Por @Wicho — 9 de Junio de 2021

Teléfono ANOM – Policía australiana
Teléfono ANOM – Policía australiana

En 2018 el FBI cerró un servicio de comunicaciones cifradas llamado Phantom Secure que era muy popular entre criminales de todo el mundo. Y viendo una oportunidad reclutaron a un ex distribuidor del servicio que estaba trabajando en uno nuevo llamado ANOM para que colaborara con ellos. El acceso al sistema está camuflado en una aplicación de calculadora que va instalada en los teléfonos móviles que permiten conectarse a él. Esta aplicación no calcula nada; en realidad permite enviar mensajes e imágenes convenientemente cifradas. Pero la gracia del asunto está en que el FBI y su colaborador tenían acceso a todo el tráfico de la red mediante una puerta trasera.

El martes fuerzas del orden de todo el mundo revelaron que en los aproximadamente 18 meses que han pasado desde que se pusiera en marcha la operación Trojan Shield (Escudo de Troya) han podido interceptar más de 20 millones de mensajes en 45 idiomas. Y que eso ha llevado al arresto de más de 800 personas en una docena de países. Aunque aún hay operaciones en marcha, así que habrá alguna detención más. En total había en servicio más de 12.000 dispositivos que eran usados por más de 300 organizaciones criminales que operan en más de 100 países. Por lo visto Anom no es que tenga una cuota de mercado especialmente grande, pero aún así es la operación más grande de este tipo de la historia.

Si han hecho público todo esto ahora es debido a la necesidad de parar algunas operaciones actualmente en marcha antes de que tengan consecuencias irreparables y a que se terminan los plazos que las las autoridades legales que supervisan la operación dieron para interceptar las comunicaciones.

No es la primera vez que las fuerzas del orden consiguen colarse en un sistema de este estilo, aunque en otras ocasiones sí había sido hackeando los sistemas. Pero parece que sí es la primera vez que se la consiguen meter doblada de fábrica a los malos. A los que además les cobraban unos 1.700 dólares por el teléfono y seis meses de acceso al setvicio. Ya no se puede fiar uno de nadie. Ni siquiera del FBI.

Eso sí, el colaborador que fue suministrando los móviles a esta gente, que por lo visto ha cobrado 120.000 dólares, ya puede estar bien escondido.

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Por @Wicho — 8 de Junio de 2021

Airtag / AppleHe estado probando un AirTag desde el día en el que estuvieron disponibles. La buena noticia es que funcionan para encontrar cosas. La mala noticia es que, al menos en mi opinión, Apple necesita aclarar más el asunto de la privacidad e incluso atarlo un poco mejor.

Lo primero que tuve que hacer para poder usar el AirTag –aparte de activarlo, obviamente– fue instalar iOS 14.5 en mi iPhone, pues las versiones anteriores del sistema no tienen lo que hay que tener para configurarlo. Configurarlos es un proceso sencillo e indoloro, más aún cuando el iPhone detecta automáticamente el AirTag en cuanto lo activas y te va guiando paso a paso.

Poderoso efecto red

Los AirTag se «hablan» con los literalmente miles de millones de dispositivos de Apple que tienen activada la opción «Encontrar mi…», que es la opción por defecto. Actúan entonces como una especie de repetidores anónimos de la señal de los AirTag. Así todos ellos ayudan a encontrarlos y, por ende, aquello a lo que vayan unidos, como por ejemplo las llaves de casa, una cartera, una mochila, o incluso un coche. Es una ventaja enorme respecto a otros dispositivos similares que ya estaban en el mercado porque todos ellos necesitaban que su software específico estuviera instalado en los móviles que debían ayudar a encontrarlos. Y en mis pruebas muchas veces era la única persona de mi ciudad que lo tenía instalado. Así que era complicado encontrar algo que no estuviera cera de mi teléfono.

Mis pruebas –ver más abajo– indican que aunque necesitas iOS 14.5 para configurar los AirTag en realidad cualquier iPhone con iOS 13 o posterior que tenga activada la función Buscar mi iPhone sirve para ayudar a localizar los AirTags. En iPadOS es necesaria la 14 o posterior. En mac OS necesitas Catalina o posterior.

Con la app Buscar, en la pestaña Objetos, podrás ver dónde y a qué hora ha sido visto por última vez cada uno de los AirTag que tengas asociados a tu cuenta y así saber grosso modo si están en el despacho, en el coche, etc, o si andan perdidos por algún otro sitio. Y en ese caso puedes activar –para eso necesitas iOS 14.5 o superior– el Modo Perdido para que los dispositivos que lo tengan cerca –y que tengan la versión del sistema necesaria– muestren un mensaje sobre ello. Aunque lo que no he conseguido que funcionara nunca es la aplicación Buscar en mac OS Big Sur: me muestra la pestaña Objetos pero nunca llegó a ver el AirTag que usé en las pruebas, ni en modo normal ni en modo perdido.

Yo no he podido probarla porque mi iPhone no tiene el chip U1 necesario para ello. Pero Alvy, que también los ha probado y tiene un iPhone 12, me cuenta que la Búsqueda de Precisión funciona bien como «brújula» para encontrar los AirTags cuando estás en el mismo sitio que ellos, aunque requiere estar bastante cerca –unos pocos metros– para que capte la señal y muestre las indicaciones; las paredes y otros obstáculos parecen interferir un poco. Otra cosa es que a ambos nos cuesta bastante oír con nuestros oídos de cincuentones el pitido que emiten los AirTag. Y ahí poco puede hacer Apple. Al menos no mientras no saque los iEars.

Pero en cualquier caso, como decía al principio, aunque no son una idea nueva ni mucho menos los AirTag funcionan muy bien gracias a todos los dispositivos que forman la red Buscar. Y es una tecnología que Apple podrá ir incorporando en cada vez más dispositivos como por ejemplo ya ha hecho con los AirPod. Y que además ha abierto a terceras partes, con lo que hay ya en el mercado dispositivos como el Chipolo ONE Spot con la misma funcionalidad que los AirTag. Esto también abre la posibilidad de que cascos u otros dispositivos de otros fabricantes puedan ser encontrados igual que si fueran unos AirPod.

Stalker con permiso

Una de las primeras cosas que hice para comprobar cómo va lo de la privacidad fue pedirle a mi mujer que se llevara con ella el AirTag. Y así, un rato después de que saliera de casa con él abrí la app Buscar en mi iPhone y pude averiguar dónde estaba el AirTag y por tanto mi mujer. Cuyo iPhone, por cierto, no tiene aún instalado iOS 14.5.

Pero como no podía descartar que no hubiera sido un iPhone con iOS 14.5 el que hubiera detectado el AirTag al día siguiente hice otro experimento: en cuanto salió de casa para el trabajo abrí la app otra vez y pude seguirla en su camino al trabajo. Así comprobé que en efecto no es necesario que un iPhone tenga instalado iOS 14.5 para poder localizar un AirTag; basta con que esté participando en la red de Buscar.

Le pedí además que al volver a casa «se lo olvidara» en el despacho, así que durante unas horas estuve comprobando periódicamente como el AirTag era localizado periódicamente gracias a otros iPhone, pues cambiaba la hora a la que había sido visto por última vez.

Alex en el trabajoDe todas formas como el iPhone de mi mujer está asociado a mi cuenta de iCloud para poder usarlo en las automatizaciones de HomeKit quise descartar por completo que por eso estuviera pasando la información del AirTag a mi iPhone. Así que le pedí a una amiga cuyo iPhone tampoco tiene instalado iOS 14.5 y que, por supuesto, no está asociado a mi cuenta de iCloud, que me hiciera de conejillo de indias y durante unos días se llevó el AirTag.

Durante ese periodo pude seguir sus desplazamientos y, por ejemplo, saber cuándo estaba en casa, en el trabajo, o dejando a su hijo en el colegio. Sin que su iPhone le dijera jamás que llevaba con ella un AirTag que no era suyo. De hecho tuvo que pasar un fin de semana por medio para que el AirTag empezara a pitar porque como somos compañeros de trabajo no habían llegado a pasar los tres días de plazo necesarios para que se pusiera a pitar al no detectar mi iPhone. Y aún así a mi amiga nunca le salió ninguna alerta en el iPhone.

Y sí, ya sé que se supone que los AirTag no son para esto. Pero como sucede con casi cualquier herramienta, siempre se le puede buscar el lado oscuro al uso de los AirTag.

Frente a esto Apple tiene que buscar un difícil equilibrio entre que los AirTag funcionen de modo que sean útiles y los malos usos que se puedan hacer. Y me consta que Apple está haciendo ajustes. El plazo de tres días que mencionaba antes, por ejemplo, acaba de ser reducido el pasado día 3 a un periodo aleatorio de entre 8 y 24 horas, lo que Apple entiende que complica las cosas para quien quiera hacer un uso nefando de los AirTag.

Así que, como decía al principio, los AirTag funcionan pero necesitan mejorar en cuanto a privacidad. Aunque no sea por la tecnología en sí sin porque las personas somos personas y tenemos nuestras debilidades.

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Por @Alvy — 8 de Junio de 2021

Conseguí encontrar la web del proyecto XUAN y este vídeo de un joven ingeniero, hacker e inventor de artilugios, Peng Zhihui donde se puede ver su bicicleta autónoma XUAN (de eXtremely Unnatural Auto-Navigation). Es tan fácil de explicar como lo que se ve en las imágenes: una bicicleta normal y corriente que se mantiene en equilibrio y se conduce sola. ¡Mooola! Aunque el vídeo (y los subtítulos) están en chino he querido incluirlo porque resulta bastante autoexplicativo. Lo bueno, bueno –la bicicleta funcionando– empieza en el vídeo a partir de 07:55.

El vídeo muestra básicamente todo el proceso de inspiración, creación, diseño de los componentes, fabricación y pruebas del aparato – un vídeo perfecto. La física en la que se basa es la del giroscopio; convenientemente alimentado puede girar y ajustar su velocidad para mantener la bicicleta en equilibrio sin problemas. Es la pieza grande que da vueltas y que va entre el tubo del asiento y el tubo inferior del cuadro. [Se puede ver en funcionamiento en 06:35].

Para mover ligeramente el manillar se utiliza un motor con una cinta y cables que lo hacen girar; otro motor proporciona tracción desde la rueda trasera (los pedales no se usan). Y en otros lugares libres del cuadro se instalan la batería y la electrónica. Todo ello diseñado con programas de CAD con deliciosa exquisitez.

En el vídeo puede verse a partir de 07:55 cómo la bicicleta puede mantener el equilibrio quedándose perfectamente quieta en el sitio; algo parecido a lo que hacen los Segway (si alguna vez has visto uno). Los sensores giroscópicos y la electrónica controlan las diferentes fuerzas que pueden actuar para buscar el punto de equilibrio; una vez conseguido se pueden hacer cosas como darle pequeños empujones, colgar un ladrillo de la barra [08:25] y todo seguirá funcionando.

Cuando el motor de tracción se pone en marcha [08:40] la bicicleta se mueve sin problemas; incluso puede realizar giros. Para esquivar objetos luego se equipó con una cámara y software de reconocimiento de objetos y un LIDAR (radar láser) lo que le proporciona habilidades fantasmagóricas, casa mágicas, como la de rodar sin problemas por los pasillos de un edificio [09:30]. También puede ir hacia atrás [10:05] y seguramente le añadirán otras virguerías. No tengo claro que pueda soportar el peso de una persona –no se ve ninguna versión con alguien encima– probablemente porque necesitaría motores más potentes, pero quién sabe.

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No hace demasiados años circuló otro vídeo similar, el de la bicicleta autónoma de Google, surgida en los Países Bajos, que guarda un tremendo parecido… excepto por el pequeño detalle de que aquello era una broma de April’s Fools, el Día de los Inocentes. Ahora aquella visión se ha hecho realidad. En cinco años.

Peng Zhihui se graduó en la Universidad de Tecnología y Ciencia Electrónica de China en 2018 y ha trabajando en el laboratorio de Inteligencia Artificial de OPPO y también en Huawei, en el Programa de Jóvenes Genios. Desde luego con inventos como este se le puede augurar un futuro prometedor.

(Vía Naomi Wu.)

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Por @Wicho — 8 de Junio de 2021

El Anker PowerPort Atom III Slim

Hace unos meses empecé a usar un MacBook Air de 2020 como mi ordenador principal. Se carga mediante USB-C, así que me tocó buscar un alimentador para llevar siempre conmigo. Y en el mundo del USB-C esto quiere decir que hay muchas opciones más allá del cargador oficial de Apple. Tras brujulear un poco, y dado que ya hace algún tiempo que vengo usando baterías externas de Anker y estoy satisfecho con ellas terminé por comprar un cargador Anker PowerPort Atom III Slim con el que estoy encantado.

Es un cacharro de nitruro de galio (GaN), que es lo de rigor ahora, que mide 9×8,65×2 cm y pesa 136 gramos. Tiene dos puertos USB-C y dos USB-A. Los puertos USB-C son uno de 45 vatios máximo y otro de 18; los USB-A pueden entregar un máximo de 15 vatios entre los dos. En cualquier caso el cargador da un máximo de 63 vatios. Así que si conectas cosas a los cuatro puertos, y dependiendo de su consumo, puede que se carguen algo más lento que cuando hay algún puerto libre.

Los cuatro soportan la tecnología PowerIQ de Anker; los dos USB-C en concreto llegan a la versión 3 de ella. Es la que, según el fabricante, asegura que el cargador «se habla» con los dispositivos que tiene conectados para asegurar siempre la mayor velocidad de carga posible. Es compatible con el estándar Quick Charge de Qalcomm, la carga rápida de Apple y Samsung, USB Power Delivery, y más.

La parte trasera tiene un conector IEC C8 –generalmente conocido como conector Philips aunque en realidad lo inventó Telefunken– para enchufar el cargador a la toma de corriente. Esto da flexibilidad a la hora de conectarlo en cualquier país, use el estándar de enchufe que use, con sólo conseguir el cable adecuado, lo que suele ser más barato y fácil que conseguir un adaptador. Acepta voltajes de 100 a 240 voltios de 50 a 50 Hz.

En fin, que tampoco tiene mucho más: un cargador muy útil porque permite cargar varios dispositivos a la vez a una velocidad razonable y porque evita llevar varios cargadores en la bolsa, algo que siempre es de agradecer.

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