Por @Alvy — 2 de Febrero de 2023

Infographic - What did the world Google?

En Genuine Impact publicaron esta informativa infografía sobre las apps más populares del mundo (en 2021). Sólo tiene en cuenta las apps para móviles, el término «aplicaciones» se reserva ya sólo para los ordenadores de escritorio. El criterio principal son los millones de descargas, que aunque algunas sean de esas de descargar-probar-borrar siempre es buen indicativo.

La primera categoría ganadora son las redes sociales, con TikTok a la cabeza, seguido de Instagram, Facebook, WhatsApp, Snapchat y Twitter. Es curioso porque esta es curiosamente una de las que más varía de país a país; en algunos Facebook no se come un colín o en vez de WhatsApp utilizan el Messenger de Meta, Telegram o cualquier otra.

Le siguen las apps de tiendas (Shopee, Shein, Meesho y luego ya Amazon, Flip Kar y AliExpress) que también sorprende un poco por su localidad, pero es que China es un país muy grande. En entretenimiento Netflix supera a YouTube (¡toma ya!) y en música Spotify se lleva la palma. El resto de categorías son los juegos, las apps para hacer transferencias de dinero, las educativas, de salud, citas, viajes y comida. Incluso las de temas «criptodivisas» tienen su hueco por encima de otras categorías menores.

No creo que en 2022 la cosa haya cambiado muy significativamente, quizá alguna subida y bajada de puestos pero lo esencial está ahí, sin nada rompedor en ningún campo respecto a 2021 (tal vez BeReal, Mastodon o alguna otra en redes sociales), así que a falta de datos más actuales estos resultan informativos.

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Por @Alvy — 29 de Enero de 2023

Luna / Alexander Andrews

Estuve leyendo en un artículo de Nature sobre lo complicado que es responder a la pregunta ¿Qué hora es en la Luna? cuando se necesita saber el dato exacto. Pero exacto, exacto. Y es que, claro, si en la Tierra ya es difícil por mil y una detalladas complicaciones, imagínate a 300.000 km, sobre la superficie de un satélite que gira de forma diferente, con una masa completamente distinta que afecta a su potencial gravitatorio y cómo todo eso se complica aún más con los efectos relativistas de dilatación del tiempo.

Al parecer todo esto viene del proyecto de una red de satélites GPS y comunicaciones para vehículos lunares, sobre el que escribí un artículo recientemente para Tecvolución. Ese GPS lunar, llamado Iniciativa Moonlight, será cortesía de la Agencia Espacial Europea, pero al igual que el GPS o el Galileo terrestre depende de que la medida del tiempo sea completamente precisa; si no es así los cálculos pueden desviarse desde unos pocos metros a miles, dando al traste con las misiones, desorientando a los astronautas o algo peor.

Mirando un poco por ahí vi que mientras que día en la Tierra dura 24 horas (casi siempre), sucede que un día en la Luna dura 708,7 horas (29,53 días terrestres). Todo esto partiendo de la definición de «día» como el periodo entre un amanecer y el siguiente, claro. Naturalmente, tener segundos u horas lunares sería poco práctico y extraño, así que habría que establecer algún tipo de «hora lunar oficial» relacionada con el horario UTC terrestre, para que sea la misma hora en los ambos sitios y se ajuste adecuadamente. Y también para que todos las misiones que estén trabajando allí, yendo y viniendo, tengan una hora común, como dicen en Nature.

Por mucho que estén establecidos en una base lunar, los astronautas seguirán con el ritmo natural en sus cuerpos de los ciclos circadianos de 24 horas, de modo que tendrán que hacer como cuando ahora viajan en la Estación Espacial Internacional o como los tripulantes de un submarino: a descansar y dormir cuando toque, sin importar mucho la «hora oficial».

El problema relativista tampoco ha de ignorarse: el pozo gravitatorio de la Luna es menor que el de la Tierra al tener una masa menor; de ese modo allí el tiempo «transcurre más rápido» si se compara con el de la Tierra. La diferencia no es mucha: unos 56 microsegundos cada 24 horas (terrestres) equivalentes a 0,02 segundos al año. No es gran cosa, pero suficiente para que un GPS no funcione bien. Así que tendrán que compensarlo, igual que se hace con el GPS terrestre donde el efecto relativista de dilatación también ha de ser compensado porque los satélites están en órbita a 20.000 km y eso se nota, aunque sean sólo 38 microsegundos al día.

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Foto (CC) Alexander Andrews @ Unsplash.

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Por @Alvy — 3 de Enero de 2023

En este vídeo de 1969 medio futurista, medio comedia, medio relajante, del archivo de la BBC el mitiquísimo James Burke (sí, el del mejor plano de televisión de la historia) narra cómo es un visión de la oficina del mañana: un sitio relajante, aislado, sin distracciones…

… aunque luego necesita un buen número de cachivaches para hacer cualquier cosa, lo cual contrasta con la realidad actual 50 años después, empezando por:

  • Lápiz y papel
  • Un robot con forma de mesa rodante que le acerca objetos
  • Cámaras de vídeo y fotografía que deben pesar e 5 a 10 kg
  • Calculadora, joystick, televisor y quién sabe cuántas cosas más

El papel de la secretaria de aquella época extrapolado a la actualidad también es para nota. Se ve que nos cuesta pensar en cómo cambia la sociedad al tiempo que anticipamos los avances tecnológicos.

Si tan solo hubiera pensado en que podría existir…

Kenny Eliason @ Unsplash

… ¡este todo-en-uno!

Bonus, eso sí, para la visión futurista acerca de que la gente seguiría hablando a los dispositivos como si fueran una tostada para enviar los mensajes de voz.

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Foto (CC) Kenny Eliason @ Unsplash.

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Por @Wicho — 31 de Diciembre de 2022

En la semana anterior a las Navidades de 1947 los físicos estadounidenses John Bardeen y Walter Brattain, mientras trabajaban bajo la dirección de William Shockley en los Bell Labs, consiguieron crear el primer transistor, más concretamente el primer transistor de contacto puntual. Así que se cumplen 75 años de ello.

Y estoy convencido de que no exagero nada si digo que es uno de los inventos más importantes del siglo XX e incluso de la historia.

Simplificando un poco las cosas, un transistor puede amplificar una señal eléctrica y también actuar como un interruptor, permitiendo o no el paso de la electricidad. Esas funciones las hacían hasta entonces las válvulas de vacío, que consumían un montón de electricidad, se calentaban un montón, y no eran precisamente pequeñas.

El transistor, por su parte, hacía esas mismas funciones consumiendo una parte ínfima de la que necesitaba una válvula, generando una fracción del calor, y ocupando mucho menos. Además, son mucho menos frágiles, ya que no tienen una ampolla de vidrio susceptible de romperse a la mínima.


Réplica del primer transistor –nadie imaginó que hubiera que conservar el original– fabricado por Bardeen, Brattain y Shockley; la cúpula de vidrio es para protegerla, no forma parte del transistor –

Así que los transistores permitieron la miniaturización y la reducción del consumo eléctrico de dispositivos como las radios, las televisiones, o incluso los audífonos y casi cualquier otra cosa que llevara válvulas.

De hecho el primer dispositivo comercial en usar transistores fue el Sonotone 1010 de 1952. Aunque era un dispositivo híbrido que usaba dos válvulas y un transistor porque por aquel entonces los transistores aún producían bastante ruido la duración de las baterías era mucho mayor que la de cualquier otro dispositivo similar a válvulas.

Los transistores también permitieron, por ejemplo, la creación de las radios de transistores que caben en un bolsillo y funcionan horas y horas con un par de pilas. La primera fue la Regency TR-1 de 1954.

Pero si digo que son uno de los inventos más importantes de la historia es porque sustituyeron a las válvulas en los ordenadores, permitiéndoles alcanzar una velocidad y fiabilidad antes impensables. El que se puede considerar el primer ordenador moderno de la historia, el ENIAC, usaba 18.000 válvulas (además de 7.200 diodos, 1.500 relés, 70.000 resistencias, 10.000 condensadores, y unos 5.000.000 de puntos de conexión soldados a mano), sus distintos bastidores ocupaban 60 m², pesaba unas 30 toneladas, y tenía un consumo eléctrico de 150 kW. Además, todas esas válvulas generaban tanto calor que necesitaba su propia instalación de aire acondicionado, con lo que con sus instalaciones asociadas el ENIAC al final necesitaba 170 m². Y hay familias enteras que viven en mucho menos espacio.

Los ordenadores a transistores necesitaban menos componentes, que además consumían menos y generaban menos calor, lo que permitió una inmediata reducción en el tamaño y consumo eléctrico de los ordenadores, al tiempo que su fiabilidad aumentó en varios órdenes de magnitud. Una versión transistorizada de la calculadora IBM 604, por ejemplo, desarrollada como prototipo para probar el nuevo invento, ocupaba la mitad de volumen y consumía el 5 % de electricidad que su versión a válvulas.

Y de los transistores se derivaron los circuitos integrados, unos dispositivos del tamaño de la uña de tu pulgar pueden llegar a incluir literalmente literalmente miles de millones de transistores. Esos circuitos integrados son la base del funcionamiento de ordenadores, tablets, teléfonos móviles… pero además están incluidos en electrodomésticos, aparatos de medicina, juguetes.

Nuestro mundo sería literalmente muy distinto de no haber sido inventado el transistor.

Bardeen, Brattain y Shockley se llevaron el Nobel de física de 1956 por su invento, sin duda uno de los Nobel más merecidos de la historia.

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