Por @Wicho — 3 de Noviembre de 2010

Me resulta casi increíble el reportaje de R. Muñoz y J. R. Marcos en El País titulado La tableta da alas al libro 'pirata' en el que se enumeran los temores de los editores frente al éxito de ventas de dispositivos como el iPad.

Según los editores, este éxito ha repercutido en que las descargas no autorizadas de libros digitales hayan pasado de un 19% del total del mercado en el último semestre de 2009 a más de 35% en la actualidad, y calculan que han dejado de ingresar más de 400 millones de euros en el primer semestre de este año por causa de estas descargas no autorizadas.

No se si las cifras son ciertas o no, pero a la Federación de Gremios de Editores de España le ha faltado tiempo para ir a llamar a la puerta del gobierno para decir que ellos también creen en que la Ley Sinde les sacará del apuro.

Supongo que lo de que Libranda, la plataforma que han montado para distribuir libros en formato electrónico, que no es compatible con esos iPad que tanto temen o con el Kindle de Amazon no tiene nada que ver con que los compradores tengamos que recurrir a buscar contenido para nuestros dispositivos en esas descargas no autorizadas.

Supongo también que el que los precios de los libros en formato electrónico sean iguales -sino superiores- a sus contrapartidas en papel tampoco tiene nada que ver o que a muy pocas editoriales se les haya ocurrido ofrecer un paquete a precio atractivo de la edición en papel y la electrónica.

Menos mal que José Antonio Millán da la contrapartida a todas estas sandeces en su artículo Malas y buenas noticias en el que menciona precisamente esta falta de oferta, la lentitud en sacar las ediciones electrónicas, absolutamente inexcusable en una época en la que prácticamente todos los libros nacen ya en formato electrónico, o la aparente falta de imaginación a la hora de pensar nuevos modelos de negocio.

Y es que todo esto no debería pillarles de sorpresa. Uno piensa que podrían haber aprendido algo de los sinsabores de la industria audiovisual y de lo mal que les está funcionando su estrategia de intentar solucionar la cosa por la vía judicial.

Pero claro, eso hubiera sido un poco un cuento de hadas, y se ve que los editores además de no editar tampoco leen.

Actualización: Parece ser que por problemas de espacio en el papel al artículo de José Antonio le falta un importante párrafo, que reproduce en su blog y que copio aquí:

La situación actual, plagada de descargas no autorizadas, tiene un aspecto positivo: ¡existe la demanda!, ¡hay gente a la que le encanta leer!, ¡en pantalla se puede leer tanto o más que en papel! ¿No será que fallan las alternativas de negocio? Cada vez que hay nuevos cálculos del acceso a obras sin autorización se habla de la “merma de negocio”, y no es así (como ya se ha visto repetidamente en el caso de la música): no toda obra descargada ilegalmente habría sido comprada, y menos a esos precios…

Las negritas son suyas.

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