Por @Alvy — 5 de Noviembre de 2013


El juego de la vida de Conway. (Salta a 01:10 si ya conoces las reglas)

En el peculiar mundo computacional de los autómatas celulares el juego de la vida de John H. Conway ocupa un lugar destacado y por méritos propios. Es tan simple como esto: en una cuadrícula infinita y siguiendo tres reglas sumamente sencillas las diferentes celdas toman con cada tic del reloj el color blanco o negro dependiendo del color de las celdas que haya a su alrededor.

El planteamiento es tan simple que se puede «jugar» con lápiz y papel – algo que de hecho es más que recomendable al principio. Las celdas «viven» o «mueren» según las reglas de tan peculiar universo bidimensional, creando con el paso del tiempo una especie de película animada en la que ciertas estructuras crecen, otras desaparecen y otras evolucionan durante miles de generaciones sin que se sepa muy bien qué va a suceder.

En el vídeo que Emue ha preparado y subido a YouTube se presentan algunas de estas estructuras de forma épica – con la banda sonora de Requiem for a Dream para mayor dramatismo. Los dibujos en la cuadrícula infinita se va volviendo increíblemente curiosos, complejos y casi dotados de ciertas «propiedades físicas» a medida que evolucionan.

Pero nada de esto es lo que parece: todas las estructuras siguen las mismas tres sencillas e inmutables reglas de siempre. Tan solo varían las condiciones iniciales, precisamente tuneadas para que algunas estructuras se «muevan», se conviertan en planeadores, lanzadores, espejos, paredes absorbentes, naves espaciales y todo tipo de maravillas a las que damos nombres tan solo con nuestra imaginación.

Hace ya bastante tiempo que se demostró que el juego de la vida es equivalente a una máquina universal de Turing, lo que le permitiría, teóricamente, realizar cualquier computación posible si se dispusiera de suficiente «tiempo» y suficiente «memoria»: lo cual incluye que podría generar las pantallas azules de Windows, correr el nuevo iOS 7 o servir a modo de PS4 para jugar al GTA V. De veras. ¿Alguien dijo inteligencia? Tampoco exageremos, pero… ejem, podría emular a Watson de IBM y ganarte al Jeopardy, hacer sus pinitos aspirando a superar el test de Turing o quizá incluso ganar el reto con peculiares tácticas.

No es raro que algunos pensadores vean en esto cierta equivalencia con las leyes físicas y los mecanismos más profundos del universo. De hecho entre las conclusiones de A New Kind of Science se incluye este planteamiento, tras miles de páginas dedicadas al estudio de los autómatas celulares de todo tipo, pero no muy diferentes de los del juego de la vida.

Si te intriga el tema prueba algunos de los «juegos de la vida» para navegador web (e incluso mejores para Mac OS X, Windows o Linux) o los simuladores de otros autómatas celulares. También hay versiones de la famosa creación de Conway como juegos lógicos o con más colores (estados) o incluso una versión menos binaria y más «suave», SmoothLife.

(Bonus: no es casualidad que el símbolo del planeador/deslizador del juego de la vida, una de las más pequeñas e impresionantes estructuras móviles, sea también el símbolo de los hackers.)

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