Por @Alvy — 10 de Noviembre de 2018

Photopea

Photopea es una creación de Ivan Kutskir, un programador de la República Checa que ha dedicado su «tiempo libre» (7.000 horas de nada, mientras estudiaba informática) a esta versión clonada de Photoshop que funciona en línea en el navegador web. Su interfaz hace que resulte totalmente familiar para quienes están acostumbrados al software de Adobe, cuya aplicación es por supuesto mucho más completa pero de la que probablemente la gente no usa ni el diez por ciento de sus funciones.

De modo que con esa filosofía Photopea resulta una alternativa bastante interesante: incluye herramientas como todo tipo de selecciones, pinceles, máscaras y la gran colección de filtros que hicieron tan popular a Photoshop en un principio. Casi parece un trabajo de «ingeniería inversa» de software, realizado con elegancia y buscando que el resultado sea práctico.

Aunque pudiera parecer que la edición online «dentro de un navegador» pudiera resultar lenta lo cierto es que tras probarlo un poco con una buena conexión de fibra y un ordenador razonablemente rápido se ve que tampoco es tan traumático. Para las funciones típicas como abrir, elegir, copiar, limpiar y retocar un poco las fotos, ajustar los colores y demás es bastante cómodo y rápido. Incluso con ficheros de varios megas. Si se conoce Photoshop todo resulta además cómodo y natural.

Para utilizarlo sólo hace falta registrarse con una cuenta de Google o Facebook; la versión gratuita simplemente incluye anuncios en un lateral de la pantalla (no demasiado molestos de momento) pero se puede pagar por una versión premium sin anuncios, individual o «de equipo», que además da prioridad a la hora de enviar sugerencias sobre futuras funcionalidades (se puede ver el desarrollo a través de Github).

Si yo fuera Adobe, contrataba a Kutskir a la voz de ya.

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Por @Alvy — 7 de Noviembre de 2018

Los hiperenlaces dan la sensación de ser un poco como bloques de Lego: unas piezas fundamentales en una red de conexiones muy complejas que existe en todas partes del mundo.

– Margaret Gould Stewart
diseñadora de UX en YouTube y Facebook

Esta nueva serie de TED llamada Small Thing Big Idea (Pequeñas cosas, grandes ideas) tiene muy buena pinta y comienza fuerte. En tres minutos la diseñadora de interfaces y experiencia de usuario Margaret Gould Stewart cuenta la historia de los hiperenlaces, algo que hoy en día «damos por hecho» pero que hace unas pocas décadas no existían. (Y, debo añadir, quizá pronto vuelvan a desaparecer visto el panorama).

El recorrido es el tradicional, empezando por Memex de Vannebar Bush y su As We May Think (1945) como idea original para guardar todos los libros, discos y comunicaciones a los que accedemos las personas, para luego poder consultarlos al Proyecto Xanadú (1960) de Ted Nelson (un Memex conectado a otros Memex)

Luego llegarían el hipertexto del sistema TIES (The Interactive Encyclopedia System) (1983) donde se definieron los «textos azules subrayados» para los enlaces», el Hypercard de Apple para los Macintosh (1987) y finalmente la World Wide Web de Tim-Berners Lee en 1989, con el HTML como lenguaje de hipertexto.

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Es triste reconocerlo, pero con el tiempo los hiperenlaces/hipervínculos han ido perdiendo su mojo y la World Wide Web actual y las apps hacen cada vez un peor uso de ellos. Primero perdieron su color azul «casi obligatorio» y luego hasta el subrayado, a medida que las técnicas de diseño evolucionaron y existían cada vez más alternativas.

Luego llegó la devastadora «guerra por la atención» en la que los sitios web de contenidos, desde periódicos a comunidades, y cualquier tipo de servicios preferían no enlazar antes que «enviar a la gente fuera» (algo muy típico por ejemplo en los aberrantes enlaces «abrir en ventana nueva»). Precisamente lo contrario que pretendían los creadores de los sistemas de hipertexto. En la actualidad, raro es entrar en esos jardines vallados que son Amazon, Facebook o los periódicos y poder salir a través de los enlaces.

Las apps de hoy en día son mundos en los que lo único que cuenta es el tiempo que se pasa en ellas, no lo útiles que resultan. Tienden a integrar todas las funciones para evitar que nadie tenga que salir para ver una foto, un vídeo o ampliar información. ¿Cambiará esto en el futuro? ¿Volverán los hiperenlaces a recuperar su función democratizadora y universalizadora original? Desde luego la cosa no pinta bien para ellos.

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Por @Alvy — 31 de Octubre de 2018

En esta perla concentrada de 5 minutos Brian Behlendorf explica algunas cuestiones de lo que puede suponer a largo plazo la tecnología blockchain de cara a construir la infraestructura de lo que denomina «la confianza como servicio». El lugar elegido es el icónico y precioso café/bar/museo The Interval de San Francisco, donde la gente de la Long Now Foundation se reúne y comparte ideas. El miniresumen está aquí: A Foundation of Trust: Building a Blockchain Future.

Behlendorf es un pionero del software de código abierto, desarrollador del conocido Apache (sobre el que corren las webs en casi todos los servidores de Internet) y colaborador de la Fundación Mozilla y la EFF, entre otras cosas. Ahora anda metido en Hyperledger, un proyecto de la Fundación Linux que básicamente es una plataforma de código abierto para usar tecnología blockchain, pensada para empresas y grandes proyectos pero con la idea de desarrollar estándares y protocolos abiertos como base. Entre los elementos clave que menciona están los servicios de identidad y los contratos.

Su intervención se resumen en una diapositiva, en la que como mandan los cánones de la Long Now hay que «pensar a muy largo plazo». Tal y como él lo ve, a la larga se irán formando consorcios o entidades que gobiernen los registros de la blockchain, pero de forma cada vez más estandarizada, transparente y competitiva. Allí estarán nuestras identidades digitales, sobre las que las personas tendremos mayor control que hasta ahora (dejando ver sólo lo que queramos dejar ver). Behlendorf menciona jocosamente cómo con el RGPD hemos empezado a ver más de cerca conceptos como «solicitar permisos» u «otorgar autorizaciones» aunque queda mucho camino para que sea algo fluido y perfecto.

Por otra parte, cuando la gente tenga su identidad digital en la blockchain y las entidades que gestionen esos datos sean funcionales y aceptadas (como hoy son confiables los sistemas de firmas, identificación, etcétera) la mayor parte de los procesos burocráticos de hoy en día del estilo «crear una empresa», «vender una casa» o «conseguir un certificado de nacimiento» quedarán ahí plasmados para siempre y serán aceptados sin problemas.

Su visión más interesante –y el hecho de que ande metido en esto– es quizá la del previsible fracaso de la «guerra contra la verdad» (en otras palabras: el fin de las fake news, popularizadas a partir de 2016 pero que ya existían antes). La tecnología será capaz de crear una blockchain en la que los hechos en los que nos pongamos de acuerdo queden plasmados para siempre (del tipo «tal cosa sucedió tal día», incluyendo eventos históricos) y servirá como «herramienta liberadora y de justicia». Quizá suene un poco poético o utópico, pero desde luego suena bien.

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Por @Wicho — 30 de Octubre de 2018

Según se puede leer en varios sitios, como por ejemplo en Twitter se está planteando eliminar el botón de «Me gusta», Jack Dorsey hizo hace unos días unas declaraciones en las que decía que no le gusta nada el botón en cuestión y que está pensando en eliminarlo más bien pronto que tarde, aunque eso es algo que aún no está confirmado oficialmente.

Según dice Dorsey la idea es mejorar la calidad del debate en Twitter, aunque no tengo muy claro cómo espera conseguirlo con la eliminación de ese botón. Y ya puestos, dicen algunos, lo que deberían eliminar es la opción de retuitear. Por no hablar de cuentas que claramente tienen comportamientos abusivos y que cuesta horrores que Twitter elimine, si es que llega a hacerlo.

En vez de eliminar ese botón creo que sería mucho más razonable que, tal y como han prometido, volvieran a dejar de una vez por todas el timeline como era al principio: en orden cronológico inverso y sin meter en él tuits marcados como me gusta por personas que lo mismo ni seguimos. Ahora mismo –y tras muchas protestas– eso se puede hacer algo parecido desmarcando la opción «Mostrarme los mejores tuits primero», pero no es exactamente lo mismo.

Además muchas de las personas que usan Twitter usan el «Me gusta» como un marcador para tuits sobre los que quieren volver más tarde más que como un me gusta propiamente dicho, así que eliminarlo les haría la puñeta. Y es que la opción de añadir tuits a los Elementos guardados no es que haya triunfado precisamente, entre otras cosas porque no está disponible en los clientes de terceras partes que Twitter aún no se ha cargado.

En fin, otra de esas decisiones tirando a inexplicables del equipo directivo de Twitter que parece vivir en un universo paralelo al de los usuarios de su plataforma.

De lo de poder editar tuits, que es la primera de las Diez mejoras que me gustaría ver incorporar a Twitter de Alvy mejor ni hablamos.

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