Por Nacho Palou — 4 de Marzo de 2013

Esta historia es más vieja que el fuego, pero no la conocía y me hizo mucha gracia. Llegué a ella desde Mental Floss.

En 1957 los británicos planearon colocar minas atómicas de 10 kilotones en territorio alemán en previsión a una posible, y entonces por momentos incluso inminente, invasión de los soviéticos.

Al detonar las minas de forma remota se destruiría una gran extensión de territorio que concentraba fábricas e instalaciones industriales. Pero también serviría para disuadir al enemigo de ocupar un territorio contaminado por la radiación durante mucho tiempo.

Estando a punto de ejecutar el plan surgió un inconveniente,

Blue Peacock -- Un problema técnico era que al enterrar las minas atómicas éstas quedaba expuestas a temperaturas demasiado bajas, especialmente durante el invierno, que podían afectar al correcto funcionamiento de la electrónica. Se estudiaron varias opciones para resolverlo, incluyendo envolver las minas atómicas en mantas.

De entre todas las soluciones propuestas la más sorprendente pasaba por utilizar pollos vivos para mantener la bomba caliente.

Los pollos irían encapsulados dentro de la bomba con algo de agua y comida, de modo que podrían mantenerse vivos durante una semana. El calor corporal de los pollos al parecer habría sido suficiente para mantener los componentes de la bomba a la temperatura adecuada para su funcionamiento.

No era más que una propuesta y al final no ocurrió: los británicos cancelaron el proyecto unos meses después, en 1958.

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