Por @Alvy — 27 de Julio de 2020

Esta pequeña maravilla que todo geek que se precie desearía poseer se llama Data Runner y es el mítico reloj de pulsera digital Casio F‑91W modificado cual gadget de James Bond. Pero, como diría Superratón, es un Casio «supervitaminado y mineralizado».

El Data Runner ha sido creado por N-O-D-E. Su nombre hace honor a la no menos mítica pero malísima película Johnny Mnemonic (1995) donde utilizaban a Keanu Reeves como «disco duro andante»: le meten literalmente 320 gigabytes en la cabeza (!) antes de ponerse a huir de todo tipo de peligros.

Entre otras cosas el Data Runner:

  • LLeva una antena NFC y mediante inducción no necesita batería
  • Le han añadido un chip de 8 KB donde se pueden llevar claves digitales de cifrado, datos personales y cosas así.
  • Un pequeño LED blanco más potente que el original proporciona iluminación a la pantalla.
  • Tiene una ranura para una tarjeta micro SD; con las de hoy en día se podrían transportar más de 500 GB fácilmente.

Además de esto en las versiones con las que ha estado experimentando…

  • Un conector microUSB permite leer la tarjeta microSD.
  • Al poder integrar chips inalámbricos se puede utilizar para pagar, clonar una tarjeta o incluso para abrir puertas.

La ventaja del Data Runner es que en algunas cosas puede comportarse como un smartwatch… pero al menos no te espía. La desventaja es que es un producto bastante artesanal y no parece que se vaya a poder fabricar en serie ni ponerse a la venta en ninguna tienda. Tema «marca Casio» aparte.

Eso sí: estoy seguro de que de fabricarse masivamente el crowdfunding sería astronómico y la gente se conformaría con poco. Teniendo en cuanto que el F‑91W original que data de 1989 todavía se vende y se puede comprar en Amazon por unos 10 euros, a poco que se le añada algo llamativo sería un producto rompedor para el mundillo geek.

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Por @Wicho — 15 de Julio de 2020

Kobo Nia – RakutenDesde hace unas horas está a la venta el Kobo Nia, el nuevo lector de ebooks de Rakuten que se sitúa como modelo de entrada en la gama. Esta es nuestra reseña tras haberlo probado durante unas semanas gracias a una unidad que nos prestaron para analizar.

Empezando por la parte física mide 112,4×159,3×9,2 milímetros y pesa 172 gramos. Está disponible en cualquier color que quieras siempre que sea negro. Aunque hay disponible una funda de 19,99 € que sí está en tres colores: aguamarina, limón y negro. El Nia se introduce en ella por una abertura que hay en la parte interior del lomo. La tapa de la funda sirve para activarlo y ponerlo en reposo.

No tiene ningún tipo de proteción IPX, así que hay que ser precavido a la hora de llevarlo a la playa, a la piscina, o a sitios en los que se pueda salpicar o mancharse.

Pantalla

Tiene una pantalla táctil E Ink Carta de 6 pulgadas en escala de gris con una resolución de 1024×758 pixeles, lo que equivale a 212 puntos por pulgada. Si lo miras muy de cerca quizás puedas apreciar la diferencia de resolución con otros lectores que andan por los 300. Pero a la distancia a la que en realidad lo vas a manejar esta diferencia es inapreciable. La pantalla queda como un par de milímetros por debajo del frontal del Nia.

La pantalla, además, tiene luz. La proporcionan cinco ledes en la parte inferior. Y aunque se nota un poco dónde están –se nota más o menos según el nivel de brillo de la pantalla– tampoco resulta molesto. Eso sí, el brillo hay que ajustarlo a mano; recuerda que estamos hablando de un modelo de entrada. Pero se puede hace deslizando un dedo hacia arriba o hacia abajo por la parte izquierda de la pantalla para subir lo o bajarlo, un gesto muy cómodo y que hace no echar de menos el sensor de luz ambiente. De hecho yo suelo tenerlo desactivado cuando uso un lector que lo tiene para evitar que cambien el brillo inopinadamente.

La luz es de un tono blanco–azulado estándar en este tipo de pantallas y no se puede ajustar la calidez, que personalmente es una cosa a la que estoy ya muy acostumbrado con los lectores de libros electrónicos. Pero, de nuevo, hablamos de un modelo de entrada.

El contenido de la pantalla se puede girar de 90 en 90 grados. Pero, de nuevo, hay que hacerlo a mano.

Al pasar página o, sobre todo, al resaltar un texto para ver el significado de una palabra, marcar un subrayado o escribir una nota se nota la imagen fantasma que deja el texto anterior. En lo que se refiere al paso de página se puede ajustar la frecuencia con la que el Nia refresca la pantalla, así que puedes trastearlo un poco a tu gusto; en lo de abrir los menús contextuales ya no se puede hacer nada. Es justo decir, en cualquier caso, que esto no es específico del Nia sino que es algo que pasa en mayor o menor medida con todas las pantallas de tinta electrónica.

Manejo

Como ya es de rigor en cualquier lector de libros electrónico actual la pantalla es el interfaz de manejo del Nia. De hecho sólo tiene un botón en la parte inferior, el que sirve para encender y apagar o poner en reposo y despertar el dispositivo.

Se pasa página tocando la pantalla en el lado derecho o arrastrando hacia la izquierda; se retrocede tocando el lado izquierdo de la pantalla o arrastrando hacia la derecha. Son gestos a los que estamos acostumbrados y que funcionan pero personalmente echo de menos unos botones físicos para pasar y retroceder página.

Durante la lectura se accede a los menús tocando el centro de la pantalla. Eso hace aparecer una barra de menús con accesos directos a los más frecuentes desde la que también se puede volver al menú principal. Están organizados de una manera lo suficientemente sencilla como para no necesitar leer el manual.

Eso sí, he notado una pronunciada falta de precisión en la pantalla cuando la usas con una sola mano. Me explico. Soy diestro, y a veces, mientras sujetaba el Nia con la mano izquierda, tecleaba cosas o intentaba pulsar botones sólo con el índice de la mano derecha. Pero cuando estos botones –o letras del teclado– están muy cerca del borde izquierdo de la pantalla el Nia detectaba la pulsación más a la derecha de dónde estaba tocando.

Así, por ejemplo, el Nia interpretaba que quería escribir una ese cuando acababa de pulsar la a en el teclado virtual. También me resultaba prácticamente imposible que subiera o bajara el brillo si deslizaba el índice derecho hacia arriba o hacia a bajo. Puestos a ver qué pasaba hice las pruebas oportunas usando el índice izquierdo y pasa lo mismo, aunque en este caso el desplazamiento es a la izquierda.

No encontré este problema al usar los dedos de las dos manos para tocar el lado correspondiente con cada uno de ellas.

Otra cosa que he notado es una cierta lentitud en ciertas operaciones, en especial a la hora de teclear, ya fueran notas en los libros o nombres de usuario y contraseñas al configurar el dispositivo. Está claro que el procesador va un poco justo. Pero afortunadamente pasar o retroceder páginas al leer es prácticamente instantáneo.

Llenándolo

Hablando de leer, el Nia tiene 8 GB de almacenamiento, lo que según Rakuten permite almacenar unos 6.000 libros. Aunque creo que nadie que no tenga una especie de Diógenes digital va a llenarlo nunca.

En cualquier caso se puede conectar a un ordenador mediante el conector USB micro para gestionar el contenido simplemente arrastrando al Nia los arvhicos o mandándolos a la papelera. Soporta EPUB, EPUB3, FlePub, PDF, MOBI, JPEG, GIF, PNG, BMP, TIFF, TXT, HTML, RTF, CBZ y CBR. Se pueden organizar en carpetas dentro del directorio raíz del dispositivo, carpetas que el Nia ignorará alegremente para mostrarlos ordenados por título, autor, serie o colección.

Las series las detecta si el libro incluye información de que pertenece a una y la posición que ocupa en ella. Las colecciones las puede definir el usuario pero –y es un gran pero– sólo sirven para meter en ellas libros adquiridos a través de una cuenta Kobo. Estas series se sincronizan entre dispositivos y aplicaciones de lectura, que están disponibles para Android, iOS, mac OS y Windows. Pare ello el Nia soporta Wi-Fi 802.11 b/g/n.

Igual que no se pueden añadir a las colecciones los libros introducidos en local en el dispositivo no se sincronizan con la cuenta en la nube.

Kobo Nia en la funda limón – Rakuten
Kobo Nia en la funda limón – Rakuten

El Nia soporta 12 tipos de letra distintos de los que se puede ajustar el tamaño y el grosor y nitidez. También se puede ajustar el espacio entre líneas, el margen que queda a cada lado, y escoger entre alineación a la izquierda o texto justificado.

Igual que sucede con otros lectores Kobo que he probado es posibl asociar un Nia a una cuenta de Pocket, con lo que puedes tener todas tus lecturas «guardadas para luego» en é, lo cual es un puntazo a su favor.

También se puede asociar a una cuenta de Adobe Digital Editions.

Así que por falta de material de lectura no va a ser. Siempre que lo mantengas cargado. Que aunque la versión oficial es que una carga de la batería dura semanas en realidad más bien lo tendrás que cargar una vez a la semana dependiendo de cuánto leas cada día y del nivel de brillo de la pantalla y de lo que tires de la Wi-Fi.

La pregunta del millón (o de los 30 euros)

El Kobo Nia cuesta 99,99 €. El Clara HD 129,99. Esos 30 euros extra proporcionan, entre otras cosas, una luz de pantalla con color de temperatura ajustable y una pantalla de 300 puntos por pulgada de resolución.

Personalmente, creo que la diferencia de precio es demasiado pequeña y me iría a por el Clara HD. Aún a pesar de el Nia me parece un lector más que utilizable si no estás atado al ecosistema de Amazon, que, para qué engañarnos, es el grandullón de este mercado.

Creo que tendría que costar diez euros menos para poder recomendarlo sin duda y para que hubiera una diferenciación más clara entre ambos.

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Por @Alvy — 5 de Julio de 2020

Unos investigadores de la Carnegie Mellon han trabajado en algo denominado «Los retos del diseño de interfaces humanas orientadas a las emociones negativas»; en otras palabras: robots y objetos que reciben somantas de palos y a los que puedes darles con un martillo o acuchillar alegremente. Como dicen, muy apropiadamente:

Mucha gente se ha centrado hasta ahora en los creadores y los makers; nosotros hacemos lo mismo pero con la destrucción y la catarsis.

– Amit Zoran y Jodi Forlizzi,
investigadores

La idea es básicamente crear objetos, principalmente no-antropomórficos (aunque algún muñeco hay por ahí) a con los que desahogarse a gusto. Se puede aplastar un cuadrado de plástico con un martillo y ver cómo brilla o darle estocadas a un cojín amorfo y ver cómo se mueve.

En teoría esas expresiones de la energía negativa producen un efecto liberador, a lo que ayuda la respuesta tecnológica que tienen, ya sea con luces o sonidos. Hay uno que responde cuando lo insultan; otros se mueven cuando detectan que han sido alcanzados por objetos puntiagudos.

Como se suele decir, hay gente pa tó, y estos curiosos robots son la prueba. ¿Sufren? No; de hecho su objetivo vital es absorber los impactos y reaccionar a los insultos, así que en teoría todos contentos… Pero de todos modos, risas apartes, el asunto levantó algunas consideraciones éticas sobre lo apropiado que es que estos chismes reaccionen alegremente cuando son tratados a patadas y con palabrotas, aunque sea por adultos. Como no están en las tiendas, todo queda en el laboratorio, de momento.

(Vía Spectrum.)

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Por @Alvy — 25 de Junio de 2020

SEAMagine Aurora-S6

Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…

– Groucho Marx

Esta maravilla es un minisubmarino llamado SEAMagine Aurora-S6, que como su propio nombre indica tiene capacidad para seis personas. Es ideal para llevarlo en tu pequeño yate por si te apetece hacer un poco exploración submarina con la familia o los amigos antes de volver a tu pequeña mansión en la playa. Todo un ejemplo de objeto que puede contribuir a tu felicidad, como explicaba Groucho Marx.

No tengo ni idea de cuánto cuesta, ni siquiera de si existe o si es de los que fabrican bajo pedido. Tanto el Aurora S-6 como otros modelos similares forman parte de una colección llamada los mejores minisubmarinos para superyates, que no son precisamente el tipo de chismes que vas a ver expuestos en la tienda de deportes del barrio. La selección la publicaron hace tiempo en Va de barcos, un blog que siempre publica cosas interesantes, donde se incluye un resumen de las capacidades de cada sumergible, al menos sobre el papel.

La mayor parte de los pequeños submarinos privados del artículo tienen aspecto de ovni; suelen ser para dos personas y capaces de sumergirse a unos cuantos cientos de metros. Por lo que he visto cotilleando las webs de las empresas fabricantes los suelen enviar a los compradores en un contenedor gigante, aunque muchas veces requieren de un cursillo personalizado. Algunos te dejan hasta elegir el color, otro pequeño detalle para quien tenga la fortuna de comprar uno… o varios, por si tienes una flota de yates y quieres distinguirlos.

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