Por @Alvy — 6 de Julio de 2026

John Tse es un maker que en su canal de YouTube I Build Stuff hace cosas de científico loco. En este vídeo cuenta cómo decidió mejorar su viejo paraguas volador de 2024 haciéndolo más fiable, plegable, autónomo y, por lo visto, ideal para aumentar las probabilidades de que si se usa en un día de tormenta eléctrica te caiga un rayo con total precisión justo encima de la cabeza.

Para no probarlo todo directamente con un paraguas gigante, primero montó un cuadricóptero de pruebas con su placa controladora de vuelo, GPS, receptor y cámara usando una Raspberry Pi. Con esto el dron ya podía localizar su cabeza en tiempo real. Pero lo que parecía una configuración «fácil» acabó llevándole 16 días: diagramas confusos, procrastinación, soldaduras a medianoche y errores raros como para que el proyecto pareciera patrocinado por los laboratorios de «Doc» Emmet Brown.

Un paraguas con cuatro brazos… y mucha paciencia

La parte física consistía en añadir 4 hélices al paraguas mediante una estructura plegable construida con bisagras, gomas, cableado y piezas impresas en 3D. Y, eso sí, con nylon reforzado con fibra de carbono. El resultado es un dron que se pliega más o menos como un trípode, lo cual no elimina el detalle no menor de que aquello hace el ruido de un enjambre de abejas cabreadas.

Entre fallos, componentes y piezas que no terminaban de funcionar y varias fases de «ya si eso lo acabaré la semana que viene» tardó 358 días en completarlo desde que arrancó el proyecto (a añadir a una idea que venía de 3 años atrás). Pero el paraguas consiguió seguir a su dueño, volar de forma autónoma y hasta funcionar con lluvia fuerte.

El invento no es perfecto, ni silencioso, ni probablemente recomendable cerca de aeropuertos, cables, tormentas eléctricas, niños, perros, peatones, árboles, fuentes, abuelas o seres vivos en general. Pero como demostración de ingeniería absurda y perseverancia ha demostrado ser todo un milagro meteorológico.

(Vía Designboom.)

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Por @Alvy — 6 de Julio de 2026

Cruce de cables: los móviles Android como alerta temprana de terremotos. Como llevar un sismómetro en el bolsillo / Imagen: GPT 5.5A raíz de los recientes acontecimientos acerca de los terremotos de Venezuela, en el último programa de Cruce de cables (RNE) estuve charlando con David Sierra sobre el sistema de alerta temprana de terremotos en los móviles Android. Es un sistema que no es nuevo (data de 2020) y que muestra que a veces el ingenio supera a los medios oficiales en cuanto a practicidad.

Los terremotos, como el reciente de Venezuela, son terribles sobre todo por lo impredecibles: nunca se sabe cuándo puede llegar el desastre y que se abra la tierra. Pero existe una función de Android desarrollada por Google, llamada Android Earthquake Alerts, que convierte los móviles en pequeños detectores de vibraciones capaces de alertar de la llegada de un terremoto. Aunque suena un poco a ciencia ficción doméstica, este invento es algo que funciona con un componente bastante mundano: el acelerómetro del móvil, ese pequeño componente que se usa para detectar su orientación física y sirve, por ejemplo, para cambiar de orientación vertical a horizontal y viceversa.

¿Cómo funciona este «sismómetro de bolsillo»?

De hacer los cálculos entre bambalinas se encargan los servidores de Google y millones de teléfonos móviles de la gente, que forman una especie de «red distribuida». La teoría es que si muchos teléfonos de una misma zona notan vibraciones parecidas a lo que son las primeras ondas de un terremoto (llamadas ondas P o primarias), mandan una señal con su ubicación; Google cruza esos datos y, si el patrón encaja, envía una alerta a quienes están en la zona en que se va a notar la sacudida. No es una predicción (porque eso sigue siendo un «unicornio geológico»): es una detección muy rápida con posibilidad de aviso anticipado.

En algunos lugares de Estados Unidos el sistema se combina con ShakeAlert, una red de 1.675 sensores sísmicos más profesional y fiable. Fuera de esas zonas, como en Venezuela y el resto de países, se usa «a lo MacGyver» esa otra especie de «inteligencia colectiva». Hay más de 2.000 millones de teléfonos Android repartidos por el mundo actuando como mini-sismómetros de bolsillo.

Seguir leyendo: «Cruce de cables: los móviles Android como alerta temprana de terremotos. Como llevar un sismómetro en el bolsillo»


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Por @Alvy — 4 de Julio de 2026

Una hora de satélites sobre el desierto de Atacama (Chile) / Foto: F. Kamphues, ESO/M. Kornmesser

Según un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO), las propuestas actuales para subir satélites a la denominada «órbita baja» empiezan empezando a salirse de madre. Las empresas quieren lanzar más de 1,7 millones de satélites, cuando desde 2019 la cifra de satélites en órbita ha llegado ya a 14.000 (32.000 si se cuentan «satélites muertos» y otra basura espacial).

El astrónomo Olivier Hainaut calcula en su estudio Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including background sky brightness que, para no impedir la astronomía desde tierra, el límite razonable debería rondar los 100.000 satélites y que brillaran menos de la magnitud visual 7, es decir, que fuera invisibles a simple vista incluso en los cielos más oscuros.

Para situarlo en contexto, a causa del brillo de la megaconstelación StarLink de SpaceX, algunas imágenes del Very Large Telescope de Chile podrían perder hasta un 28% del campo de visión apenas 2 horas después del anochecer.

Pero el caso más llamativo es quizá el de Reflect Orbital, una startup que quiere poner en órbita satélites-espejo para enviar luz solar de noche sobre zonas de al menos 5 kilómetros de ancho. Suena un poco WTF, pero así están las cosas. Su descerebrado plan es empezar con un prototipo este mismo año y llegar a 50.000 satélites en 2035. Según las simulaciones, una constelación completa de este tipo podría hacer que el cielo nocturno fuera entre 3 y 4 veces más brillante. ¿Suena algo cafre? Pues si uno de esos satélites apuntara directamente a un observador, lo vería 4 veces más brillante que la Luna llena.

Para la astronomía óptica esto ya no es cosa de unas pocas «rayas molestas» en las fotos: es la diferencia entre que el cielo nocturno siga siendo observable o no.

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Por @Alvy — 4 de Julio de 2026

Los zanagramas hacen que encontrar todas las palabras ocultas sea todo un verdadero rompecabezas

Estos juegos, llamados Zanagramas consisten en formar palabras uniendo las letras que aparecen en el tablero. Basta arrastrar el ratón o el dedo, pero hay que seguir los caminos indicados. Lo mejor es que está disponible en español, además del inglés original.

El mínimo de letras para las palabras son 4, y además las hay de dos tipos: las palabras que hay que encontrar y las palabras bonus que son aquellas menos comunes, coloquiales o de jerga (incluyendo palabrotas) que se dan por válidas pero no puntúan.

El contador muestra cuántas palabras hay que encontrar, y va bajando según aciertas. Pero, la verdad, fácil no es, aunque lo parece. Muchas veces te atascas o empecinas con las letras de una zona y es que no hay manera. Otras veces es fácil encontrar palabras aunque hay que usar formas verbales o giros realmente raros.

Además del juego en sí, que es el clásico «reto diario» hay alguna otra opción, como el modo oscuro o acceder a retos anteriores. Da para un buen rato y además pica bastante por la dificultad que tiene.

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