Por Nacho Palou — 5 de Octubre de 2015

El polímero desarrollado por Julia Kornfield del Instituto Tecnológico de California reduce la posibilidad de que el combustible arda de forma accidental, tras el un impacto de un avión, por ejemplo.

En el vídeo la mitad superior corresponde a un depósito pequeño con combustible para aviones (Jet A) que después de un impacto libera el combustible hacia una pequeña antorcha colocada para provocar su ignición. En la mitad inferior el proceso es el mismo, excepto porque el combustible tiene un 0,3 por ciento del aditivo desarrollado por Kornfield y su equipo.

En ambos casos el combustible prende, aunque con resultados diferentes: arriba se produce un encendido descontrolado del combustible; una pequeña ignición inicial desencadena el encendido brusco del resto de la nube de combustible. Abajo los círculos amarillos señalan los amagos que hace el combustible por prender, fuegos que sin embargo se autoextinguen gracias al aditivo.

Según se explica en Futurity, Add this to jet fuel for fewer explosions, el polímero básicamente actúa «como un velcro» que une las moléculas de combustible que se han dispersado creando cadenas largas de moléculas. Al mantener unidas las moléculas se reduce el tamaño de las explosiones dificultando la propagación del fuego.

Aunque la idea no es nueva, el polímero de Kornfield tiene como ventajas que no altera las propiedades del combustible —el cual debe ser nebulizado o pulverizado en moléculas «pequeñas y sueltas» para su ignición dentro del motor—, tampoco reduce su rendimiento ni afecta a su comportamiento ni el funcionamiento del motor.

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