Por @Wicho — 8 de Abril de 2019

El río de la conciencia por Oliver Sacks

Dos semanas antes de morir Oliver Sacks dejó instrucciones acerca de El río de la conciencia, el que iba a ser su libro póstumo. Aunque en realidad no se trata de material nuevo sino de ensayos que ya había publicado en revistas, periódicos, o como parte de libros de varios autores. Unos cuantos de ellos ya no eran fáciles de encontrar, además.

Van desde la evolución a cómo la ciencia es capaz de olvidar cosas que son descubiertas quizás antes de su tiempo pasando por la velocidad a la que vivimos y sentimos las cosas o cómo se manifiesta la creatividad, pasando por la falibilidad de nuestros sentidos o lo que es la conciencia. Algunos son cortos, de apenas tres páginas, otros son más largos. El orden en el que aparecen es el que especificó Sacks.

Hace falta un tipo especial de energía, por encima y más allá del potencial creativo de cada uno, una especial audacia o subversividad, para tomar una nueva dirección una vez que uno se ha asentado. Es un riesgo como todos los proyectos creativos deben ser, porque la nueva dirección puede resultar no ser productiva en absoluto.

Y aunque son un último vistazo a la forma de pensar de alguien que, al menos a mí, siempre me ha parecido una persona brillante, este es el libro que menos me ha gustado de los que he leído de Sacks. Porque Sacks era un magnífico contador de historias y a este libro le faltan esas historias que lo hilen y que yo esperaba.

En cualquier caso, no me arrepiento para nada de haberlo leído. Como dice Xurxo Mariño un libro es la mente encapsulada de otro ser humano de forma que otros seres humanos podemos acceder a ella. Y la mente de Sacks es de esas a las que merece la pena asomarse siempre.

Relacionado,

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 2 de Abril de 2019

Apetito de riesgo por Paloma Llaneza

En una vida pasada Beltrán ejerció como abogado. Como abogado de los buenos. O de los buenos si entendemos como buen abogado el que obtiene los resultados que su cliente desea. Pero lo cierto es que el bufete para el que trabajaba en sus últimos tiempos como abogado no era precisamente de los buenos si hablamos de ética.

Que Beltrán acabara en ese bufete fue tanto por un deseo de darle en las narices a su padre como por un desafío personal para ver a dónde podía llegar, aburrido de un puesto más formalito. Pero ya desde antes de decirle que sí a uno de los socios fundadores sabe que se está equivocando. Y sin embargo cae en el juego.

Hasta que en un momento dado se da cuenta de que tiene que dejarlo, de que tiene que cambiar de vida… aunque hacerlo casi le cuesta la vida.

Cuando lo conocemos trabaja a ratos para una agencia de publicidad inventando nombres para productos y servicios que sirvan para que a los consumidores les resulte imposible no comprarlos o contratarlos. Muy pocos de quienes le rodean saben de su pasado.

Pero para hacerle un favor a un amigo no le queda más remedio que volver a meterse en su papel de abogado. Y como ya se sabe que ninguna buena acción queda sin su castigo esto hará que su pasado vuelva a asomarse a su vida, dispuesto a pedir su libra de carne.

Apetito de riesgo está escrita por Paloma Llaneza, «abogado aunque buena persona», como ella misma dice. Y se nota que sabe de lo que habla cuando se mete en los entresijos del funcionamiento de los bufetes o de los juzgados –y a saber lo que no cuenta– y del desmedido apetito de riesgo que llevó a muchos bancos –a sus directivos, en realidad, claro– a engañar a sus clientes con las preferentes.

Es una novela entretenida que engancha desde el principio; recomendada para desconectar un rato de temas puramente geek, que no sólo de cacharros vive el friki. Aunque la nube tiene un papel en la novela, que Paloma también tiene su corazoncito geek

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 21 de Marzo de 2019

Kindle 2019Durante años desaconsejé la compra del modelo básico del Kindle porque su pantalla no tenía luz. Pero eso se ha acabado con el Nuevo Kindle (original nombre dónde los haya). Este modelo, que es la novena generación de este dispositivo, por fin incorpora una luz frontal ajustable, aunque el ajuste es manual.

Eso sí, la pantalla tiene cuatro ledes para la iluminación frente a los cinco del Paperwhite o a los 12 del Oasis. Y la resolución es de 167 puntos por pulgada frente a los 300 de sus dos hermanos mayores. El tamaño es de 6", igual que la del Paperwhite, una pulgada menos que la del Oasis. Aunque también incluye «última tecnología de tinta electrónica para un mejor contraste.»

Tiene conectividad WiFi, 4 GB de almacenamiento –que son más que suficientes–, y no es resistente al agua como los otros dos, que están certificados como IPX8, lo que quiere que deben resistir una inmersión completa y continua en agua, lo que siempre es de agradecer en playas y piscinas.

A falta de poder probarlo lo que menos me convence es que la pantalla, que sigue siendo táctil, es capacitiva, lo que quiere decir que se acabó poder pasar la página o manejarlo aún con unos guantes puestos o con la punta de un lápiz, por ejemplo. Aunque esto ya pasaba en el anterior Kindle básico, que había abandonado la barrera de infrarrojos «de toda la vida» para incorporar la pantalla capacitiva. A cambio eso el cambio sirve para evitar deslizamientos accidentales, según dice Amazon. Por otra parte el Paperwhite y el Oasis, que he podido probar, ya incorporan ese tipo de pantallas así que tampoco es un inconveniente muy grande. Es sólo que soy un poco tiquismiquis.

Pero por 90 euros tampoco veo mucho por lo que protestar. Eso sí, no está disponible hasta el próximo 10 de abril, aunque lo puedes ir encargando.

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear
Por @Wicho — 8 de Febrero de 2019

Portada del libro

Llega un poco tarde para hacer honor a su subtítulo, pues la NASA cumplió 60 el pasado 1 de octubre de 2018, pero The NASA Archives: 60 Years in Space es uno de esos libros que tentará seriamente a quienes sufran de espaciotrastorno.

Son 468 páginas en formato 33×33 centímetros –bueno, un poco menos, que eso es con las cubiertas– que recogen más de 400 fotografías históricas de la agencia y algunos diseños conceptuales que nunca llegaron a ver la luz del día. Incluye también algunos de los sistemas futuros ahora en desarrollo.

Interior del libro

Las imágenes van acompañadas por textos del periodista especializado en ciencia y tecnología Piers Bizony, del historiador jefe de la NASA Roger Launius y Andrew Chaikin, my conocido por su trabajo como historiador del programa Apolo.

Un libro merecedor, sin duda, de entrar en la lista de cosas que regalar a espaciotrastornados que tengáis a mano… o para autorregalaros, claro.

(Esto es cosa de Ana Ribera, que no quiere que nos perdamos cosas molonas, dice).

Compartir en Flipboard  Compartir en Facebook  Tuitear