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¿Existen los famosos «nativos digitales»?

Foto: Digital natives (CC) por Thomas Angermann

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone donde colaboramos semanalmente con el objetivo de crear historias que «alimenten la mente de ideas».

Marc Prensky acuñaba en 2001 la expresión «nativo digital» en un trabajo titulado Digital Natives, Digital Inmigrants, y con ella hacía referencia a un nuevo tipo de estudiante que iba apareciendo en las instituciones educativas que en lugar de imprimir un documento para revisarlo lo anota en pantalla y para el que imprimir un correo electrónico para quedarse con una copia en papel es algo impensable.

Usaba la expresión para diferenciarlos de aquellas personas a las que denominaba inmigrantes digitales que, por el contrario, son perfectamente capaces de imprimir un correo, y que por norma general suelen corregir las cosas en papel y no en pantalla.

Pero con el tiempo la expresión ha ido perdiendo su significado original y hoy en día se aplica por lo general a cualquiera que haya nacido después de la revolución de la informática personal, y casi de la popularización de Internet.

Sólo por esto ya se les supone unas habilidades poco menos que innatas a la hora de manejar la tecnología, y lo cierto es que por lo general solían ser los únicos capaces de programar el vídeo en casa o de poner en hora el microondas.

También se les supone capaces de moverse con total soltura en Internet y que esta no tiene secretos para ellos.

Aunque basta con rascar un poco por debajo de la superficie para ver que en realidad no todos los jóvenes son esos supuestos «nativos digitales», ni mucho menos.

Muchos de ellos si los sacas de Tuenti, del chat, aunque cada vez lo usan menos, y de los programas que utilizan para descargarse música y películas, son tan patosos como el que más.

En realidad, creo que sería adecuado decir que todos somos inmigrantes digitales, aunque unos vengamos de más lejos que de otros.

Y es que además, al ritmo que se mueve la tecnología, por muy puesto que cualquiera esté de las últimas novedades, si se queda quieto sólo unos meses se habrá quedado rápidamente desfasado.

Así, en nuestra sociedad está apareciendo una brecha digital -aunque esto normalmente nos suene a países en desarrollo o del tercer mundo- que separa a quienes están adquiriendo los conocimientos y habilidades necesarias para moverse en este mundo digital de los que no.

Es cierto que la edad tiene mucho que ver en quien queda a cada lado, pero no es menos cierto que en los colegios tampoco se está optando por las mejores estrategias para evitar la aparición y ensanchamiento de esta brecha.

El gastarse millones y millones de euros en poner ordenadores en el aula sin ocuparse de formar a los profesores en el uso que se les puede dar es inútil, igual que lo es tener clase de informática una o dos horas a la semana, y lo cierto es que la cosa no acaba de funcionar.

Igual que los alumnos no tienen «clase de lápiz» creo que no deberían existir estas clases de informática y que los ordenadores e Internet tendrían que integrarse como una herramienta más en el aula.

Aunque es difícil que esto lo vean los que toman las decisiones al respecto, porque, desgraciadamente, están en su inmensa mayoría en el lado malo de esta brecha digital, y esto es algo que nuestra sociedad pagara muy caro en no muchos años.