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RMS Titanic, un siglo después: la radiotelegrafía de Marconi como la Internet de la época

Esquema del radiotelégrafo de Marconi a bordo del Titanic (circa 1912)
Francisco Jose Dávila Dorta (EA8EX) / Telegraph-Office.com
Esquema del radiotelégrafo de Marconi a bordo del Titanic (circa 1912)
Francisco Jose Dávila Dorta (EA8EX) / Telegraph-Office.com

  • Los radiotelegrafistas del Titanic eran empleados de la Compañía Marconi: el uso de la radiotelegrafía no estaba reglamentado y por tanto no eran directamente responsables de nada ante los oficiales del barco. Su trabajo principal consistía en enviar y recibir mensajes para los pasajeros, aunque también colaboraban con los avisos de navegación y las noticias meteorológicas para la tripulación.
  • Aunque los puestos de los vigías en el exterior contaban con una línea de teléfono directa con el puente de mando, el puesto de radio no disponía de línea directa. Esto significaba que los operadores debían recorrer a pie un largo pasillo para entregar las comunicaciones a los oficiales.
  • El salario de un operador de radio del Titanic era de 48 libras mensuales. Pocos miembros de la tripulación ganaban tanto, siendo el salario equivalente más o menos a la mitad de lo que cobraba el capitán.
  • El Titanic contaba con dos estaciones de radiotelegrafía equipadas con transmisores de chispas de 1,5 KW; una era para emitir, otra para recibir. Las antenas -de cientos de metros, colgadas entre los dos altísimos mástiles- les proporcionaban un alcance de unos 1.600 kilómetros. Su potencia era tal que se ha hablado de que consumía «demasiado ancho de banda» del que debían compartir todas las embarcaciones que estuvieran en la zona al emitir sus señales de radio en morse.
  • El envío de la señal de socorro SOS desde el Titanic marcó su popularización definitiva en una época en la que tampoco se había reglamentado su uso: los operadores usaban SOS desde 1908 además de la tradicional señal de auxilio CQD desde 1903. Los radiotelegrafistas del Titanic usaron ambas en su petición de ayuda.
  • El primer mensaje de socorro, transmitido a las 00:15 -una media hora después de la colisión- se emitió dando como coordenadas del barco 41° 46'N, 50° 24'W, pero por desgracia contenía un error. Diez minutos después, a las 00:25, se transmitían con la posición correcta: 41° 46'N, 50° 14'W. El último mensaje enviado por los radiotelegrafistas se recibió en otros barcos a las 01:45.
  • Además del error en la transmisión, al enviar la señal de socorro los telegrafistas no sabían que en realidad el Titanic estaba unos 10 km más al oeste y otros 10 km más al norte de donde realmente estaba. Esto se descubrió décadas después cuando se hallaron los restos del barco en el fondo del mar.
  • La relativa juventud de la radiotelegrafía y la falta de reglamentación de la época también permitía que no fuera obligatorio mantener operadores 24 horas junto a las radios de los grandes barcos. Algunos barcos relativamente cercanos simplemente no oyeron la petición de SOS y no pudieron acudir en ayuda de los náufragos hasta más tarde. Esto cambió a partir del desastre del Titanic, con el objetivo de que nadie pasara por alto advertencias importantes o mensajes de ayuda de otros barcos.

Los transmisores de chispas de Marconi que iban en el Titanic eran un poco el Wi-Fi y la Internet de la época - en versión primitiva, claro. Empleaban el efecto chispa entre dos electrodos para crear un pulso de corriente de alta tensión, algo en lo que también trabajaron Nikola Tesla, Hughes y Hertz anteriormente.

Foto (DP) Ernest Thompson Seton, 1917

Los pulsos enviados a la antena (a través de un circuito resonante básico bobina-condensador) causaban una perturbación electromagnética que se podía recibir a cierta distancia como un chasquido. Las antenas eran larguísimos cables que colgaban de los mástiles a lo largo del barco, por encima de las chimeneas.

Como a base de «chasquidos» («puntos» solamente) no se puede transmitir en morse, en estos transmisores se empleaba un chisporroteo, es decir, una secuencia de chasquidos a una frecuencia audible (por ejemplo 600 Hz), de modo que el receptor pudiera percibirlo como un tono audible. Oigase aquí un ejemplo práctico, recreado por un aficionado a estos temas:

The Sounds of a Spark Transmitter: Me gustaría demostrar cómo era imposible transmitir palabras (incluso pretendiéndolo) en código Morse a la velocidad planteada por Marconi en diciembre de 1901 y febrero de 1902. En este audio [MP3] transmito la palabra «M-a-r-c-o-n-i», primero a 7 chasquidos por segundo, para luego pasar a 120 y 800 chasquidos por segundo.

Como puede oírse, en el primer intento no se distingue prácticamente nada, pero en las siguientes versiones a mayor frecuencia (a partir de 00:16 y 00:30) ya se distingue el clásico sonido del morse.

Esto fue todo un logro técnico para la época: antes de la llegada de las válvulas de vacío no se podía modular y amplificar una señal a miles de voltios de una forma controlada. En cambio ese chisporroteo a través de un circuito resonante realiza la misma función aunque lo haga un poco a lo bestia, empleando un enorme ancho de banda y un tono muy poco estable... En definitiva: un uso de la electrónica de la edad de piedra, que dejó de usarse en favor de los transmisores a válvulas, de mayor calidad, precisión y rendimiento.

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