Por @Alvy — 21 de Octubre de 2021

Unlabeled es un trabajo medio conceptual, medio comercial, medio práctico, relacionado con evitar a las cámaras equipadas con inteligencia artificial y reconocimiento visual que nos «etiquetan» como seres humanos cuando paseamos por la calle. Por eso su lema es –parafraseando el nombre de la famosa banda del punk rockCamouflage Against the Machines, «el camuflaje contra las máquinas».

Los diseños son básicamente patrones de imágenes antagónicas que confunden a los algoritmos –especialmente al YOLOv2evitando la clasificación, de modo que evita que el algoritmo con consigue marcar como tal a quien lleva esas prendas puestas en un alto porcentaje de los fotogramas. El resultado es como una «capa de invisibilidad» a lo Harry Potter, pero que funciona tal cual en ante las cámaras que hay en las calles y comercios.

Unlabeled

No tenemos forma de protegernos de la explotación de la información. Así que necesitamos camuflaje. Necesitamos prendas de vestir para vivir en una sociedad que se aprovecha de nuestra identidad.

– Unlabeled

La crítica social de Unlabeled es bastante bestial, incluyendo «que en los aeropuertos una cámara te identifique y marque como “peligroso” o que te aparezcan anuncios para afeitarte independientemente de cuál sea tu identidad de género… todo tipo de abusos con los datos sobre nuestro comportamiento en busca de beneficios». Algo de verdad no les falta.

En 2020 estuvieron mostrando el trabajo en diversas exposiciones y ahora en 2021 tienen una web donde se explica el proyecto y deben haber avanzado porque ya hay hasta una tienda en el menú. La tienda no está activa, lo cual no queda claro si es ironía o que la abrirán en el futuro. Como era de esperar, en su web no hay cookies que te marquen y persigan, y en el Acerca de se autodefinen como «un grupo de artistas y una marca textil de materiales que sirvan de camuflaje en esta sociedad capitalista de la vigilancia». Hay más diseños en su Instagram.

(Vía @hardmaru.)

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Por @Wicho — 14 de Septiembre de 2021

Como sospecho que le pasa a (casi) todo el mundo al final la cámara con la que hago más fotos –y con diferencia– es la del iPhone. La empuñadura Fjorden, que descubrí a través de ProCamera, la app que uso habitualmente para hacer fotos, parece una interesante adición para echar un poco menos de menos los controles de una cámara de verdad.

Incorpora:

Botones de la empuñadura Fjorden

  1. Un disparador con posición intermedia como en una cámara de verdad. Una pulsación ligera enfoca; una pulsación hasta el fondo hace la foto.
  2. Tiene una rueda que al hacer clic en ella va rotando por ajustar la exposición, la velocidad de obturación, la sensibilidad ISO, la apertura en modo retrato, el enfoque manual, u otros parámetros personalizables.
  3. Un botón multi función que permite activar el modo retrato o el modo selfie, seleccionar el modo de flash o cambiar entre otros ajustes personalizados.
  4. Una palanca de zoom para cambiar entre los objetivos del iPhone, o acercar y alejar el zoom.

Todo esto en un cacharro que se acopla a la parte posterior del teléfono y que mide 59,4×80,3×10,7 milímetros porque la idea es que sigas pudiendo meterte el iPhone en el bolsillo aún con el Fjorden acoplado. Curiosamente no dan el dato del peso.

Es compatible con cualquier iPhone que corra iOS 14 o posterior. Si tienes un iPhone compatible con MagSafe el Fjorden se acopla magnéticamente a la trasera del teléfono; para modelos anteriores está disponible una placa que se fija al teléfono con un adhesivo reutilizable a la que a su vez se fija la empuñadura. Se puede usar tanto en posición horizontal como vertical pues puede girar 90º.

Viene además con una aplicación propia llamada Fjorden Camera que podrás usar aún si no tienes la empuñadura contigo. Pero es compatible con otras aplicaciones de fotografía.

Se puede usar también como soporte para apoyar el iPhone y es compatible con los objetivos Moment.

Lo dicho, dado lo mucho que uso el iPhone como cámara de fotos, creo que es un caso de

Shut up and take my bitcoin!

Está disponible en distintas opciones que van desde la empuñadura a pelo a la empuñadura con funda y una correa, etc. Eso sí, no estará disponible hasta febrero de 2022. Si no hay retrasos.

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Por @Wicho — 10 de Septiembre de 2021

Un cómic en el InkPad ColorHe estado probando un Pocketbook InkPad Color que nos prestaron amablemente. Quería que me hubiera gustado más, pero hay que reconocerle que es un primer paso en intentar llevar el color a las pantallas de de tinta electrónica. Aunque aún le falta. Pero no es un problema del lector en sí mismo sino del estado de la tecnología de pantalla; el resto de las funciones del InkPad Color me parecen muy bien pensadas, igual que los demás Pocketbook que he podido probar antes.

Para no repetirme demasiado os remito a los apartados de interfaz y conectividad de la prueba del Pocketbook Touch HD 3, que se aplican igual al InkPad Color. Lo mismo sucede con los formatos soportados en cuanto a libros electrónicos, imágenes y audio, aunque como no podía ser de otra forma el InkPad Color añade soporte para formatos típicos de cómics como son CBR y CBZ. Y, ojo, también es compatible con eBiblio, el servicio de préstamo digital de las bibliotecas públicas, promovido por el Ministerio de Cultura. Esta compatibilidad está ahora también disponible para el HD3 y otros dispositivos de la marca mediante la correspondiente actualización de software.

Físicamente el InkPad Color mide 195×136,5×8 mm y pesa 225 gramos. Debajo de la pantalla están los botones para pasar y retroceder página y los que vuelven a la pantalla principal y abren los menús. Los símbolos que los distinguen apenas se ven pero al final acabas usándolos por su posición y listo. En la parte inferior del lector están el botón de encendido; una ranura para tarjetas microSD, que permite ampliar la memoria de los 16 GB internos hasta 32 GB; y un puerto USB C para su carga –depende de cuánto leas pero una carga a la semana debería ser suficiente– y conexión al ordenador.

Pero la chicha y el verdadero interés de este dispositivo está en su pantalla, claro. Se trata de una pantalla con luz frontal E Ink Kaleido™ Plus (E Ink new Kaleido™) de 7,8 pulgadas que soporta 16 niveles en escala de grises y 4.096 colores. La resolución es de 1.404×1.872 en escala de grises mientras que se queda en 468×624 en color. Eso son 300 puntos por pulgada en escala de grises y tan sólo 100 en color.

La diferencia en resoluciones en ambos modos se nota. Y en modo color, en el que uno de los contenidos más típicos que yo creo que se va a leer en un dispositivo como este son los cómics, se nota mucho. Además los colores son bastante apagados y tirando a pastel. Cualquier parecido entre los colores que se ven en la pantalla en la foto del producto que ilustra esta anotación y la realidad es casualidad, me temo. De nuevo, no es algo específico del InkPad Color sino del tipo de tecnología de pantalla que incorpora. Con las fotos pasa lo mismo, claro. Creo también que a la pantalla le falta algo de contraste. La iluminación de la pantalla es correcta y uniforme.

También me ha dado la impresión de que al lector le cuesta un poco mover los cómics. Al menos los cómics bajados de mi colección en ComiXology en formato CBZ. Sin ser inaguantable el paso de página tarda un pelín más de lo que me parecería correcto. Y en este caso sí es cosa del lector; quizás su procesador Dual Core (2×1 GHz) y su giga de RAM no sean suficientes del todo para este tipo de contenidos.

Y el precio del InkPad Color tampoco ayuda: son 299 euros en Amazon, por ejemplo. Y por no mucho más te puedes comprar un iPad, por ejemplo, con una pantalla mucho más adecuada para leer cómics, y que además es capaz de muchas otras cosas más. O una tablet Android. O una de las de Amazon, que aunque te aten un poco al ecosistema de la marca van a ser mejores para leer cómics y ver fotos.

Así que lo dicho, querría que el InkPad Color me hubiera gustado más pero creo que la tecnología de pantalla aún no está ahí como para poder recomendarla sin reservas.

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Por @Wicho — 1 de Septiembre de 2021

La calculadora de Ángela Ruiz RoblesAllá por 2019 Casio sacó una gama de calculadoras científicas cuya carcasa estaba ilustrada por científicas relevantes de la historia. La idea era mostrarles a las niñas referentes fuertes femeninos en el campo de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas que les enseñen que pueden ser lo que quieran. Y luego que escojan lo que les apetece ser, por supuesto.

Nos cuenta Eloy Bernal, a quien se le ocurrió la idea, que sacar adelante el proyecto no fue nada sencillo. Porque desde Casio no querían que el precio de las calculadoras se viera encarecido por el hecho de llevar la ilustración. Lo que era también un argumento también muy importante de cara a convencer a las interesadas, sus herederos o quienes gestionan su legado de que la iniciativa molaba y que dieran los permisos pertinentes.

Las 38.000 calculadoras producidas en 2019 se agotaron, lo que da una idea del interés que despertó la iniciativa. Pero desde hoy está disponible una segunda edición a la que se incorporan Ángela Ruiz Robles, Margarita Salas y Clara Grima. Se unen a Hipatia de Alejandría, Sophie Germain, Ada Lovelace, Marie Curie, y Jess Wade.

La colección de 2021 – Casio
La colección de 2021 – Casio

Son calculadoras adaptadas al currículo de la ESO y Bachillerato, por cierto.

Pero aparte de la biografía de las científicas y las artistas que han ilustrado las calculadores en la web del proyecto hay recursos educativos (como pósters descargables en 6 idiomas o kahoots con cuestiones sobre las científicas y sus logros), además de una serie de actividades para el aula, así como una selección de materiales didácticos (canales de vídeo, podcasts y otros enlaces de interés) que hacen que el proyecto mole aún más.

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