Por Nacho Palou — 23 de Enero de 2014
Hacia 1900 algunas zonas rurales de EE UU —especialmente aquellas que entonces estaban fuera del área de cobertura de una compañía telefónica— encontraron una manera de utilizar el teléfono sin depender de las compañías, simplemente utilizando los hilos que tenían a mano; estos es, las cercas de alambre de espino.

Los colonos que se expandieron hacia el oeste del país a lo largo del S. XIX acordonaban sus tierras para mantener el ganado dentro y a los intrusos fuera. El método elegido era con alambre de púas o de espino. En muchos casos la alambrada de uno se enganchaban con la alambrada del vecino.

Entonces el servicio telefónico tardaba en llegar y cuando la patente de Bell expiró de repente era posible comprar teléfonos en cualquier parte. Pero un teléfono sin infraestructura o sin telefonista no servía para nada, hasta que alguien se dio cuenta de que las cercas de alambre podían llevar la señal del teléfono.

El sistema era gratuito y facilitaba estar en contacto con los vecinos, acercando a familias aisladas a la comunidad.

Aquel sistema funcionaba de aquella manera y a modo de party line, por lo que cualquiera podía escuchar cualquier conversación, y todos los teléfonos sonaban a la vez cuando alguien llamaba. El sistema además no estaba conectado con el resto de la red telefónica, así que básicamente sólo servia para llamar al vecino.

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