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Avances y desafíos en ojos biónicos

Este artículo se publicó originalmente en Cooking Ideas, un blog de Vodafone donde colaboramos semanalmente.

Eric Selby, uno de los usuarios de las gafas Argus II
Eric Selby, uno de los usuarios de las gafas Argus II

En las últimas semanas se está hablando bastante de un par de «ojos biónicos» que pronto podrían empezar a ser utilizados de forma regular en humanos, al menos en Europa.

Uno de ellos es el Argus II, desarrollado por Second Sight, que consiste en unas gafas que llevan una cámara que van conectadas a una unidad de procesamiento de imagen donde y que tienen un transmisor para enviar las señales al implante.

Gafas Argus II
Gafas Argus II

Este va colocado en la parte exterior del globo ocular, donde se alojan la antena y la electrónica que lo hacen funcionar, que a su vez envían las señales pertinentes a una serie de electrodos que van implantados en la retina.

El otro es el llamado Nano Retina, que lleva el sensor en el interior del ojo y que usa unas gafas que emiten un láser casi infrarrojo que permite a las células fotoelétricas del implante obtener energía para que este funcione, eliminando la necesidad de usar baterías externas como en el caso del Argus II.

El Argus II es el más caro de los dos, con un precio de unos 115.000 dólares, y necesita una operación de 4 horas para su implantación; el Nano Retina ronda los 60.000 dólares y se implanta en media hora con una operación con anestesia local.

El Argus II proporciona el equivalente de un display de 60 pixeles en forma de patrones de luz que el cerebro del paciente tiene que aprender a interpretar y hasta ahora ha dado resultados prometedores, dentro de sus limitaciones, como por ejemplo en el caso de Eric Selby, quien entre otras cosas es de nuevo capaz de distinguir la acera de la calzada desde que lleva uno de estos implantes.

El Nano Retina, por su parte, da una resolución de 24x24 en su primera versión, que ya ha sido fabricada y será sometida a pruebas con humanos en 2013, mientras que la segunda generación dará una resolución de 72x72, y el fabricante dice que permitirá a los pacientes que lo reciban ver la televisión e identificar caras, a pesar de que si nos atenemos al vídeo da la impresión de que hasta podrían leer, algo por ahora muy lejos de las posibilidades de estos dispositivos.

Resolución simulada de la NanoRetina

Estas prestaciones, por supuesto, se quedan muy cortas no solo comparadas con el ojo biónico de Lee Austin, el hombre de los seis millones de dólares, sino con nuestros ojos naturales, pero no hay que olvidar que desarrollar este tipo de implantes tiene un serio problema.

Y es que no sabemos lo suficiente acerca del proceso mediante el que el cerebro y el ojo se entienden y como el segundo convierte la luz que recibe en las señales que envía al cerebro, así que vamos un poco a ojo en todo esto.

Para avanzar en esta dirección hay estudios que han recogido las señales que circulan por el nervio óptico de un animal cuando su ojo ve imágenes y que a base de analizarlas han conseguido reproducir los patrones correspondientes, o al menos eso se supone, aunque falta todavía probar esto en humanos. Es una técnica que además quizás se podría aplicar a los demás sentidos si se demuestra que funciona correctamente.

Otra imitación es que las prótesis actuales, tanto las dos mencionadas como otras en desarrollo, necesitan además que el nervio óptico del paciente funcione correctamente, por lo que sólo son útiles en caso de patologías que provocan una degeneración de la retina.

Pero en cualquier caso son un paso más en la dirección de poder ir parcheando nuestros cuerpos mediante la tecnología, algo que quizás algún día nos haga más que humanos.