Por @Alvy — 12 de Agosto de 2019

Marcin Jakubowski estudió física pero decidió dedicarse a asuntos más mundanos y prácticos. Comprobó lo increíblemente dura que es la vida del granjero y hace unos años decidió aplicar sus conocimientos para crear un grupo llamado Open Source Ecology para diseñar y documentar las máquinas que sirven para trabajar la tierra, básicamente maquinaria agrícola.

Ese kit para iniciar una civilización (también traducido al castellano) del que habla en su charla TED es básicamente un wiki en el que se documentan todos los proyectos. En la práctica podría grabarse en un pendrive o un CD y servir para arrancar una civilización desde la nada, un concepto más que interesante.

kit para iniciar una civilización

De momento han construido 8 de las 50 máquinas; del resto hay planos esquemas y algún que otro prototipo. Construir algunas de estas máquinas es entre 5 y 10 veces más barato que comprarlas en la tienda. También dan cursos, organizan talleres y campamentos STEM para quien quiere asistir.

Entre otros se incluyen máquinas para plantar árboles, fabricar ladrillos, tractores y muchas más que permiten trabajar la tierra y convivir con plantas y animales. Luego hay otras más avanzadas como impresoras 3D, camiones o cortadoras láser. El proyecto, que arrancó en 2011 bajo el nombre Kit de Construcción de una Aldea Global pasó también por Kickstarter buscando financiación colectiva.

Todo el proyecto se publica con una licencia libre, de modo que es hardware libre con sus diseños 3D, planos, vídeos, presupuestos y manuales. Los aparatos son modulares y con muchas piezas intercambiables, se pueden reparar fácilmente y –al menos sobre el papel– tienen la funcionalidad, capacidad y eficiencia de sus equivalentes comerciales. Es todo de baja tecnología

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Por @Alvy — 9 de Agosto de 2019

Una máquina de multas del «estatuto de moralidad verbal» como la de Demolition Man que funciona

Hay que reconocer que para el pedazo de truño de película que era la cinta de Stallone Demolition Man (Marco Brambilla, 1993) nos legó dos chascarrillos importantes para la cultura nerd de la ciencia-ficción de baratillo: las multas instantáneas por violación del estatuto de moralidad verbal y las tres conchas. Aquí podemos verla en acción [01:50]:

Y estamos de suerte porque años antes de llegar a ese futuro utópicodistópico Alex Bate ha diseñado una versión de la máquina de multas por violación del estatuto de moralidad verbal que funciona con una pequeña impresora térmica, una Raspberry Pi y un micrófono.

El invento es tremendamente ingenioso y además de los apaños del hardware hay que utilizar un sistema conversor voz-texto o de reconocimiento del habla. Su recomendación es la API de Google Voice, que no va nada mal. El aparato debe estar conectado a Internet, de modo que la voz se envía a la nube y se obtiene el equivalente como texto (los primeros 60 minutos al mes son gratis).

El último paso es redactar una lista de palabras prohibidas que activarán la impresora de multas: ejercer de mano de hierro de la justicia del futuro, en otras palabras. En el código original –que está en Github– hay ninguna por defecto (bueno, «Raspberry Pi», pero a modo de demo) así que se puede dejar volar la imaginación.

Los toques finales para esta maravilla son que el software incluya todos los detalles adecuados: códigos de las multas, fecha situada en el año 2032, etcétera y –opcionalmente– imprimir en 3D una carcasa apropiada. Si no tienes una impresora 3-D igual te sirve una tostadora vieja; en la película su aspecto brillante metálico puede ser reemplazado por prácticamente cualquier cosa.

Bonus: la escena es doblemente ingeniosa porque incluye tanto la mejor gracieta de la máquina de multas de toda la película como la primera referencia a las tres conchas, así que le damos un +100.

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Por @Alvy — 5 de Junio de 2019

Tiene mérito lo de Device Orchestra porque consigue hacer música con instrumentos de lo más variopinto, en este caso un par de datáfonos en los que suena la banda sonora de Super Mario Bros.

Pero también sabe sacarle partido a otros objetos mundanos como son los cepillos de dientes eléctricos:

Es el hiperpopular Wannabe de las Spice Girls, un superéxito de finales de los años 90 con el que nos taladraban el cerebro. Y con 12 datáfonos y una máquina de coser te monta el Happy de Pharrell Williams en un periquete.

También tiene otras piezas musicales con lavadoras, tostadoras y hasta con una depiladora Epilator. Todo es cuestión de encontrarles el punto de vibración a las frecuencias correctas y enchufarles un Arduino con algo de electrónica básica. La complejidad de la composición entonces depende de cuántas pistas/voces se necesiten.

Todo un avance en tecnología musical, vamos.

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Por @Alvy — 5 de Junio de 2019

Yo de pequeño quería ser inventor. Tal vez por eso me haya resultado especialmente entrañable este vídeo de SciFri acerca de Little Inventors, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a hacer realidad los inventos de niños y niñas. Y es que quizá precisamente es de ahí de donde pueden surgir los inventos más osados y creativos, cuando no se tienen en mente restricciones como la practicidad, los presupuestos o las leyes de la física.

El vídeo tiene una buena dosis de ejemplos, con sus dibujos y explicaciones. Normalmente son artilugios surgidos a partir de concursos sobre cómo resolver un problema («Cuidar el mar», «Aprovechar mejor la comida», «Conquistar los planetas») que la organización plantea en los colegios. Me recordaron mucho a las ideas de Future Founders o Inventors, dos iniciativas similares.

Con las propuestas un equipo de diseñadores, ingenieros y especialistas toman esas ideas y dibujos y buscan a expertos, artesanos y programadores para hacerlos realidad. Una joven inventó un andador para ancianos con un sensor que detecta obstáculos o peligros; otra unas gafas de colores para gatos. Entre las ideas más imaginativas están una montaña rusa lunar, un castillo inflable que se mueve sobre una furgoneta y una máquina que cuando estás triste te da un chocolate.

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