Por @Alvy — 17 de Octubre de 2019

«Dale, dale, dale…» Es un poco como el chiste, pero acaba bien. En este vídeo grabado hace unos días se ve a uno de los conocidos barcos de Fred Olsen, en este caso el MS Braemar atravesando el canal de Corinto que une el golfo de Corinto con el mar Egeo en Grecia. Va justo, muy justito, pero pasa.

Las medidas exactas son un poco un pequeño misterio porque el vídeo dice que el barco tiene 22 metros de ancho y atraviesa el canal que tiene 25 metros, así que dejaría metro y medio a cada lado, arriesgada maniobra. Sin embargo en la Wikipedia en español se dice que el canal tiene sólo 21 metros de ancho (?) y en la inglesa que son 21,4 metros. De hecho se afirma que «sólo pueden atravesarlo barcos de 17,6 metros de ancho», así que le faltarían más de 3 metros (??)

Sea como sea, el vídeo no deja lugar a dudas y aunque pasa prácticamente arañanando las paredes del canal, pasar pasa, para disfrute de los pasajeros que van en su interior mirando el panorama y también para quienes están viéndolo desde el exterior, en las laderas y puentes que lo cruzan.

Gracias a este canal los barcos se ahorran 400 km alrededor de la península del Peloponeso (o 600 km, según dónde consultes el dato).

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Por @Alvy — 16 de Octubre de 2019

la distancia visible hasta el horizonte desde diferentes alturas

@NeilRKaye es un científico de datos de la agencia meteorológica del Reino Unido y en su cuenta de Twitter publica gráficos tan interesantes y explicativos como este: la distancia visible hasta el horizonte desde diferentes alturas, que además tiene en cuenta el efecto de la refracción de la luz en la atmósfera.

Los datos están expresados en la suave curva de abajo que simboliza la superficie de la Tierra, en kilómetros y millas. Así mientras que un gato puede ver hasta 1,7 km porque sus ojos están a unos 20 cm de altura, una persona en el suelo puede ver hasta 5 km al estar a 1,70 m de altura. La diferencia con una jirafa y sus ojos a 5 m del suelo es notable: estos nobles animales pueden ver hasta 8,6 km a lo lejos.

Luego se muestran algunos edificios y lugares emblemáticos: desde lo alto de la Torre Eiffel (324 m) se pueden ver hasta 69 km de distancia en un día claro y con visibilidad máxima; en cambio desde la cumbre del monte Fuji (3,7 km) se pueden ver 237 km. Desde un avión volando a altitud de crucero a ~36.000 pies (12 km) lo que vemos por la ventanilla puede estar hasta 423 km más allá. Finalmente, desde el observatorio más impresionante del mundo, la Estación Espacial Internacional que orbita la Tierra a 420 km de altitud se puede ver el horizonte hasta 2.466 km: una buena parte (~1/16) de la circunferencia terrestre, unos 22 grados completos (44 grados si se mira a un lado y al otro).

Las distancias están calculadas teniendo en cuenta la curvatura de la Tierra, suponiendo que fuera exactamente esférica (que no lo es, aunque casi, casi); la diferencia entre el ecuador y un círculo completo de meridiano sería pequeña. Tampoco tiene en cuenta la visibilidad atmosférica, es decir, si hay nubes, niebla o polvo, que es el factor más crítico.

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Por @Alvy — 7 de Octubre de 2019

Este promovídeo del Faber-Castell es probablemente uno de los más gozosos, satisfactorios y que más gustirrinín me han dado de los que he visto en la última temporada. Y es que lo tiene todo: maquinaria de precisión, los grandes protagonistas del material de papelería –los lápices– y colores variados. Una combinación a la que le han añadido movimientos de producción en cadena, música épica y algunas explicaciones para lograr un vídeo tan adictivo como satisfactorio, a falta de un término mejor.

El vídeo incluye tres «capítulos» o fases de la fabricación: las minas, los lápices (madera) y estampación exterior. Se puede ver cómo son las materias primas (grafito, arcilla), los moldes de madera en que se colocan y prensan las minas y cómo se secan en las diversas fases y luego se aplica la estampación… además del meticuloso afilado, que ya es gustoso de por sí. Momentos de éxtasis hay muchos, pero me quedo con el operario acariciando las minas en 00:55 y ese lugar de gozo que debe ser la habitación de secado de 03:35.

El vídeo tiene una gran producción y videografía, aunque no sé si tienen muchas fábricas o sólo la que se ve en las imágenes, ni si todas serán igual de entrañables y apetecibles o el resto estarán más robotizadas y tendrán menos toques vintage. Desde luego sería un lugar de culto para visitas de fans de los «procesos de fabricación de cosas», si acaso admitieran visitantes. (Nota: a punto estuve de meterme en una planta de procesamiento de tomates estas vacaciones, donde sí que había «visitas guiadas».)

En el vídeo dicen que en 257 años que tiene Faber-Castell calculan que han producido en total 2.300 millones de lápices, lo cual es una cifra bastante llamativa, se mire como se mire.

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Por @Alvy — 30 de Septiembre de 2019

El vídeo explicativo de The Spinner [¡cuidadín!] es tan inquietante como perturbador: un servicio que ofrece influenciar subconscientemente a la persona que elijas mostrándole contenido en los sitios que suela visitar. Dicho así suena un poco peliculero, pero luego explican cómo lo hacen y más o menos todo encaja: envían un «correo inocente» a la persona objetivo, que al visitar una web recibe una cookie que permite identificar su navegación a partir de ese momento. Desde entonces los sitios web que visite que colaboren con The Spinner (por ejemplo, mostrando publicidad, contenidos patrocinados, publicidad programática y similares, algo ubicuo hoy en día) mostrarán selectivamente imágenes y textos personalizados sólo a esa persona con el fin de lograr el objetivo definido.

Entre los diversos «posibles usos» altamente controvertidos del servicio se incluyen «proponer matrimonio», «dejar de fumar» o «iniciar una relación sexual». También muestran algunas de las sugerentes imágenes y textos (estilo titulares guarripeich como los que lees cada día por todas partes) con los que explican que se consigue el efecto. Es algo bastante burdo pero directo al grano. Se supone que todos estamos expuestos a miles de impactos de este tipo al día a través de los medios, y que verlo –aunque sea subconscientemente– diez, veinte, cincuenta o cien veces al cabo de unos días debería influir de algún modo.

The Spinner no es una broma ni del todo falso: es una iniciativa real, con una empresa detrás, que ofrece el servicio básico por unos 50 dólares. Otra cosa es que funcione. Y otra que sea legal, por no hablar de ético. Según investigó Ipsa en Hacker News todo lo que hay detrás es bastante turbio: la empresa tiene enlaces con el mundo de la publicidad y el juego online, un origen incierto, varias sedes, unos pocos empleados y no muchos clientes (calculan que unos 500). La mayor parte parecen perseguir además fines sexuales: se ve que «la cabra tira al monte» y la más vieja razón del mundo acaba siendo más habitual que el espionaje industrial o las ganas de quitarse de vicios como el tabaco voluntariamente. El servicio además estaría prohibido en Europa por las leyes de protección de datos.

Por otro lado sabemos que la publicidad subliminal es una leyenda urbana, pese a que irónicamente luego también es ilícita en España según los artículos 3 y 4 de la Ley General de Publicidad:

Artículo 4. Publicidad subliminal. A los efectos de esta ley, será publicidad subliminal la que mediante técnicas de producción de estímulos de intensidades fronterizas con los umbrales de los sentidos o análogas, pueda actuar sobre el público destinatario sin ser conscientemente percibida.

Más claro agua. La Ley también podría decir que es ilegal el control mental y la tortura a distancia desde satélites espía pero eso no haría reales las «armas psicotrónicas» (!!??), imagino que se entiende con esto que ilegalizar algo no le da validez científica.

Todo este asunto de The Spinner se relaciona con la manipulación publicitaria de masas; véase al respecto el altamente recomendable libro de Marta Peirano El enemigo conoce el sistema. Se mencionan siempre casos como el Cambridge Analytica y su influencia en la victoria de Trump o el resultado de la consulta británica sobre el Brexit. Pero no hay que creerse todo lo que se dice en artículos y documentales, y menos lo que dicen las propias empresas rarunas:

No hay pruebas de que Cambridge Analytica sea eficaz (…) Lo que sabemos sobre microtargeting nos dice que no es muy poderoso a la hora de persuadir votantes. – Kiko Llaneras

El caso es que tampoco está claro si esa «tecnología mágica» para manipularnos como a conejillos pudiera ser más, menos o nada efectiva si se dirige a una persona en concreto, con mensajes a medida y con la intensidad y repetición suficiente. Sus creadores no dicen que «funcione siempre» sino que prefieren calificarla como «altamente efectiva». Y si no funciona además la gente tampoco se va a quejar mucho, dado los fines turbios para los que suele usarse. Yo desde luego no arriesgaría mi dinero ahí. Ni para ligarme a Claudia Shiffer. Me huele más a timo.

Más sobre el tema en otros sitios serios:

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