Por @Wicho — 20 de Octubre de 2019

Preparando las herramientas
Mirando el primer #AllWomanSpacewalk de la historia - Amanda Wick

El 18 de octubre de 2019 Christina Koch y Jessica Meir se convirtieron en las protagonistas del primer paseo espacial de la historia protagonizado por dos mujeres. Sólo habían tenido que pasar 54 años desde el primer paseo espacial de la historia, a cargo de Aléxei Leónov, y 35 desde que Svetlana Savitskaya se convirtiera en la primera mujer en hacer un paseo espacial. Sólo había habido otros el 420 paseos espaciales antes de este protagonizados por hombres o, como mucho, por un hombre y una mujer.

No era un paseo programado pero sí para el que ambas, junto con el resto de las personas que tripulan la Estación Espacial Internacional, estaban preparadas. Son los denominados paseos espaciales de contingencia, que pueden ser necesarios a causa de una avería, por ejemplo; por eso siempre se entrenan aunque lo más normal es que no haya que llevarlos a cabo.

El objetivo de su paseo era retirar y cambiar por uno nuevo uno de los controladores del sistema eléctrico de la Estación Espacial Internacional conocidos como battery charge-discharge unit (BCDU), unidad de carga y descarga de la batería, que se encargan, como su propio nombre indica, de la carga y descarga de las baterías de la Estación. El BCDU en cuestión había fallado poco después de la instalación de una de las nuevas baterías de iones de litio. Y como era ya la segunda vez que un BCDU fallaba tras la instalación de una de esas baterías los responsables de la Estación querían, por un lado, cambiarlo por uno nuevo para mantener el nivel de redundancia del sistema, y por otro, tenerlo a mano para enviarlo a tierra en una cápsula Dragon para su análisis.

Las dos llevaron a cabo la tarea sin mayores problemas –aunque una de las tuercas que sujetaba el dispositivo estropeado en su sitio se hizo un poco la remolona, lo que no es de extrañar después de 19 años en el espacio– e incluso tuvieron tiempo de adelantar tareas que si no se habrían dejado para futuros paseos espaciales. En total su paseo espacial duró 7 horas y 17 minutos.

Preparando las herramientas
Jessica Meir (izda) y Christina Koch tras su paseo espacial - NASA

Pero esto no es ninguna sorpresa ya que las dos están igual de entrenadas y motivadas –o puede que más motivadas aún– que cualquiera de sus compañeros. Aunque como decía Javier Armentia ha sido un momento histórico en la visibilización de las mujeres en ciencia y tecnología y es una gran oportunidad para que niñas como la de la foto de arriba vean ejemplos a seguir.

La NASA dice de todos modos que el que este paseo espacial fuera llevado a cabo por dos mujeres no fue algo que planearan a propósito. Las asignaciones para los paseo espaciales siempre se hacen sobre la base de quienes son los astronautas están mejor preparados para realizar las tareas en cuestión en el momento en el que se van a llevar a cabo. El que coincidieran dos mujeres, de todos modos, era algo que tenía que terminar pasando debido al creciente número de mujeres entre los astronautas; la promoción de candidatos a astronauta de Koch y Meir, por ejemplo, incluía un 50 por ciento de mujeres.

El resto de los paseos espaciales que estaban programados para sustituir baterías quedan por ahora aplazados hasta que quede claro que los BCDU no fallan a causa de estos cambios. Los que siguen en marcha son los cinco planeados para reparar el el Espectrómetro Magnético Alfa, un detector de partículas cósmicas instalado en el exterior de la Estación.

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Por @Alvy — 20 de Octubre de 2019

En el podcast de 99% Invisible estuve escuchando una vieja historia sobre el mercado del que provienen todos los productos de los bazares chinos y tiendas de «todo a 1 dólar/euro» del mundo occidental. Es el Yiwu Futian Market, situado en la ciudad de Yiwu (China). [El podcast: Dollar Store Town: Inside the World’s Biggest Wholesale Market, 17 min].

Allí tienen todo lo que existe en nuestros bazares, organizado en tiendas de exposición que venden al por mayor. La especialización es extrema: tiendas sólo de Santa Claus, sólo de tornillos, sólo de cremalleras… Todo a una escala inconcebible: el complejo mide 7 kilómetros de largo y es como un gigantesco barrio; los edificios de que se compone están conectados con pasarelas y organizados por secciones: juguetes, cosméticas, papelería, sombreros, zapatos, relojes… Tiene cinco plantas y en la azotea hay incluso calzadas asfaltadas con coches. (Sí, en una quinta planta.)

Además del podcast y el artículo de 99% acabé cotilleando vídeos de YouTube para poder captar mejor su magnitud. Encontré este de Scott de Strange Parts y su amigo Collin de Abroadcast que grabaron un par de vídeos muy interesantes y diría que ilustrativos acerca de cómo es pasear por allí. A quienes les gustan los mercadillos, las tiendas de «todo a 100» y las megaconstrucciones les apasionará verlo.

Igual de interesante que esa superespecialización que se aprecia en cada pasillo es lo que no se ve, como en algún momento apuntan. No se ven marcas conocidas, porque todo es una especie de «gran marca blanca»; los productos son los que compramos aquí en la tienda de la esquina. No se ven casi dependientes acosándote porque las ventas son al por mayor (dependiendo de qué pueden ser 500 unidades o más, aunque a algunos venden al por menor o regalan muestras). Y no se ve suciedad o un papel por el suelo.

Del mismo estilo y casi tan apasionante me pareció este otro vídeo en otro edificio dedicado a la venta de máquinas industriales. En ese lugar todas las tiendas venden «máquinas para fabricar cosas» de todo tipo, desde cuerdas y cables a moldes de plástico o agujeros de cortinas. Nuevamente especialización extrema. Dicen que todo el mundo suele ser muy amable y les encanta que graben enseñando cómo funcionan sus productos.

Algo muy interesante sobre esas máquinas es que como dice Scott están construidas con piezas bastante estándar y son muy parecidas unas a otras: mismas cubiertas, tornillos, botones. Es difícil no compartir con él la sensación de que desde puedes de pasar un día allí debe ser divertido comprar un montón de esas piezas y crear nuevas máquinas para hacer otras cosas. Aunque, como luego dice Collin, «algunos mecanismos parecen obras de un genio» por su complejidad aparente y lo delicados y enrevesados que son.

Yiwu es sin duda un sitio lejano y enorme, que requeriría varios días o semanas para apreciar completamente, pero sin duda fascinante. Sobre todo para quienes les guste caminar y perderse entre máquinas y chismes diversos.

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Por @Alvy — 19 de Octubre de 2019

IVY-52-01 / Nevada Site Office Photo Library

Aunque parezca increíble, alguien encendió una vez un cigarrillo con la explosión de una bomba atómica. El ingenioso personaje fue un físico teórico llamado Ted Taylor, que precisamente se dedicaba al diseño de estos destructivos artefactos ya terminada la Segunda Guerra Mundial.

La anécdota se se cuenta en el libro Under the Cloud: The Decades of Nuclear Testing de Richard L. Miller. Según parece en una de las muchas pruebas que los Estados Unidos llevaron a cabo en Nevada en 1952 Taylor se encontraba suficientemente cerca como para construir un ingenioso chisme con un espejo parabólico capaz de concentrar la luz sobre un fino hilo que llegaba hasta la punta de un cigarrillo. Mientras los científicos y militares buscaban refugio, él instaló el dispositivo en el exterior.

Cuando la bomba atómica George de 15 kilotones que estaban probando en la llamada Operación Tumbler-Snapper explotó aquel 1 de junio de 1952 a las 15:54 a 1.200 metros de altitud, la intensa luz emitida por la reacción de fisión sobre el área de pruebas se concentró en el espejo, lo que prendió el fino hilo y éste a su vez al cigarrillo.

Taylor ni siquiera se fumó ese «cigarrillo de la victoria»: una vez encendido lo apartó cuidadosamente y se lo llevó a su despacho en el laboratorio de Los Alamos, donde lo exhibió en una mesa como «el primer cigarrillo encendido con un mechero atómico».

(Vía WesCi: Science Everyday.)

{Foto: (DP) NNSA / Nevada Site Office Photo Library: IVY-52-01}.

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Por @Alvy — 19 de Octubre de 2019

Una empresa Canadiense llamada Hyperstealth Biotechnology Corporation –ya sólo el nombre acongoja– está desarrollando un material que hace de «capa de invisibilidad». Pero además de lo aparente del invento, parece que la elección de nombres para los productos también son lo suyo: el material que han patentado se llama Camuflaje Cuántico (¡tachán!)

Probablemente no tenga nada de cuántico sino más bien de alguna variante de fibra plástica, pero el caso es que el material en cuestión sirve para desviar la luz permitiendo que los objetos estratégicamente situados detrás parezcan «invisibles» –al menos según dónde se coloque– lo cual se parece un poco a la capa de Harry Potter. El vídeo que ha publicado The Telegraph es muy limitado y el efecto probablemente dependerá del fondo que haya detrás, si tiene patrones reconocibles, la luz ambiental y otros factores. Pero ahí queda.

Dicen que sirve para camuflar desde personas a vehículos y artillería pesada, incluso edificios y que además de con luz visible también con infrarrojos y otros rangos del espectro. Habrá que verlo en acción porque aparte de algunos vídeos y una web muy rancia estilo años 90 no hay gran cosa más.

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