Por @Alvy — 25 de Junio de 2026

La historia de los números es una especie de escalera de complejidad en la que cuando algo no «cabía» en el sistema anterior, se inventaba uno nuevo. Se empieza por los números para contar (1, 2, 3…), llamados naturales, luego los enteros (que incluían los negativos y el cero)… y de ahí en adelante. En total hay siete de estos niveles, y de los últimos dos yo había oído poco (excepto en física), pero son también interesantes: los cuaterniones y los octoniones.

Hay explicación completa, que combina historia con rigor matemático, en ThoughtTrill, un canal que he descubierto gracias al algoritmo y que resulta bastante divulgativo; sus vídeos hablan de matemáticas, paradojas y otras complejidades del universo.

Volviendo a los números, la lista de los siete niveles es esta:

  1. Naturales: los de «contar cosas», como las 29 marcas del hueso de Lebombo, un peroné de babuino de hace unos 42.000 años encontrado en Sudáfrica. De cuando se contaba con palotes a lo cavernícola.
  2. Enteros: Incluyen los números negativos, que ya usaban los chinos hacia el 200 a.C. aunque en Europa Descartes aún los llamaba «números falsos» todavía en 1637.
  3. Racionales: surgieron con la división como resultado de fracciones como 3/2, documentadas en textos egipcios como el papiro Rhind, hacia el 1550 a.C. (donde incluso hay una aproximación tímida a π).
  4. Reales: Cuando los griegos se enfrentaron a la raíz cuadrada de 2 llegó el drama: los pitagóricos creían que todo podía expresarse como divisiones entre enteros, pero con la diagonal de un cuadrado de lado 1 no había manera. Cuenta la leyenda que al que demostró que √2 no era una fracción lo arrojaron al mar. Los números irracionales (ya sean algebraicos o transcendentes, como π, e y similares), están dentro de los reales pero no van un nivel más allá.
  5. Complejos: Habrían de pasar muchos años hasta que se creara un nuevo nivel para albergar a la √-1 y resolver ecuaciones que parecían imposibles. Como demostró Gauss en 1799, todo polinomio de grado n tiene n raíces complejas. Son prácticos en física, ingeniería eléctrica y ya nos resultan casi como de la familia.
  6. Cuaterniones: En 1843 William Hamilton descubrió los cuaterniones en el puente de Broom, en Dublín, y allí mismo grabó la ecuación fundamental con una navaja: i² = j² = k² = i.j.k = -1.. Estos números no respetan la conmutatividad de la multiplicación (cosa que sí hacemos en esta casa), porque en su mundo a.b ≠ b.a.
  7. Octoniones: Son de ocho dimensiones, una real y 7 imaginarias. Sumamente raros, muy elegantes y más propios de la física teórica que de MundoReal™. Estos no solo no respetan la conmutatividad sino tampoco la asociatividad y (a.b).c ≠ a.(b.c)

Al igual que los irracionales, los transcendentes y los algebraicos irracionales que no son un nivel en sí mismos sino que están dentro de los reales, hay muchos más tipos que tampoco forman niveles en sí mismos. Están los construibles, los computables y no computables, los normales, los primos, los perfectos, los surreales… Toda una pista de que a los matemáticos también les gusta inventar nuevos grupos y ponerles nombres divertidos.

Relacionados:


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 25 de Junio de 2026

LineShine / NSCCSZ

El nuevo superordenador LineShine del Centro de Supercomputación Nacional en Shenzhen, China, ya está como número uno en la Lista Top 500 de junio de 2026 de los superordenadores más potentes del mundo.

Este coloso alcanza 2,2 exaFLOPS sostenidos en Linpack, una prueba clásica, lo que equivale a 2,2 trillones de operaciones matemáticas por segundo. Esto es aproximadamente un 21,5% más que El Capitan, el anterior número uno. Lo consigue gracias a usar 13.789.440 núcleos, unos 13,8 millones de cores, todos ellos basados en procesadores LX2 de 304 núcleos.

En semejante bestia de la computación todo es exagerado: tiene 1,45 petabytes de HBM, un tipo memoria ultrarrápida dentro de los procesadores, además de 11,6 PB de DDR5, lo que suma unos 13 PB de RAM en total. Dicho de forma más de andar por casa: unos 13.000 terabytes ya sólo de memoria.

Para guardar todos los datos procesados cuenta con 650 PB de almacenamiento, el equivalente a 650.000 discos SSD de 1 TB. No solo es el más rápido del mundo, sino que cualquier comparación con los ordenadores domésticos hace que todo parezca ridículo.

A todo esto, el animalico consume ni más ni menos que 42 MW de electricidad, que es más o menos como 20.000 hornos domésticos a potencia máxima encendidos a la vez. Esos 42.200 kWh supondrían aproximadamente unos 6.000 euros por hora de computación a los precios a los que va la electricidad en España.

Relacionados:


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 24 de Junio de 2026

navegar por ríos: un mapa que hace más por la geografía que algunos cartógrafos

Waterway Map es uno de esos proyectos cartográficos que cuando lo ves te parece «un mapa bonito» y acabas indagándolo como si fuera una madriguera de conejos fluvial. La idea es sencilla: tomar los datos de OpenStreetMap y agrupar ríos, arroyos y otros cursos de agua según cómo están conectados entre sí.

En el mapa todo lo que fluye hacia el mismo sitio aparece con el mismo color; las de mayor afluencia son líneas más gruesas. Así que ahí están el Nilo, el Mississippi o el Ebro con sus amplias cuencas hidrográficas. Pero ojo: no mide el caudal real, ni las lluvias, anchura, ni sirve para saber si se van a inundar las casas cercanas. Es un mapa, no una bola de cristal.

La gracia técnica está en que WaterwayMap trata los ríos como un grafo: en OpenStreetMap las líneas circulan se trazan en un sentido, y en el caso de los ríos ese sentido debería coincidir con el del flujo. A partir de ahí el algoritmo del mapa calcula qué hay aguas arriba, reparte valores cuando un río se divide, recombina ramas cuando vuelven a juntarse y dibuja algunas líneas más gruesas según cuántos kilómetros de cauces tienen por encima. Ideal para perder la tarde felizmente.

Entre otras cosas se pueden…

  • Ver redes fluviales completas: los colores agrupan los afluentes y ríos conectados que acaban desembocando en el mismo punto.
  • Detectar bucles raros: los cursos de agua circulares suelen ser errores de mapeado en OSM, así que se si detectan se marcan (y se pueden corregir).
  • Encontrar desembocaduras «sospechosas»: un río que termina en mitad de ninguna parte puede ser una pista para corregir datos.
  • Explorar ríos concretos: hay una lista de ríos por nombre, país y afluentes.
  • Editar en OpenStreetMap: todo incluye enlaces para abrir los diferentes puntos en las páginas de datos del wiki de OpenStreetMap y arreglar los desaguisados.

El directorio mundial ya muestra cifras bastante curiosas. Por ejemplo, el río Huang He aparece con 5.267 km, 24 «canales laterales», 463 afluentes y 68.711 km de cursos aguas arriba desde su desembocadura. En el índice por países, España figura con 126.217 «canales» y 52 subregiones, mientras que Canadá aparece con 5.996.184 y Estados Unidos con 1.102.520. Cifras que no conviene tomar como hidrología oficial, sino como lo que son: datos útiles para cartógrafos y otras gentes y sobre todo muy frikis.

Este proyecto es una idea de Amanda McCann (encontré una entrevista con ella en Open Cage Data), que originalmente había creado una herramienta llamada osm-lump-ways para agrupar carreteras con el mismo nombre y un día acabó probándola con ríos por ver qué pasaba.

Como sucede a veces con los «proyectos colaterales», vio que quedaba bonito y útil, así que siguió con ello. Lo mejor es que el proyecto no solo enseña mapas vistosos: también convierte los errores de una base de datos gigantesca en «puntos visibles», casi obvios, que se pueden corregir de forma colaborativa. Cuando un pequeño tramo mal etiquetado puede cambiar de color media cuenca fluvial, cualquier ayuda para pescar gazapos viene de perlas.

Relacionados:


PUBLICIDAD


Por @Alvy — 23 de Junio de 2026

Un armario 3D de Criterion donde elegir entre portadas es el nuevo pasatiempo de moda.

The Criterion Closet es un curioso experimento consistente en una visualización en 3D, al más puro estilo videoclub ochentero, de 1.327 películas de la Colección Criterion, una de las más respetadas selecciones de cine de todos los tiempos. Puedes sacar las cajas, ver las portadas, darles la vuelta y cotillear un poco antes de decidir cuál quieres ver.

La Colección Criterion es una especie de filmoteca de cine de autor, pero no simplemente un catálogo o ránking de «películas buenas». Su idea es dar a conocer el cine clásico y contemporáneo más importante de todo el mundo. Para ello consiguen los derechos de películas, que luego tratan con alta calidad técnica, buenas restauraciones y extras. Nació en 1984 y ha sobrevivido a todas las guerras y desarrollos de formatos: desde el Laserdisc al DVD, el Blu-ray y ahora está en 4K UHD, también en streaming.

En esa colección hay un poco de todo, pero sobre todo con amplitud de miras: clásicos de siempre, películas de serie B o grandes éxitos de taquilla, siempre que sean «lo mejor de lo mejor» en su estilo. Esto hace que sea una selección muy peculiar, porque no siempre pueden conseguir los derechos, o algunas no tienen calidad de imagen suficiente y se quedan fuera. Me ha extrañado que la selección de películas de ciencia ficción parezca bastante limitada. También hay muchos idiomas; en español hay más de 50 aunque no todas son de España.

Una curiosidad es que el formato interactivo 3D del armario de esta web es exactamente el mismo que el que utiliza Criterion en su canal de YouTube, donde invita a estrellas de cine de todo tipo a elegir diez películas y contar algo sobre ellas. Merece la pena echarle un vistazo; siempre es interesante ver los gustos de la gente y cómo explican por qué les impactaron ciertos títulos.

En la práctica, suelen encontrarse películas que tienen…

  • Importancia histórica: películas que cambiaron en algo el lenguaje del cine en su época.
  • Prestigio de autor: directores como Kurosawa, Bergman, Varda, Kubrick, Fellini, Tarkovski, Godard, etc.
  • Valor de restauración: obras que merece la pena preservar para poder ver en buenas condiciones.
  • Rareza: películas difíciles de encontrar, olvidadas o mal distribuidas (me recordó al caso La filmoteca maldita / Zoowoman, para que luego digan).
  • Variedad mundial: mucho cine europeo, japonés, latinoamericano, iraní, africano, estadounidense independiente, etc.

Es cierto que aunque para los cinéfilos esta colección es una joya para la mayor parte de la gente no dejará de ser una gigantesca lista de películas «raritas», de «países extraños» (i.e. no-estadounidenses ni de Hollywood en particular), de «directores que aburren a las ovejas» y cosas así. Recuerdo que a Easy Rider, que la he visto en la estantería, la calificábamos los amigos que fuimos a verla como la película más coñazo que habíamos visto en nuestra vida (y seguimos haciendo chistes con ello).

Pero bueno, están los Siete Samurais de Akira Kurosawa y también Armgeddon, o Viridiana junto a Robocop. Vamos, que perlas de todo tipo de pueden encontrar. Y hay más de 1.300 títulos. Ideal para cuando andas buscando algo diferente porque te has peinado ya todo el catálogo de Netflix y Amazon Prime.

Relacionados:


PUBLICIDAD