Por @Wicho — 24 de Enero de 2020

Viviendo en el futuro por Enrique Dans

Viviendo en el futuro: Claves sobre cómo la tecnología está cambiando nuestro mundo. Enrique Dans. Deusto, 2019.

Hace diez años Enrique afirmaba en su primer libro que Todo va a cambiar. Pero en Viviendo en el futuro su argumento es que el futuro ya está aquí. Aunque el argumento principal del libro igual no es el que cabría pensar de alguien tan pegado a la tecnología como él.

Y es que aunque en efecto en los capítulos centrales del libro habla de como los avances tecnológicos están poniendo patas arriba todo, empezando por nuestras casas y terminando por la política pero pasando por la salud, las finanzas, la educación o la forma en la que entendemos el trabajo, por citar algunos ejemplos, ese no es el mensaje principal del libro.

De hecho Enrique dice que todo esto en realidad importa poco porque a causa de la emergencia climática quizás a nuestra civilización le quede muy poco tiempo. Argumenta, gracias a la tecnología la especie humana ha sido capaz de provocar drásticas modificaciones en su entorno y

[…] esas modificaciones en el entorno y ese ecosistema de continua competencia nos ha abocado a un escenario insostenible, que amenaza con provocar en muy poco tiempo el fin de la civilización humana […] el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir, pero en este momento lo más complicado es asegurar que realmente podemos disfrutar de un futuro. Y a este dilema deben dirigirse todas nuestras prioridades.

He de decir que aunque lo menciona en la introducción Enrique a veces parece olvidar que él vive del lado bueno de la brecha digital. Y no sólo eso sino que a menudo va muy por delante incluso de quienes nos consideramos unos apasionados por la tecnología. Así que tengo mis reservas acerca de esa afirmación de que «el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir». Porque no puedo olvidar que ya no en países del tercer mundo o en países en desarrollo sino en el nuestro –y especialmente en nuestra provincia– aún hay una parte no desdeñable de la población que no tiene acceso en condiciones a Internet. De hecho según datos de la Secretaría de Estado para el Avance Digital en 2019 había unos 13 millones de personas en España «que no disponen de cobertura de redes de banda ancha de nueva generación, ni previsiones para su dotación por algún operador en el plazo de 3 años, en base a planes de inversión creíbles».

Y es que como lleva años diciendo William Gibson «el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido».

Tengo también mis reservas respecto a algunas de las afirmaciones que hace en las que creo que peca de un excesivo optimismo tecnológico como por ejemplo cuando dice que dispositivos de distintos fabricantes se podrán integrar en arquitecturas en las que compartirán datos de tal forma que los algoritmos podrán monitorizar nuestra salud con un nivel de detalle impensable hasta ahora; la experiencia por ahora es más bien la contraria.

Pero en cualquier caso el libro está lleno de referencias en línea que seguir para obtener más información acerca de lo que dice Enrique y que cada uno nos formemos nuestra propia opinión. Que para eso leemos, ¿no? Precisamente por la gran cantidad de referencias recomiendo comprarlo en digital, por cierto.

Y me encanta esta reflexión que hace, que como sociedad deberíamos tener muy en cuenta:

De hecho, los problemas actuales de las sociedades humanas no se derivan del desarrollo de la tecnología ni de los tecnólogos, que en general están haciendo su trabajo de manera muy eficiente, sino de la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción sensibilidades y elementos no precisamente tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas.

Si sobrevivimos el tiempo suficiente, claro.

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Por @Alvy — 11 de Diciembre de 2019

En el cursillo Crypto 101 de Kraken –una de las empresas más fiables en lo relacionado con las criptodivisas, por cierto– se cuentan estas historias de terror acerca de gente que ha olvidado sus contraseñas o perdido llaves, discos duros o teléfonos móviles con bitcoins u otras criptodivisas.

Las soluciones cuando alguien se da cuenta de que ha olvidado o perdido la contraseña que había apuntado son varias, pero ninguna tiene buenas perspectivas. Entre ellas están:

  • Utilizar crackeadores de contraseñas
  • Rebuscar en vertederos de basura
  • Someterse a hipnosis para recordar la contraseña

La primera funciona si se conoce parte de la contraseña, se utilizan contraseñas con patrones más o menos repetitivos para generarlas y recordarlas o incluso si puede estar en algún lugar del disco duro: simplemente se examina todo el disco y se prueba todo lo que haya allí escrito. Es una especie de ataque de diccionario y de fuerza bruta por si hay suerte.

La historia del vertedero de basura, como dicen, es auténtica: alguien perdió 127 millones de dólares (7.500 bitcoin) en 2017 pero el ayuntamiento no le dejó rebuscar en el vertedero donde se acumulaban 350.000 toneladas de desperdicios alrededor de un disco duro viejo que acabó en la basura por equivocación.

En Wired parece ser que ya la cagaron en 2013, cuando después de haber minado 13 bitcoin destruyeron la contraseña a sabiendas, tras una «meditada decisión» de la redacción. Entonces no era mucho dinero, pero se convirtieron en una «pequeña fortuna» (y parece que años después se arrepintieron un poco: podían haberlas donado o guardado para el futuro). En ese mismo artículo se dice que se cree que alrededor del 20% de las bitcoin están perdidas, sin posibilidad de recuperación.

Otra historia entretenida al respecto que creo que mencioné en Twitter en su día fue La historia de terror digital de los 30.000 dólares en bitcoin perdidos por olvidar un PIN protagonizada por nuestro admirado Mark Frauenfelder en persona. Fue una historia de un desastre fue de mal en peor, y eso que «sólo» eran 7,5 bitcoins (pero que al cambio de 30.000 dólares de la época eran un pastizal).

Un método que no se comenta pero que también suele funcionar es utilizar la memoria muscular. A veces lo que tu cerebro no recuerda lo recuerdan los dedos, acostumbrados a teclear las mismas palabras y contraseñas siempre de la misma forma. Este –y otros intentos– no sirven si el sistema donde están guardados los bitcoin tiene algún tipo de número de intentos limitados o retardo, pero por probar que no quede.

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Por @Alvy — 12 de Noviembre de 2019

@Woz @DHH / Twitter

Orwell estaría orgulloso.

El famoso cofundador de Apple y hacker Woz y el creador de Ruby on Rails David Hansson han compartido en Twitter una experiencia similar –aunque les sucedió a cada uno por su lado– respecto a la tarjeta de crédito «diferente» de Apple, la Apple Card. Hansson califica a la tarjeta Apple Card de «sexista» porque cuando su mujer y él la solicitaron les ofreció condiciones distintas en cuanto a límites de crédito e intereses sin razón aparente.

A Hansson, que tiene comprada la casa con su mujer a medias y pagan los impuestos de forma conjunta a medias (están casados) la tarjeta le ofrece un límite 20 veces más alto a él que a ella para sus compras. En el caso de Wozniak y su mujer la diferencia del límite en la Apple Card es 10 veces mayor, con un 5% menos –o más, según de qué lado se mire– de interés / APR (lo que en España sería el TAE). Woz se queja además de lo difícil que resulta hablar con algún humano que pueda entender y resolver el problema; Hansson por su parte lo consiguió.

Antes de que alguien lo apunte, Woz y su mujer mantienen en el sentido crediticio una «igualdad perfecta»: no tienen cuentas separadas, ni tarjetas crédito separadas ni propiedades separadas. Woz explicó además que ya no se considera súper rico porque donó toda su fortuna hace años; pidió un crédito para comprar una casa y se buscó un nuevo trabajo de conferenciante porque era lo que le apetecía.

El Goldman Sach Bank, que es uno de los socios de Apple para la Apple Card, ha explicado que hay muchos factores en su algoritmo de scoring, incluyendo el «historial crediticio» que pueden hacer que incluso dos personas aparentemente iguales de la misma familia obtengan resultados distintos en una solicitud. Según Bloomberg, las autoridades de Nueva York van a investigar al Grup Goldman Sachs para confirmar si su algoritmo –secreto– discrimina o no a las mujeres. En The Verge también lo cuentan: Apple’s credit card is being investigated for discriminating against women.

Hay quien ha apuntado a que el problema podría estar en que aunque el algoritmo no esté programado para tener en cuenta el género de las personas que solicitan la tarjeta —que en mi opinión sería lo más probable– de algún modo la inteligencia artificial que se usa para asignar los límites y tasas de interés haya aprendido a distinguir entre hombres y mujeres a partir de otra información, sin que se sepa todavía por qué. Inquietante.

§

Hikvision Markets Uyghur Ethnicity Analytics, Now Covers Up

Por otro lado Charles Rollet escribió un artículo para IPVM en el que se habla de una cámara de vigilancia que permite diferenciar etnias chinas, en concreto identificar chinos uighures, a los que califican como «una de las minorías más perseguidas del mundo».

Aunque la imagen original de los tuits no era más que un «ejemplo ilustrativo» y el fabricante de la cámara (Hikvision) no la utilizaba en su web, tras la publicación parece ser que han retirado la página web de la cámara en cuestión y no responden preguntas.

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Por @Alvy — 20 de Agosto de 2019

El prespuesto anual de investigación y desarrollo de Apple es el mismo que el de toda España

Uno de esos datos impactantes que no sabes si significa que Apple invierte mucho o España muy poco. O que las grandes corporaciones son ya poco menos que algunos grandes países (España la economía #13 del mundo), que también puede ser: Toda la inversión española pública y privada en investigación equivale a la que hace Apple en un año (El Diario).

La cifras actuales son que Apple invierte más o menos 14.400 millones en I+D mientras que España se calcula que anda por los 14.000-14.900 millones, «niveles precrisis». Son cifras aproximadas y estimadas porque… somos así de «precisos» todavía en 2019.

Es un poco como clásica duda sobre la relación causa-efecto: ¿si investigas te va bien o te va bien porque investigas? Según cuenta el director general de la Fundación Cotec: «En España ha habido reacciones sectoriales diciendo que investigaban si les iba bien. Dando a entender que es un lujo cuando es al contrario, si investigas probablemente te vaya bien». ¿Qué fue antes, investigar o la gallina?

(Vía @mims.)

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