Por @Alvy — 18 de Agosto de 2016

Este robot desarrollado por estudiantes de la École polytechnique fédérale de Lausanne juega al futbolín (cuyo origen es medio alemán medio español, al menos por la parte del uso de un campo más grande y los «jugadores de dos piernas», habituales en todas partes menos en Madrid). En inglés lo llaman table soccer o fossball.

La mesa de este peculiar futbolín es un poco especial: el campo de juego es transparente para que el robot pueda ver la posición de todos los jugadores y la pelota a la vez. Como suele ser normal en estos chismes, captura 300 imágenes por segundo, suficientes para seguir la trayectoria de la bola mejor que un ser humano – imagínalo como el superpoder de ver las cosas en cámara super-super-lenta. Un grupo de motores mueve las barras de los jugadores de un lado a otro mientras que un segundo grupo los hace girar para golpear a la pelota.

Dicen que de momento tiene el nivel de un jugador normal y corriente, no de un experto. La idea es añadirle un poco de estrategia por un lado y utilizar más información por otro, especialmente la posición de los jugadores del oponente. Ya solo con esto el nivel de juego mejoraría considerablemente.

Pero atención a su imparable progreso: quieren construir un segundo robot (el que hay ahora es único, un poco forever alone) de modo que se puedan enfrentar el uno con el otro. Así podrían practicar entre sí diversas estrategias mediante aprendizaje automático, las 24 horas del día. Y con el tiempo jugarían cada vez mejor. Naturalmente también tendrían que aprender de los humanos, que hasta ahora jugamos mejor que las máquinas.

¡Pero que no cunda el pánico! Si algún día este aspirante a Terminator del fútbol de madera se rebelara como artilugio imbatible sería el momento de empezar a soltarle cosas como que no vale molinillo, ni media ni guarra y, por supuesto, que de portería a portería, mierdería. Eso sí que no se aprende de otra máquina ni viene en los manuales.

(Vía El País.)

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