Por @Wicho — 15 de Octubre de 2021

Folleto publicitario de la línea a Buenos Aires – Iberia
Folleto publicitario de la línea a Buenos Aires – Iberia

El 15 de octubre de 1946 un Douglas DC-4 a los mandos de los pilotos José María Ansaldo y Fernando Rein Loring despegaba de Madrid rumbo a Buenos Aires en el primer vuelo comercial de la línea 1215, aunque había habido un vuelo de prueba con personal dela aerolínea y de algunos organismos públicos el 22 de septiembre. A principio la la línea tenía una frecuencia de diez días, aunque pronto pasó a ser semanal. Y desde entonces Iberia ya nunca ha dejado de volar a América Latina.

El vuelo de ida salía a mediodía del sábado para llegar a destino el domingo por la tarde, hora local, tras hacer escalas en Villa Cisneros, Natal, Río de Janeiro y Montevideo. El vuelo de vuelta partía los lunes para, tras hacer noche en Villa Cisneros el martes, llegar a Madrid el miércoles por la tarde. Casi igual que las 12 horas y media del vuelo directo actual.

En los primeros viajes, el avión, aunque tenía capacidad para 44 plazas, solo ofrecían 24 asientos para el pasaje, pues el resto lo ocupaban cuatro literas y asientos para el descanso de la tripulación. El precio del billete se fijó en 7.250 pesetas, algo menos de 600 euros al cambio de la época. Un pastizal. Aunque en esto las cosas también han cambiado bastante.

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Por @Wicho — 15 de Octubre de 2021

Tras 74 años de operaciones y numerosos intentos de rescatarla en la noche del 14 de octubre de 2021 Alitalia, la compañía aérea de bandera italiana, operaba su último vuelo antes de cerrar. Fue el vuelo AZ1586 entre Cagliari y Roma, volado por el Airbus A320 con matrícula EI-DSV. Será sustituida por ITA Airways, Italia Trasporto Aéreo Spa, que operaba su primer vuelo en la mañana del día 15, el AZ2016 entre Roma y Milán, con el A320 EI-DTE.

En realidad la Alitalia que desaparece ya no era la original, de propiedad estatal, sino que es la aerolínea privada Alitalia-Società Aerea Italiana, creada en 2009. Aunque operaba con el mismo nombre porque compró los derechos de marca, aeroportuarios y de rutas de la vieja Alitalia tras su quiebra. También compró parte de la flota de aviones y otras propiedades de la vieja Alitalia durante, así como los activos de Air One.

Pero los distintos intentos de reflotarla no han servido de nada. Así que a partir de hoy ITA Airways, que por ahora pertenece al 100% al Gobierno de Italia a través del Ministerio de Economía y Finanzas, toma el relevo. Aunque mientras no llegan los nuevos aviones que ha adquirido y se repintan los que se ha quedado seguirán volando con la librea de Alitalia. Lamentablemente de las 10.000 personas que trabajaban en Alitalia sólo unas 3.000 seguirán en ITA.

Impresión artística de un Airbus A330 con la librea de ITA Airways – ITA Airways
Impresión artística de un Airbus A330 con la librea de ITA Airways – ITA Airways

En un primer momento, por exigencias de la Unión Europea, la nueva aerolínea no podía usar el nombre Alitalia, que salió a subasta. Aunque se lo adjudicó por 90 millones de euros para no usarlo; al parecer lo han comprado para protegerlo de usos nefandos.

Según la web de la nueva aerolínea, aún provisional, que ya les vale, «El objetivo de la ITA es crear una compañía aérea eficiente e innovadora que se convierta en un punto de referencia para proporcionar a Italia una conectividad de calidad con destinos internacionales y dentro del país.»

A ver si tiene mejor suerte que su(s) predesora(s).

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Por @Wicho — 14 de Octubre de 2021

Pistas del aeropuerto La Guardia en Nueva York – Mohit Kumar en Unsplash

El nombre de la pistas de vuelo de un aeropuerto no es otra cosa que su orientación magnética, dividida entre 10 y redondeada. Una pista tiene dos cabeceras, cada uno de sus extremos, y para referirnos a ella, se usan los rumbos de ambas comenzando por el rumbo menor. Conociendo el rumbo de una cabecera, el otro se halla de forma automática sumando 18 si la numeración es menor o igual a 18, o restando 18 si es 19 o superior. Así, por ejemplo, el aeropuerto de A Coruña cuenta con la pista 03/21.

Después, si el aeropuerto dispone de varias pistas en la misma orientación se añade una letra detrás: «R» para la pista que se encuentre a la derecha (por Right, derecha) y «L» para la que se encuentre a la izquierda (Left, izquierda). Si hubiese una tercera pista, la del medio será entonces la «C» (Centre, central). Eso sucede, por ejemplo, con las pistas 18R/36L «Polderbaan», 18C/36C «Zwanenburgbaan» y 18L/36R «Aalsmeerbaan» del aeropuerto de Ámsterdam. Los nombres que reciben cada una no forman parte de su denominación oficial sino que sirven para que las personas se aclaren un poco en cuanto a dónde están.

Si hubiese más de tres pistas paralelas, entonces se suelen denominar a pares hacia la decena anterior. Ejemplos son el aeropuerto de Los Ángeles o el de París Charles de Gaulle, donde cuentan con cuatro pistas paralelas. En Los Ángeles tenemos las pistas 06L/24R y 06R/24L al norte y 07L/25R y 07R/25L al sur, aunque el rumbo real de todas ellas es 69,1º y 249,1º. En París, las pistas son 09L/27R y 09R/27L y 08L/27R y 08R/26L.

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{Foto por Mohit Kumar en Unsplash}.

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Por @Wicho — 4 de Octubre de 2021

Portada de The Final Flight por James BlatchThe Final Flight por James Blatch. Vivid Dog (20 de abril de 2021). 486 páginas.

En el verano de 1966 la RAF está probando Guiding Light, un prometedor sistema de navegación para sus bombarderos nucleares que promete cambiar radicalmente las cosas en el juego de la disuasión nuclear con la Unión Soviética. Y también promete una jugosa inyección de dinero en las arcas de Gran Bretaña cuando los Estados Unidos compren miles y miles de unidades prácticamente al precio que les pidan por la gran ventaja que supone el sistema en cuestión.

Pero cuando el programa de vuelos de prueba está a punto de terminar Chris Milford, el ingeniero de vuelo responsable de los vuelos, descubre un fallo en el sistema. Un fallo que costará la vida de un cierto número de tripulaciones. Un fallo que debería impedir dar el visto bueno al sistema.

Aunque su jefe no quiere ni oír hablar de la posible existencia de ese fallo. La implementación del sistema será la cumbre de su carrera y algo que él ve como de vital importancia para la seguridad del país. Así que intenta por todos los medios silenciar a Milford. Milford, por su parte, tendrá que poner a prueba su conciencia y su sentido del deber y ver si y cómo puede sacar a la luz el problema.

En la soterrada batalla entre ambos los dos contarán con aliados y con detractores, algunos de ellos sorprendentes. En juego, la vida de unas cuantas tripulaciones frente a los beneficios de Guiding Light.

No es la novela del año. Quizás no sea ni la del semestre. Pero salen Vulcans. Y hay un giro del guión como a la mitad del libro que me sorprendió. Y eso siempre mola. Por 5 euros, cualquiera del ramo del aerotrastorno puede disfrutarla.

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