Por @Alvy — 16 de Diciembre de 2018

Este minidocumento de la selección de The Atlantic es lo más entrañable que me he encontrado en mucho tiempo. Es la historia de una tienda de ajedrez llamada Chess Forum que está en el Greenwich Village de Manhattan y de Imad Khachan, su propietario.

Dicen de Chess Forum que es «la última tienda de ajedrez», aunque seguro que exageran un poco. En su web se autodenomina «la más grande» y no sé si en tamaño pero desde luego sí por la grandeza de los personajes que por allí aparecen. El propietario es un refugiado palestino que acabó compitiendo en los 90 con otra tienda llamada Chess Shop que había en la misma calle, tras desavenencias con su propietario. Según cuenta Kottke aquella época fue conocida en los círculos ajedrecísticos como la pequeña Guerra Civil en Thompson Street.

En Chess Forum hay todo tipo de equipamiento: tableros, piezas, relojes… Algunos más «góticos» que otros; también hay un hueco para otros juegos, como el backgammon o el go… Además de eso hay unas cuantas mesas para jugar, en las que los aficionados pasan sus horas. Todo acompañado de literatura ajedrecística, desde libros para los niños como colecciones para los mayores. Visita obligada para el próximo viaje a Nueva York, vamos.

Aunque detrás de todo eso lo más poderoso son los personajes y sus historias: desde la del propio Imad a la de los aficionados que pasan allí sus horas y los clientes que la frecuentan.

Chess Forum está a unas manzanas del Washington State Park, un lugar emblemático para los aficionados al ajedrez porque es donde se reunen los buscavidas que ofrecen jugar partidas rápidas por dinero (quién recuerde la película Buscando a Bobby Fischer recordará la escena). Toda una experiencia si vas con ganas de simplemente divertirte y perder unos dólares, porque desde luego ganarles es más que difícil: los hay que hasta hacen trampa intentando realizar movimientos ilegales –si cuela, cuela– pero se pueden encontrar partidas mucho más tranquilas.

Acerca de estos curiosos personajes están por ahí los documentales Street Knights (Matt Baron) y Men Who Would Be Kings (de Miro Reverby). Chess Twins tiene una enorme lista de partidas en las que los aficionados –de todos los niveles- tratan de no ser «cazados» por los profesionales del ajedrez callejero, ganando en algunas ocasiones (tampoco es raro que se dejen ganar al principio para pillar a la gente en las revanchas): NYC Chess Hustling.

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Por @Alvy — 16 de Diciembre de 2018

Las leyes de la física actuales parecen indicar que el negocio del turismo temporal no es una buena inversión.

– José L. F. Barbón, físico
Instituto de Física Teórica de Madrid

Desde luego no es tan fácil como ir a la tienda y comprar un condensador de fluzo, pero es difícil que un físico te diga que es absolutamente imposible construir una máquina del tiempo para viajar al pasado. Por eso esta exposición con la tradicional pizarra, tiza y líneas de espacio-tiempo de José Luis F. Barbón me ha parecido estupenda: porque a cada paso matiza «pero podría ser…», «hasta donde sabemos…», «pero también podría suceder…» complicando el asunto hasta el límite de lo que llama «especulación extrema». Pero todo con un lenguaje muy coloquial y fácil de entender.

El vídeo es una estupenda explicación del principio de localidad, que está absolutamente comprobado de forma experimental… pero sólo hasta escalas del orden de 10-17 cm, aunque se cree que podría ser igual de válido hasta la escala de Planck, hacia 10-33 cm. Pero podría ser que no.

Aprovechando lo que Einstein nos enseñó acerca de cómo la gravedad es equivalente a una curvatura del espacio-tiempo algo que podría suceder, aunque no hemos llegado nunca a verlo, es que se pudiera curvar tanto el espacio-tiempo que los conos de luz que representan el espacio-tiempo llegaran a darse la vuelta y entrar en bucle (como en El día de la marmota) lo cual sería poco interesante. Pero si se curvaran convenientemente formarían los conocidos agujeros de gusano, que el físico define como «una especie de oreja con forma de bucle» en la que entran partículas y salen partículas, pudiendo tomar luego caminos diferentes.

Nada está muy claro llegados a este punto, porque todo es altamente especulativo, pero hay todo tipo de problemas: desde las casi inevitables paradojas que se producirían (que para evitarlas requieren que la versión «antigua» de los viajeros hayan de percibir que ha llegado desde el futuro una «versión nueva» de sí mismos, lo cual ya resulta un poco paradójico) a los efectos multiplicadores que tendrían esos viajes hacia atrás en el tiempo, dando lugar a nuevas partículas duplicadas y por tanto a nueva energía que habría de compensarse con un tiempo de «energía negativa» que quedaría dentro del agujero de gusano.

Para colmo todo estaría lleno de ondas gravitatorias y otros productos de las interacciones entre las partículas antiguas y nuevas (que podrían entrar en bucle infinitas veces) y que muy probablemente se acumularían, generando un agujero negro y colapsando el agujero de gusano. No está nada claro cómo podría suceder nada de esto, porque depende de innumerables factores y de partículas que ni conocemos y de soluciones a ecuaciones que no está del todo claro que puedan ser realmente válidas. Tampoco se sabe a qué escala sería válido; desde luego no a la nuestra. Si acaso lo fuera probablemente sólo lo sería a escala de Planck en cuanto a tamaño y también cuanto a tiempo: 10−44 segundos, lo cual –como jocosamente decía el profesor– no sería muy práctico como viaje turístico, sinceramente.

Lo mejor de todo es que durante unos minutos se puede tanto dejar volar un poco la imaginación como aprender sobre algunos conceptos físicos importantes de forma muy divulgativa: la localidad, los conos de luz, la causalidad, el espacio-tiempo, los agujeros de gusano y sus efectos sobre las partículas elementales.

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Por @Alvy — 15 de Diciembre de 2018

Tetris Frequency

Mezvan compartió hace un tiempo esta imagen de la distribución de piezas en una partida de Tetris, un tanto chocante porque contiene más piezas largas –llamadas «I» por su forma– de lo que se suele experimentar. Así que estuvimos mirando algunas páginas al respecto.

Resulta que el algoritmo generador de piezas aleatorias del Tetris no es tan trivial como se podría pensar. Si aparecieran piezas puramente al azar cada una de ellas tendría 1 probabilidad entre 7 de ser la siguiente. Pero esto podría llevar a series demasiado repetitivas y que en caso de tener «muy mala suerte» que no apareciera la pieza deseada en una larga secuencia quizá de 10, 20 o 40 piezas (suficiente como para matar la partida). Así que sus creadores pensaron en otras fórmulas.

Según parece el «generador de piezas» –que es como lo llaman– varía de unas versiones del juego a otro. En el Tetris de Gameboy por ejemplo se intentó que la misma pieza no pudiera aparecer tres veces seguidas. Cada pieza tiene asignado un código binario entre 000 y 110 y se realizan diversas operaciones OR con un valor al azar dependiendo de los dígitos anteriores, rechazando las nuevas piezas generadas si no cumplen «ciertas condiciones». El resultado de esa complicación es que en la práctica las probabilidades son: L: 10,7%; J, I, Z: 13,7%; O, S, T: 16,1%. (Ese algoritmo es de Henk Rogers).

Tal y como explican en el Tetris Wiki, la versión más «oficial» al respecto dice que su generador aleatorio funciona considerando las siete piezas (I, J, L, O, S, T, Z) mezclándolas como si fueran una baraja de naipes y sirviéndolas por orden como «sacándolas de una bolsa». En total hay 5.040 permutaciones posibles, de modo que a una mezcla de las primeras siete pueden seguir unas ~5.040 mezclas distintas a continuación y es difícil que se repitan completas. La distancia más larga entre piezas iguales tiene 12 piezas intermedias (por ejemplo siendo la primera una I y la última otra I, con otras 12 entre medias). Pero hay variantes de este algoritmo que emplean «bolsas» de 8 piezas, con una de ellas repetidas, y otros en los que la primera pieza de cada bolsa siempre ha de ser I, J, L o T.

Tetris Forever

Colateralmente Mezvan nos pasó también el enlace a Playing Tetris forever donde se explican los algoritmos para «jugar eternamente al Tetris», métodos que tienen algunas limitaciones (como que el generador aleatorio tenga ciertas características y se conozcan las tres piezas «siguientes», cosa que no sucede en todas las versiones) pero que resulta muy interesante también.

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Por @Alvy — 15 de Diciembre de 2018

Para ser sinceros, mi familia estaba bastante en contra de este proyecto al principio.

– Zhu Yue
líder del proyecto

Todo empezó con el diseño de una casa con forma de avión, pero acabó yéndoseles de las manos. Han tardado dos años y se han gastado unos 400.000 euros al cambio, pero seis granjeros chinos aficionados a la aeronáutica –que claramente encajan en la definición de aerotrastornados– han conseguido su sueño: fabricar una réplica a tamaño real de un Airbus 320.

Al estar construido de madera y metal y no tener motores ni electrónica obviamente no vuela, pero el hecho de que esté a escala 1:1 le confiere cierta personalidad y un toque «mira lo que podemos hacer». Algo que según parece es típico de una cultura de la réplica como «cuestión de poderío», tal y como analizó en Bianca Bosker en un libro acerca de esa peculiar subcultura arquitectónica china: muchas veces no copian porque sean no tengan ideas originales o por ahorrar en diseño; copian para demostrar que pueden hacerlo y que su poderío es tan grande como el de los demás.

Para acceder al avión se utiliza un pequeño camioncito-escalera, también construida en madera, y aunque de momento está vacío planean convertirlo en un restaurante, un pequeño hotel o algo parecido. Al parecer en china la historia ha sido toda una sensación, impregnada un poco de la idea de meterse en un proyecto un tanto colosal «para cumplir un sueño de la niñez»: tener un avión propio, aunque sea de madera y no vuele. Pero… ¿Y lo bien que te lo pasas haciéndolo?

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