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Origen de los dichos: «tío-vivo»

Según Coromines, la palabra «tiovivo» está documentada en España desde finales del siglo XIX y sugiere que su nombre puede hacer referencia a la «viveza» del «tío» que lo inventó. Una explicación muy extendida sobre la palabra «tiovivo» y que nos parece muy poco verosímil es la que sostiene que se originó el día 17 de julio de 1834 en Madrid cuando se procedía al entierro de un tal Esteban Fernández, propietario de uno de dichos aparatos. En medio del entierro el señor, que resultó no estar muerto, se levantó gritando «¡Estoy vivo!, ¡Estoy vivo!». Según quienes defienden esta teoría, la anécdota se popularizó y dio lugar al nombre con que se conoce al popular ingenio. Además de la inverosimilitud de la anécdota, hay que hacer notar que la palabra «tiovivo» se usa también en los países de Hispanoamérica (incluso en lugares como Nuevo México) por lo tanto, es de suponer que su existencia es anterior a 1834, fecha en la que se había consumado la independencia de la mayoría de ellos. Según Iribarren, en «El porqué de los dichos», la primera noticia que se tiene del tiovivo (aunque con otro nombre) se remonta al 17 de abril de 1812 cuando el Ayuntamiento de Vitoria autorizó a un francés de nombre Sebastiani a instalar en dicha ciudad un circo de cuatro caballos de madera movidos por una rueda. (LinguaWeb.)