Por @Alvy — 3 de Diciembre de 2019

El mapa del Metro de Nueva York visto en una magnífica presentación interactiva / New York Times

Quienes amen de verdad los mapas del metro y los interactivos web apreciarán sin duda esta magnífica presentación interactiva de lo que normalmente sería un artículo en papel mejor o peor ilustrado, que encontré vía Twitter (@JaviJimenezp + @Soler_bravo.) Funciona estupendamente tanto en el móvil como en los navegadores web de escritorio.

Titulada New York’s Subway Map Like You’ve Never Seen It Before es un trabajo de Antonio de Luca y Sasha Portis para el New York Times. Es una especie de historia animada del mapa del Metro de la ciudad a partir de 1979. A partir de ese año y tras cuatro décadas el mapa ha crecido mucho, pero sobre todo evolucionado para mostrar detalles y cuestiones importantes para quienes lo usan, más allá del puro criterio práctico (o artístico).

El interactivo es una gran explicación de por qué cada detalle del mapa es como es: por qué a veces se separan las estaciones o distorsionan los barrios, cómo se eligen qué calles son más representativas y deben aparecer o por qué se pueden hasta «sentir las curvas» si se siguen las líneas con la mirada. También cuenta curiosidades como que una artista dibujó el estanque de Central Park de forma «realista» para que la gente se pudiera orientar mejor, o cuáles son los 7 edificios y monumentos con nombre propio en el mapa.

Con los años se añadieron al mapa también algunas de las islas cercanas a las que llegan los transportes municipales, iconos para los accesos para personas con movilidad reducida y las líneas de ferries, entre otros detalles. A día de hoy tiene más de 20 estilos de fuentes con variaciones de tamaño, grosor, color e interletraje. Una pequeña maravilla que además ser una preciosidad es un práctico mapa que usa a diario mucha gente.

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Por @Alvy — 23 de Noviembre de 2019

No tenía ni idea de la existencia del Landschaftspark que nos enseña en este vídeo la gente de Great Big Story. Es una especie de gigantesco «parque de atracciones y aventuras» situado en Duisburg (Alemania). En sus 2 km cuadrados de superficie hay todo tipo de actividades recreativas pero «para mayores»: paredes que escalar, recorridos para bicis de montaña, tirolinas y una especie de parque acrobático.

Todo ello está en un precioso entorno decadente y oxidado de antiguas fábricas de acero y de la industria del carbón y el gas. Se ve que vivieron mejores tiempos, pero cuando cayeron en desuso (se cerró en 1980) se les encontró esta otra aplicación que no está nada mal: la industria reconvertida en ocio. Supongo que debieron pasar todo tipo de medidas de seguridad y ahora están adaptados para recreo de los visitantes, que pueden hacer el ganso escalando tubos metálicos, paredes de cemento, toboganes y disfrutando de otras «atracciones» similares.

La instalación más espectacular es sin duda la piscina gigante para submarinismo, que es una readaptación del antiguo depósito de gas en el que caben unas 150.000 toneladas de agua de lluvia. Tras adaptarlo convenientemente lo «rellenaron» con coches viejos, aviones y objetos por el estilo, de modo que se puede practicar el «submarinismo de aventura» en un paraje bastante peculiar.

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Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2019

Archivo de los pesimistas

El Archivo de los pesimistas es un podcast (Pessimists Archive Podcast) y una deliciosa cuenta de Twitter (@PessimistArchive). El podcast no lo he escuchado nunca, pero la cuenta de Twitter es una maravilla, con un poco de «humor» cada día: se trata de reacciones del pasado acerca de inventos de la época o del futuro de la ciencia, la tecnología y los hábitos sociales relacionados, recopiladas de las hemerotecas y fonotecas.

Su lema es Una historia de cómo nos resistimos a las nuevas cosas; aunque hasta hace poco era Las reacciones a las cosas viejas cuando eran nuevas, que me parece incluso mejor.

Veamos algunas de estas joyitas, ordenadas cronológicamente:

Lo divertido es que la mayor parte son terriblemente fallidas, generalmente alarmantes sobre inventos de cada época como pueden ser la electricidad, la bicicleta, los coches, la radio o «las máquinas» así en general (lo cual abarca desde maquinaria para fábricas a electrodomésticos). Otra buena parte de las noticias son del tipo «esto lo he oído yo hace poco»: la idea de que las máquinas paguen impuestos, que van a acabar con el trabajo no cualificado, que serán más inteligentes que los humanos, etcétera. Algunas de las más divertidas tienen que ver con la transición de los carros tirados de caballos a los coches, la llegada de la luz eléctrica a los hogares y la popularización de la radio, la televisión o los teléfonos.

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Por @Alvy — 18 de Noviembre de 2019

Infografía: ¿Cuántos lectores están dispuestos a pagar? | Statista

Este gráfico de Statista titulado «El arduo camino de los medios hacia el paywall» utiliza datos del estudio Digital News Report 2019 e indica básicamente el porcentaje de internautas encuestados que dijeron estar suscritos a alguna fórmula de suscripción o acceso a periódicos online. En otras palabras: cuanta gente paga por traspasar los muros de pago (paywalls) que se han hecho tan (im)populares en los últimos tiempos.

En España es sólo una de cada diez personas (10%), lo cual puede ser mucho o poco según con qué otros países se compare: estamos por encima de Alemania, Francia, Italia o Japón, pero por debajo de Estados Unidos (16%) y de Noruega que por alguna extra razón tiene un ratio asombrosamente alto (34%).

Tampoco ayuda mucho comparar la evolución los datos de 2016 (azul claro) con el más reciente de 2019 (azul oscuro): en España o Alemania se ha mantenido exactamente igual, mientras que en Noruega, Estados Unidos y Reino Unido ha aumentado y en el resto ha disminuido.

Por eso solamente se puede afirmar el dato, y que «sólo» una de cada diez persona paga, porque tan relativo como si eso es mucho o poco estarían las razones atribuibles a ese hecho: ¿Precios altos? ¿Calidad insuficiente? ¿Suscripciones que son más bien «donaciones» que pago por contenidos? ¿Crisis económica que lleva a evitar gastos secundarios? ¿Calidad de los medios gratuitos? ¿Desvío a otras áreas de interés como los canales de pago de televisión/cine? Yo desconfiaría mucho de quien apuntara una sola causa sin un análisis completo que lo justifique.

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