analysis and Image Reconstruction.

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