Por @Alvy — 1 de Diciembre de 2021

Es cierto que puede resultar un tanto inconcebible un mundo sin alguna de las tecnologías más básicas que nos resultan cotidianas: teléfonos móviles, Internet, mensajes instantáneos… Cameron Kansky se hacía esa pregunta genuinamente en Twitter, lo cual ha desencadenado una retahíla de respuestas tan curiosas como hilarantes a su ¿Qué diantres hacía la gente en vez de enviar mensajes de texto?

Las respuestas han variado entre el cachondeo hablando sobre que los niños jugaban en el bosque con flechas mientras comían frutas silvestres, hasta quienes recuerdan vívidamente que en los hogares se compartía una única línea de teléfono fijo y que quien contestara –sin saber quién llamaba, claro– podría acabar hablando de repente con el novio de su hermana, el jefe de la empresa del padre o un vendedor de telemárketing. Por no hablar de la odisea que suponía llamar para reservar en un restaurante o hacer cualquier otra gestión (las señales de «línea ocupada»* eran casi continuas a muchas horas, claro).

Naturalmente cuanto más te remontas, más extraño parece todo. Y no hay que irse a la Prehistoria o la Edad Media, donde puede que tuvieras que esperar una semana para conocer que algo relevante había sucedido en el país de al lado. Las dificultades para enviar un mensaje en 1917, en plena Primera Guerra Mundial, han servido incluso como argumento de película. ¿A quién se le ocurre montar una guerra sin poder siquiera comunicarse con sus propias fuerzas para organizar las batallas?

La respuesta a la pregunta de Kansky es sencilla: la gente hablaba. De otros modos, pero lo hacía: hablando de viva voz de forma «síncrona» por teléfono, dejando mensajes de voz en los contestadores automáticos, mediante notitas y recados anotados en papel… Si hacerse estas preguntas relativas a la comunicación a base de mensajes resulta intrigante y deja entrever un mundo diferente hace no tantas décadas, imagina cómo era cuando no sabías algo y no podías buscarlo en la Wikipedia.

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* Es curioso que usar hoy en día la expresión «el teléfono está dando señal de comunicando» de lugar a cierta confusión según la generación de los interlocutores.

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Por @Alvy — 30 de Noviembre de 2021

193 countries adopt first-ever global agreement on the Ethics of Artificial Intelligence | | UN NewsNos han llegado noticias acerca de que las Naciones Unidas han anunciado el primer acuerdo global por el que 193 países de la organización se ponen de acuerdo acerca de la Ética de algunas cuestiones relativas al uso de la Inteligencia Artificial. Según dicen:

El texto pretende destacar las ventajas de la Inteligencia Artificial, reduciendo al mismo tiempo los riesgos que ello conlleva. Se trata de una guía para garantizar que las transiciones digitales promuevan los derechos humanos y contribuyan a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, abordando cuestiones en torno a la transparencia, la rendición de cuentas y la privacidad, con capítulos políticos orientados a la acción sobre la gobernanza de los datos, la educación, la cultura, el trabajo, la sanidad y la economía.

Suena totalmente a un Don’t be Evil con el que cualquiera estaría de acuerdo. Estas disquisiciones de un grupo de expertos que ha trabajado con diversos organismos de la ONU han quedado plasmadas en un documento de 30 páginas bajo el título Proyecto de recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial. Es el típico texto muy formal con muchos preámbulos, reconocimientos y observaciones, para luego pasar a dar algunas recomendaciones concretas al respecto, entre ellas:

  • Garantizar la protección de los datos, yendo más allá de lo que hacen las empresas tecnológicas y los gobiernos para garantizar a los individuos una mayor protección, asegurando la transparencia, la agencia y el control sobre sus datos personales.
  • Prohibición del uso de sistemas de IA para el «crédito social» y la vigilancia masiva.
  • Favorecer los métodos de uso eficiente de los datos, la energía y los recursos.

En este último aspecto hacen especial énfasis al sugerir que «estas nuevas tecnologías deben ayudar a abordar los principales retos de nuestro mundo actual, como el aumento de las desigualdades y la crisis medioambiental, y no a profundizarlos». Cuestión un tanto obvia con la que es casi imposible estar en desacuerdo si se tienen dos dedos de frente, claro.

No he conseguido encontrar la lista de los 193 países que adoptan o firman este acuerdo, pero desde luego no creo que esté incluida China porque el uso del famoso «crédito social» está allí generalizado. E incluso me extrañaría que otros países grandes como Estados Unidos o Rusia en los que se están usando IAs para propósitos más que cuestionables lo hubieran hecho, aunque la hipocresía no tiene límites, claro. Además, tengamos en cuenta que todo esto no se refiere sólo al uso de empresas registradas en los diferentes países, sino también a usos gubernamentales, claro, donde es más doloroso el asunto si cabe. Pero, quién sabe, igual han reconsiderado y retomado el buen camino.

{Foto (CC) Possessed Photography @ Unsplash. Traducción de la cita: realizada por la inteligencia artificial –apropiadamente– de DeepL.}

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Por @Alvy — 24 de Noviembre de 2021

Mobile Phone Museum | Mobile Phone Museum

Igual que existen museos para los juguetes, los alambres o los inodoros, el tiempo ha querido que a Ben Wood se le ocurriera fundar el Museo de los teléfonos móviles. Allí más de 2.000 terminales muestran la evolución de estos gadgets en las últimas décadas. Por desgracia en estos tiempos de Covid no han podido organizar exposiciones presenciales, pero la idea es que pueda ir haciendo las rondas por distintos lugares para llegar a todo el mundo, incluyendo colegios y otros espacios tecnológicos tradicionales.

Mobile Phone Museum | Mobile Phone Museum

Ya solamente mirar el catálogo completo es una maravilla, con modelos de marcas conocidas, especialmente muchos Nokia, Ericsson, Morotola y Sony. Hay Blackberries y Palms, modelos de NEC, LG y Panasonic e infinidad de otras marcas totalmente desconocidas: Xelibri, Dancall, KDDI… También están organizados por colecciones: los superventas, los primeros modelos de cada marca, los «teléfonos de James Bond» y cosas así.

También tienen una página dedicada a los más buscados: modelos de marcas desconocidas (o no tanto) que por alguna razón resultan especiales, ya sea por tratarse de ediciones limitadas, versiones que no tuvieron mucho éxito o porque estuvieron muy poco tiempo en el mercado. El museo admite donaciones y tiene una lista de donantes como agradecimiento.

Hay más información sobre todo lo que hacen en su blog y en su cuenta de Twitter, @Phone_Museum.

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Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2021

Si hubiera que hacer un Top 10 de inventos de la humanidad, la imprenta estaría sin duda en un alto lugar de la lista, junto con la rueda, la electricidad y algunos más. En estos 60 minutos de documental Stephen Fry y una serie de expertos narran la historia de su invención, al tiempo que también fabrican una imprenta a imitación de la de Gutenberg, con materiales, técnicas y herramientas de la época. Forma parte del interesantísimo canal Absolute History al que llegué a través del algoritmo.

Hay quien considera a Gutenberg un auténtico geek, una especie de hacker de la tecnología primitiva del siglo XV cuyo objetivo en la vida era idear un invento mecánico a partir de ciertos componentes e ideas previas (la prensa de vino, el papel, los tipos móviles) para el que había detectado una gran demanda. El caso es que la tarea no era fácil: necesitó unos dos años para tener listo su invento, con el que imprimió tan sólo 180 ejemplares de lo que hoy llamamos La Biblia de Gutenberg, de unas 1.200 páginas cada una. El coste final fue tan prohibitivo –había que inventar la tecnología y luego dedicar el tiempo y materiales para imprimir– que sólo pudieron permitírselas los más pudientes, normalmente la propia Iglesia y las grandes bibliotecas.

La gran danza macabra / Mathias Huss, 1499

El documental explica con fascinación cómo eran todos los componentes y el proceso por el cual se llegó a ellos, incluyendo los tipos móviles metálicos a partir de plomo y antimonio fundido y la fabricación del papel (aunque a veces usaban vitela o pergamino de piel de becerro, mucho más costosa). Respecto a la parte mecánica de la imprenta el principal problema es que tras casi seis siglos no se conserva la imprenta original y tampoco existen dibujos. Lo más parecido y cercano es un grabado llamado La gran danza macabra de Mathias Huss de 1499, donde se ve un taller de impresión y un grabado de Durero de 1511, hecho de memoria.

La imprenta, de DureroArmados con todos estos conocimientos los artesanos del documental fabrican una imprenta lo más parecida a lo que podría haber sido la original, capaz de imprimir las páginas al mismo tamaño (la Biblia de Gutenberg es enorme, con páginas de unos 42 x 30 cm). Lo de los tipos móviles es especialmente delicado: hacían falta 290 caracteres «maestros» (todas las letras pero en diferentes interletrajes, así como algunos símbolos, para que el texto quedara justificado en dos columnas) y luego replicarlos para tener suficientes unidades con las que componer varias páginas a la vez. Se cree que en la Biblia de Gutenberg se compusieron unas 6 páginas simultáneamente, con 15.600 caracteres en total en un momento dado. La aparentemente simple tarea de fabricar los tipos móviles requería en el siglo XV alrededor de un año.

Toda la historia está salpicada de otras anécdotas, como las dificultades de financiación que llevaron a Guntenberg a incorporar un socio (al que luego no pudo pagar, perdiendo así su propia participación, teniendo que entregar la maquinaria y muriendo pobre) o cómo una vez impresas las páginas de texto había que añadir la rubricación en forma de dibujos y ornamentos de color. Con todo esto Guntenberg produjo su primera edición de 180 ejemplares, de los que hay sobrevivido hasta nuestros días unos 49, aunque sólo 21 están completos, así como 4 de las 12 Biblias «de lujo» que se imprimieron en pergamino.

También se menciona que antes de completar la Biblia se dedicó a imprimir una gramática latina (1450), mucho más sencilla, a modo de prueba y para sacarse un dinerillo (ese sería pues el «primer libro impreso» y no la Biblia de Gutenberg). Su invento llegó mucho más lejos: el mundo pasó de 0 a 20 millones de libros impresos en tan sólo 50 años, propagando así la cultura y el conocimiento, primero entre quienes podían pagarlo y posteriormente llegando a todo el mundo. Y también marcó, según algunos autores, el final de la edad media y el comienzo del renacimiento.

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