Por @Alvy — 25 de Junio de 2022

Mapa de todas las gasolineras de España con su precio en tiempo real - DATADISTA

En estos tiempos dignos de Mad Max en los que los precios de la gasolina están por las nubes y los de la electricidad no digamos, es útil contar con webs como esta que muestra un mapa de todas las gasolineras de España con su precio en tiempo real. Es obra de la buena gente de Datadista, información y datos de primera, «pata negra».

Utilizarlo es muy fácil: el azul es tu amigo, y debes huir del rojo como de la peste. Con un clic y zoom con el ratón podrás comprobar las diferencias de precio entre repostar en unas gasolineras o en otras, hasta 10 céntimos por litro e incluso más –que no son moco de pavo– con actualización de precios en tiempo real. Si quieres ir rápidamente a tu ubicación, haces un clic en el icono de la flecha y dándole permisos al navegador te teletransportará al instante. Si quieres filtrar por tipos de combustible, en los botones de arriba.

Lo mejor de este localizador-comparador de precios que está libre de estridencias: ni anuncios, ni clickbait ni informaciones confusas: sólo información y datos, como debe ser. Una visita, un clic, un zoom a tu zona y de un vistazo estás listo para decidir dónde comprar. Más sencillo y conveniente, imposible.

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Por @Alvy — 19 de Junio de 2022

Estuve viendo en el siempre interesante Absolute History una curiosa dramatización histórica documental titulada Saving The Titanic (Salvar el Titanic, 2012) de Maurice Sweeney. Es una película de 90 minutos sobre el archiconocido hundimiento del RMS Titanic allá por 1912, pero desde un punto de vista bastante diferente y geek: el de todo lo que sucedió en la cubierta de motores / sala de máquinas.

Aquí no hay nada de Jack y Rose, lujos de primera clase ni efectos especiales a lo James Cameron. Simplemente se guioniza para darle un poco más de interés al suceso a partir todos los datos disponibles. Más en concreto, acerca de lo que ocurrió en las dos cubiertas inferiores del transatlántico, esto es, donde estaban la sala de máquinas con los motores, los generadores y las calderas. Los protagonistas no tienen mucho de romántico: carboneros, fogoneros, engrasadores y electricistas. De hecho, apenas aparecen oficiales –ni el Capitán siquiera– y el máximo responsable que se deja ver es el ingeniero jefe Joseph Bell, que murió en el hundimiento.

La narración está bien lograda, al estilo antes-y-después, y se combina con fotografías y algo de película que existe de la época; el resto son decorados bastante dignos, con actores más que aceptables, artilugios diversos y reproducciones de planos. Se ven con cierto detalle los fogones, motores y los equipos eléctricos y de radiotelegrafía. Por lo que sabemos de la historia incluye muchos de los detalles conocidos, ya fueran narrados por los supervivientes o documentados por las diferentes transmisiones de radiotelégrafo.

El choque con el gigantesco iceberg ni siquiera es muy espectacular, pero se examina cómo produjo el hundimiento comenzando por los compartimentos estancos de la proa del Titanic, lo que provocó la inclinación del transatlántico. Se teoriza sobre la resistencia de los pernos e incluso cómo al impacto se unió el debilitamiento del acero por el famoso calor nunca extinguido de uno de los depósitos de carbón. También influye el imperfecto diseño de los compartimentos estancos, que hizo que se fueran llenando de forma progresiva hacia atrás. No se llega a ver al Titanic partiéndose en dos, pero casi.

Las escenas heroicas resumen el ímprobo trabajo que tuvieron que llevar a cabo los carboneros, fogoneros y electricistas en las larguísimas dos horas y media que duró el hundimiento. Cada minuto que consiguieran mantener las calderas encendidas y los generadores eléctricos funcionando podrían disponer de algo de electricidad y luz. Esto serviría a la postre para enviar mensajes y facilitar la evacuación del barco. Es bien sabido que murieron allí los 25 ingenieros y 10 electricistas en su totalidad; también 10 de los 13 fogoneros y 118 de los 163 carboneros.

Tal y como se resume en una de las escenas en la que entrevistan a uno de los tripulantes supervivientes en la investigación posterior al desastre:

Es importante que el público siga sintiéndose seguro al viajar con la White Star. Ahora bien, ¿cómo les ayudamos a eso? Asegurándoles que la tripulación, gente como usted, cumplió con su deber esa noche, permaneció en sus puestos y siguió las órdenes.

En momentos como estos, de dolor y ansiedad, la gente necesita… Bueno, ¿qué necesita? Necesita héroes. Así que nosotros tenemos que presentar a la junta de investigación y al público esos héroes.

Y esto es algo que vemos tras cada desastre, ya sea de barco, avión o guerra. Que una vez terminado, lo que se presenta y se cuenta no siempre es necesariamente la verdad, sino a veces algo más reconfortante y heroico. Tal vez porque es lo que la mayor parte de la gente prefiere oír.

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Por @Alvy — 15 de Junio de 2022

En este vídeo de la Fundación Long Now, esa que se preocupa por hacernos pensar a muy largo plazo, Adam Long desarrolla en cinco minutos cómo los marketroides se apoderaron hace más de un siglo de algunas de las narrativas en las que vivimos mediante el simple hecho de inventar ciertos términos rimbombantes* e historias sin mucho sentido. Entre ellas:

  • Al llegar los coches a las ciudades, que los peatones fueran atropellados pasó a ser culpa de quienes iban van «caminando a lo loco», no de los coches que lo invadían todo.
  • Fumar se planteó como «un acto liberador y feminista» para las mujeres; lo de que produzca cáncer y otros efectos perniciosos ya tal.
  • Las cookies de los navegadores de internet para la World Wide Web (inventadas por Lou Montulli, el del <blink>) son buenas para la privacidad y es estupendo aceptarlas.

Tal y como explica Long, estas historias cambian nuestra forma de ver el mundo que nos rodea una vez que cuajan a base de machaque, contarlas y volverlas a contar. Por eso las ciudades actuales están pensadas para los coches y no para los peatones, que deben cruzar la calzada por sitios determinados y no pueden disponer de ciertos espacios, como las plazas de aparcamiento.

En el caso de las cookies, su nombre es inocente y simpático, pero si se llamaran «software para espiarte y apoderarse de tu información personal» otro gallo cantaría. El problema es que si la narrativa llega a permear en la sociedad y las normas, entonces hasta los «avisos de cookies» se vuelven algo normal o incluso obligatorio.

Por suerte no siempre estas narrativas son tan negativas y hay movimientos que aprovechan las mismas técnicas para hacer el bien, siempre que se haga de forma concienciada y honesta. Un último ejemplo del que hablan es el metaverso, que puede que sea un lugar interesante o quizá no tanto, pero tiene ciertas similitudes con el MundoReal™ en el que habitamos. Que la narrativa que se construya a su alrededor sea para algo positivo o no tanto dependerá de lo que todos hagamos y aceptemos.

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* Incluyendo llamar storytelling a la narrativa o el simple hecho de contar historias.

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Por @Alvy — 8 de Junio de 2022

Noisy Cities

Una de las formas más insoportables de contaminación de las ciudades de las que apenas nos damos cuenta es la contaminación acústica. Es algo que ahora puede verse en Noisy Cities, una curiosa iniciativa de We Are Possible, cuyo objetivo es abordar el cambio climático y la los problemas de la contaminación y la generación de energía de todas las formas posibles.

Y es que, aunque no lo parezca, los ruidos del tráfico, las obras y los trabajos callejeros de limpieza parecen a veces una coreografía perfectamente orquestada de meeec, meeecs, martillazos y cubos de basura con un único objetivo: fastidiar todo lo posible. Por eso en los mapas que ofrecen –de momento disponibles para Londres, París y Nueva York, se puede ver la intensidad del ruido con tonos cada vez más oscuros. Y, si activas el altavoz, también se puede oír (o sufrir) con cierto realismo.

Basta mover el ratón para ver en qué zonas de estas ciudades hay más y menos ruido. Los máximos se registran –como no podía ser de otro modo– cerca de los aeropuertos, zonas de altos decibelios por excelencia. Aparte de eso las zonas con autopistas de circunvalación y carreteras rápidas de varios carriles le van a la zaga.

En Nueva York, por ejemplo, es curioso que la zona de Manhattan no sea especialmente ruidosa, porque todo el ruido intenso recae en La Guardia y el JFK, ambos aeropuertos cercanos. El rastro en forma de líneas rectas permite incluso adivinar la dirección de las pistas (!) Estaría genial que pudieran ampliar este estudio, que utiliza datos oficiales de los niveles de contaminación acústica y OpenStreetMap.org, a otras ciudades del mundo para ver la diferencia y, quien sabe, buscar un lugar más tranquilo.

(Vía Flowing Data.)

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