Por @Alvy — 9 de Febrero de 2020

Sony, patente US20190388785A1
– Me pregunto quién será…
– Parece que probablemente debería morir

Estos días ha estado circulando esta imagen con aspecto de diagrama de patente, atribuida a Sony, en la que alguien que está mirando a una persona en un televisor se pregunta «¿Quién será?» y un robot de juguete que está al lado contesta «Parece que probablemente debería morir».

Pues resulta que la imagen sí que es de Sony y que es real. Pero, ¡que no cunda el pánico! No es lo que parece ni se trata de la patente de Skynet.

Es caso de elección desafortunada de la imagen, o del texto, o de ambas cosas a la vez. La patente es la # US20190388785A1 titulada «Sistemas y métodos para proporcionar una salida audible basada en la sección de contenido que se presenta».

Aunque suene un poco raro –como todo en el idioma patentil– el invento al que se refiere la patente es este: mediante cámaras, por ejemplo en los ojos de un robot de juguete, se puede ver lo que sucede en el salón de casa. Cuando un algoritmo reconoce una escena conocida de un videojuego, de esas en las que quien está jugando se atasca y reintenta varias veces, el robot puede hacer de «asistente» y dar una pista sobre lo que se podría hacer a continuación. Se describe básicamente un asistente virtual que da ideas verbalmente en base a lo que está reconociendo a través de su sistema de reconocimiento visual.

Un invento interesante para rodearse de amigos a lo J.F. Sebastian, pero definitivamente nada del lado del Mal ni de Skynet.

(Vía jwz.)

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Por @Alvy — 6 de Febrero de 2020

1917 | Universal Studios/Amblin

Supongo que a estas alturas ya no es un spoiler hablar de 1917. Pero como a continuación van algunos detalles de lo que sucede en el largometraje (sin desvelar nada relevante, eso sí), por si caso aviso. Y antes de que se me olvide: la espectacular película de Sam Mendes no sólo merece una inmersión total en la sala más grande y con el sonido más potente a la que tengas acceso (yo la vi en IMAX + Dolby Atmos y todavía me retumba la cabeza). Es que es una gran historia y una auténtica proeza técnica digna de ver y repasar.

El caso es que una de las muchas cosas que me dejaron pensando al salir de la sala fue… «Muy bien: toda la película trata de unos soldados que tienen que atravesar senderos plagados de muerte y destrucción y sortear grandes peligros para entregar un mensaje. ¿Cómo podrían haber enviado ese mensaje en ese momento del año 1917 sin correr tanto riesgo? ¿Y por qué no lo hacen?»

TL;DR: La respuesta a la última pregunta la resuelven literalmente al principio de la película, cuando los oficiales explican la misión a los soldados:

(…) y no podemos avisarles por otro medio; como regalo de despedida el enemigo ha cortado todas nuestras líneas telegráficas.

Ahí está. Fin de la historia: no avisan porque las líneas están cortadas. Muy adecuado, porque si no, no habría película. De hecho no es ninguna exageración pillada por los pelos: parece que era algo común, tal y como citan en este estupendo artículo de Smithsonian Magazine: The True Story Behind the ‘1917’ movie:

Las líneas de cable y teléfono ya se usaban durante la Primera Guerra Mundial, pero el bombardeo de la artillería pesada hacía que los cables resultaran destruidos a menudo, como sucede en la película.

Ahora bien, ¿no había otros medios? ¿Y la telegrafía sin hilos?

Un poco de historia

El primer telégrafo comercial de data de 1837 más o menos, y en 1844 Morse ya usaba su versión para transmitir con el código alfabético que lleva su nombre. De hecho a partir de 1850 había cables telegráficos submarinos. Sobre el teléfono, por otra parte Bell ya hacía demostraciones en 1876 y hacia 1878 se podría usar a largas distancias. En 1915, de hecho, había hasta líneas transatlánticas. Dicen que durante la Gran Guerra los británicos no sufrieron ninguna interrupción en sus líneas submarinas, mientras que se dedicaban a cortar las de los Alemanes por todo el mundo.

Todo esto deja claro que en 1917 tenían sus telégrafos y teléfonos –más o menos fiables– pero como explican en la película y era habitual las líneas estaban cortadas.

En 1893 Nikola Tesla ya estaba jugueteando con las radiofrecuencias y en 1894 Marconi también hacía experimentos con ondas hertzianas. Es sabido que a Marconi le dieron la patente en 1896, mientras que Tesla se siguió dedicando a sus locos experimentos, no sin antes ver cómo troleaban a Marconi en sus demostraciones. En los siguientes años el campo de la radio y la telegrafía sin hilos avanzarían bastante. Sin ir más lejos en 1912 el Titanic iba equipado con un equipo de radiotelegrafía de 1,5W y 1.600 km de alcance, aunque necesitaba una habitación para alojarlo y antenas de cientos de metros. Eran los transmisores de chispas creados por Marconi; el wifi primitivo de la época.

Qué tecnología de comunicaciones había en la Primera Guerra Mundial

Quizá los artículos más afinados respecto a todo esto sean Wireless Telegraphy y el más genérico Communications Technology en la International Enciclopedia of the First World War. Allí se explica que la telegrafía sin hilos fue parte integral del conflicto a partir de 1918, gracias a lo rápido que avanzó.

Hasta 1920 no se usaría de forma generalizada para transmitir voz y de hecho desde 1916 existía una versión que cifraba la comunicación, el Fullerphone inventado por Algernon Fuller (combinando voz + telegrafía). Pero la cuestión que nos ocupa es cuál era el estado de todo esto exactamente en 1917, que es cuando transcurre la película. Según dicen, en 1917-1918 esta tecnología «ya se usaba ampliamente, tanto en el campo militar como para transmitir las noticias.»

Sin embargo, hay más detalles interesantes. En batallas como la de Somme de 1916 todavía se utilizaban principalmente cables, y cuando eran destruidos entonces «la telegrafía sin hilos mostraba su valía», así que se deja entrever que era algo medianamente disponible. También especifican que hacia mediados de 1917 las fuerzas británicas y francesas habían fabricado «varios cientos de equipos de onda continua (CW) con alcance de unos 11 km o más», algo decisivo en Cambrai en 1917 y en Le Hamel en 1918.

Nos vamos acercando: la película transcurre un poco antes de «mediados de 1917» más exactamente el 6 de abril de 1917.

Marconi 1.5 kW Field Set (MWT)Un equipo de campo Marconi (MWT) de 1,5 kW (circa 1915)

De este modo que todo se encajaría felizmente: no usan telegrafía sin hilos porque puede que entonces no se hubieran fabricado suficientes equipos como para que hubiera uno en el lugar de la batalla, al norte de Francia. O puede (menos probable, dado lo precario de la situación) que como eran muy fáciles de interceptar por el enemigo prefirieran no usarlo.

Pero hay quizá una explicación más plausible. Aquellos equipos de telegrafía sin hilos no eran para nada como los actuales. Eran enormes y muy pesados, «no particularmente portables» como dicen en la enciclopedia. Algunos eran grandes y pesados como una nevera; incluyendo su generador eléctrico se transportaban en carros. También dicen que eran relativamente poco fiables y que su alcance dependía mucho de las condiciones atmosféricas.

Lo más probable pues –y esta es mi teoría, que conste– es que dado que el 2º batallón de Devons británico estaba en pleno avance, quizá hubieran preferido no llevar un equipo de telegrafía sin hilos tan pesado y poco fiable en su primer ataque.

Esto encajaría bien con todos los aspectos comentados: el tipo de equipo, su disponibilidad en el momento exacto en que transcurre la batalla y las dificultades de operarlo. Pero además de eso, sabemos que la película no es exactamente histórica ni documental, aunque cuida los detalles. Quizá por eso añadieron el diálogo sobre las «líneas de comunicaciones cortadas». Si se piensa, de haber podido transmitir desdel cuartel general un mensaje al 2º Batallón de Devons en morse… no tendríamos película, y hubiera sido toda una pena.

§

Actualización (7 de febrero de 2020) – Muy interesante también este artículo que nos envió muy amablemente @LorenzoFerrero y que se publicó en La Opinión de Zamora: 1915: Sayago en la onda. Es la historia de cómo en aquel año se realizaron pruebas de estos equipos de radiotelegrafía móvil de Marconi en nuestro país y las dificultades del asunto:

Hasta Zamora se desplazaron, vía ferrocarril, tres estaciones radiotelegráficas de campaña con sus respectivos mandos y operadores. En total siete hombres para manejar una estación automóvil (de la casa Marconi) y otras dos instaladas en sendas motocicletas. Se trataba de comprobar las «pruebas de recepción» a las que acababan de ser sometidas las estaciones recién llegadas de «Norteamérica».

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Por @Wicho — 4 de Febrero de 2020

Portada de la publicaciónCada dos años desde 2002 la la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) hace la Encuesta de percepción social de la ciencia, cuyos resultados publica luego para que cualquier persona interesada pueda echarles un ojo. La última realizada hasta ahora es la de 2018, que es la novena edición, aunque ya están trabajando en la de 2020.

Como complemento a la de 2018 acaba de publicar Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología en España 2018, que aunque se titule parecido no es lo mismo. Es este caso se trata de un análisis de los datos obtenidos en la encuesta de 2018 a través de diversos artículos elaborados por expertos en estudios sociales de la ciencia y la tecnología.

De la presentación:

El objetivo de esta encuesta, la única de estas características que se realiza en España con una muestra de más de cinco mil personas en todo el territorio na- cional, es medir cuál es el interés de los españoles por la ciencia, qué imagen tienen de ella y de los científicos, cómo perciben su educación científica y por qué medios se informan sobre ciencia y tecnología, entre otras cosas. Por primera vez, la encuesta incorpora la percepción ante aplicaciones que suscitan debate social, como el avance de la inteligencia artificial y la robotización en el ámbito laboral.

Además, en esta última edición, hemos incorporado una sección de preguntas específicas sobre diversos aspectos relacionados con la ciencia aplicada a la salud y las terapias pseudocientíficas. Los resultados son muy reveladores y no dejan lugar a dudas sobre la necesidad de promover una sociedad más crítica e informada, que apueste por el conocimiento, la evidencia y el rigor científico.

Para leer con calma y reflexionar.

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Por @Wicho — 24 de Enero de 2020

Viviendo en el futuro por Enrique Dans

Viviendo en el futuro: Claves sobre cómo la tecnología está cambiando nuestro mundo. Enrique Dans. Deusto, 2019.

Hace diez años Enrique afirmaba en su primer libro que Todo va a cambiar. Pero en Viviendo en el futuro su argumento es que el futuro ya está aquí. Aunque el argumento principal del libro igual no es el que cabría pensar de alguien tan pegado a la tecnología como él.

Y es que aunque en efecto en los capítulos centrales del libro habla de como los avances tecnológicos están poniendo patas arriba todo, empezando por nuestras casas y terminando por la política pero pasando por la salud, las finanzas, la educación o la forma en la que entendemos el trabajo, por citar algunos ejemplos, ese no es el mensaje principal del libro.

De hecho Enrique dice que todo esto en realidad importa poco porque a causa de la emergencia climática quizás a nuestra civilización le quede muy poco tiempo. Argumenta, gracias a la tecnología la especie humana ha sido capaz de provocar drásticas modificaciones en su entorno y

[…] esas modificaciones en el entorno y ese ecosistema de continua competencia nos ha abocado a un escenario insostenible, que amenaza con provocar en muy poco tiempo el fin de la civilización humana […] el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir, pero en este momento lo más complicado es asegurar que realmente podemos disfrutar de un futuro. Y a este dilema deben dirigirse todas nuestras prioridades.

He de decir que aunque lo menciona en la introducción Enrique a veces parece olvidar que él vive del lado bueno de la brecha digital. Y no sólo eso sino que a menudo va muy por delante incluso de quienes nos consideramos unos apasionados por la tecnología. Así que tengo mis reservas acerca de esa afirmación de que «el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir». Porque no puedo olvidar que ya no en países del tercer mundo o en países en desarrollo sino en el nuestro –y especialmente en nuestra provincia– aún hay una parte no desdeñable de la población que no tiene acceso en condiciones a Internet. De hecho según datos de la Secretaría de Estado para el Avance Digital en 2019 había unos 13 millones de personas en España «que no disponen de cobertura de redes de banda ancha de nueva generación, ni previsiones para su dotación por algún operador en el plazo de 3 años, en base a planes de inversión creíbles».

Y es que como lleva años diciendo William Gibson «el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido».

Tengo también mis reservas respecto a algunas de las afirmaciones que hace en las que creo que peca de un excesivo optimismo tecnológico como por ejemplo cuando dice que dispositivos de distintos fabricantes se podrán integrar en arquitecturas en las que compartirán datos de tal forma que los algoritmos podrán monitorizar nuestra salud con un nivel de detalle impensable hasta ahora; la experiencia por ahora es más bien la contraria.

Pero en cualquier caso el libro está lleno de referencias en línea que seguir para obtener más información acerca de lo que dice Enrique y que cada uno nos formemos nuestra propia opinión. Que para eso leemos, ¿no? Precisamente por la gran cantidad de referencias recomiendo comprarlo en digital, por cierto.

Y me encanta esta reflexión que hace, que como sociedad deberíamos tener muy en cuenta:

De hecho, los problemas actuales de las sociedades humanas no se derivan del desarrollo de la tecnología ni de los tecnólogos, que en general están haciendo su trabajo de manera muy eficiente, sino de la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción sensibilidades y elementos no precisamente tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas.

Si sobrevivimos el tiempo suficiente, claro.

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