Por @Alvy — 29 de Mayo de 2020

Glossary of Science Fiction Ideas and Inventions

Technovelgy es una web estilo retroviejuno que recopila noticias relacionadas con ideas e inventos surgidas de la ciencia ficción. Un campo fértil, como es fácil imaginar. Pero lo mejor es que lo tienen todo es que esa gigantesca colección está organizada en un Glosario de ideas e inventos de la A a la Z y al mismo tiempo en una no menos interesante Cronología de ideas, tecnologías e inventos por orden de publicación. Algunas curiosidades:

  • La cronología comienza en 1634 con la ingravidez explicada por el mismísimo Johannes Kepler en Somnium (El sueño) donde se habla de la «ausencia de peso» porque la gravedad todavía no se había «inventado» (!!) dado que Newton describió la gravitación universal mucho después, en 1687.
  • Julio Verne es como todo el mundo sabe uno de autores con mayor capacidad de «premonición»: desde los retrocohetes en De la Tierra a la Luna (1867) a la comunicación extraterrestre, lo de amerizar las naves en el mar, las videollamadas y tantas cosas ideas, inventos y conceptos más.
  • Los primeros robots para labores de construcción se mencionan en Runaway, de Michael Crichton, que los más viejos del lugar recordarán por Runaway: Brigada especial que era la película del mismo título que dirigió él mismo, con Tom Selleck y Cynthia Rhodes. Un clásico de esos malísimos que hay que ver.

También se pueden revisar todas las entradas por categorías: ordenadores, robots, seres virtuales… Repasarlo completo puede llevar su tiempo pero explorar un tema concreto por el que se tenga cierto interés permite descubrir muchas joyitas y menciones.

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Por @Alvy — 23 de Mayo de 2020

Ultra-dense optical data transmission over standard fibre with a single chip source | Nature Communications

En un un artículo publicado en Nature por científicos de las universidades australianas de Monash, Swinburne y el RMIT se cuenta cómo han conseguido batir el «récord de velocidad» de Internet. Lo han logrado mediante un chip óptico que maneja 80 láseres infrarrojos y es capaz de enviar señales a través de la infraestructura de fibra óptica ya existente, alcanzando los 44,2 terabits por segundo.

Esos 44 Tbps son 44.200 Gbps o 44,2 «millones de megas», traducidos al idioma teleco-casero de lo que la gente contrata en casa y en sus móviles. En los «sitios afortunados» de España el máximo actual ronda los 300-600 Mbps de modo que esto es 75.000 y 150.000 veces más. También es cierto que anteriormente se había llegado a 661 Tbps, pero en condiciones de laboratorio, que obviamente no es lo mismo. Aquí han usado la fibra normal y corriente tendida bajo las calles de Melbourne.

Lo más interesante sin duda es que todo esto funcione sobre fibra ya existente, con una sola fuente de luz y que requiera poco más que un par de chips a ambos lados del cable. Pero como suele suceder con estas cosas, aunque la demo funcionó todo es una especie de gran truco de magia: la fabricación de esos chips es muy complicada y tal y como cuentan en The Independent todavía se necesitan dos o tres años para que estén disponibles para otros laboratorios y quizá cinco años para que se lleguen a comercializar.

¿Para qué querría alguien tanta velocidad? Bueno, la capacidad («velocidad») de una línea de Internet es algo así como el espacio de almacenamiento, la velocidad de procesador de un ordenador o los libros de la biblioteca personal: nunca son suficientes. Con esos 44 Tb/s han calculado que se podrían transferir nosecuantas películas HD en un segundo, que si bien puede que no sea muy práctico (rellenarías un disco de 5 TB en un chasquido de dedos) puede tener muchas aplicaciones, por ejemplo para los servicios de streaming y vídeo online.

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Por @Alvy — 16 de Abril de 2020

La guerra de las corrientes

Llevaba tiempo queriendo ver La guerra de las corrientes (Alfonso Gomez-Rejon, 2017) que estuvo en el cajón de la productora un par de años hasta que llegó a las salas de cine. El título y el tráiler eran bastante prometedores y la verdad es que es muy entretenida, aunque imagino que la trama puede ser un poco difícil de seguir para alguien que no conozca el tema. De hecho hasta mitad de película no explican siquiera las diferencias entre corriente alterna y corriente continua que es lo que da título a la misma.

La guerra de las corrientesAunque podría pensarse que la película es un Tesla vs. Edison en versión épica a finales del siglo XIX, resulta ser más bien un Edison vs. Westinghouse, con Tesla en un papel un tanto secundario y J.P. Morgan rondando por ahí. La rivalidad extrema por controlar el mercado de la novedosa electricidad en el cambio de siglo para iluminar ciudades y motorizar aparatos la protagonizaron Edison, el afamado inventor de la bombilla (o no) y el empresario George Westinghouse, quien indirectamente se asoció más adelante con Nikola Tesla para desarrollar el motor de corriente alterna.

La película muestra un Thomas Alva Edison inhumano, empecinado y ególatra, que acusa a todo el mundo de «robarle sus invenciones», cuando como es sabido en muchos casos no hizo más que popularizarla, o firmar las patentes de alguno de los cientos de ingenieros de su equipo. Todo debía llevar su nombre asociado, presentarse como revolucionario, magnífico y elegante en diseño y uso. Sin duda hizo grandes cosas en pro de la tecnología moderna, pero a su manera. Si esto recuerda un poco a la personalidad de Steve Jobs es porque ciertamente hay similitudes.

En la película vemos en la guerra entre alterna y continua (AC/DC) cómo Edison utilizó la estrategia FUD a máximo volumen para sembrar el miedo y asociar la corriente alterna y el nombre de Westinghouse con la muerte, incluyendo el sacrificio de animales «por el progreso de la ciencia» y la subrepticia invención de la silla eléctrica. También como desatendía a su familia –a la que luego añora cuando pierde dramáticamente a su esposa– y el desprecio hacia su equipo. Está reflejada en el film la famosa anécdota de cuando Edison contrató a Tesla recién llegado a Estados Unidos, le prometió 50.000 dólares y nunca se los pagó.

La guerra de las corrientes

Westinghouse queda como un empresario honorable y sacrificado, mientras que de Tesla podemos apreciar sus peculiares rarezas –que hoy seguramente calificaríamos prácticamente de genio Asperger, cual Sheldon en The Big Bang Theory– con detalles como tener todos los objetos por triplicado (el 3 era su número obsesivo), preocuparse por los ángulos de las paredes de la habitación o estar siempre meditando como estando en Babia. Cuenta la leyenda que Tesla «era capaz de hacer funcionar los inventos en su mente» y no necesitaba plasmarlos en prototipos físicos. Pero ser un poco más pragmático no le habría venido mal: seguramente no le habrían engañado tanto en su vida ni se habrían aprovechado de él como lo hicieron.

Todo esto se conjuga en una película con estupendos actores, bonita música, un atrezzo más que digno con los inventos de Edison y Tesla probablemente conseguidos de museos y una buena ambientación del cambio de siglo en Nueva York y otras ciudades. Está salpicada como es natural de errores históricos y anacronismos varios, además de saltos narrativos «para hacerla más cinematográfica» pero son aceptables. Seguramente otros directores hubieran enfocado de forma diferente este capítulo de la Historia, pero la versión de Gomez-Rejon es más que digna y se deja ver por público de todas las edades.

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Por @Alvy — 13 de Abril de 2020

Los Crononautas Podcast - Temporada 3Ya hemos grabado otro podcast de Los Crononautas, «versión confinamiento», esta vez con varios temas relacionados con la pandemia de la COVID-19. Está en la red en formato podcast como cuarto episodio de la tercera temporada, a través de iVoox y también como descarga directa.

Apple + Google

Esta vez me ha tocado hablar del panorama de las apps relacionadas con la COVID-19, en especial de la colaboración entre Google y Apple. Intentaré resumir el panorama de las apps de las que actualmente se habla, que se dividen en tres grandes grupos:

  • Apps de autodiagnóstico. Son aplicaciones cuya principal utilidad es aliviar los teléfonos de emergencias para que no se saturen, permitiendo a la gente preguntar por sus síntomas y ofreciendo consejos relacionados con la enfermedad. Está por ejemplo Asistencia COVID-19 que es la oficial del Ministerio de Sanidad, pero como cada Comunidad Autónoma puede ir por su lado esa es válida sólo para cinco (Cantabria, Canarias, Castilla-La Mancha, Extremadura y Asturias, de momento). Hay otras similares de iniciativas públicas + privadas como CoronaMadrid o Stop COVID19 CAT (Cataluña). Son básicamente formularios y preguntas sencillas. En teoría no requerirían datos personales o acceso al GPS, pero en la práctica se solicitan «por si más adelante hacen falta».
  • Apps de rastreo de contactos. Se están utilizando en países como Singapur, la República Checa y otros. Básicamente hacen que los terminales móviles se comuniquen en segundo plano mediante Bluetooth BLE (Bluetooth Low Energy) de forma «anónima», explorando en su radio de acción, que es de unos metros. Estos son los llamados «contactos». Cada móvil conoce el estado de salud de la persona que lo lleva encima. Si esa persona enferma, idealmente actualizaría el estado en su app (o lo haría la entidad médica que realiza la prueba) y el sistema retrocedería en su lista de «contactos» recientes varios días; esto permitiría alertar de un posible contagio a otras personas. La app cambia los códigos de identificación cada pocos minutos, de modo que no intercambia datos personales o privados que otras personas pudieran asociar a alguien concreto. Eso sí: que funcione depende de que se hagan tests masivos, que todo el mundo tenga esa app instalada, actualice su estado correctamente y siga las medidas que se indican.
  • Apps de seguimiento y control. Son las más extremas en el sentido de que son obligatorias, utilizan datos personales y posicionamiento GPS para conocer la ubicación de cada persona que las usa. Se utilizan en China, Corea del Sur y otros países. Pueden determinar si unas personas se acercan a otras, o si salen de zonas de confinamiento, como cuando le ponen pulseras telemáticas a los presos en libertad condicional. La app asigna a cada individuo un código QR que puede ser necesario para acceder al transporte público o entrar en ciertos lugares como universidades o tiendas. El estado de salud se actualiza en la app cuando se realizan los tests de la enfermedad: verde, amarillo o rojo; según el color. Esto además se comparte con los sistemas de información del gobierno, que decide si se pueden hacer ciertas cosas en la vida cotidiana o no. El resumen es claro: sin la app no vas a ningún lado y si estás infectado, tampoco.

En todo este asunto hay posiciones muy enfrentadas, tanto en lo relativo a la privacidad como a la seguridad ciudadana; recordemos que los datos de salud están entre los de más alta privacidad posibles según la ley. Hay quien considera que estas apps deberían ser obligatorias y quien no; a quien no le preocupa –o sí, y mucho– su privacidad y lo que se puedan hacer con sus datos personales ahora o en el futuro; quién considera que nos vemos abocados al «todo vale» con tal de superar la pandemia y quien cree que nos arrepentiremos de haber cedido parte de nuestras libertades si las usamos. ¿Nos negarán trabajos o seguros médicos en función de nuestro historial médico? ¿Quedará estigmatizada la gente que use –o no use– estas apps? Surgen dilemas morales por todas partes.

Apple + Google Contact Tracing

Lo que han anunciado Apple y Google es una colaboración para facilitar el desarrollo de este tipo de aplicaciones de rastreo de contactos que a los expertos les parece de momento un punto intermedio y adecuado. Han publicado ya especificaciones sobre Android e iOS (que suponen el 99% de los terminales móviles del mundo) para poder interactuar con los sistemas Bluetooth (BLE) y ciertas funciones en segundo plano de los terminales.

Técnicamente todo esto tiene sus complicaciones: si se desarrollan mal las apps pueden dejar la privacidad desprotegida o incluso provocar problemas no deseados como un uso excesivo de la batería. Trabajar con apps que funcionan en segundo plano no es del todo fácil. Además, sería conveniente desarrollar una sola vez las apps y que el resultado funcione sin grandes cambios en cualquier terminal (iOS o Android) que son los que la gente posee actualmente.

Tampoco está todavía del todo claro hasta qué punto la información que circule acabará centralizada en un solo punto o podría estar descentralizada, algo preferible para los expertos. También hay que ver qué autoridades se considerarían confiables de cara al almacenamiento de estos datos.

En el anuncio de Apple y Google al menos han quedado claras varias cosas:

  • Todo esto es opcional, opt-in. La gente tendrá que descargar apps y dar permisos para que su terminal se active como emisor/receptor de datos de contactos cercanos. No serán apps imborrables que instale el sistema.
  • No se tratará de apps concretas. Las apps las tendrán que desarrollar los países o empresas especializadas; lo que van a ofrecer es sólo una plataforma facilitadora para el uso de esa tecnología.
  • Se primará la privacidad y transparencia. Tanto las especificaciones, algoritmos, estándares y código estarán disponibles para que cualquiera pueda examinarlo (una buena parte ya lo está) y comprobar que todo funciona bien y no hay oscuros secretos.

En cualquier caso también está claro que esto no es una solución rápida para el problema de la pandemia ni lo será: requiere entre otras cosas que haya tests masivos, que la gente descargue apps y las use correctamente y sin trampear. Los planes son que durante mayo se proporcione toda la documentación y en los meses siguientes se vayan publicando actualizaciones «más robustas» del sistema. Esto haría que hasta bien entrado el verano no se vean soluciones concretas, aunque los desarrolladores siempre tienen como alternativa hacerlo por su cuenta o adaptando apps y código basados en la misma idea como el que ya hay en otros países, como el TraceTogether de Singapur, el COVID19CZ de la República Checa o el SafePaths del MIT en Estados Unidos.

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