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Cómo la tecnología puede desorganizar todo para que todo funcione mejor

Asamblea 15M en La Coruña

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone donde colaboramos semanalmente.

Todos sabemos que organizarnos con alguien para hacer algo es a menudo un trabajo arduo, pero imprescindible tanto para nuestra vida cotidiana como para cosas más complicadas.

Organizar la agenda doméstica con tu pareja y tus hijos, planificar el próximo proyecto en la oficina, o planear la próxima misión de una agencia espacial son cosas que requieren la colaboración de varias personas, y organizarse para eso está sujeto a lo que se llaman costes de transacción.

Estos se refieren a las fricciones que surgen cuando dos o más personas se ponen a hacer algo juntas, pero según sostiene Cory Doctorow en Disorganised but effective: how technology lowers transaction costs los cambios más grandes en nuestra sociedad se han producido cada vez que la tecnología los ha hecho bajar.

Si hace miles de años nuestros ancestros pasaban gran parte de su tiempo organizándose para cazar o cosechar la próxima comida cosas como la aparición del lenguaje, la escritura, o la alfabetización hicieron que los seres humanos pudiéramos dedicar cada vez más tiempo a otras cosas.

Y esas otras cosas son cosas que no podríamos hacer como personas individuales, lo que para Cory nos hace más que humanos. Admite también que esto redunda en beneficio de los que tienen el poder, pues gracias a la tecnología pueden optimizar el funcionamiento de sus organizaciones, ya sean estos estados, iglesias o bandas criminales, por citar los ejemplos que él cita, para hacerlos aún más efectivos.

Pero lo mismo pasa con los que no sólo no tienen el poder sino que se enfrentan a este.

Se acabó lo de perder horas y horas haciendo fotocopias de un folleto, metiéndolas en sobres y enviándolas por correo, pegándolo en las paredes, o haciendo una pegada de carteles.

Ahora, con Internet y herramientas como el correo electrónico, Twitter, los blogs, y las redes sociales, el coste de diseminar un mensaje es prácticamente cero, tanto en cuanto a tiempo como a dinero, lo que deja a quien tenga una historia que contar tiempo libre para pensar en cómo contarla mejor, en por qué hay que movilizarse y no en cómo movilizarse.

Esto, dice, hace que estemos asistiendo a la aparición de un fenómeno totalmente nuevo, que es el de los grupos desorganizados pero efectivos, grupos como Anonymous, el movimiento 15M, o los diversos Occupy, grupos sin ningún tipo de estructura de mando a pesar de los titulares que nos quieren vender sobre detenciones de sus cabecillas, sin ningún tipo de estructura formal de pertenencia, y tan siquiera sin un conjunto de metas claramente expresado.

Por supuesto que esta forma de funcionamiento hace que a menudo se equivoquen o que cambien de dirección pero para Cory podrían ser los primeros atisbos de una nueva forma de gobernar nuestras instituciones, de alejarlas de un formalismo y de una burocratización excesivos que a menudo les impiden ser todo lo que quieren o podrían llegar a ser.

¿Podríamos llegar a gobernar así nuestras naciones? ¿Podría organizarse el transporte público de una ciudad en base a lo que sus usuarios realmente quieren y no en base a las decisiones que toman una serie de ejecutivos que a menudo ni usan esos medios de transporte?

Las posibilidades de cambio desde luego que parecen enormes.