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En Microsiervos, hace un año, dos, tres… >

Lagos que desaparecen

Juan Manuel nos pasó un enlace a una noticia acerca de la desaparición de un lago situado en el fiordo Témpanos del Parque Nacional Huemules, a unos 2.000 kilómetros al sureste de Santiado de Chile, que según descubrió una patrulla que normalmente lo visita cada mes quedó vacío entre el mes de marzo y el mes de mayo, aunque no pueden precisar más porque la visita de abril no se llevó a cabo por diversos motivos: Desaparece, de la noche a la mañana, un lago en el sur de Chile.

Por lo visto en el lugar en el que estaba el lago ahora sólo quedan en el fondo los témpanos de hielo que antes flotaban en él y el río que lo alimentaba ha pasado de tener unos 40 metros de ancho a ser un simple riachuelo que se puede atravesar andando.

Lago del parque Huemules © Reuters
Lago vacío en el parque Huemules © Reuters

Todo parece apuntar a que algún tipo de actividad tectónica -en abril hubo un terremoto en una zona limítrofe con la que alberga el Parque Nacional- haya abierto alguna o algunas grietas en el suelo por las que el agua del lago y la que alimentaba el río se hayan podido filtrar al subsuelo, con lo que la noticia, aunque no deja de ser curiosa, parece tener una explicación perfectamente natural.

Es mucho más curioso el caso del lago Peigneur, en Louisiana, Estados Unidos, que el 21 de noviembre de 1981 desapareció en apenas unas horas y que un par de días después se había convertido de un lago de agua dulce de unos tres metros de profundidad en un lago de agua salada de 396 metros de profundidad máxima: Lake Peigneur Disaster.

Ese día unos operarios de la Wilson Brothers Corporation estaban realizando una serie de prospecciones en la zona en búsqueda de petróleo para Texaco y en un momento dado, cuando llevaban perforados 1.228 pies (unos 400 metros), se dieron cuenta de que la plataforma flotante sobre la que estaban trabajando comenzaba a inclinarse peligrosamente, por lo que decidieron abandonarla y dirigirse a la orilla, pensando que la plataforma estaba viniéndose abajo, pero desde la orilla vieron con asombro como las aguas del lago empezaban a formar un remolino que iba creciendo cada vez más, igual que si alguien le hubiera quitado el tapón al fondo del lago como si este fuera una bañera.

Este remolino se colaba por un agujero en el fondo del lago que fue creciendo poco a poco de tal modo que al final llegó a tener unos 55 metros de diámetro y por él desaparecieron, que se sepa:

  • La plataforma perforadora en cuestión.
  • Otra plataforma que estaba cerca de la primera.
  • Un remolcador.
  • Once barcazas que estaban en el canal por el que desembocaba el lago, de las que nueve volverían a salir a flote unos días después.
  • Un amarradero desde el que se cargaban estas barcazas.
  • Unos 280.000 metros cuadrados de la Isla Jefferson y sus jardines botánicos y parte de sus invernaderos.
  • Una casa-remolque.
  • Camiones.
  • Tractores.
  • Un aparcamiento.
  • Y por supuesto, toneladas de barro, árboles y quién sabe qué más, aparte de los aproximadamente 10.000 millones de litros de agua que se estima que contenía el lago, claro.
No está muy claro dónde estuvo el origen del error y además nunca llegará a saberse, ya que todas las pruebas al respecto están ahora en el fondo del lago, pero lo que sí está muy claro es que los operarios de la Wilson Brothers hicieron su perforación sobre la mina subterránea de sal Diamond Crystal, y claro, un chorro de agua a presión entrando en una mina en la que las columnas que la sujetan y los túneles están formados fundamentalmente por sal es una mala receta, como se ve en el segundo 38 del vídeo Lake Peigneur: The Swirling Vortex of Doom [YouTube 5:48]:

Las columnas en cuestión se fueron disolviendo al tiempo que el agujero por el que entraba el agua se fue haciendo más grande cada vez a más velocidad, con lo que la estructura de la mina terminó por colapsarse e inundarse con el agua del lago.

Al quedar el lago vacío el Canal Delcambre, por el que el lago Peigneur desembocaba en el Golfo de México, comenzó a fluir al revés, creando una cascada de unos 15 metros de altura y vaciando primero agua salobre y luego salada en la cuenca vacía del lago, que desde entonces es un lago de agua salada.

Lo más sorprendente de la historia es que a pesar de lo espectacular del asunto, no falleció ninguna persona, incluidos los 50 operarios de la mina, quienes afortunadamente sólo unos días antes habían llevado a cabo un ejercicio de evacuación, con lo que tenían muy frescos los procedimientos a seguir para escapar.

Al parecer las únicas víctimas mortales del suceso contabilizadas fueron tres perros -y sospecho que toda o la mayoría la fauna que vivía en el lago- aunque luego por supuesto llegaron todas las denuncias y contra-denuncias que uno se espera de un caso así en los Estados Unidos.

Con el tiempo la vida en la zona recupero la normalidad, los jardines botánicos fueron reconstruidos en la porción de tierra que quedaba, y como no hay mal que por bien no venga el canal Delcambre sufrió un proceso de dragado «natural» que incrementó su calado en aproximadamente un metro, aunque la mina tuvo que ser abandonada junto con todo su equipo pesado.

Actualización julio de 2007: Reaparece el lago Témpanos, aunque habrá que ver si alcanza sus dimensiones anteriores.