Por @Alvy — 26 de Junio de 2020

Art of Atari

Me topé con Art of Atari, que es uno de esos libros con pintaza, tapa dura, tamaño grande (~A4) y nada menos que 352 páginas llenas de fantásticas ilustraciones sobre los legendarios juegos de la mítica compañía. Ha ido directo a la Lista de deseos, como manda el frikismo por estas cosas retro.

El libro tiene un poco de todo, tanto fotos e ilustraciones de las máquinas recreativas y videoconsolas de Atari como especialmente de los diseños artísticos que acompañaban a los juegos en cajas, manuales y cartuchos. Si además tiene un olorcillo a Ready Player One es porque tiene un prólogo de Ernest Cline, el autor de la novela luego convertida en taquillera película de Spielberg.

Art of Atari


Recordemos que los 70 y los 80 eran una era de primitivos microordenadores familiares y consolas que más bien eran tartanas, en las que el poder lo tenía el pixel gordo y la falta de paletas de colores. De modo que había que estudiar las cajas y manuales minuciosamente porque los gráficos del juego en sí podían resultar un tanto decepcionantes.

A modo de ejemplo, véanse las «ilustraciones artísticas» de arriba frente a la dura realidad de Asteroides en la Atari 2600:

Art of Atari

Si amiguitos, esto era así, sin paños calientes… ¡Imaginación al poder!

(Vía Dynamite, donde pueden verse más páginas del interior.)

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Por @Wicho — 22 de Junio de 2020

El mapa fantasma por Steven JohnsonEl mapa fantasma. Por Steven Johnson. Traducción de Cristina Mbarichi Lumu. Editorial Capitán Swing 2020. 15,57€ (papel). 8,54€ (mobi). 270 páginas.

A principios de septiembre de 1854 un brote de cólera empezó a matar a decenas y decenas de personas en Londres. Las autoridades no tenían ni idea de cómo frenar la enfermedad porque no sabían qué la producía. Y lo que creían que la producía no tenía nada que ver. Sin embargo un médico llamado John Snow –no, en serio– en este caso sí estaba convencido de saber algo: que el cólera se transmitía a través del agua, aunque no sabía cómo. Las autoridades, desesperadas, terminaron por hacerle caso aunque no estaban muy convencidas de lo que estaban haciendo. Sería la colaboración del párroco Henry Whitehead, quien en principio se oponía a la teoría de Snow, la que al final permitiera demostrar que tenía razón. El mapa que elaboró Snow para fundamentar su teoría y el trabajo que hicieron ambos para recopilar los datos que muestra cambiarían nuestras ciudades y la ciencia. Su historia queda recogida en este libro.

Hoy sabemos que el cólera lo produce una bacteria llamada Vibrio cholerae (Pacini, 1854). Cuando es ingerida se instala en el intestino delgado y en algunos casos produce una fortísima diarrea. Si no es tratada esta diarrea puede llevar a la muerte de la persona infectada por deshidratación. Pero afortunadamente el tratamiento es sencillo: consiste en mantener hidratada a la persona infectada hasta que por fin expulsa la bacteria y se van los síntomas.

Sin embargo en el Londres victoriano nadie sabía qué causaba la enfermedad. Ni cómo tratarla. Y eso a pesar de que en 1854, justo el año en el que se produjo el brote del que habla este libro, el médico italiano Filippo Pacini aisló el bacilo; de ahí su nombre actual. Pero su descubrimiento pasó desapercibido porque el «conocimiento científico» de la época achacaba el cólera a los miasmas.

La teoría miasmática de la enfermedad defiende que los miasmas, el conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras, eran la causa de enfermedad. Y en el Londres victoriano era fácil creer eso porque la ciudad, especialmente en verano, hedía. Millones de personas, vacas, caballos y otros animales hacinadas en una superficie reducida y sin un sistema de alcantarillado hacían inevitable que así fuera.

Sin embargo John Snow, que había conseguido hacer de la anestesia un procedimiento fiable en lugar de la especie de ruleta rusa que era al principio de su utilización, no creía que los miasmas fueran causantes del cólera.

Años y años de estudio de brotes anteriores le habían llevado al convencimiento de que se transmitía por el agua, aunque no sabía de qué forma. Sus análisis le habían permitido incluso ver que no todas las aguas eran iguales y que muchas veces la enfermedad atacaba duramente un edificio y pasaba de largo por el de al lado dependiendo de la compañía que les suministrara agua o de la fuente en la que la cogieran las personas que vivían en el edificio.

Esto chocaba directamente con la teoría de los miasmas, que debían afectar por igual a todas las personas de edificios colindantes al estar expuestos a los mismos malos olores. Claro que los defensores de que los miasmas causaban el cólera –prácticamente todo el mundo– decían que eso tenía además que ver con una cierta predisposición interna de las personas a sufrir enfermedades. Afirmación que tampoco tenía mucho sentido porque el cólera afectaba por igual a personas de todas las clases sociales.

La fuente de Broad Street en una ilustración de la épocaSin embargo cuando se dio el brote de 1854 Snow estuvo visitando la zona infectada –haciendo trabajo de campo, que diríamos ahora– y fue capaz de determinar que las personas contagiadas bebían del agua de la fuente de Broad Street.

A pesar de sus datos y observaciones tampoco es que le hicieran mucho caso. Pero la junta local, desesperada por intentar atajar el brote, finalmente accedió a retirar la manivela que hacía funcionar la fuente en cuestión. Y automáticamente los casos empezaron a descender hasta que el brote se extinguió.

Pero aún así los miasmáticos seguían tomándose a chufla a Snow y su teoría de la transmisión a través del agua –hay que recordar que aún faltaba una década para que Pasteur demostrara la transmisión microbiana de las enfermedades–.

Fue la inesperada colaboración del párroco Henry Whitehead quien por fin ayudó a dotar de una solidez irrefutabe a la teoría de Snow. Y eso que el párroco, al principio, no estaba de acuerdo con ella. Sin embargo no se dejó llevar por las ideas preconcebidas y poco a poco fue viendo la validez de lo que decía Snow. Además, al ser el párroco de la zona, su proximidad con las personas que vivían allí les permitió finalmente dar con el caso índice que había provocado el brote. Esto llevó a una nueva inspección de la fuente y al descubrimiento de que se filtraban en ella aguas fecales que, efectivamente, habían permitido al Vibrio cholerae (Pacini, 1854), hacer de las suyas.

Una de las principales piezas en las que se apoyaron Snow y Whitehead para explicar sus descubrimientos fue un mapa que fue elaborando el primero en el que marcaba las muertes en cada edificio. Claramente se centraban alrededor de la fuente de Broad Sreet. Y más aún si, como hizo en una segunda versión del mapa, se marcaba la zona en la que caían las casas a las que les quedaba más cerca esa fuente que otras; una especie de mapa de Voronoi en el que no midió las distancias en línea recta sino que tuvo en cuenta los callejones y desvíos que había que tomar para llegara a la fuente.

El mapa de John Snow en su versión de diciembre de 1854 – vía UCLA
El mapa de John Snow en su versión de diciembre de 1854 – vía UCLA

Snow y Whitehead no sólo consiguieron poner a las autoridades en la pista de la causa del cólera, aunque tardaron varios años en darle –póstumamente– el reconocimiento que merecía sino que además influyeron radicalmente en la forma en la que se planifican nuestras ciudades. Y a la construcción de un sistema de alcantarillado en Londres para empezar. Y en la forma en la que se hace la ciencia, recogiendo datos y observaciones, y siguiendo lo que estos dicen, no ideas preconcebidas de cómo tienen que ser las cosas.

Steven Johnson cuenta esta historia an algo menos de 300 páginas de una forma magistral, casi como en una novela de detectives en la que los protagonistas poco a poco se van haciendo con las pruebas que necesitan; se lee casi de un tirón.

Además el libro es de 2006, así que es anterior a la pandemia de COVID–19 que ha cambiado nuestro mundo en formas que probablemente aún no imaginamos. Con lo que resulta cuando menos estremecedor leer el capítulo final en el que habla de la posible aparición de un patógeno capaz de causar una pandemia como la que estamos viviendo.

Como es habitual arriba queda enlazada con nuestro código de asociado la página de Amazon en la que podéis adquirir el libro. Pero también podéis hacerlo en vuestra librería favorita habitual ahora que están abiertas de nuevo. A nosotros la editorial nos ha hecho llegar un ejemplar.

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Por @Wicho — 16 de Junio de 2020

Bionautas por Cristina JuradoBionautas. Por Cristina Jurado. Editorial Cerbero 2018. 15€ (papel). 2,85€ (epub y mobi). 234 páginas.

A una Tierra que bien podría ser la nuestra y en un tiempo que bien podría ser el nuestro –y ahora más, aunque la novela fue publicada en 2018– llegan los bionautas. No se sabe muy bien de dónde vienen pero a pesar de ser una situación de primer contacto resultan ser tan humanos como nosotros. Al menos biológicamente. Y eso resulta ser desastroso. Porque con ellos llega un virus que termina con el 99,99% de la población.

Un tiempo después de la pandemia Elio, uno de los bionautas, le cuenta a su hija la historia de su llegada y de cómo conoció a padre y a madre, la familia en la que ella nació. Elio lo hace para que su hija pueda entender su origen y por qué siente lo que siente, por qué oye voces en su cabeza. Y no, no es que esté loca.

Y con esto Cristina le da la vuelta a un primer contacto haciendo que sea con otros seres humanos. Pero unos seres humanos que salvo por su biología –y eso será desastroso– nada tienen que ver con nosotros. Porque han crecido en una sociedad en la que los sentimientos y la empatía no tienen lugar. Porque han crecido en una sociedad con unas costumbres que nada tienen que ver con las nuestras.

Lo que, como sucede con la mejor ciencia ficción, nos hace reflexionar sobre lo que significa ser humano, sobre las cosas que asumimos y que entendemos perfectamente pero que quizás no tendrían necesariamente que ser así. Es una historia que recuerda, y no por accidente, a la conquista de América.

En fin, que un libro muy recomendable que engancha y te lees en nada. Un libro que le ha merecido, con razón en mi opinión, a Cristina convertirse en la primera mujer en ganar el Premio Ignotus en la categoría novela.

Lo descubrí gracias a una entrevista que le hicieron precisamente a raíz de la concesión del premio titulada Cristina Jurado: la ciencia ficción que se hizo realidad

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Por @Alvy — 15 de Junio de 2020

A collection of free books from Springer

Springer Nature ha lanzando un programa global para apoyar el aprendizaje y la enseñanza en instituciones de educación superior en todo el mundo. El acceso remoto a los recursos educativos se ha convertido en algo esencial. Queremos apoyar a los profesores, maestros y estudiantes durante este período desafiante y esperamos que esta iniciativa sirva de ayuda. Las instituciones podrán acceder a más de 500 libros de texto clave de las colecciones de temas de libros electrónicos de Springer Nature de forma gratuita.

Con todo el asunto de la pandeamia la conocida editorial Springer ha decidido ofrecer de forma gratuita hasta finales de julio una colección de más de 500 libros de texto. Por desgracia la web original es bastante liosa, e incluye pasar por la descarga de metadatos y ficheros Excel… Pero dada la relevancia de esto, alguien se ha ocupado de recopilar en una página con enlaces fáciles de seguir todos los títulos, que llevan a la página de cada libro y de ahí a sus versiones descargables en PDF.

En total pueden clasificarse en más de 20 categorías, principalmente en inglés pero también en alemán, con muchos libros sobre medicina y química pero también otras de las que más nos gustan por aquí: informática, ingeniería, energía, tecnología, robótica, inteligencia artificial, matemáticas, estadística, física y astronomía, entre otras.

Una gran iniciativa.

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