Por @Alvy — 6 de Enero de 2008

Telegrafo ópticoEl Telégrafo óptico es un invento de hace varios siglos que en cierto modo podría considerarse el equivalente al correo electrónico de hoy en día, aunque sus limitaciones son evidentes a simple vista: transmitía tan solo el equivalente a unos dos bits por segundo, entre puestos situados a un máximo de diez kilómetros. En la baja tecnología utilizada en su construcción se empleaban, literalmente, palos, piedras, metales y algunos rudimentarios instrumentos ópticos para ver a gran distancia.

Si bien desde la más remota historia hay ejemplos en cierto modo equivalentes de envío de «señales visuales» a distancia, las torres de telégrafos ópticos como tales comenzaron a funcionar a finales del siglo XVII.

También conocidos como líneas de semáforos, estos artilugios se sitaban en torres que dominaban con sus vistas diversas zonas claves de la geografía. Los aparatos en sí, de diversos tamaños y diseños, eran mecanismos de madera o metálicos que podían situarse en diversas posiciones, con brazos articulados. Los observadores de las torres podían ver, normalmente a través de un telescopio o catelajo, las diversas posiciones que adoptaban.

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Telegrafo Chappe en el Louvre, Francia

Para la comunicación los telégrafos empleaban un «libro de claves». Emitían «números» en secuencia que a su vez indicaban en qué página y línea estaban las palabras que componían un mensaje. La velocidad de estos ingenios era de un símbolo cada 20 segundos, más o menos (algo así como dos bits por segundo).

Los sufridos operarios de las torres eran meros repetidores de los mensajes. Un estricto protocolo fijaba lo que debían hacer durante todo el día, cómo empezaban y acababan los mensajes y demás. El clima era uno de los mayores problemas de este sistema: días nublosos y noches oscuras dificultaban su utilización (además del intenso frío). Una dificultad añadida era que los trazados habían de ser en general rectilíneos porque muchos de los mecanismos eran apenas visibles «en ángulo». Entre torre y torre solía haber unos diez kilómetros de distancia.

Robert Hooke en Inglaterra y Claude Chappe en Francia fueron dos de los pioneros de estos curiosos artilugios. En Francia se llegó a desarrollar una extensa y completa red por todo el país que estuvo en uso hasta hace relativamente poco: 1850.

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La red francesa de telégrafos ópticos: 500 estaciones / 5.500 kilómetros

Agustín de Betancourt desarrolló una versión para España, cuya historia detallada se puede leer en interesantísimo trabajo histórico El telégrafo óptico en España (1800-1850). Empezó a funcionar en 1799 y la primera línea proyectada fue Madrid-Cádiz, con unas 60 ó 70 estaciones, aunque sólo terminó construyéndose Madrid-Aranjuez.

Tras vicisitudes diversas, pero conscientes de su importancia, en 1844 el Gobierno se planteó un ambicioso proyecto para interconectar todas las capitales. Poco después otros sistemas de comunicaciones harían obsoleta la parte de la red que se construyó, que dejó de usarse en 1857.

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La red española de telégrados ópticos antes de su obsolescencia.

Un mensaje enviado de Madrid a Cádiz podía llegar mediante la línea de semáforos en el tiempo récord de unas dos horas, mientras que un jinete a caballo (la única alternativa a esta primitiva Internet) podía cubrir esa misma distancia portando un mensaje escrito en uno o dos días… si no sufría contratiempos.

A principios de 1838 Samuel Morse hacía una demostración del telégrafo eléctrico, un sistema de comunicación superior, mucho más poderoso, que daría lugar a lo que se ha denominado como la Internet Victoriana. Este invento relegaría a las líneas de semáforos a un segundo plano, hasta su desaparición una década después.

En la actualidad todavía quedan algunas torres medio derruidas en ciertas zonas de España. Aunque lo parezcan, no son mini-castillos: son lo que queda de la Internet del siglo XIX.

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Ruinas de un telégrafo óptico en Moralzarzal, Madrid
Foto: (CC) Ignacio Cobos Rey

Actualización: Tal y como nos comentaron Teo y luego Óscar…

Sobre esto hay un pasaje muy curioso en El Conde De Montecristo: el Conde se presenta en una de esas estaciones de telégrafos, cerca de París, y soborna al telegrafista (con una renta vitalicia) para que transmita un mensaje falso hacia la capital. El mensaje, acerca del destino del rey de España, hizo perder una importante suma a uno de los archienemígos del Conde, el banquero Danglars. Curiosa la analogía con Internet y el email, y cómo un ataque Man In The Middle puede tener muchas consecuencias, incluso hoy en día.

Más: La Puerta de Tierra en cádiz, es un monumento en el que está el Torreón de Puerta de Tierra, construido a finales de 1850 para que sirviera como la torre número 57 de la línea de telegrafía óptica de Andalucía. (¡Gracias Josera!). Sensei Garfi también nos avisó de que en 2004 se publicó un libro titulado La telegrafía óptica en Catalunya, de Jaume Prats, que cuenta el desarrollo de este invento en la región.

Actualización (7 de enero de 2008): Han publicado una traducción completa del artículo de Low-tech Magazine, titulándola Correo electrónico en el siglo XVIII.

(Agradecimientos a Hombrelobo por la pista sobre tan interesante tema. Él lo vió siguiendo un enlace desde haha.nu al completísimo artículo de Low Tech Magazine. Una bombillita se encendió en mi memoria al ver las torres, porque recordaba haber leído sobre esto, de niño, en alguno de los libros de las míticas colecciones educativas de Plesa/SM.)

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