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Una victoria amarga

Nunca pensé que llegaría el día en el que escribiría acerca del resultado de unas elecciones, pero está claro que lo del pasado jueves ha cambiado muchas cosas...

Me alegro de que ayer el pueblo español haya dicho claramente que las mayorías absolutas no son una carta blanca para hacer lo que al partido político de turno le venga en gana.

Me alegro de que hayamos demostrado que somos lo suficientemente adultos como para poder buscar otras fuentes de información y hacer nuestros propios análisis y no tragarnos cualquier cosa que nos quieran contar; me alegro doblemente siendo gallego tras la enorme manipulación sufrida cuando el desastre del Prestige.

Y sí, creo que si el gobierno de José María Aznar hubiera llevado mejor el asunto probablemente no se habría producido el giro electoral que ayer vivimos y que los resultados hubieran estado mucho más reñidos.

Me alegro también de que el PSOE no haya obtenido la mayoría absoluta, porque eso le obligará a ser dialogante y buscar el consenso, cosa que las mayorías absolutas suelen hacer olvidar a los gobernantes; espero que esta opción por la alternancia deje claro a los partidos políticos que no somos borreguitos, que tenemos un límite, y que cada cuatro años pasamos factura.

Lo que me duele en el alma es que haya sido necesaria una salvajada como el atentado del pasado jueves para que tomemos conciencia o recordemos el poder que recae en cada uno de nosotros al vivir en una democracia y que somos nosotros y no los políticos quien manda.

Ha sido una victoria amarga para todos nosotros, hayamos votado por quien hayamos votado.