Por @Alvy — 22 de Septiembre de 2021

Byte / Robert Tinney

Gracias a una anotación de Byran Lunduke acerca de las portadas de la revista Byte del artista Robert Tinney tuve un momento remember de aquellas ilustraciones que hoy nos parecerían casi «retrofuturistas», donde había mucha ilustración, imaginación y normalmente muy poco texto, un poco al estilo de las que también publicaban Scientific American y otras de la época. Tinney publicó unas 80 portadas entre los años 70 y 80.

Byte / Robert Tinney

Allí hay un enlace a una entrevista a Robert Tinney en VC&G donde hay muchas más portadas y comentarios sobre cómo era su trabajo, incluso el día a día.

Resulta que Tinney no tenía especialmente muchos conocimientos de informática, y es por eso que sus ilustraciones suelen ser visiones metafóricas de lo que le transmitían los editores de la revista. Le contaban de qué iba la cosa y todo lo que hacía era plantear una idea y dibujar un boceto que enviaba por fax para que en la revista verificaran que la idea no era demasiado descabellada; al recibir el OK ya trabajaba la ilustración usando las técnica definitiva, normalmente témperas.

La revista pasaría de las ilustraciones al uso predominante de fotografías a finales de los años 80 hasta su cierre en 1998, aunque su nombre y característico logotipo continuaron usándose en Internet hasta 2011 más o menos, aunque en 2013 ya dejó de existir incluso online. Aunque en Estados Unidos está más que desaparecida, en España su espíritu continúa bajo el nombre de Revista Byte TI. Y aunque ya no existe, todavía se pueden leer todos loe ejemplares en el archivo de Internet (Archive.org): Byte Magazine, donde también pueden verse las portadas de Tinney junto a otras.

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Por @Wicho — 20 de Septiembre de 2021

Portada de The Bletchley Girls por Tessa Dunlop

The Bletchley Girls: War, secrecy, love and loss: the women of Bletchley Park tell their story por Tessa Dunlop. Hodder & Stoughton (8 enero 2015). 460 páginas.

Todo lo que quiero es un agradecimiento por lo que hice. No quito nada a los que rompieron los códigos, pero no podrían haberlo hecho sin nosotras.

Betty Gilbert
Miembro del Servicio Territorial Auxiliar (ATS)
destinada en la Estación Y HMS Forest Moor

Los logros de Bletchley Park a la hora de romper los códigos cifrados de las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial son un éxito indiscutible. Se estima que la inteligencia allí obtenida ayudó a acortar la guerra entre dos y cuatro años, salvando incontables vidas.

Pero es una historia que se suele contar desde el punto de vista de los criptoanalistas –en su mayoría hombres– que diseñaron estas técnicas o las máquinas como las bombas criptográficas o los Colossus, el primer ordenador electrónico del mundo, aunque también hubo mujeres criptoanalistas que contribuyeron a ello. Así, nombres como Max Newman, Alan Turing o Bill Tutte, por citar unos cuantos, son ahora razonablemente conocidos.

Solo que Bletchley Park no hubiera podido cambiar la historia de no haber dispuesto de mano de obra que se encargara de aplicar los métodos allí diseñados, o de mantener y manejar –programar– las bombas y los Colossus. Hay que recordar que estamos hablando de principios de los años 40; no había ordenadores, aunque se puede argumentar que la era de la información tal y como la conocemos empezó en Bletchley Park. Así que a las autoridades británicas no les quedó otro remedio que reclutar literalmente a miles de mujeres que formaban parte de la Fuerza Aérea Auxiliar Femenina (WAAF), el Servicio Real Femenino de la Armada, o el Servicio Territorial Auxiliar (ATS).

Suyo fue el trabajo de interceptar señales de radio, transcribirlas a papel, recibirlas y organizarlas en Bletchley Park, aplicarles los métodos oportunos, y de mantener y programar las Bombas y los Colossus, entre otras cosas.

Pero igual que todo el trabajo desarrollado en Bletchley Park su esfuerzo quedó oculto tras el Acta de Secretos Oficiales hasta mediados de los 70, cuando se empezó a hablar de Ultra, la inteligencia obtenida en Bletchley Park durante la guerra. Cuando se empezó a hablar de las Bombas y de los Colossus –el Reino Unido guardó en secreto durante 30 años que allí se había construido el primer ordenador electrónico de la historia–. Cuando se reconoció el trabajo de Turing y del resto de los criptoanalistas.

Sin embargo el trabajo de estas mujeres, que después de la guerra volvieron en su inmensa mayoría a sus vidas como civiles y como amas de casa –en la época post guerra se llevaba casarse joven– tardó aún más en ser apreciado.

Este libro busca corregir esa injusticia histórica contando la historia de 15 mujeres muy distintas que trabajaron en Bletchley Park o en alguna de sus estaciones de escucha asociadas –Betty Gilbert no supo hasta unos 70 años después de la guerra que era una veterana de Bletchley Park–. La autora habló con todas ellas para la redacción del libro; no he querido mirar cuántas siguen con vida. Son historias parecidas pero a la vez diferentes, pues cada una de ellas experimentó su trabajo allí de forma diferente. Son historias que durante muchos años no fueron contadas porque el Acta de Secretos Oficiales lo impedía. Y fue un secreto tan bien guardado que las hermanas Moller, que trabajaron ambas allí, nunca hablaron entre ellas de lo que habían hecho durante la guerra hasta décadas después.

El libro recoge la historia de cada una desde su nacimiento hasta que fue reclutada, sus años al servicio de Bletchley Park, cómo fue su desmovilización, y cómo están siendo los años finales de sus vidas en los que, por fin se habla y se reconoce su trabajo.

Es un libro muy interesante –aunque con muy poco contenido técnico– que cuenta una parte de la historia que tiene que ser conocida.

(El enlace al artículo sobre las mujeres criptoanalistas vía Juan A. Oliveira).

Realcionado,

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Por @Wicho — 20 de Septiembre de 2021

Decenas de miles de años en nuestro futuro la humanidad se ha extendido por el universo conocido gracias a la especia, una sustancia que permite a los Navegantes de la Cofradía Espacial plegar el espacio y mover naves de un lugar a otro del universo de forma instantánea. La especia sólo se produce en el planeta Arrakis. Controlar su producción da un enorme poder, poder que en el que empiezan los hechos narrados en Dune lleva 80 años en manos de la Casa Harkonnen. Hasta que el Emperador Padishah Shaddam IV decide otorgar a la Casa Atreides la gestión de su producción.

Eso es en realidad un regalo envenenado que pone en marcha una compleja historia en la que Frank Herbert, el autor de la novela original, habla de temas como la ecología, las grandes corporaciones, el totalitarismo, el colonialismo, o el mesianismo, por citar algunos temas. De hecho Herbert tenía planeada una tetralogía cuando empezó, aunque terminó por escribir siete novelas. Y si paró fue porque murió antes de poder publicar la sexta. Aunque sus herederos se han encargado de que el universo de Dune siguiera expandiéndose tras su muerte. Que la pela es la pela.

Adaptar al cine una historia tan compleja como la que cuenta Dune ha demostrado ser muy complicado. Aunque personalmente no tengo problemas con la generalmente denostada versión de 1984 de David Lynch. Pero esa adaptación se ha demostrado imposible en alguna ocasión más, en concreto con la que lideraba Alejandro Jodorowsky.

Y me parece que Villeneuve se le ha ido también un poco de las manos: las dos horas y media que dura la película recién estrenada es la Parte 1 de su adaptación, que llega a poco más de la mitad de la novela. Por supuesto la película es espectacular en medios, claro, sólo faltaría a estas alturas. Y en el plantel de actrices y actores que dan vida a sus personajes. Pero creo que esas dos horas y media se van a hacer mucho para quien no esté ya un poco metido en el universo de Dune. Y ojo, no es que la película no vaya contando lo que pasa; de hecho diría que lo hace mejor que la de Lynch¹. Pero mi impresión es que se lo toma con demasiada calma. Y que recurre demasiado a una banda sonora a volumen brutal –o al menos en el cine en el que la vi así estaba– para que nos demos cuenta de los momentos cruciales. Por si acaso se nos pasan.

Así que todo dependerá de la taquilla que haga esta primera parte de cara a que la veamos terminar. Y tengo mis dudas. Y muchas más dudas aún de que a Villeneuve le dejen seguir adaptando el resto de las novelas del arco a lo estilo Peter Jackson con El señor de los anillos, que lo mismo es su intención.

Yo mismo, en su momento, fui incapaz de seguir más allá de la tercera novela. Y eso que sólo me costaba mi tiempo. Aún así quería que esta película me gustara. Pero incluso habiendo leído y disfrutado de la novela, creo que Denis Villeneuve se ha empachado un poco de especia.

_____
¹ Aunque me parece fatal que la letanía Bene Geserit contra el miedo pase casi desapercibida.

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Por @Wicho — 13 de Septiembre de 2021

Portada del manual y los extras – Anderson Entertainment

Acaba de ponerse en preventa Space: 1999 Moonbase Alpha Technical Operations Manual, una versión actualizada a después de los eventos de Breakaway del manual de operaciones de la Base Lunar Alfa de Espacio: 1999. Aquella serie mítica de los 70 que en su momento muchos seguíamos con fruición aunque intentar verla de nuevo a estas alturas sea un poco un ejercicio de masoquismo destinado a terminar con nuestras memorias infantiles.

La premisa de la serie es que el 13 de septiembre de 1999 la explosión de un depósito de residuos nucleares en la cara oculta de la Luna la arranca de su órbita y la lanza a recorrer la galaxia. Semana ras semana las 311 personas que quedaron aisladas en Alfa se enfrentaban a aventuras –a cual más descabellada– mientras buscaban un planeta en el que establecerse. Ya lo de la segunda temporada fue para darle de comer aparte.

Da igual que una explosión en el lado oculto de la Luna la alejara de la Tierra. Da igual que la Luna adquiriera tal velocidad que nadie pudo volver a la Tierra en las Águilas que hubiera disponibles. Da igual casi todo porque Espacio: 1999 nos dio las Águilas, las mejores naves de la ciencia ficción. Naves que, de hecho inspiraron el diseño original del Halcón Milenario y quizás su nombre.

El manual, en tapa dura, 272 páginas y 30×23×2,5 centímetros de tamaño, incluye nuevos contenidos, como por cientos de imágenes de los interiores de Alfa y de las naves, gadgets y uniformes utilizados por los alfanos, y contará con la colaboración de expertos científicos como Phil Plait y el Dr. David Parker, de la Agencia Espacial Europea. También estará una edición especial de la que sólo habrá 311 copias que viene en un estuche rígido –de plástico duro– con extras que incluyen una tarjeta de identificación, un detector de radiación y pastillas antirradiación, entre otras cosas.

La plataforma de lanzamiento de las Águilas – Anderson Entertainment
La plataforma de lanzamiento de las Águilas – Anderson Entertainment

La cabina de las Águilas – Anderson Entertainment
La cabina de las Águilas – Anderson Entertainment

Los pedidos por adelantado que se realicen antes de las 23:59 horas del 19 de septiembre incluirán también un póster exclusivo y un parche bordado de la misión. La versión estándar del manual son unos 40 euros dependiendo del cambio. La edición edicial sale por 175 euros hasta el 20 de septiembre; luego subirá a 235 euros. Si quedan ejemplares. La entrega se estima a finales de noviembre de 2021.

Stanislaw Lem – Cortesía del secretario de Lem, Wojciech Zemek. Redimensionamiento y tratamiento digital por Masur CC BY-SA 3.0Este manual es una especie de actualización en esteroides del que sacó la revista Starlog en los 70 y que se podía pedir por correo. Pero que hoy está absolutamente descatalogado, claro.

Se pueden encontrar copias en eBay y sitios similares, o si no acudir a la «réplica» que vende Monsters in Motion. Por lo visto no es una cosa de grandísima calidad pero al menos incluye los dibujos de las naves y algún otro extra que Starlog prometió pero que nunca llegó a enviar de forma consistente a quienes habían adquirido el manual.

Para quienes aún tenemos nostalgia de la serie casi 50 años después de su estreno –es de 1975– lo de este libro es un clarísimo caso de

Shut up and take my bitcoin!

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Un libro de @Alvy y @Wicho

Se suponía que esto era el futuro | un libro de Microsiervos, por Alvy y Wicho

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