Por Nacho Palou — 14 de Mayo de 2014

Como parte de sus funciones de cuantificación personal el Samsung Galaxy S5 dispone de un pulsómetro en la parte posterior, un sensor en el que se coloca el dedo para medir las pulsaciones cardiacas.

Su funcionamiento es similar al de un pulsioxímetro, un dispositivo que mide el pulso y también mide la cantidad de oxígeno en la sangre utilizando una luz roja e infrarroja que hay que colocar en alguna parte translúcida del cuerpo, normalmente en un dedo.

Parte de la luz roja e infrarroja atraviesa el tejido, pero con cada pulsación el paso de la sangre reduce ligeramente la cantidad de luz que es capaz de traspasarlo. Esa variación se detecta con otro sensor, un fotodiodo cuyas propiedades varían según la luz, generando una corriente eléctrica dependiendo de la cantidad luz que recibe --de forma parecida a como funcionan los paneles solares.

Aunque un pulsioxímetro normalmente mide la cantidad de luz que atraviesa el tejido, en el Galaxy S5 el fotodiodo se sitúa al lado de la fuente de luz roja -ambos junto al flash de la cámara trasera, señalado en la foto superior-, y lo que detecta son los cambios en la cantidad de luz reflejada por el dedo, que varía al ritmo del paso de la corriente sanguínea impulsada por los latidos del corazón.

Mediante otra técnica también se puede hacer esto mismo en teléfonos móviles que no dispongan de pulsómetro, midiendo los latidos del corazón con la cámara del móvil y la aplicación Cardiio (iPhone).

Esta aplicación puede detectar el pulso de dor formas: dirigiendo la cámara frontal hacia la cara -con cada latido aumenta la cantidad de sangre en el rostro haciendo que varíe ligeramente el tono de la piel- o colocando el dedo sobre la cámara del móvil. La aplicación utiliza el flash del teléfono para iluminar el dedo y la aplicación procesa la imagen para detectar las variaciones que se producen en su aspecto cuando la corriente sanguínea circula por él.

Bonus: Cómo construir un pulsioxímetro.

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