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La seguridad antiterrorista en los aviones, vista por los pilotos >

Volando en sillas de jardín

Kent Couch despegando - Foto por Smart solutionsA menudo hemos escrito en Microsiervos que volar es la forma más segura de viajar, pero esa afirmación la hacemos suponiendo que uno va a volar en una aeronave sometida a un riguroso mantenimiento, así que lo del vuelo de Kent Couch en una silla de jardín atada a 105 grandes globos llenos de helio que se puede leer en Man flies 193 miles in lawn chair no cuenta, aunque Couch haya sobrevivido al viaje de casi 300 kilómetros y nueve horas.

Este era además su segundo vuelo, aunque el primero, realizado el pasado mes de septiembre, estuvo punto de terminar en tragedia cuando el intrépido aeronauta tuvo que saltar en paracaídas de la silla cuando esta comenzó a descender demasiado rápido después de haber reventado varios globos con una escopeta de balines para intentar controlar la altura del vuelo.

En esta ocasión iba mejor preparado y además de llevar unos 20 litros de agua a modo de lastre en una bolsa con un grifo para ir controlando su altura también tenía montados los globos de tal forma que también podía ir soltando helio poco a poco para descender.

Ahora está pensando en realizar un tercer vuelo, pero sólo si su esposa le da permiso para hacerlo.

De todos modos, Kent Couch no ha sido el primero en practicar esta nueva modalidad de deporte de riesgo, pues este honor corresponde a Larry Walters, quien el 2 de julio de 1982 despegó de su jardín en una silla atada a 45 globos meteorológicos para lo que el pensaba que sería un plácido vuelo a unos 30 metros de altura.

El problema es que sus cálculos -asumiendo que hiciera algunos, claro- resultaron ser más que erróneos y aunque iba más o menos preparado con un paracaídas, una radio de banda ciudadana, unos sandwiches y bebidas y una escopeta de balines para ir reventando globos y controlar su altura, en lugar de ascender a esos 100 metros cuando cortó la cuerda que lo mantenía en tierra los 45 globos le llevaron a una altura de unos 16.000 pies, más o menos 5 kilómetros.

Walters, temeroso de que al reventar alguno de los globos la silla se desequilibrara y que el pudiera quedar enredado, no se atrevió al principio a hacer nada salvo seguir flotando a merced de las corrientes de aire, llegando a cruzar durante su vuelo el principal corredor aéreo de aproximación al aeropuerto de Long Beach -no puedo ni imaginarme las conversaciones entre los pilotos de Delta y la TWA que lo vieron y el control de tráfico aéreo-.

Al cabo de unos 45 minutos se dio cuenta de que no le quedaba más remedio que intentar bajar de algún modo, así que finalmente empezó a dispararle a los globos hasta que en efecto comenzó a descender, aunque en lugar de llegar a tierra sin más problemas las cuerdas que unían los globos y la silla acabaron enredadas en unos cables eléctricos, lo que causó un apagón de unos 20 minutos en un barrio de Long Beach, aunque Walters pudo bajar de la silla sin sufrir daño alguno.

Por supuesto Walters fue detenido inmediatamente y la FAA le puso una multa de 4.000 dólares, aunque tras los recursos de Walters esta quedó reducida a 1.500 ya que, entre otras cosas la FAA no pudo demostrar que la silla necesitara un certificado de aeronavegablidad. Por otro lado Walters recibió una cierta cantidad de atención el los medios y una mención honorífica en los Premios Darwin de 1982.

Por cierto que Kent Couch ofrece una recompensa de 500 dólares al que encuentre su silla con sus cámaras de fotos y vídeo, ya que el viento se la llevó volando tras el aterrizaje.