Por @Alvy — 13 de Agosto de 2020

Este simulador llamado Nova VR lo ha creado una empresa llamada Eight360 y tiene una pintaza tremenda. Y es que haciendo un poco el truco de la bola para hamsters consigue replicar fácilmente todo tipo de movimientos con total libertad simplemente moviendo la estructura esférica en la que se sientan las personas en las tres direcciones espaciales.

Según parece cada esfera contiene toda la electrónica necesaria: ordenador, controles, pedales, altavoces… Todo ello equipado con una batería para que no haya que sacar cables al exterior (lo que crearía un pequeño problema topológico de enredamiento debido a los movimientos). La estructura ligera la mueven tres grandes ruedas situadas en los ejes XYZ, lo que evita la necesidad de mecanismos hidráulicos.

En la demo se utiliza el software BIsim Virtual Battlespace (VBS3) porque una aplicación típica de este tipo de simuladores son las simulaciones militares. Pero aparte de eso se puede usar en simuladores de vuelo, juegos multijugador y demás. ¿Lo malo? Que este tipo de chismes no es barato, que es por lo que los principales clientes son militares: cada «bola» se alquila por unos 150.000 dólares anuales, así que no las verás pronto a la venta en el Media Markt de tu barrio.

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Por @Wicho — 10 de Agosto de 2020

Algunos pantallazos de Radar Covid para iOS
Pantallazos de Radar Covid para iOS

Desde hace un par de días está disponible para su descarga la primera versión de Radar Covid para iOS. Y desde hace un rato también la versión para Android. Radar Covid es la aplicación oficial en España para el rastreo de contactos por la pandemia de COVID-19.

Es necesario iOS 13.5 para usarla porque es la versión que integra las herramientas necesarias para que la aplicación funcione. Esto quiere decir que se puede instalar en todos los iPhone del 6S (un modelo de 2015) en adelante. Si nos fiamos de los datos de StatCounter hay ya como un 65% de iPhones activos con iOS 13.5 o superior. Y aproximadamente otro 11% con versiones anteriores de iOS 13 que se podrían actualizar. Bajo iOS Radar Covid sólo pide permiso para utilizar Bluetooth y para mostrar notificaciones.

En Android la app funciona mediante Google Play Services, así que no hay que actualizar el sistema operativo del móvil sino la app Google Play. Necesita, de todos modos, Android 6 o superior, que también es una versión de 2015. igual que en el caso de iOS es la versión mínima que incorpora las herramientas necesarias para que las apps de rastreo de contactos puedan funcionar. De nuevo, según StatCounter, eso supondría alrededor del 95% de los dispositivos Android. Hay que dar permisos para usar Bluetooth y en algunas versiones de Android también la ubicación –aunque la app no vaya a usarla– porque en ellas no se puede activar Bluetooth LE sin activar la localización. Si lo pide, también hay que darle permiso para que la aplicación esté siempre activa en segundo plano.

Terminales aptos para COVID–19 en España
En España hay unos 47 millones de terminales aptos para COVID–19, el 87% del total, aproximadamente. Se les pueden añadir aquellos iPhones susceptibles de ser actualizados a iOS 13.5 (iPhone 6s y superiores), en especial los que tienen ya tienen instalada una versión de iOS 13 anterior.

Estas primeras versiones tienen dos carencias claras: la principal es que no son accesibles para personas con discapacidad visual. Y eso es especialmente grave porque estas personas se ven obligadas a usar el tacto continuamente, así que están muy desprotegidas en esta pandemia. Pero es algo que la Secretaría de Estado para la Digitalización y la Inteligencia Artificial se ha comprometido a arreglar. La otra es que sólo están disponibles en español e inglés y no en ninguna de las lenguas co-oficiales.

Una vez instalada la aplicación en cualquiera de las dos plataformas y otorgados los permisos pertinentes ya no hay que hacer nada más; la aplicación se encarga de todo de forma automática.

Dar permiso para usar Bluetooth es imprescindible porque la app usa Bluetooth LE para detectar otros dispositivos e intercambiar con ellos unas claves aleatorias que conserva hasta 14 días. El intercambio de claves se produce si los dos dispositivos –y se supone que quienes los llevan– pasan más de 15 minutos a menos de dos metros. Esas claves son anónimas y no guardan ningún tipo de información personal ni de localización. Son además, almacenadas en el móvil y no se envían a ningún sitio a menos que el usuario notifique un positivo en COVID.

Sólo en ese caso, e insistimos en que es algo que se hace de forma voluntaria –lo que es, probablemente, el mayor problema de Radar Covid en aras de defender nuestra privacidad– la app envía a un servidor el aviso de ese positivo.

Así la próxima vez que otros dispositivos que hayan intercambiado claves con ese dispositivo «infectado» pregunten al servidor por los positivos notificados verán que una de las claves que tienen registradas ha dado positivo, con lo que mostrarán una notificación a la persona que lo usa, que tendrá que obrar en consecuencia. Pero quien reciba el aviso no sabrá en ningún momento quién ha dado positivo. Y la persona que haya comunicado un positivo tampoco sabrá a quién puede haber contagiado.

Por si quieres informarte más sobre esto las dos versiones de la app usan DP–3T (Decentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing), el sistema de seguimiento de contactos desarrollado por el equipo liderado por Carmela Troncoso en el que prima el respeto a la privacidad.

En cualquier caso el compromiso del Gobierno es que el código de la aplicación será liberado en cuanto entre en funcionamiento, así que las personas que saben de esto podrán auditarlo para comprobar que efectivamente no hace cosas que no debe. Estaremos pendientes de esa auditoría.

Y aquí viene el gran WTF de lo de la entrada en servicio de la aplicación, que no se espera hasta mediados de septiembre*. Esto es así porque las Comunidades Autónomas, que tienen transferidas las competencias en cuanto a sanidad, aún no están listas. Lo que se necesita es que tengan definido el procedimiento mediante el que se le da a una persona que ha dado positivo el código alfanumérico que ha de introducir en la aplicación. Y que definan los teléfonos de contacto a los que la app le dirá a esta persona que tiene que llamar:

Pero como es posible que algunas CCAA adelanten la entrada en servicio de la app no es mala idea irla instalando. Así irá recopilando datos sobre nuestros contactos, tanto aquellos de los que nos damos cuenta y conocemos como de los que no –pensad, por ejemplo, en caso de que uséis el transporte público–. De esta manera ya habrá un conjunto de datos con los que trabajar cuando al fin las CCAA digan que «ya».

Recordad que para que aplicaciones de este tipo sean verdaderamente útiles es necesario que las instalen cuantas más personas mejor. Así que nuestro consejo, a expensas de que una auditoria del código pueda decir lo contrario más adelante, es irla instalando e intentar convencer a tantas personas como podamos de que lo hagan. A fin de cuentas cosas mucho peores hemos instalado ya en el móvil.

Su uso tampoco es la panacea, aunque hay datos que indican que en caso de que se la instalara un 20% de la población el número de contagios podría bajar en un 30% y de ahí para arriba. Pero es una herramienta más y habrá que integrar sus datos con los de las demás para aprovecharla al 100%.

*Sí, es muy WTF que las CCAA no hayan ido haciendo ese trabajo mientras se hacía la prueba piloto de la app en La Gomera. O que si lo han estado haciendo vaya todo tan lento que no se espera que lo tengan todo listo hasta mediados de septiembre. Pero en esta anotación no queremos entrar en esto.

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Por @Alvy — 27 de Julio de 2020

Esta pequeña maravilla que todo geek que se precie desearía poseer se llama Data Runner y es el mítico reloj de pulsera digital Casio F‑91W modificado cual gadget de James Bond. Pero, como diría Superratón, es un Casio «supervitaminado y mineralizado».

El Data Runner ha sido creado por N-O-D-E. Su nombre hace honor a la no menos mítica pero malísima película Johnny Mnemonic (1995) donde utilizaban a Keanu Reeves como «disco duro andante»: le meten literalmente 320 gigabytes en la cabeza (!) antes de ponerse a huir de todo tipo de peligros.

Entre otras cosas el Data Runner:

  • LLeva una antena NFC y mediante inducción no necesita batería
  • Le han añadido un chip de 8 KB donde se pueden llevar claves digitales de cifrado, datos personales y cosas así.
  • Un pequeño LED blanco más potente que el original proporciona iluminación a la pantalla.
  • Tiene una ranura para una tarjeta micro SD; con las de hoy en día se podrían transportar más de 500 GB fácilmente.

Además de esto en las versiones con las que ha estado experimentando…

  • Un conector microUSB permite leer la tarjeta microSD.
  • Al poder integrar chips inalámbricos se puede utilizar para pagar, clonar una tarjeta o incluso para abrir puertas.

La ventaja del Data Runner es que en algunas cosas puede comportarse como un smartwatch… pero al menos no te espía. La desventaja es que es un producto bastante artesanal y no parece que se vaya a poder fabricar en serie ni ponerse a la venta en ninguna tienda. Tema «marca Casio» aparte.

Eso sí: estoy seguro de que de fabricarse masivamente el crowdfunding sería astronómico y la gente se conformaría con poco. Teniendo en cuanto que el F‑91W original que data de 1989 todavía se vende y se puede comprar en Amazon por unos 10 euros, a poco que se le añada algo llamativo sería un producto rompedor para el mundillo geek.

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Por @Wicho — 15 de Julio de 2020

Kobo Nia – RakutenDesde hace unas horas está a la venta el Kobo Nia, el nuevo lector de ebooks de Rakuten que se sitúa como modelo de entrada en la gama. Esta es nuestra reseña tras haberlo probado durante unas semanas gracias a una unidad que nos prestaron para analizar.

Empezando por la parte física mide 112,4×159,3×9,2 milímetros y pesa 172 gramos. Está disponible en cualquier color que quieras siempre que sea negro. Aunque hay disponible una funda de 19,99 € que sí está en tres colores: aguamarina, limón y negro. El Nia se introduce en ella por una abertura que hay en la parte interior del lomo. La tapa de la funda sirve para activarlo y ponerlo en reposo.

No tiene ningún tipo de proteción IPX, así que hay que ser precavido a la hora de llevarlo a la playa, a la piscina, o a sitios en los que se pueda salpicar o mancharse.

Pantalla

Tiene una pantalla táctil E Ink Carta de 6 pulgadas en escala de gris con una resolución de 1024×758 pixeles, lo que equivale a 212 puntos por pulgada. Si lo miras muy de cerca quizás puedas apreciar la diferencia de resolución con otros lectores que andan por los 300. Pero a la distancia a la que en realidad lo vas a manejar esta diferencia es inapreciable. La pantalla queda como un par de milímetros por debajo del frontal del Nia.

La pantalla, además, tiene luz. La proporcionan cinco ledes en la parte inferior. Y aunque se nota un poco dónde están –se nota más o menos según el nivel de brillo de la pantalla– tampoco resulta molesto. Eso sí, el brillo hay que ajustarlo a mano; recuerda que estamos hablando de un modelo de entrada. Pero se puede hace deslizando un dedo hacia arriba o hacia abajo por la parte izquierda de la pantalla para subir lo o bajarlo, un gesto muy cómodo y que hace no echar de menos el sensor de luz ambiente. De hecho yo suelo tenerlo desactivado cuando uso un lector que lo tiene para evitar que cambien el brillo inopinadamente.

La luz es de un tono blanco–azulado estándar en este tipo de pantallas y no se puede ajustar la calidez, que personalmente es una cosa a la que estoy ya muy acostumbrado con los lectores de libros electrónicos. Pero, de nuevo, hablamos de un modelo de entrada.

El contenido de la pantalla se puede girar de 90 en 90 grados. Pero, de nuevo, hay que hacerlo a mano.

Al pasar página o, sobre todo, al resaltar un texto para ver el significado de una palabra, marcar un subrayado o escribir una nota se nota la imagen fantasma que deja el texto anterior. En lo que se refiere al paso de página se puede ajustar la frecuencia con la que el Nia refresca la pantalla, así que puedes trastearlo un poco a tu gusto; en lo de abrir los menús contextuales ya no se puede hacer nada. Es justo decir, en cualquier caso, que esto no es específico del Nia sino que es algo que pasa en mayor o menor medida con todas las pantallas de tinta electrónica.

Manejo

Como ya es de rigor en cualquier lector de libros electrónico actual la pantalla es el interfaz de manejo del Nia. De hecho sólo tiene un botón en la parte inferior, el que sirve para encender y apagar o poner en reposo y despertar el dispositivo.

Se pasa página tocando la pantalla en el lado derecho o arrastrando hacia la izquierda; se retrocede tocando el lado izquierdo de la pantalla o arrastrando hacia la derecha. Son gestos a los que estamos acostumbrados y que funcionan pero personalmente echo de menos unos botones físicos para pasar y retroceder página.

Durante la lectura se accede a los menús tocando el centro de la pantalla. Eso hace aparecer una barra de menús con accesos directos a los más frecuentes desde la que también se puede volver al menú principal. Están organizados de una manera lo suficientemente sencilla como para no necesitar leer el manual.

Eso sí, he notado una pronunciada falta de precisión en la pantalla cuando la usas con una sola mano. Me explico. Soy diestro, y a veces, mientras sujetaba el Nia con la mano izquierda, tecleaba cosas o intentaba pulsar botones sólo con el índice de la mano derecha. Pero cuando estos botones –o letras del teclado– están muy cerca del borde izquierdo de la pantalla el Nia detectaba la pulsación más a la derecha de dónde estaba tocando.

Así, por ejemplo, el Nia interpretaba que quería escribir una ese cuando acababa de pulsar la a en el teclado virtual. También me resultaba prácticamente imposible que subiera o bajara el brillo si deslizaba el índice derecho hacia arriba o hacia a bajo. Puestos a ver qué pasaba hice las pruebas oportunas usando el índice izquierdo y pasa lo mismo, aunque en este caso el desplazamiento es a la izquierda.

No encontré este problema al usar los dedos de las dos manos para tocar el lado correspondiente con cada uno de ellas.

Otra cosa que he notado es una cierta lentitud en ciertas operaciones, en especial a la hora de teclear, ya fueran notas en los libros o nombres de usuario y contraseñas al configurar el dispositivo. Está claro que el procesador va un poco justo. Pero afortunadamente pasar o retroceder páginas al leer es prácticamente instantáneo.

Llenándolo

Hablando de leer, el Nia tiene 8 GB de almacenamiento, lo que según Rakuten permite almacenar unos 6.000 libros. Aunque creo que nadie que no tenga una especie de Diógenes digital va a llenarlo nunca.

En cualquier caso se puede conectar a un ordenador mediante el conector USB micro para gestionar el contenido simplemente arrastrando al Nia los arvhicos o mandándolos a la papelera. Soporta EPUB, EPUB3, FlePub, PDF, MOBI, JPEG, GIF, PNG, BMP, TIFF, TXT, HTML, RTF, CBZ y CBR. Se pueden organizar en carpetas dentro del directorio raíz del dispositivo, carpetas que el Nia ignorará alegremente para mostrarlos ordenados por título, autor, serie o colección.

Las series las detecta si el libro incluye información de que pertenece a una y la posición que ocupa en ella. Las colecciones las puede definir el usuario pero –y es un gran pero– sólo sirven para meter en ellas libros adquiridos a través de una cuenta Kobo. Estas series se sincronizan entre dispositivos y aplicaciones de lectura, que están disponibles para Android, iOS, mac OS y Windows. Pare ello el Nia soporta Wi-Fi 802.11 b/g/n.

Igual que no se pueden añadir a las colecciones los libros introducidos en local en el dispositivo no se sincronizan con la cuenta en la nube.

Kobo Nia en la funda limón – Rakuten
Kobo Nia en la funda limón – Rakuten

El Nia soporta 12 tipos de letra distintos de los que se puede ajustar el tamaño y el grosor y nitidez. También se puede ajustar el espacio entre líneas, el margen que queda a cada lado, y escoger entre alineación a la izquierda o texto justificado.

Igual que sucede con otros lectores Kobo que he probado es posibl asociar un Nia a una cuenta de Pocket, con lo que puedes tener todas tus lecturas «guardadas para luego» en é, lo cual es un puntazo a su favor.

También se puede asociar a una cuenta de Adobe Digital Editions.

Así que por falta de material de lectura no va a ser. Siempre que lo mantengas cargado. Que aunque la versión oficial es que una carga de la batería dura semanas en realidad más bien lo tendrás que cargar una vez a la semana dependiendo de cuánto leas cada día y del nivel de brillo de la pantalla y de lo que tires de la Wi-Fi.

La pregunta del millón (o de los 30 euros)

El Kobo Nia cuesta 99,99 €. El Clara HD 129,99. Esos 30 euros extra proporcionan, entre otras cosas, una luz de pantalla con color de temperatura ajustable y una pantalla de 300 puntos por pulgada de resolución.

Personalmente, creo que la diferencia de precio es demasiado pequeña y me iría a por el Clara HD. Aún a pesar de el Nia me parece un lector más que utilizable si no estás atado al ecosistema de Amazon, que, para qué engañarnos, es el grandullón de este mercado.

Creo que tendría que costar diez euros menos para poder recomendarlo sin duda y para que hubiera una diferenciación más clara entre ambos.

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