Por @Alvy — 8 de Junio de 2021

Phil Zimmerman (CC) Matt @ WikimediaEl software criptográfico PGP cumple hoy 30 años. La versión 1.0 se lanzó a las redes en 1991, una época en la que el software circulaba principalmente por listas de correo, las BBS (boletines electrónicos) y los servidores de FTP que servían de repositorios. Recuerdo haberlo visto anunciado en la lista de los cypherpunks y luego haberlo bajado en aquella época de CompuServe, uno de los primeros sitios en los que se distribuyó así un poco de tapadillo. Fue el momento en que se popularizó realmente la criptografía de clave pública en el correo electrónico, y también de la autenticación mediante firmas digitales. Venía con todo el código fuente, era gratis para usos no comerciales y cualquiera podía usarlo. Era un software era tan poderoso que ni la mítica NSA podía romper sus claves.

Cuenta la leyenda que para evitar problemas Phil Zimmerman, su creador, se lo entregó a varios amigos, quienes se encargaron de subirlo a Usenet (los foros de debate de la época) de los cuales fue saltando a otros sitios – para que todo el proceso fuera lo más anónimo posible dado que se «avecinaba tormenta». El código fuente se publicó en un libro en papel que salió de Estados Unidos, para evitar los controles de exportación de «cosas secretas». Con todo eso comenzó la distribución masiva: el genio estaba fuera de la botella.

Con el tiempo surgieron muchas versiones de PGP, Zimmerman acabó vendiendo su empresa y se dedicó a otros aspectos de la ciberseguridad. Hoy ha escrito un mensaje/carta de recordatorio con motivo del aniversario:

Tal día como hoy en 1991 se subió a Internet Pretty Good Privacy (PGP). El día anterior se lo había enviado a un par de amigos para que lo distribuyeran. Esto dio comienzo a una década de luchas para acabar con los controles de exportación de Estados Unidos sobre el software criptográfico fuerte. Tras la publicación de la versión 1.0 de PGP varios ingenieros se presentaron como voluntarios y realizamos muchas mejoras. En septiembre de 1992 lanzamos PGP 2.0 en diez idiomas, diversas plataformas y con nuevas funcionalidades, incluyendo el modelo de confianza que permitió que PGP se convirtiera en el método de cifrado de correo electrónico más utilizado.

Me convertí en el objetivo de una investigación penal por violar la Ley de Control de Exportación de Armas al permitir que PGP se extendiera por todo el mundo. Esto impulsó aún más la popularidad de PGP (…) Las restricciones a la exportación de EE.UU. finalmente cayeron en el año 2000. PGP encendió la década de las guerras criptográficas, lo que hizo que todas las democracias occidentales abandonaran sus restricciones al uso de criptografía fuerte. Fue una década histórica y emocionante, y un triunfo del activismo por el derecho a mantener una conversación privada.

(…) Aquí estamos, tres décadas después, y la criptografía fuerte está en todas partes. Lo que era glamuroso en la década de 1990 es ahora mundano. Han cambiado muchas cosas en estas décadas. Es mucho tiempo en años-perro y años-tecnología. Mi propio trabajo cambió a la telefonía y los mensajes de texto seguros de extremo a extremo. Ahora tenemos una criptografía fuerte y omnipresente en nuestros navegadores, en las VPN, en el comercio electrónico y en las aplicaciones bancarias, en los productos de la Internet de las Cosas (IoT), en el cifrado de discos, en la red TOR, en las criptodivisas. Y en un resurgimiento de las implementaciones del protocolo OpenPGP. Parece imposible volver a meter al genio en su botella. – Phil Zimmerman.

En el mensaje de Zimmerman hay algunas anécdotas humanas relevantes, como que le consta que su software permitió la evacuación segura de 8.000 civiles durante el conflicto de Kosovo, protegió las comunicaciones de los investigadores de crímenes de Guerra en Guatemala y de la Resistencia política en Burma en los 90. Incluso hay gente que se le ha acercado en conferencias para darle las gracias por estar vivo gracias a su software. Desde luego hizo muchas más cosas que eso, muchas de las cuales nunca sabremos. Todo un ejemplo de auténtico trabajo de un cypherpunk, haciendo bueno el dicho: «lo que hacen los cypherpunks es escribir código».

{Foto: Matt @ Wikimedia. Traducción: DeepL.}

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Por @Wicho — 8 de Junio de 2021

El Anker PowerPort Atom III Slim

Hace unos meses empecé a usar un MacBook Air de 2020 como mi ordenador principal. Se carga mediante USB-C, así que me tocó buscar un alimentador para llevar siempre conmigo. Y en el mundo del USB-C esto quiere decir que hay muchas opciones más allá del cargador oficial de Apple. Tras brujulear un poco, y dado que ya hace algún tiempo que vengo usando baterías externas de Anker y estoy satisfecho con ellas terminé por comprar un cargador Anker PowerPort Atom III Slim con el que estoy encantado.

Es un cacharro de nitruro de galio (GaN), que es lo de rigor ahora, que mide 9×8,65×2 cm y pesa 136 gramos. Tiene dos puertos USB-C y dos USB-A. Los puertos USB-C son uno de 45 vatios máximo y otro de 18; los USB-A pueden entregar un máximo de 15 vatios entre los dos. En cualquier caso el cargador da un máximo de 63 vatios. Así que si conectas cosas a los cuatro puertos, y dependiendo de su consumo, puede que se carguen algo más lento que cuando hay algún puerto libre.

Los cuatro soportan la tecnología PowerIQ de Anker; los dos USB-C en concreto llegan a la versión 3 de ella. Es la que, según el fabricante, asegura que el cargador «se habla» con los dispositivos que tiene conectados para asegurar siempre la mayor velocidad de carga posible. Es compatible con el estándar Quick Charge de Qalcomm, la carga rápida de Apple y Samsung, USB Power Delivery, y más.

La parte trasera tiene un conector IEC C8 –generalmente conocido como conector Philips aunque en realidad lo inventó Telefunken– para enchufar el cargador a la toma de corriente. Esto da flexibilidad a la hora de conectarlo en cualquier país, use el estándar de enchufe que use, con sólo conseguir el cable adecuado, lo que suele ser más barato y fácil que conseguir un adaptador. Acepta voltajes de 100 a 240 voltios de 50 a 50 Hz.

En fin, que tampoco tiene mucho más: un cargador muy útil porque permite cargar varios dispositivos a la vez a una velocidad razonable y porque evita llevar varios cargadores en la bolsa, algo que siempre es de agradecer.

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Por @Alvy — 7 de Junio de 2021

Mastershot: online video editor

Llegué el otro día a Mastershot, que es una pequeña app web a modo de editor de videos con la particularidad de que funciona online, de modo que no tienes que bajarte una aplicación, instalar nada y está siempre disponible. Es de esas aplicaciones que hacen una sola cosa y la hacen bien, muy al estilo de Squoosh o Photopea para comprimir/editar fotografías, respectivamente.

La forma de usarlo es registrarse (con un email o una cuenta Google) y subir algunos vídeos con la opción Add files. El funcionamiento es muy similar al de cualquier editor de vídeo, desde iMovie a Final Cut, solo que en versión minimalista y humilde. Los vídeos subidos se pueden arrastrar a la línea de tiempos (abajo) y reorganizar. Además de mover o ampliar los vídeos con el ratón se puede hacer también con valores exactos, igual que con el timing.

Otras funciones permiten añadir texto, con unos controles básicos pero suficientes y finalmente exportar el resultado a diferentes resoluciones: 480p, 720p o 1080p, que es lo que se suele usar en redes sociales. Lo mejor de todo es que Mastershot es gratis precisamente porque el autor estaba harto de encontrase con editores web que le pedían suscribirse o si no sólo funcionaban a baja resolución o con una marca de agua (que como decían por ahí equivale a pedirle a un creador que se mee en su propia obra). ¡Mucho mejor con Mastershot!

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Por @Wicho — 2 de Junio de 2021

Suelo seguir con interés el informe sobra la Sociedad Digital en España que publica desde hace varios años la Fundación Telefónica. Pero esperaba el de 2020-2021 con especial interés por todo lo que trajo la pandemia de digitalización forzada y a marchas forzadas en muchos campos. Ya está disponible como Sociedad Digital en España. El año en que todo cambió.

La emergencia sanitaria ha traído consigo la aceleración de la transformación digital que llevaba en marcha desde las últimas décadas. De la noche a la mañana, numerosas actividades de la vida cotidiana de las personas tuvieron que realizarse obligatoriamente a través de las redes por el imperativo del confinamiento y el distanciamiento social impuestos por el coronavirus. Nuestro país y los de nuestro entorno se han visto de pronto sumidos en el teletrabajo y en la educación a distancia, han experimentado un auge en las finanzas y las compras electrónicas, han conocido cómo se afianzan cada vez más las plataformas de ocio digital entre los ciudadanos, y, en el terreno empresarial, las compañías más rezagadas están comprendiendo la importancia que tiene la tecnología para poder competir en los mercados del siglo XXI.

Es un PDF de 637 páginas, así que lleva tiempo digerirlo. Pero hay una versión interactiva que lo resume para empezar a hincarle el diente.

Unos cuantos puntos a destacar tras un primer vistazo rápido:

  • La resiliencia tecnológica; la capacidad de las infraestructuras para absorber un aumento de tráfico desproporcionado y no esperado. Brechas digitales de acceso aparte.
  • El teletrabajo llegó para quedarse, algo que no sé si acabo de creerme de todo pues me consta que en muchos sitios en cuanto se levantaron mínimamente las restricciones todas las personas que trabajaban allí tuvieron que reincorporarse por muy bien que estuviera funcionando el teletrabajo. Pero me gustaría poder creérmelo.
  • Un desafío para la educación; la educación digital. Y es que los nativos digitales no existen, como quedó claramente demostrado. Aunque también el profesorado y las autoridades competentes necesitan, en muchos casos, ponerse las pilas.

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Un libro de @Alvy y @Wicho

Se suponía que esto era el futuro | un libro de Microsiervos, por Alvy y Wicho

Se suponía que esto era el futuro
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