Por @Alvy — 22 de Octubre de 2020

PayPal CryptocurrencyPayPal ha anunciado oficialmente que va a añadir criptodivisas al repertorio de formas de pago de su servicio de modo que puedan utilizarse para pagar en los más de 26 millones de comercios que utilizan su sistema de pago. Los clientes podrán comprar, vender y guardar criptodivisas directamente en su wallet, empezando por Bitcoin, Ethereum, Bitcoin Cash y Litecoin.

El canje entre dinero fiat (dólares, euros, yenes, etcétera) y criptodivisas tendrá un cambio determinado por el mercado en cada momento sin «comisiones incrementales»; los negocios no tendrán que preocuparse por la forma de pago que elijan los clientes porque se convertirá a la moneda de su elección.

La transición hacia formas digitales de divisas es inevitable, ya que ofrece claras ventajas en términos de inclusión financiera y acceso, eficacia, velocidad y resistencia de los sistemas de pago.

– Dan Schulman, CEO de Paypal

Aunque todavía quedan por ver el despliegue y los detalles, como la forma en que llegarán a cada país, de momento han anunciado que no habrá comisiones para la compra o venta de estas criptodivisas hasta el 31 de diciembre de 2020 y que no se cobrarán comisiones de mantenimiento a las cuentas por el simple hecho de guardar allí las criptodivisas. Es un movimiento importante que afectará a los exchanges o mercados de intercambio de criptodivisas y previsiblemente también a los bancos tradicionales.

Como dirían los periodísticas económicos, «la noticia fue bien recibida por los mercados» con subidas de más del 5% en las acciones de PayPal y de otro 5% en el cambio del Bitcoin). En realidad llevan subiendo algo más tiempo antes de la noticia: un 7% PayPal y un 10% bitcoin en la última semana.

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Por @Alvy — 12 de Septiembre de 2020

Top 10 mayores compras Startups españolas

En Gananzia han actualizado su ránking de las mayores compras de startups españolas con la entrada de Idealista en el Top #1 tras la venta de la empresa al fondo sueco EQT Partners por 1.321 millones de euros. Esa cifra propia de los unicornios (startups con valoración en más de 1.000 millones) se ha visto así «realizada» tras la adquisición efectiva por una empresa extranjera.

En el ránking de Gananzia hay hasta 72 empresas, de las cuales la gráfica muestra el Top 10. Siempre hay que tener en cuenta que son una versión simplificada de algo mucho más complejo y, como siempre, que depende de cómo cada cual defina el contenido. Por ejemplo: normalmente se considera a las startups como tal sólo en los primeros años de su fundación (3 a 5 años), aunque también se suele aceptar cuando los fundadores todavía están en activo en ella y tienen una participación mayoritaria.

Para un ránking también habría que tener en cuenta la inflación: un millón de euros de ahora no es lo mismo que un millón de euros de hace 20 años. Y luego está el tema de las ventas sucesivas: si la empresa A ha venido una parte a la empresa B, que luego la revende a la empresa C, habría que ver cuál es la valoración total, no la suma de las intermedias o en distintas fases. En algunos ránkings incluso se matiza si xse consideran ventas de empresas españolas a empresas extranjeras, y no de extranjeras-a-extranjeras, porque la cosa puede variar.

En cualquier caso, Idealista entra por méritos propios como número #1 de la esta clasificación, con holgada diferencia sobre Ya.com, que se había mantenido ahí desde el año 2000 (no es mal récord tampoco) y que espiritualmente ya ha felicitado a los nuevos reyes de las startups tecnológicas. Curiosamente también se fundó en el año 2000, tiene ahora unos 400 empleados que recibirán un bonus tras la operación.

Idealista estaba valorada en unos 230 millones de euros ya en 2015; facturó en 2019 unos 78 millones de euros con unos beneficios de 23 millones. Su portal inmobiliario también está presente en otros países (como Italia y Portugal) y totaliza unos 38 millones de usuarios únicos mensuales en el Sur de Europa.

¡Felicidades a los agraciados!

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Por @Alvy — 21 de Mayo de 2020

Doordash and Pizza Arbitrage - Margins by Ranjan Roy and Can Duruk

Esta historia sirve como ejemplo perfecto de la práctica del arbitraje en los precios y de cómo a veces algunas empresas de entrega de comida a domicilio hacen cosas demasiado raras para intentar situarse en el mercado y hacer valor su «modelo de negocio». El caso es que los dueños de una pizzería se dieron cuenta de que un servicio de entrega de comidas a domicilio llamado DoorDash vendía sus pizzas al público, a domicilio, a 16 dólares aunque a ellos se las compraban en el restaurante al precio de carta: 24 dólares. Así que pensaron… ¿Qué nos impide comprar nuestras propias pizzas?

En el arbitraje uno se aprovecha de una diferencia de precios en el mercado para intermediar en la transacción, quedándose con el beneficio; un ejemplo sería que alguien venda un producto a 100 euros que luego alguien diferente quiere comprar a 120 euros, algo que funciona si por alguna razón el comprador y el vendedor no pueden realizar la transacción entre ellos (si pudieran, quien compra a 120 lo compraría directamente a 100 y se ahorraría dinero). De hecho el arbitraje funciona brillantemente cuando se puede vender «la cosa» antes por 120 para luego comprarla de forma segura a 100 (sin riesgos ocultos y sin intervalos temporales apreciables), algo que puede suceder por muchas razones en la práctica y en ciertos entornos. Se hace habitualmente con divisas, futuros en bolsa y otros instrumentos financiaros.

Para probar la teoría en la pizzería encargaron 10 de sus propias pizzas a través de la app y todo funcionó: llegó el repartidor de DoorDash, les pagó 240 dólares y luego por otro lado les cargaron en la tarjeta de crédito 160 dólares, que era la «oferta» que anunciaba DoorDash. Las pizzas llegaron al lugar acordado, la casa de un amigo compinchado. El resultado es que ganaron 80 dólares. Pero habían tenido que elaborar 10 pizzas –con sus costes– y ahora su amigo tenía 10 pizzas que comer, lo cual de todos modos era un problema menor: los 80 dólares ya daban para cubrir la elaboración e ingredientes –6,50 dólares por pizza ,más 0,50 dólares de la caja– pero dejaba sólo un dólar por pizza de «beneficio limpio», 10 dólares en total, sin tener en cuenta otros costes del restaurante.

La solución fue repetir la operación pero no poniendo nada más que masa de pizzas en las cajas, sin cocinar y sin ingredientes. Su coste era prácticamente cero y además… ningún cliente se iba a quejar porque no había cliente. Recibieron 240 dólares y como costes pagaron 160 + 5 dólares del coste de las cajas, lo que les dejó un beneficio limpio de 75 dólares. La cosa mejoraba considerablemente.

Algo que curiosamente no mencionan es la posibilidad de reutilizar las pizzas: bastaría volver a llevarlas al punto de origen para revenderlas de nuevo, reduciendo así el coste –que en en este punto son básicamente las cajas– a cero. Sí que mencionan una especie de visión de una estrategia en la que dos pizzerías se ponen de acuerdo y se las envían de una a otra, reutilizando las cajas y haciendo igualmente efectivo el arbitraje; al fin y al cabo quien acaba perdiendo dinero es el intermediario que paga el «descuento». También dicen que en ocasiones los dueños pueden acordar con los repartidores que devuelvan las cajas tras la entrega (a cambio de una propina), pero pasa por alto que también se les suele dar propia, lo cual habría que añadir a los costes.

Otro asunto relevante que sí que mencionan es que al final descubrieron parte del truqui del asunto que es la forma en que trabajan algunas de esas empresas con los restaurantes. Lo que había sucedido es que se habían vistos envueltos en lo que DoorDash llama un test de demanda: sin pedir permiso copian la carta completa de la web de la pizzería con los precios originales y los ofrecen con descuento (en este caso 16 dólares en vez de 24). Si la cosa funciona al cabo de unas semanas negocian un acuerdo con la pizzería para que se incorpore a su plataforma, a precio normal (24) pero cobrándoles una comisión (10, 20, 25% o similar). Dado que la empresa puede demostrar que ha tenido muchos pedidos a través de su app ,parece un trato seguro. Otra cosa es que esos pedidos se deban a los agresivos descuentos más a que su popularidad, o que los restaurantes acepten tener que vender por debajo del precio que ya tienen fijado.

La historia completa puede leerse en primera persona en el blog Margins: Doordash and Pizza Arbitrage (Doordash y el arbitraje de la Pizza) y también en Gizmodo: DoorDash ‘Pizza Arbitrage’ Shows the FUBAR Economics of Delivery Apps (El arbitraje de la pizza de DoorDash muestra lo sumamente jodido que está el modelo económico de las apps de comida a domicilio.)

{Foto (CC) PXHere}

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Por @Wicho — 24 de Enero de 2020

Viviendo en el futuro por Enrique Dans

Viviendo en el futuro: Claves sobre cómo la tecnología está cambiando nuestro mundo. Enrique Dans. Deusto, 2019.

Hace diez años Enrique afirmaba en su primer libro que Todo va a cambiar. Pero en Viviendo en el futuro su argumento es que el futuro ya está aquí. Aunque el argumento principal del libro igual no es el que cabría pensar de alguien tan pegado a la tecnología como él.

Y es que aunque en efecto en los capítulos centrales del libro habla de como los avances tecnológicos están poniendo patas arriba todo, empezando por nuestras casas y terminando por la política pero pasando por la salud, las finanzas, la educación o la forma en la que entendemos el trabajo, por citar algunos ejemplos, ese no es el mensaje principal del libro.

De hecho Enrique dice que todo esto en realidad importa poco porque a causa de la emergencia climática quizás a nuestra civilización le quede muy poco tiempo. Argumenta, gracias a la tecnología la especie humana ha sido capaz de provocar drásticas modificaciones en su entorno y

[…] esas modificaciones en el entorno y ese ecosistema de continua competencia nos ha abocado a un escenario insostenible, que amenaza con provocar en muy poco tiempo el fin de la civilización humana […] el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir, pero en este momento lo más complicado es asegurar que realmente podemos disfrutar de un futuro. Y a este dilema deben dirigirse todas nuestras prioridades.

He de decir que aunque lo menciona en la introducción Enrique a veces parece olvidar que él vive del lado bueno de la brecha digital. Y no sólo eso sino que a menudo va muy por delante incluso de quienes nos consideramos unos apasionados por la tecnología. Así que tengo mis reservas acerca de esa afirmación de que «el futuro ya está aquí para quien quiera experimentarlo y se lo pueda permitir». Porque no puedo olvidar que ya no en países del tercer mundo o en países en desarrollo sino en el nuestro –y especialmente en nuestra provincia– aún hay una parte no desdeñable de la población que no tiene acceso en condiciones a Internet. De hecho según datos de la Secretaría de Estado para el Avance Digital en 2019 había unos 13 millones de personas en España «que no disponen de cobertura de redes de banda ancha de nueva generación, ni previsiones para su dotación por algún operador en el plazo de 3 años, en base a planes de inversión creíbles».

Y es que como lleva años diciendo William Gibson «el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido».

Tengo también mis reservas respecto a algunas de las afirmaciones que hace en las que creo que peca de un excesivo optimismo tecnológico como por ejemplo cuando dice que dispositivos de distintos fabricantes se podrán integrar en arquitecturas en las que compartirán datos de tal forma que los algoritmos podrán monitorizar nuestra salud con un nivel de detalle impensable hasta ahora; la experiencia por ahora es más bien la contraria.

Pero en cualquier caso el libro está lleno de referencias en línea que seguir para obtener más información acerca de lo que dice Enrique y que cada uno nos formemos nuestra propia opinión. Que para eso leemos, ¿no? Precisamente por la gran cantidad de referencias recomiendo comprarlo en digital, por cierto.

Y me encanta esta reflexión que hace, que como sociedad deberíamos tener muy en cuenta:

De hecho, los problemas actuales de las sociedades humanas no se derivan del desarrollo de la tecnología ni de los tecnólogos, que en general están haciendo su trabajo de manera muy eficiente, sino de la escasez, cuando no ausencia, de personas de otras ramas, tales como filósofos, educadores, historiadores o, en general, profesionales de las Humanidades capaces de añadir a esos procesos de adopción sensibilidades y elementos no precisamente tecnológicos, sino de otros tipos, planteados en muchas ocasiones desde perspectivas humanísticas.

Si sobrevivimos el tiempo suficiente, claro.

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