Por @Alvy — 24 de Mayo de 2022

Para darle una vuelta a su famosa campaña, la gente de Stop Killer Robots ha rodado un documental muy interesante, que además se puede ver con subtítulos en castellano. En él se utilizan dos formatos: los argumentos razonados de expertos y un juego de preguntas de tipo sí/no hechas a gente corriente. Ambos permiten ver cómo se llega –más o menos– a la misma conclusión, aunque lógicamente cada persona tenga su punto de vista y experiencia.

Código inmoral es un documental que contempla el impacto de los «robots asesinos» en un mundo cada vez más automatizado, en el que las máquinas deciden a quién matar o qué destruir.

Las decisiones automatizadas están llegando a todos los ámbitos de la sociedad. Desde los prejuicios preprogramados hasta la protección de datos y los problemas de privacidad, estos algoritmos tienen verdaderas limitaciones, especialmente cuando esa misma autonomía se aplica a los sistemas de armamento.

Las decisiones sobre la vida y la muerte no son blanco o negro, unos y ceros. Son complejas y difíciles. Reducir estas decisiones a procesos automatizados plantea muchos problemas legales, éticos, técnicos y de seguridad.

Aunque la parte argumental es estupenda, me gustó más la parte de las preguntas y respuestas, que me recordó a los dilemas y trilemas de aquellos experimentos filosóficos que ya comentábamos hace una década. ¿Matarías a una persona para salvar a cinco? ¿Y a quinientas? Aquí se utiliza un recurso similar: ir «cociendo a la rana poco a poco», en este caso a la creencias iniciales de la persona, añadiendo matices y variantes. Por ejemplo: aunque nadie mataría a un niño, reconocen que podrían matar en defensa propia, en una guerra por ejemplo, en cuyo caso se les pregunta ¿Y si la persona que te ataca fuera un niño soldado de 12 años? ¿Y si pudiera un algoritmo eliminarlo antes de que te atacara? Ah, ya no son tan fáciles ni binarias las respuestas.

Aunque hoy en día mucha gente confía en los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial («los robots», en este contexto) otras no tienen claro –o no se han preguntado nunca– hasta qué punto están cómodos con una recopilación de datos masiva, con la clasificación automática, con que esos algoritmos pueden discriminar y «juzgar» a la gente. Y esto vale tanto para contratar a alguien para un trabajo como para detectar terroristas o seleccionar objetivos legítimos en un escenario de combate.

Me ha parecido una iniciativa interesante y un buen formato para alimentar la mente con dolorosas píldoras de dudas, tener que razonar sobre ellas y darle una vuelta a la situación actual, que cambia cada día sin que apenas nos demos cuenta.

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Traducción de la cita (robotizada) DeepL.

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Por @Wicho — 24 de Mayo de 2022

Estado de los paneles solares de InSight a su llegada y ahora – NASA/JPL-Caltech
Estado de los paneles solares de InSight a su llegada y ahora – NASA/JPL-Caltech

Debido a la cada vez mayor acumulación de polvo sobre sus paneles solares, a la NASA no le ha quedado más remedio que ponerle fecha de caducidad a la misión de la sonda InSight en Marte. En unos días aparcarán su brazo robot para siempre. A finales del verano apagarán el sismómetro, lo que marca el final de la misión científica de la sonda. Y a finales de año se apagará o la apagarán definitivamente.

InSight, de Interior Exploration using Seismic Investigations, Geodesy and Heat Transport, en español, Exploración Interior utilizando Investigaciones Sísmicas, Geodesia y Transmisión de Calor, aterrizó en Elysium Planitia el 26 de noviembre de 2018. Su objetivo, como su propio nombre indica, era determinar por primera vez si hay actividad sísmica en Marte, la cantidad de calor que emana de su interior, y estimar el tamaño de su núcleo y si este es líquido o sólido. Y con ello estudiar cómo se forman y evolucionan los planetas rocosos como el nuestro.

Para ello llevaba a bordo un sismómetro conocido como SEIS, de Seismic Experiment for Interior Structure, Experimento sísmico para estructura interior. Y una sonda que tenía que haber penetrado varios metros bajo la superficie del planeta. El nombre oficial de la sonda es Heat Flow and Physical Properties Package, o HP³. Pero todo el mundo la conocía como «el topo».

No hubo mayores problemas para desplegar el sismómetro y su cubierta protectora y que entrara en funcionamiento. Pero a pesar de intentarlo por todos los medios no hubo manera de que el topo consiguiera meterse debajo del suelo, así que hubo que darlo por perdido. Aún así la NASA considera que la sonda ha cumplido con creces su misión, que en principio iba a durar un año marciano, equivalente a dos años terrestres.

En estos casi cuatro años de servicio –y aún contando, recordemos– ha detectado más de 1.300 martemotos, el más potente de ellos hace apenas unos días. Gracias a los datos recogidos hemos podido medir por primera vez la profundidad y la composición de la corteza, el manto y el núcleo de nuestro vecino. Y de paso, también hemos recogido datos sobre su meteorología.

Ahora la capacidad de producción de electricidad de sus paneles solares ronda la décima parte de cuando llegó a Marte. Y los intentos por limpiarlos un poco no han servido de mucho. Esto coincide con la llegada del invierno al hemisferio de Marte en el que está la sonda, así que cada vez dispondrá de menos electricidad.

Por eso desde el control de la misión van a aparcar el brazo, que como todos los demás sistema de a bordo consume electricidad para funcionar. Pero van a seguir activando unas horas cada día el sismómetro, sobre todo por la noche, porque es cuando las condiciones meteorológicas menos interfieren con su funcionamiento. La idea es sacar todo lo posible a la escasa electricidad de la que disponen.

Hasta que ya no se pueda hacer más ciencia y haya que decirle adiós a la sonda.

La misión está en Twitter como @NASAInSight.

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Por @Wicho — 24 de Mayo de 2022

Hace unos días el primer Comac C919 que va a ser entregado a una aerolínea realizaba su vuelo de prueba inaugural desde el aeropuerto Pudong de Shanghai con los colores de OTT Airlines, una subsidiaria de China Eastern. No hay fechas todavía, pero esto apunta a que el modelo por fin va a entrar en servicio en 2022.

Anunciado en 2008, la entrada en servicio del C919 estaba prevista inicialmente para 2014. Pero como suele suceder, el programa de desarrollo fue acumulando retrasos. Así que el primer prototipo no levantó el vuelo hasta 2017 tras haber salido de la planta de ensamblado en 2015. Después de eso, problemas con el desarrollo del programa de vuelos de prueba retrasaron la aprobación preliminar del modelo, con la que Comac ya no puede hacer grandes cambios al avión, por parte de la Administración de Aviación Civil de China hasta noviembre de 2020. La covid también ayudó a retrasar la parte final del programa de pruebas para que el C919 recibiera el certificado de tipo para poder entrar en servicio comercial.

Es un avión con una capacidad de 168 asientos en clase única, 156 en dos clases, y una autonomía inicial de 4.075 kilómetros. Aunque está prevista la construcción de una versión con un alcance de 5.555 km. Así que el C919 viene a ser el equivalente chino al Airbus A320 y al Boeing 737.

Es cierto que el A320 o el 737 en sus versiones más recientes son aviones más modernos y eficientes. Pero tienen una gran demanda, en especial el A320neo, que ha conseguido convertirse en el avión de pasajeros más vendido de la historia, con listas de espera de años para hacerse con un ejemplar. Y no hay que olvidar que ahora mismo el Boeing 737MAX, aunque está camino de poder hacerlo, aún sigue sin poder volar en China. Así que la próxima entrada en servicio del C919 llega en un momento interesante. Quizás, con los incentivos adecuados por parte del gobierno, podría canibalizar un poco las ventas de sus competidores.

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Por @Wicho — 24 de Mayo de 2022

Cuando hace unos días hablábamos de la imagen de Sagitario A* (Sgr A*), el agujero negro que está en el centro de la Vía Láctea presentada por el Event Horizon Telescope (EHT, Telescopio del Horizonte de Sucesos). Y decíamos que era una imagen calculada como la media de otras muchas. El vídeo How to Take a Picture of the Milky Way’s Black Hole explica el proceso mediante el que se obtuvo.

Para entender cómo lo hicieron hay que tener presente algunas cosas. Sagitario A* (se dice sagitario a estrella, por cierto) tiene cuatro millones de veces la masa del Sol comprimida en un área de un tamaño similar al de la órbita de Mercurio. Pero está a unos 27.000 años luz. Eso es el copón de lejos. Lo que quiere decir que intentar verlo es como intentar ver un grano de sal en Nueva York desde Los Ángeles, separadas por unos 4.000 kilómetros. A escala europea, es como intentar ver ese grano de sal en Moscú desde Lisboa, aunque aún faltarían unos 100 kilómetros.

Ver algo con un tamaño aparente tan diminuto exige el uso de un telescopio enorme. Un radiotelescopio, en este caso, pues el EHT observa el cielo usando ondas de radio. Enorme tipo tamaño de la Tierra. Algo que obviamente es imposible, al menos para nuestra tecnología actual. Pero gracias a la interferometría somos capaces de asociar imágenes de varios radiotelescopios situados en distintos lugares del planeta de tal forma que es como si observáramos con uno de miles de kilómetros.

Los radiotelescopios más próximos entre sí son capaces de resolver los detalles más grandes del objeto observado. Los más lejanos, los más finos. Además lo que ven depende del ángulo que forman entre si con respecto al objeto observado. Así que con la rotación de la Tierra se van obteniendo más detalles.

Pero como tampoco tenemos tantísimos radiotelescopios hay ciertos ángulos que quedan sin cubrir, así que hay que interpolar –que es una palabra bonita para decir inventar pero con conocimiento de causa–las imágenes que faltan. En el vídeo lo comparan como escuchar una partitura tocada en un piano al que le faltan teclas e intentar inferir lo que falta el sonido de lo que realmente oyes.

Además, para complicar un poquito más el asunto, Sagitario A* gira muy rápido sobre su eje. En términos de una foto de toda la vida eso hace que las imágenes que capta el EHT salgan movidas. Así que toca también intentar eliminar ese movimiento.

Para todo ello las personas que trabajan en la parte informática del EHT desarrollaron distintos algoritmos que procesan los datos obtenidos para generar las imágenes teniendo en cuenta todos los peros citados. Aunque todos ellos tenían que generar imágenes consistentes con los datos obtenidos. Y con ellos generaron miles de imágenes.

Mosaico con algunas decenas de los miles de imágenes obtenidas por el EHT – EHT
Mosaico con algunas decenas de los miles de imágenes obtenidas por el EHT – EHT

De ellas descartaron aquellas en las que aparecen características poco frecuentes, llegando al final del proceso a la imagen presentada hace unos días. Pero la idea es seguir recogiendo datos con más radiotelescopios y refinar los algoritmos para obtener imágenes aún mejores de Sagitario A*.

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