Por @Alvy — 24 de Octubre de 2016

Esta charla de Elie Bursztein en la Defcon 2016 muestra el funcionamiento con todo detalle de un curioso conjunto de dispositivos que él y un multidisciplinar grupo de hackers logró encontrar en el mercado negro. Se sabía su existencia, medio leyenda, medio real, desde hace unos cuantos años, pero tras arriesgar un buen dinero consiguieron obtener uno desde China: un teléfono móvil capaz de «adivinar» las cartas que se van a repartir en una mesa de póker (u otros juegos) con solo dejarlo encima de la mesa.


Warning! Naturalmente todo lo que sigue son trampas y es probablemente tanto ilegal (si juegas por dinero) como inmoral (si lo usas con los amigos), así que niños, estudiad esto solo con fines educativos y auto-protección, no para hacer ninguna pirula. Avisados estáis.


Una técnica ingeniosa y sorprendente

Para empezar: es difícil adivinar cómo funciona el «truco» tan solo viendo el vídeo. [La demostración empieza en 04:10.] Puedes dedicar un rato a elucubrar cómo el móvil es capaz de «adivinar» y nombrar en voz alta las cartas después de cada mezcla, especialmente teniendo en cuenta que no hay manipulación al estilo de los magos ni nada parecido. Lo que se ve es lo que hay.

El secreto es algo más complejo: una combinación de una cámara oculta en el teléfono móvil y cartas marcadas.

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La cámara y los ledes pueden verse en la parte derecha del borde del teléfono

  • El teléfono, que se asemeja a un Samsung de tamaño medio, es completamente funcional y está modificado por dentro de forma muy «profesional». Incluye una mini cámara de infrarrojos y tres ledes del mismo tipo, que emiten luz invisible al ojo humano – como la de los mandos a distancia de los televisores.
  • Para realizar la lectura, la luz infrarroja rebota en la baraja de naipes, que a su vez está marcada con tinta infrarroja en los cantos de los naipes. La cámara separa y analiza cada naipe, de apenas unas décimas de milímetro de grosor, uno por uno.

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(1) Visión de la cámara para el borde de una baraja marcada con tinta infrarroja y otra normal
(2) Codificación de los valores y palos de distintos naipes: 6 corazones, 6 trébol…

Las cartas están ingeniosamente marcadas pero partiendo de barajas normales (como las Bicycle americanas) que además llegan con su plástico protector de garantía –trampeado, claro– para no «despertar sospechas» en la mesa. Las marcas son rayas de tinta infrarroja en una especie de código binario con corrección de errores (el conocido código Gray) a lo largo de todo su perímetro. De este modo la cámara puede obtener la imagen, girarla adecuadamente, separar en finas lonchas los naipes, leer los códigos de palo y valor y así saber dónde está cada naipe. Todo ello «con un alto nivel de precisión» según dicen los hackers que realizaron la ingeniería inversa.

Cómo lo usan los tramposos

En el teléfono hay una app para controlar el juego: número de jugadores, tipo de juego, etcétera para facilitar el «trabajo». La propia app tiene toda una suerte de opciones que se compran aparte (!) para elegir otras sutilezas y variantes, como los diversos modos de lectura de las cartas y demás.

Para no despertar sospechas en vez de «hablar a través del altavoz» se puede elegir la salida por Bluetooth, que transmite la señal a un receptor – y que entonces puede reenviarse por radiofrecuencia a un pinganillo miniaturizado (que se vende aparte) que se esconde disimuladamente en el oído.

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Entre las variaciones y complementos también hay un mando a distancia, una «cámara inalámbrica» que se puede esconder en una llave de coche falsa, los emisores hápticos o mini-vibradores y toda suerte de complementos – que hacen que el invento parezca más un invento a escala industrial que un cacharrito artesanal (que definitivamente no es).

Cuentan que estos gadgets parecen más pensados en el «mercado» asiático que el occidental; de hecho incluso la traducción al inglés es muy pobre. Según parece allí las medidas de seguridad son más laxas y la afición por el juego combinada con uno de estos chismes puede dotar de un injusto superpoder a la gente menos adecuada, que dedican a desplumar pipiolos – de hecho creen que puede haber sido así desde hace 5 o 10 años, antes de lo cual también se conocen otros sistemas de trampeo con cámaras. (Por lo general en los casinos está prohibido introducir aparatos electrónicos / calculadoras.)

Aunque tecnológicamente sea ingenioso y sorprendente, su uso práctico deja mucho que desear: primero hay que «colar» la baraja marcada de algún modo sin que nadie sospeche, que no es trivial; luego dejar toda la partida el móvil encima la mesa, llevar el pinganillo puesto… Y todo esto aderezado con problemas de batería y –tal y como cuentan– sobrecalentamiento. Si en una partida real con dinero de por medio pillan a alguien con todo ese equipamiento encima sin duda acaba peor que Paul Newman en El color del dinero, vamos.

Al respecto Elie y sus curiosos hackers no tienen muy claro quién sale más beneficiado: si los jugadores que lo usan para hacer trampas (en partidas de póker de 100.000 dólares, dice la leyenda), los que venden los gadgets o incluso los propios casinos, muy dados a este tipo de tecnología. Su principal misión ha sido aprender cómo funciona e incluso comprobar qué tipo de contramedidas se pueden tomar contra su uso.

La charla tiene muchas más anécdotas sobre la rocambolesca historia de cómo consiguieron el dispositivo y otras sutilezas técnicas. El artículo completo con muchos más detalles está aquí: Full(er) House: Exposing high-end poker cheating devices y también merece la pena echarle un vistazo.

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