Por @Alvy — 9 de Octubre de 2021

BuscoPueblo.com

Se podría decir que BuscoPueblo es como un Idealista de la España vaciada, un buscador de territorios abandonados (o casi) o un Airbnb de lo rural. Lo interesante es que aunque Diego –que es su creador y quien nos lo ha presentado– dice que todavía está en desarrollo y queda mucho por hacer, ya permite ver lo básico de la idea: una forma de encontrar pueblos españoles según las preferencias de cada cual y las características más inusuales que puedan desearse.

La forma en que funciona es una combinación de las ideas de diversas plataformas y apps similares, pero básicamente tiene todas estas funciones:

  • Un buscador de pueblos en base a criterios inusuales, como la demografía, la cercanía de hospitales o colegios, el número de habitantes (y si hay más jóvenes o mayores), su cercanía a la costa o si tiene cerca supermercados o buena conectividad (fibra, wifi). De este modo puede que alguien encuentre un lugar bien conectado para teletrabajar, con no mucha gente y cerca de un hospital, aunque no necesite que tenga cajeros automáticos o colegios porque no hay niños en la familia.
  • Una función de Match donde viendo fotos se pueden ir guardando pueblos para ir a visitarlos según la pinta que tengan por las fotos.
  • Anfitriones. Son lugares donde se puede ofrecer alojamiento para quien quiera conocer un pueblo; algunos son gratuitos y otros no, la idea es irse unos días o una temporada «para probar».
  • Comunidad. En la aplicación hay chat, descripciones editables, la posibilidad de subir fotos, y demás, de modo que se forme cierta comunidad en torno a lugares o estilos de vida.

La web es sencilla, rápida, funciona bien y permite verlo casi todo de un vistazo. Poco más se puede pedir. Aunque ya sabemos que la vida rural es algo que produce ensoñaciones idealizadas en mucha gente –y la realidad luego es muy distinta– y que no todo el mundo está preparado para esa «desconexión de la ciudad» y la vuelta a la vida sencilla y la naturaleza, quien quiera intentarlo aquí tiene una herramienta con la que empezar.

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Por @Alvy — 2 de Octubre de 2021

Globe GL

Es precioso globo terráqueo interactivo con cables submarinos es simplemente gozoso, tanto en lo visual como en lo táctil, porque puedes darle vueltas con el ratón, girarlo, hacer zoom y examinar las vías por las que circulan los bits en todas partes del mundo. Hipnotizante.

Por lo que he podido ver es uno de los muchos ejemplos de cómo se puede utilizar Globe.GL, una librería con componentes de interfaz de usuario para visualizar el globo terráqueo en forma de 3D con su apropiada proyección esférica, combinando los datos geográficos con diversos conjuntos de datos. Es para usar junto con la librería de JavaScript Three.js y los gráficos WebGL del navegador.

En el Github de Globe.GL está todo el código y muchos más ejemplos e información.

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Por @Alvy — 28 de Septiembre de 2021

Colapsología

La sobrepoblación mundial, el excesivo consumo por parte de los ricos y las pésimas elecciones tecnológicas han colocado a nuestra civilización industrial en una trayectoria de colapso.

– Pablo Servigne y Raphaël Stevens

Conviene estar un poco mentalizado, relajado y documentado antes de enfrentarse a la lectura de Colapsología, de Pablo Servigne y Raphaël Stevens (2015). Es un libro cuyo título viene del concepto surgido para describir cómo será (o podría ser) el fin de la civilización moderna. El fin del mundo tal y como lo conocemos, vamos.

Y es que causas puede haber muchas: ambientales, económicas, pandémicas e incluso tecnológicas. O quizá todas las anteriores, convenientemente entretejidas. Por eso y porque el asunto tiene cierta enjundia y está más que razonablemente documentado es por lo que conviene acercarse al libro con algo de cautela y espíritu crítico; no hacerlo puede llevar a creer que el Apocalipsis al estilo moderno es inevitable y a poner nerviosa a mucha gente que corra a esconderse en búnkeres y aprender a cazar con arcos y flechas. Yo llegué a él tras ver la estupenda miniserie francesa El colapso (2019) que en España se emitió en 2020 y que en 8 miniepisodios de 15 minutos rodados como plano secuencia muestran un distópico colapso en la Francia actual. También había leído hace algunos años el altamente recomendable Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (2005), un estupendo libro de Jared Diamond (autor también de Armas, gérmenes y acero, otra maravilla) que trata este mismo tema aunque en la historia pasada, no en cuanto a la actualidad. (Cuenta por ejemplo cómo desapareció la civilización de la remota Isla de Pascua cuando básicamente consumieron todos sus recursos y árboles uno por uno hasta quedarse literalmente sin nada. Fin. Adiós, pequeño mundo.)

Colapsología es básicamente un razonamiento didáctico ayudado de algunas metáforas sencillas sobre los límites del crecimiento, la escasez de recursos y cómo todo ello nos está llevando a ese colapso. También tiene algo de «meta-libro» porque es como mencionar al elefante que está en la habitación pero nadie quiere hablar de él o como la exclamación del niño que gritaba que el emperador estaba desnudo. Hay capítulos dedicados a recursos básicos como las energías fósiles y de otros tipos, el agua o a los terrenos de cultivo; explicaciones sobre cómo crecen las emisiones contaminantes, se esquilman los terrenos y se daña la biodiversidad. Todo ello lleva de un modo u otro a que crezcan las desigualdades sociales y se produzcan disturbios y guerras, causando a su vez desestabilización económica y más caos.

En su metáfora, nuestra civilización como un coche sobre el acabamos perdiendo el control. En su viaje acaba consumiendo todo el depósito de combustible, comienza a bajar un puerto de montaña y de repente empieza a fallar. Pero el colapso no significa que se detenga. Va mucho más allá: no sólo no queda combustible; además no funciona el volante, no responden los frenos, se ha salido de la carretera y acabam dando tumbos por la ladera llena de árboles sin que los ocupantes sepamos siquiera a qué vamos a enfrentarnos. Viendo las cifras y evolución de cada uno de los aspectos de nuestra sociedad (consumo de energía, crisis climática, deforestación, superpoblación, inestabilidad económica, desigualdad social) los autores explican a dónde dirigimos: a una terra incognita donde la situación no va a ser precisamente agradable para las generaciones futuras.

En su crítica de la tecnología, el libro hace referencia a nuestra «mala elección» a la hora de optar por unas tecnologías u otras: premiamos lo más barato (aunque tenga externalidades negativas, como contaminación) o lo más dependiente del pasado (como instalar puntos de recarga eléctrica en gasolineras, «porque nuestros antepasados rellenaban los depósitos de gasolina en esos lugares de las carreteras, que eran muy convenientes»). Optamos por soluciones a veces contraproducentes que no resuelven los problemas de fondo, como instalar parquímetros, cámaras de vigilancia de tráfico o ampliar los carriles de una autopista en vez de promover el transporte público o las opciones no contaminantes.

Es el momento de que cunda el pánico.

– Greta Thundberg, activista
y David Wallace-Wells, periodista
Time To Panic (The New York Times)

El libro me ha parecido razonablemente bien documentado; está lleno de notas con hiperenlaces (a veces hasta dos o tres por párrafo) para respaldar los datos y aseveraciones que hace. Puede que no todos sean cien por cien fiables o exactos, pero son buenas pistas para investigar más. Muchas proceden de los más altos organismos oficiales: la OMS, la ONU, el IPCC, la IEA y otros. También hay muchos datos de publicaciones científicas, think tanks y artículos, principalmente de publicaciones francesas.

En el libro no se atreve a dar una fecha para el colapso: podría ser 2030, 2050 o 2100, podría retrasarse hasta 2200 o vete a saber si hay alguna forma de evitarlo. Como mucho se arriesga a apuntar diversas señales que podrían anticipar el colapso de ciertos sistemas (con su consiguiente «efecto caótico» sobre otros, algo inexplorado y desconocido). Pero para nuestra desgracia algunas de estas señales las estamos viendo ya. Están por ejemplo los inesperados efectos de un trastorno económico mundial debido a un carguero atascado en un canal, el pánico por el racionamiento de combustibles en Reino Unido, o el desabastecimiento de alimentos por motivos políticos, todos ellos relacionados con los efectos de la globalización. Están los desplomes de la economía como sucedió en 2008 y podría suceder en China o los corralitos financieros –visibles o no tanto– que van y vienen y con los que viven en muchos países. Por no hablar de algo más cercano como el empeoramiento de los huracanes, olas de calor, de frío y otra meteorología extrema, que vivimos y vemos cada día en las noticias.

Es interesante que libro esté escrito en 2015 (prepandemia Covid-19) porque permite ver cómo ha ido sucediendo (o no) lo que narra en los últimos 5 ó 6 años. Por ejemplo, habla de que «una pandemia severa también podría ser la causa de un colapso generalizado, sin que tuviera que acabar con el 99% de la población, bastaría con un pequeño porcentaje.» Aunque está por ver cómo acaba el mundo post-Covid, me da la impresión de que el libro infravaloró la capacidad científica del desarrollo de soluciones (vacunas) aunque también es cierto que pocos eventos ha habido tan desestabilizadores como el de la pandemia de 2020.

Recomiendo conseguir la segunda edición del libro (2020), o la versión Kindle, que está actualizada e incluye un epílogo a modo de pequeño balance de los últimos años. Menciona cómo parece que la economía todavía no ha implosionado y lo positivo de que las energías renovables hayan sufrido un gran impulso. En la parte mala, en cambio, ha habido cada vez más alertas de los científicos sobre la crisis climática e inacción por parte de los gobiernos. Los modelos matemáticos predictivos de diversos sectores que se presentaron en la primera edición parecen bastante correctos (especialmente los climáticos).

Nadie puede afirmar con qué material estará cosido el tejido social del colapso, pero lo que está claro es que la ayuda mutua tendrá un papel importante, por no decir primordial.

– Pablo Servigne y Raphaël Stevens

El libro termina intentando ser optimista y no derrotista –lo cual resulta difícil visto lo visto, la verdad– y aboga por el altruismo, la organización social y la ayuda mutua, frente a la «naturaleza salvaje de la ley del más fuerte y el todos contra todos del mito fundador de nuestra sociedad».

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Por @Alvy — 13 de Septiembre de 2021

Charles Babbage | The Royal Mint

The Royal Mint, que es el nombre de lo que viene siendo la «casa de la moneda» del reino unido, ha anunciado el lanzamiento de unas monedas de coleccionista en honor de Charles Babbage, el matemático y «padre de la computación moderna». Es una figura tan histórica y épica para los informáticos como el mismísimo Alan Turing, con la diferencia de que Babbage se adelantó un siglo a Turing, aunque no a sus homenajes en monedas y billetes.

Las monedas de Charles Babbage son de 50 peniques en oro, plata y «material brillante»; su precio varía entre las 10 libras (unos 12 euros) la más barata y 1.000 libras (unos 1.250 euros) la de oro, de la que sólo se fabricarán 250 unidades. Para que luego digan de las locuras de los coleccionistas, las criptos y los NFTs: la escasez y el ansia de coleccionismo hará sin duda que estos precios se disparen.

El diseño de las monedas en sí precioso y muy cuidado: por un lado está el tradicional perfil de la Reina de Inglaterra y por el otro algo que recuerda a los intrincados mecanismos de la máquina diferencial de Babbage y su tornillería. Además lleva impreso el número 2122175. ¿Qué significa? Parece una fecha, pero no lo es. Piénsalo un poco… La solución, al final de esta anotación.

La forma de anunciarlo además ha sido muy simpática, con la cuenta de la @RoyalMintUK preguntando a los colegas de @BletchleyPark (los rompecódigos) si un código binario que habían preparado para la ocasión lo habían «convertido» correctamente. La respuesta ha sido afirmativa: Charles BabbageUn pionero de la computación, tal y como puede verse con cualquier conversor binario-ASCII con el texto de los tuits.

La moneda por cierto conmemora el 150 aniversario del fallecimiento de Babbage (1791-1971) y en las elegantes cajas en que se venden –y ojo con esas tarjetas de crédito, que las carga el diablo– se incluye un libreto que describe algunas de las invenciones más reseñables del insigne pionero.

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{Solución: 2122175 se corresponde con la palabra BABBAGE escrita en un sencillo cifrado de sustitución numérica-alfabética: 1=A, 2=B, 3=C… etcétera. Es interesante que se pueda hacer esta conversión sin problemas con los números del 0 al 9 porque la letra más «alta» de la palabra, la G, equivale al 7, que es menor de 9, que sería el máximo posible para utilizar un sólo dígito por letra. ¡Casualidades!}

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