Por @Alvy — 15 de Agosto de 2018

Archidenis «mira hacia arriba» en la ciudad de Toronto (Canadá), buscando las mejores de arquitectura y de fotografía urbana para compartir en su cuenta de Instagram. Sus composiciones tienen a los rascacielos como protagonistas y se caracterizan por dar un poco de vértigo, aunque al revés: las perspectivas se pierden hacia el cielo infinito, a distancias difíciles de calcular.

Looking up on a cloudy day at one of my favourite skyscrapers, the Royal Bank Plaza. I didn't notice the symmetry between the reflections until I flipped it!

Una publicación compartida de Denis (@archidenis) el

Entre las fotos aparecen los rascacielos habituales de la ciudad canadiense, desde el Royal Blank Plaza, al First Canadian Place pasando por la L Tower o el One Yonge Street, que recuerda un poco al Flatiron de Manhattan.

Archidenis también tiene fotos de naturaleza en otra cuenta: Natureden.

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Por Nacho Palou — 15 de Agosto de 2018

El Mantis Q del fabricante de drones Yuneec (499 euros) es un dron "portátil" que se pliega para transportarlo. Incluye funciones como el reconocimiento facial para realizar selfis y videoselfis aéreos y control por voz que responde a órdenes como "despega", "haz una fotografía" o "vuelve". El alcance del control remoto es de hasta 800 metros.

Cuenta con una cámara 4K —la retransmisión de vídeo en tiempo real en el móvil es en resolución Full HD— que puede moverse hasta 20 grados hacia arriba y hasta 90 grados hacia abajo durante el vuelo.

Según el fabricante el modo de vuelo autónomo mantiene automáticamente la posición y la altura del Mantis Q y posibilita el vuelo del dron a "usuarios sin experiencia previa". Aunque el dron no evita los obstáculos por sí mismo cuenta con sensores de infrarrojos para volar en interiores sin riesgo a escacharrarlo.

Tiene una autonomía de vuelto de hasta 33 minutos en el modo de funcionamiento "normal" y un modo de funcionamiento "deportivo" que eleva la velocidad máxima del dron a 72 km/h.

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Por Nacho Palou — 15 de Agosto de 2018

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Los hornos del mundo están quemando alrededor de 2.000.000.000 de toneladas de carbón al año. Cuando el carbón se quema agrega anualmente cerca de 7.000.000.000.000 de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Esto tiende a convertir el aire en una envoltura más efectiva para la tierra y a elevar su temperatura. El efecto puede ser considerable en unos pocos siglos.

Donde "unos pocos siglos" en realidad ha sido apenas un siglo. Esta noticia de hace 106 años —publicada el 14 de agosto 1912 en el Rodney and Otamatea Times— que alertaba del riesgo de quemar combustibles fósiles están confirmada como real por Snopes.

Una investigación más profunda revela que el texto de esta noticia tiene sus orígenes en el número de marzo de 1912 de Popular Mechanics, donde apareció como subtítulo en un artículo titulado "Remarkable Weather of 1911: The Effect of the Combustion of Coal on the Climate — What Scientists Predict for the Future."

Vía Reddit.

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Por @Wicho — 14 de Agosto de 2018

Cubierta de la edición en inglés de El hombre ilustrado

Una tarde de septiembre, justo cuando acaba de cenar y se dispone a leer un rato, el narrador de este libro, que está dedicando un par de semanas a recorrer Wisconsin a pie, conoce a otro caminante. Le ofrece algo de la comida que le ha sobrado y comienzan a hablar. El recién llegado pronto le revela que lleva camisa de manga larga y con el cuello abrochado para ocultar 18 ilustraciones –que no tatuajes– que cubren su torso y sus brazos y que llevan años torturándolo…

Porque son ilustraciones que cuentan otras tantas historias del futuro, ilustraciones hechas por una mujer que El hombre ilustrado insiste en que vino del futuro, mujer que dice que lleva años buscando con el único objetivo de poder matarla por haber cubierto su piel con esas ilustraciones.

Las dieciocho historias que forman este libro, todas menos una publicadas ya con anterioridad, aunque los textos de algunas de ellas fueron revisados por Bradbury para su inclusión en el libro, hablan en realidad del ser humano y de su relación con lo desconocido, con lo que le es nuevo, con lo que le da miedo, o cualquier combinación de las tres cosas; también hablan en algunos casos de la reacción de los seres humanos a situaciones extremas y de cómo se comportan en ellas, de cómo somos los humanos. De la ficha de Amazon:

«La pradera», donde unos niños llegan un juego de realidad virtual más allá de sus límites. O en «Calidoscopio», el sobrecogedor relato de un astronauta que se dispone a reentrar en la atmósfera terrestre sin la protección de una nave espacial. O en «La hora cero», en el que los invasores extraterrestres han encontrado unos aliados lógicos y sorprendentes: los niños humanos–

Hay dos peculiaridades en las historias que en 2018 nos chocan. Por un lado está la visión que tiene Bradbury de Marte y Venus: los dos con atmósfera, seco y pero habitable el primero, cubierto bajo una lluvia prácticamente eterna pero también habitable, más o menos, el segundo… pero es que en la década de los 40 –el libro es de 1951– así creíamos que eran. Por otro es el papel absolutamente secundario de las mujeres en los relatos en los que aparecen como amas de casa y poco más, algo que hoy en día –afortunadamente– chirría pero que en su momento seguro que no provocó ninguna reacción.

Pero son historias de esas que hacen pensar, no siempre con finales sencillos ni bonitos, muy al estilo de sus Crónicas marcianas. Y por 7,5 euros en Amazon bien merecen la pena como lectura para una tarde. Por cierto que he usado la ilustración de la portada de la versión Kindle en inglés, mucho más adecuada, versión que sale en 3 euros, lo que la hace aún más recomendable.

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