Por @Wicho — 13 de Mayo de 2019

Kindle 2019He estado probando el nuevo Kindle básico de 2019, que por fin incorpora una pantalla iluminada, una carencia que hasta ahora me había impedido recomendarlo. De hecho siempre que alguien me pregunta por un lector de libros electrónicos le digo que lo primero que ha de asegurarse es de que tenga luz.

En el Kindle de 2019 la luz proviene de cuatro ledes repartidos a intervalos regulares en la parte inferior de la pantalla. Esto hace que en la parte superior el brillo de la luz sea un poco menos intenso, aunque no se nota demasiado ni molesta a la hora de leer. La intensidad de la luz es regulable en 25 pasos desde apagada hasta el máximo, aunque el ajuste hay que hacerlo a mano, ya que no incorpora sensor de luz ambiente.

La pantalla, fabricada por Amazon, es de 6 pulgadas con 167 puntos por pulgada de resolución y 16 tonos de gris. Como en todos los Kindle, la pantalla es antireflejos, así que puedes usarla en exteriores sin problema. Es una resolución menor que la del Paperwhite o la del Oasis, que tienen 300 ppp. Pero para lectura de texto no es un problema, aunque si te pones tiquismiquis en ciertas combinaciones de tipo de letra y tamaño, como se puede apreviar en la imagen de abajo, puedes ver como el punto de la i se une a la letra, por ejemplo.

Kindle de 2019 vs Oasis original
Kindle de 2019 (izquierda) vs Oasis original (derecha)

La menor resolución es más apreciable si el libro incluye imágenes. Aunque insisto, he leído horas y horas con la unidad de prueba que me han dejado y en la práctica no se nota. Quizás con PDF y cómics sí se apreciaría más. Pero ese tampoco es el tipo de contenido ideal para leer en un lector con pantalla de tinta digital ya sea un Kindle o uno de cualquier otro fabricante.

La pantalla es también el interfaz con el dispositivo: tocando o arrastrando en ella se avanza o se retrocede página y también se utiliza para acceder a los menús. El único botón físico del dispositivo es el de encendido y apagado, que llegado el caso también sirve para reiniciarlo.

Esto quiere decir que no hay botones para avanzar o retroceder en la lectura como en el Oasis o que no se puede utilizar el marco para hacer lo mismo como en el Paperwhite. Esa carencia de botones a mí me resulta molesta, pero de nuevo es porque soy un poco tiquismiquis y me fastidia tener que andar moviendo el dedo de fuera a dentro de la pantalla para pasar página. Y sí, ya sé que con un libro en papel es más complicado. Pero hay que quererme así. O no.

Por dentro

Una curiosidad es que, aunque Amazon no especifica qué procesador lleva el nuevo Kindle ni su velocidad en uso me pareció más ágil que mi Kindle habitual, un Oasis de primera generación. Aunque esto en realidad tampoco es sorprendente porque el Oasis original es de 2016. Y no es que el Oasis vaya mal, así que el nuevo Kindle, por mucho que sea el modelo básico, va sobrado, al menos con libros de texto. Lo que sí especifica es una memoria interna de 4 GB, aunque el realidad para el usuario «sólo» quedan libres 2,75. Que son más que suficientes, ojo. Y más teniendo en cuenta que el espacio disponible en tu cuenta de Amazon para almacenar contenido que te puedes descargar en cualquier momento que estés conectado a una WiFi es a todos los efectos ilimitado.

Para completar los detalles, pesa 174 gramos y mide 160×113×8,7 milímetros, con lo que lo puedes meter en muchos bolsillos y sujetarlo horas y horas en la mano sin problemas. Y no es resistente al agua como los otros dos modelos actuales.

¿La duración de la batería? Ni por asomo las semanas que siempre dice Amazon de todos los Kindles. Pero con el WiFi desactivado (si te acuerdas) y con un brillo medio en la pantalla probablemente no tengas que cargarlo más de una vez a la semana.

Un Kindle es un Kindle es un Kindle

En lo demás el Kindle básico es un Kindle como cualquier otro, con lo que incluye diccionario, traductor (que funciona un poco de aquella manera) y la opción de consultar términos en la Wikipedia. También permite subrayados y tomar notas que además se sincronizan entre los distintos dispositivos y aplicaciones que puedan estar asociadas a tu cuenta, igual que el punto de lectura del libro. Hay una selección de tipos de letra y tamaños, que además permiten ajustar el grosor del trazado –es como si hubiera cinco niveles de negrita– para hacer la lectura lo más cómoda posible. Y una vez que esté todo a tu gusto puedes guardarlo como un Tema para poder volver recuperar tus ajustes favoritos con un par de toques en la pantalla, lo que es especialmente útil en dispositivos que vayan a ser compartidos entre varias personas.

Así que por fin ya puedo decir que con un precio de 90 euros el Kindle básico es más que recomendable como un lector para quien tenga contenido comprado en Amazon. Aunque con Calibre para convertir formatos y conectándolo mediante USB al ordenador le puedes pasar prácticamente cualquier otro contenido al Kindle, así que también es muy recomendable como lector de libros electrónicos no asociado a una cuenta de Amazon.

Por cierto que durante el tiempo que lo tuve para probar llegó una actualización de software –que se aplicará a todos los Kindle– que por fin permite decirles que no muestren los libros ya terminados de leer, lo que hace más cómodo desplazarse por la biblioteca de contenidos.

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Por @Wicho — 8 de Abril de 2019

El río de la conciencia por Oliver Sacks

Dos semanas antes de morir Oliver Sacks dejó instrucciones acerca de El río de la conciencia, el que iba a ser su libro póstumo. Aunque en realidad no se trata de material nuevo sino de ensayos que ya había publicado en revistas, periódicos, o como parte de libros de varios autores. Unos cuantos de ellos ya no eran fáciles de encontrar, además.

Van desde la evolución a cómo la ciencia es capaz de olvidar cosas que son descubiertas quizás antes de su tiempo pasando por la velocidad a la que vivimos y sentimos las cosas o cómo se manifiesta la creatividad, pasando por la falibilidad de nuestros sentidos o lo que es la conciencia. Algunos son cortos, de apenas tres páginas, otros son más largos. El orden en el que aparecen es el que especificó Sacks.

Hace falta un tipo especial de energía, por encima y más allá del potencial creativo de cada uno, una especial audacia o subversividad, para tomar una nueva dirección una vez que uno se ha asentado. Es un riesgo como todos los proyectos creativos deben ser, porque la nueva dirección puede resultar no ser productiva en absoluto.

Y aunque son un último vistazo a la forma de pensar de alguien que, al menos a mí, siempre me ha parecido una persona brillante, este es el libro que menos me ha gustado de los que he leído de Sacks. Porque Sacks era un magnífico contador de historias y a este libro le faltan esas historias que lo hilen y que yo esperaba.

En cualquier caso, no me arrepiento para nada de haberlo leído. Como dice Xurxo Mariño un libro es la mente encapsulada de otro ser humano de forma que otros seres humanos podemos acceder a ella. Y la mente de Sacks es de esas a las que merece la pena asomarse siempre.

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Por @Wicho — 2 de Abril de 2019

Apetito de riesgo por Paloma Llaneza

En una vida pasada Beltrán ejerció como abogado. Como abogado de los buenos. O de los buenos si entendemos como buen abogado el que obtiene los resultados que su cliente desea. Pero lo cierto es que el bufete para el que trabajaba en sus últimos tiempos como abogado no era precisamente de los buenos si hablamos de ética.

Que Beltrán acabara en ese bufete fue tanto por un deseo de darle en las narices a su padre como por un desafío personal para ver a dónde podía llegar, aburrido de un puesto más formalito. Pero ya desde antes de decirle que sí a uno de los socios fundadores sabe que se está equivocando. Y sin embargo cae en el juego.

Hasta que en un momento dado se da cuenta de que tiene que dejarlo, de que tiene que cambiar de vida… aunque hacerlo casi le cuesta la vida.

Cuando lo conocemos trabaja a ratos para una agencia de publicidad inventando nombres para productos y servicios que sirvan para que a los consumidores les resulte imposible no comprarlos o contratarlos. Muy pocos de quienes le rodean saben de su pasado.

Pero para hacerle un favor a un amigo no le queda más remedio que volver a meterse en su papel de abogado. Y como ya se sabe que ninguna buena acción queda sin su castigo esto hará que su pasado vuelva a asomarse a su vida, dispuesto a pedir su libra de carne.

Apetito de riesgo está escrita por Paloma Llaneza, «abogado aunque buena persona», como ella misma dice. Y se nota que sabe de lo que habla cuando se mete en los entresijos del funcionamiento de los bufetes o de los juzgados –y a saber lo que no cuenta– y del desmedido apetito de riesgo que llevó a muchos bancos –a sus directivos, en realidad, claro– a engañar a sus clientes con las preferentes.

Es una novela entretenida que engancha desde el principio; recomendada para desconectar un rato de temas puramente geek, que no sólo de cacharros vive el friki. Aunque la nube tiene un papel en la novela, que Paloma también tiene su corazoncito geek

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Por @Wicho — 21 de Marzo de 2019

Kindle 2019Durante años desaconsejé la compra del modelo básico del Kindle porque su pantalla no tenía luz. Pero eso se ha acabado con el Nuevo Kindle (original nombre dónde los haya). Este modelo, que es la novena generación de este dispositivo, por fin incorpora una luz frontal ajustable, aunque el ajuste es manual.

Eso sí, la pantalla tiene cuatro ledes para la iluminación frente a los cinco del Paperwhite o a los 12 del Oasis. Y la resolución es de 167 puntos por pulgada frente a los 300 de sus dos hermanos mayores. El tamaño es de 6", igual que la del Paperwhite, una pulgada menos que la del Oasis. Aunque también incluye «última tecnología de tinta electrónica para un mejor contraste.»

Tiene conectividad WiFi, 4 GB de almacenamiento –que son más que suficientes–, y no es resistente al agua como los otros dos, que están certificados como IPX8, lo que quiere que deben resistir una inmersión completa y continua en agua, lo que siempre es de agradecer en playas y piscinas.

A falta de poder probarlo lo que menos me convence es que la pantalla, que sigue siendo táctil, es capacitiva, lo que quiere decir que se acabó poder pasar la página o manejarlo aún con unos guantes puestos o con la punta de un lápiz, por ejemplo. Aunque esto ya pasaba en el anterior Kindle básico, que había abandonado la barrera de infrarrojos «de toda la vida» para incorporar la pantalla capacitiva. A cambio eso el cambio sirve para evitar deslizamientos accidentales, según dice Amazon. Por otra parte el Paperwhite y el Oasis, que he podido probar, ya incorporan ese tipo de pantallas así que tampoco es un inconveniente muy grande. Es sólo que soy un poco tiquismiquis.

Pero por 90 euros tampoco veo mucho por lo que protestar. Eso sí, no está disponible hasta el próximo 10 de abril, aunque lo puedes ir encargando.

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