Por @Alvy — 3 de Agosto de 2021

Mediterráneo / Copernicus Sentinel data (2021), procesado por ESA, CC BY-SA 3.0 IGO
Grecia, Turquía y Chipre alcanzando récords de temperatura en superficie
Imagen (CC) ESA /Copernicus Sentinel-3

Cuando te llega un boletín de la Agencia Espacial Europea con el título «El Mediterráneo continúa cocinándose» muy bien no suena. La nota hace referencia a los récords de temperatura «medidos de otra forma» que están alcanzando los terrenos de superficie, que arrojan datos un poco diferentes de las mediciones meteorológicas al aire libre:

Este mapa muestra la temperatura de la superficie terrestre el 2 de agosto de 2021. Se puede ver claramente que las temperaturas de la superficie en Turquía y Chipre han alcanzado más de 50°C de nuevo. Un mapa que publicamos el 2 de julio muestra prácticamente la misma situación. El Mediterráneo lleva unas semanas sufriendo una ola de calor que ha provocado numerosos incendios forestales. En Turquía, por ejemplo, se registran los peores incendios del país en al menos una década.

Este mapa se ha generado a partir de los datos del radiómetro de temperatura de la superficie del mar y de la tierra de Copernicus Sentinel-3. Mientras que las previsiones meteorológicas utilizan las temperaturas del aire previstas, este instrumento mide la cantidad real de energía que irradia la Tierra e indica la temperatura real de la superficie terrestre.

La imagen la tomó el satélite Copernicus Sentinel-3, que entre sus instrumentos cuenta con un radiómetro (sí: parecido al que el otro día explicábamos que servía para medir la potencia lumínica de la luz emitida por una linterna. Los datos que forman la imagen se procesan convenientemente para colorearlos en una escala más fácilmente inteligible e incluirla de modo que sea fácil de leer, como en la imagen: de 20°C (azul) a 35°C (amarillo) hasta llegar al ardiente rojo a 50°C. La zona de Chipre y Turquía se ve, casi literalmente, al rojo vivo.

{Traducción: DeepL.}

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Por @Wicho — 30 de Julio de 2021

Certificado de vacunación de la UE en Wallet un iPhoneHace unas semanas publicamos unas instrucciones para añadir un certificado de vacunación a Wallet el el iPhone. Pero ahora con la web GetCovidPass de la empresa checa Your Pass es mucho más sencillo añadir el pasaporte covid de la Unión Europea a tu Android o iPhone.

Para ello basta con visitar la web desde tu dispositivo móvil, pulsar el botón Create Yours y permitir que escanee el código QR de tu certificado con la cámara o subir el código a la web. En cero coma habrá leído los datos y tendrás la opción de añadirlo a Wallet en el iPhone o a una aplicación similar en Android. Your Pass sugiere que uses la suya pero no es estrictamente necesario.

Esto requiere un cierto ejercicio de fe en que la empresa no se va a quedar con tus datos, algo que por supuesto aseguran que no hacen; dicen que ofrecen el servicio como una contribución a la lucha contra la covid. Aunque no es menor que el que hacemos queriendo creer que las autoridades tampoco van a hacer un uso nefando de la información que contienen esos certificados, también conocidos como pasaportes verdes.

De nuevo no tenemos muy claro que esto esté soportado oficialmente, así que no dejes de llevar una copia en papel o en el formato original, AKA PDF, mientras esto no esté más claro. Aunque lo cierto es que mi experiencia hasta ahora al tener que presentar el certificado de vacunación es que siempre ha sido comprobado con el sistema Eyeballs 2… es decir, que una persona lo ha mirado y ha comprobado que el nombre del certificado coincide con el que pone en mi DNI. Pero nunca han leído el QR, que puede apuntar tranquilamente a las ofertas del día del supermercado de la esquina.

(Visto en Hipertextual vía v1ct0r).

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Por @Alvy — 27 de Julio de 2021

Por aquí somos muy de asombrarnos con récords, casos extremos y situaciones límite; por eso y aprovechando que estamos en pleno verano viene bien este vídeo de Ruhi Çenet grabado para una serie documental que está preparando. Se trata de un repaso a cómo es la vida en la ciudad más fría del planeta. Ese lugar es Yakutsk, en la Siberia más profunda, un sitio tan lejano que es a donde Stalin enviaba a los disidentes para que pasaran sus días en los gulags. Un lugar sencillamente inhóspito para la vida humana, aunque lo cierto es que viven allí unas 300.000 personas.

A lo largo del vídeo el narrador muestra varias temperaturas del lugar: -47°C uno de los días de grabación, -50°C… El récord histórico son -72,2°C, la temperatura mínima registrada en una ciudad (aunque esto de los récords siempre es un poco «relativo»). Una nativa le explica que para ellos «un poco de frío» del estilo -20 o -30°C está bien; que -40°C ya lo consideran «frío» y de -45°C a -50°C «muy frío». El ambiente es seco, con una humedad bajísima y a esas temperaturas es difícil respirar. No se puede estar al aire libre sin protección más de 5 minutos y muchas actividades cotidianas son imposibles o cuando menos complicadas. En invierno sólo hay 9 horas de luz al día; tan sólo en verano se llega a los 19 o 20°C.

Estas son algunas de las cosas increíbles que suceden allí:

  • La gente no puede llevar gafas de metal, porque el metal se pega a la carne debido al frío y luego no se puede despegar sin arrancarla.
  • Si sacas un plátano a la calle se convierte en algo duro como un ladrillo y lo puedes usar como un martillo.
  • Todo el suelo está congelado hasta unos 30 ó 35 metros de profundidad; las casas han de construirse sobre pilares y como el hielo a veces se mueve los edificios se mueven también de un año para otro.
  • Los coches no se pueden usar durante 6 ó 7 meses al año porque se congelan bajo la nieve y el hielo. Quienes los guardan en garajes con calefacción pueden hacerlos circular, pero los dejan encendidos cuando los aparcan en la calle –incluso horas– sin nadie dentro (si se detiene el motor, en 10 minutos quedan congelados). Algunas plazas de aparcamiento tienen chimeneas porque hay quien los deja encendidos en el interior a cualquier hora, o toda la noche. (Naturalmente, la contaminación en la ciudad es rampante, pero el combustible sumamente barato.)
  • Ir en coche por carretera es jugarse literalmente la vida: si el vehículo se estropea, no lo puedes reparar en 30 minutos y no hay cobertura de telefonía, mueres. Todo el mundo lleva caja de herramientas en el coche por si acaso. Adentrarse en el bosque es igual de peligroso. Hay gente que se emborracha, se cae al suelo donde no les ve nadie y al rato ha muerto congelada.
  • La gente se viste con innumerables capas de ropa –como es natural– y aun así es normal sufrir congelación o quemaduras en orejas o dedos (y a veces hay que amputar) por ejemplo por quitarse los guantes para grabar un vídeo; al autor del vídeo le ocurre un par de veces, aunque sin consecuencias tan graves.
  • Los muertos no se pueden enterrar, porque el suelo está congelado. Alternativamente se incineran durante 2 ó 3 días y luego se entierran los restos. Hay cadáveres enterrados hace uno o dos siglos que parecen recién fallecidos. Aparte de eso también se pueden encontrar por la zona mamuts perfectamente conservados o fósiles de dinosaurios.
  • Como mascotas hay perros (de los muy peludos), pero no gatos (mueren); también caballos y vacas, aunque suelen pasar todo el día en los establos.
  • La gente no necesita neveras: mete las cosas en bolsas y las cuelga de las ventanas. En el mercado, el pescado (que es básicamente lo que comen, porque no hay agricultura ni ganadería) se vende totalmente congelado y dura días y días; basta dejarlo al aire libre.
  • Muchos gadgets electrónicos no funcionan porque están fuera de los rangos de temperatura de funcionamiento: debido al frío extremo a veces no funcionan correctamente las cámaras, los micrófonos o los teléfonos móviles (que además hacen cosas rarísimas con las batería).

En fin, sólo de verlo te entra un frío de narices; es increíble que la gente viva allí como si tal cosa, pero como le dice una nativa, «es algo a lo que te acostumbras si has nacido aquí». El autor tiene otro vídeo con algunos experimentos con el frío extremo, bastante curioso. Los nativos de Yakutsk valoran mucho que sea un lugar tranquilo, apartado y con una belleza natural difícil de igualar. Aunque haga demasiado fresquito para los que estamos acostumbrados al clima mediterráneo, me parece a mi.

(Vía LaughingSquid.)

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Por @Alvy — 24 de Julio de 2021

En la inauguración de ayer de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se mostraron como parte de la ceremonia de apertura los pictogramas, que son esos iconos representativos de cada deporte de forma simplificada y minimalista (hace dos años se dejaron ver para la prensa). Según manda la tradición, son simples y precisos, con un estilo propio característico que en este caso recuerdan a los de hace décadas.

Una de las novedades es que han sido creados con una versión cinética equivalente, algo así como si fueran GIFs o emojis en movimiento. Son en total 50 diseños creados por el diseñador Masaaki Hiromura, que se colorean en el «Azul emblema» Pantone 281C que es el oficial de estos Juegos.

Según contaron, los pictogramas olímpicos se usaron por primera vez en los Juegos de Tokio 1964, aunque se conservan algunos de Berlín 1936 y Londres 1948. Era una forma de representar el nombre de las diferentes pruebas en «versión internacional», algo que se agradeció dado que el idioma japonés no es fácil para quienes no lo conocen. Con el paso de los años, cada ciudad organizadora ha utilizado un estilo diferente; hay todo un museo icónico sobre ellos. En México 1968 se usaron versiones en color; quizá los más conocidos sean los de Munich 1972 y Montreal 1976. Los de Barcelona 1992 se innovó un poco con unos iconos de Josep. M. Trías.

Sin duda uno de los mejores momentos de la Ceremonia de apertura fue la «representación humana animada» de los pictogramas, que ejecutaron con bastante estilo y paciencia, porque algunos eran realmente complicados. Reminiscencias del mítico Ping-Pong Matrix con los extras haciendo de cromas con objetos y accesorios.

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