Por @Alvy — 28 de Septiembre de 2020

En el siempre didáctico canal de Ben Eater, dedicado a la programación en lenguajes de bajo nivel, la electrónica de los procesadores y cosas así encontré este vídeo que muestra cómo es el código máquina resultante de compilar un sencillo programa en C. Y, aunque quienes programan pueden imaginar cómo funciona, me pareció una excelente narrativa sobre lo que sucede «tras las bambalinas».

Hay cierto debate filosófico en los comentarios sobre si lo que se muestra como código máquina es tal y es más bien ensamblador, algo muy similar pero en cierto modo diferente. Si bien es cierto que en mi opinión parece más ensamblador –porque hay instrucciones con nombres, pseudovariables y otras referencias– eso no le quita mérito al asunto. Ver el código máquina sería básicamente lo mismo, pero más aburrido: un chorro de bytes en hexadecimal, situados en las posiciones de memoria que indica la columna izquierda.

(Por cierto que lo de bajo nivel de estos lenguajes se refiere a «estar más cerca del hardware de la máquina», no a que sean más toscos o simples, aunque también; el código máquina solo tiene unas pocas decenas o cientos de instrucciones. El caso es que el código máquina está mucho más cerca de los unos y ceros de los chips que las referencias y códigos del ensamblador o el código mucho más «humano» y lleno de funciones y opciones del lenguaje C. Más bajo que el código máquina solo estaría ponerse a soldar cables seguramente.)

En cualquier caso, Eater va recorriendo línea a línea un sencillo programa que imprime la conocida secuencia de Fibonnaci (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13…) y su equivalente compilado. Va explicando a qué equivalen los bucles, asignaciones de variables, comparaciones y otras operaciones del C, vistas en ensamblador. Es todo bastante directo y óptimo, diría que altamente satisfactorio. Tan sólo hay unas pocas instrucciones que no están muy claro lo que hacen: algunas al inicio del programa (para preparar el stack por si se devuelve un valor o algo así) y otra tras la función printf que imprime los valores, que tampoco está muy claro qué hacen, aunque parece que es algo como guardar la longitud del valor impreso por si hubiera que usarlo o devolverlo como función o algo así.

Es una gran lección que en 10 minutos permite apreciar cómo unos lenguajes que los humanos podemos «leer» se convierten en algo que los procesadores de los ordenadores pueden entender y ejecutar. Tremendamente didáctico, obligatorio para clase de informática, como quien dice.

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Por @Alvy — 28 de Septiembre de 2020

Relativty / Open-source VR headset

En la web de Relativty dos auténticos hackers quinceañeros explican cómo construyeron sus propias gafas de realidad virtual por unos 200 dólares (~170 euros) y cómo cualquiera puede imitarlos y entretenerse en un proyecto chulo, chulo. Las características principales de las Relativty son:

  • Procesador SAM3X8E ARM Cortex-M3 + MPU-6050
  • Placa ArduinoCore-sam
  • Doble pantalla 2K a 120FPS
  • Funciona con los juegos de Steam VR
  • Body-Tracking experimental (con cualquier webcam externa)

Relativty / Open-source VR headset

El código e instrucciones para montar el hardware están en Gihub: Relativty. Puede ser un gran proyecto, aunque no es precisamente de los más sencillos. Hay que encargar la fabricación de una placa a medida (o usar una Arduino Due); luego se pueden usar desde pantallas baratas de 1080p a más caras de 4K. Dicen que es fácil conseguirlas en AliExpress por entre 130 y 165 euros. Muy lejos de los miles de dólares que cuestan algunos modelos comerciales de marca, y para probar un poco puede servir.

También hay una comunidad interesada en el proyecto en Discord: Realitvty.

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Por @Wicho — 28 de Septiembre de 2020

Pocketbook Touch HD 3He estado probando el lector de libros electrónicos Pocketbook Touch HD 3. Es el primero que pruebo de esta marca. La versión TL;DR es que me ha gustado mucho.

Se trata de un dispositivo con unas medidas de 161,3×108×8 mm y 155 gramos de peso que monta una pantalla táctil capacitiva multisensor de tinta electrónica Carta de 6 pulgadas y 16 niveles de gris con 1072×144 pixeles, lo que le da una resolución de 300 puntos por pulgada.

En la parte inferior del dispositivo están los botones para ir al menú principal, avanzar y retroceder página, y el de abrir el menú que corresponda en cada momento. En el canto inferior están el puerto de carga micro-USB y el botón de encendido. Aún con el conector USB el HD 3 tiene certificación IP 7, lo que quiere decir que soporta una inmersión completa en agua a un metro durante 30 minutos. En la práctica es mejor no probar esto nunca pero quiere decir que lo podemos llevar a la playa o a la piscina con cierta tranquilidad.

La pantalla dispone de luz ajustable en distintos niveles e incorpora la función SMARTlight que permite ajustar su tonalidad para hacer la luz más cálida. Tanto la iluminación como el tono se pueden poner tanto en modo automático para que los regule el sensor de luz del dispositivo como en modo manual. Pero además se pueden programar distintos ajustes personalizados que las van cambiando en función de la hora del día.

Además del conector USB el HD 3 soporta Wi-Fi (802.11 b/g/n) para conectarse a Internet y los distintos servicios que soporta y Bluetooth para conectarle unos cascos, aunque también se pueden conectar al puerto USB mediante un adaptador que viene incluido.

La memoria del sistema es de 512 MB mientras que la disponible para almacenamiento es de 16 GB, así que da para un montón de contenido.

Hablando de contenidos el HD3 soporta una gran variedad de formatos: PDF, PDF con DRM, EPUB, EPUB con DRM, DJVU, FB2, FB2.ZIP, DOC, DOCX, RTF, PRC, TXT, CHM, HTM, HTML, MOBI, ACSM en cuanto a libros electrónicos; M4A, M4B, OGG y MP3 para audiolibros; JPEG, BMP, PNG, TIFF en cuanto a imágenes que se pueden ver con la aplicación Galería; y MP3, M4B en cuanto a formatos de audio que se pueden escuchar con la aplicación Reproductor de audio. Los cascos también se pueden utilizar con la función Voz (texto a audio), aunque no deja de sonar un tanto robótica. Por si esto fuera poco también soporta la suscripción a canales RSS.

Gran interfaz táctil

Como es de rigor el manejo de las múltiples opciones del HD3 corre por cuenta de la pantalla táctil, que ofrce un interfaz muy bien pensado, en especial en lo que se refiera a la lectura, que es en lo que se va a usar la mayor pate del tiempo.

Con un libro abierto la esquina superior izquierda de la pantalla lo cierra; la superior derecha permite crear o borrar marcadores, y las esquinas inferiores izquierda y derecha permiten retroceder página. El resto del lateral izquierdo y del lateral derecho sirven para avanzar página, aunque también se puede deslizar el dedo sobre la pantalla en la dirección correspondiente para avanzar o retroceder. El HD 3 tiene un sensor de giro, así que esto se adapta a la posición en la que lo estés usando. El centro de la pantalla sirve para abrir el menú de lectura con el que se ajustan cómo se muestra la página en cuanto a márgenes, justificación, tipo de letra, etc.

También es posible cambiar la tonalidad y el brillo de la pantalla deslizando un dedo hacia arriba o hacia abajo en los lados izquierdo y derecho de la pantalla respectivamente sin necesidad de acudir a ningún menú. Si está activado el modo automático un diálogo preguntará si queremos desactivarlo y listo.

Seleccionar una palabra o varias en pantalla activa las opciones de subrayado, toma de notas, consulta en Internet –el HD3 incluye un navegador web– o en el diccionario.

En general cualquiera que haya manejado antes cualquier dispositivo táctil no tendrá problemas con HD3.

Conectividad

Otro de los puntos fuertes del HD3 es su conectividad, que va mucho más allá de poder gestionar sus contenidos mientras lo conectas a un ordenador con el cable USB.

Y es que a través de una cuenta de PocketBook Cloud –gratuita– puedes sincronizar contenidos, notas, subrayados, etc entre varios dispositivos y con la aplicación de lectura diponible para Android e iOS. También puedes adquirir libros en la tienda de POcketBook.

Pero además puedes darle permiso para acceder a tu cuenta de Dropbox, en la que creará una carpeta en la que puedes colocar libros que estarán accesibles desde el dispositivo; y también ofrece una dirección de correo electrónico asociada al dispositivo a la que podrás enviar contenidos.

También puedes conectarte a una cuenta de ReadRate para compartir información acerca de lo que lees y recibir información acerca de otros libros.

En resumen

Como decía al principio el HD3 me ha gustado mucho. Ofrece todas las opciones que le puedes pedir a un lector de libros electrónicos –y alguna más como una calculadora, un calendario y algunos juegos por si no tienes suficiente–.

El manejo es fácil e intuitivo y su procesador –un Dual Core a 2×1 GHz– es lo suficientemente rápido como para poder mover las cosas razonablemente bien, aunque como siempre un PDF le va a costar más que un epub y las imágenes muy grandes se le van a atragantar un poco más. La pantalla es de muy buena calidad, con apenas imágenes fantasma, y en cualquier caso se puede ajustar cada cuantas páginas la refresca para borrarla. La memoria es más que suficiente, y las opciones de conectividad son amplicas y bien pensadas para que nunca te falte algo que leer.

Así que con un precio de unos 160 euros me parece una opción muy a tener en cuenta si buscas un lector de libros electrónicos con todas las opciones y que no necesite estar enganchado el ecosistema de Amazon.

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Por @Alvy — 27 de Septiembre de 2020

Foo@bar.comDesde tiempos inmemoriales hackers y programadores han utilizado foo y bar como variables de ejemplo al escribir su código o hablar sobre él. Es lo que «técnicamente» llaman variables metasintácticas: algo para representar entidades desconocidas, sea eso lo que sea. Algo así cuando en castellano hablamos de fulanito y menganito, pero en código.

Foo y bar van seguidas de foobar, qux, quux, garply y muchas otras variables de este estilo. En el caso de Foo y bar siempre se ha creído que provenían de una adaptacion de la expresión militar fubar (Fucked Up Beyond All Repair) –algo que está «jodido más allá de toda posibilidad de repararlo»– aunque el archivo Jargon dice que otra posibilidad es la palabra alemana furchtbar (terrible).

Se como fuere, alguien se hizo en tiempos jurásicos de la internet primigenia con bar.com, un jugoso y simpático dominio de tres letras que resultaba más que apropiado para el buzón foo@bar.com. Y en su web actualmente hay un personaje –el Foo– que cuenta la triste historia de ese buzón de correo.

Según parece, hasta 1994 o 1995 foo@bar.com recibía algunos mensajes a la semana, generalmente provenientes de administradores o programadores que estaban usándolo en pruebas de todo tipo. Como no eran muchos mensajes, el Foo contestaba en plan gracioso, contestándolos uno por uhno, y si alguien se daba cuenta al otro lado se llegaban a establecer comunicaciones curiosas.

Pero en los años siguientes todo cambió. La Web empezó a crecer y mucha gente comenzó a usar foo@bar.com como correo falso para entrar en algunas webs que pedían un correo de registro. En aquella época no había validación de los correos, seguridad ni autenticación, por no hablar de leyes de privacidad ni todas esas cosas de hoy en día. El caso es que comenzó a llegar tantísimo correo a foo@bar.com que el Foo pasó de recibir cientos a miles de mensajes cada día. Y a nadie le importaban ya las respuestas.

Tras probar una temporada a filtrar las respuestas automáticas de las webs, de listas y el spam (incluso rebotándolo), el Foo se dió por vencido y dejó de contestar.

Ya nadie contesta desde ese buzón, pero la web sigue existiendo, con una plantilla simple. Tiene tres secciones: la historia de Foo @ Bar.com, una de chistes de bares y otra de chistes de abogados.

Cliente: ¿Cuál es la contraseña de la wifi?
Barman: Antes tiene que pedir una bebida.
Cliente: Vale, deme una Coca-Cola.
Barman: ¿Le da igual Pepsi?
Cliente: Bueno. ¿Cuánto es?
Barman: 3 dólares.
Cliente: Aquí tiene. Y dígame, ¿cuál es la contraseña de la wifi?
Barman: Antes tiene que pedir una bebida. Sin espacios, todo en minúsculas.

(Vía Hacker News.)

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