Por @Alvy — 20 de Marzo de 2019

La Adobe Creative Cloud Connected Paper Tablet es una «tableta de papel conectada»; en otras palabras: una libreta Moleskine de papel normal y corriente que cuando se utiliza con el bolígrafo digital Pen+ permite dibujar directamente en Adobe Illustrator, y por ende subirlo a la Adobe Creative Cloud para guardarlo o manipular los diseños con otros programas.

Lo mejor es que a diferencia de otros lápices inteligentes no sólo dibuja en mapas de bits pixelados –además de con tinta– sino directamente como vectores de Illustrator, lo cual para los ilustradores es bastante relevante, incluyendo infinitos comandos como Deshacer. Lo único que hace falta para que funcione es instalar una extensión en Adobe Illustrator.

Cada libreta vale 34,90 euros, y el bolígrafo digital Pen+ Ellipse otros 199 euros. El bolígrafo reconoce los movimientos y las distintas páginas de los cuadernos y agendas, pero principalmente es capaz de captar los trazos en tiempo real para enviarlos a las aplicaciones.

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Por @Alvy — 20 de Marzo de 2019

El teclado mecánico Qwerkywriter, adaptable a tabletas u ordenadores

Esta monada es el teclado mecánico Qwerkywriter, un híbrido de teclado Bluetooth y máquina de escribir antigua, con el encando del clic-clic-clic y la practicidad de que se puede conectar a una tableta u ordenador cualquiera.

Técnicamente es un chasis metálico de aluminio, con espacio para colocar una tableta de hasta 10 o incluso 12 pulgadas. Las teclas tienen un sonido característico, al tiempo que resultan sólidas y estables. Naturalmente son un poco distintas de las que se podrían esperar de una máquina de escribir viejunas: hay teclas de función y algunas ëspeciales» como la del símbolo del átomo, que pueden «programarse» para diversas funciones.

El teclado mecánico Qwerkywriter, adaptable a tabletas u ordenadores

Para conectarlo a los dispositivos se puede usar o bien un cable USB o bien la conexión Bluetooth inalámbrica; incluso dicen que se puede enchufar a varios a la vez. El teclado en sí funciona con una batería recargable.

El Qwerkywriter es muy mono, pero es tan elegante como caro: 250 dólares cuesta el modelo en negro y 300 dólares los modelos en colores pastel (y eso es con descuento desde los 400 dólares que era su precio original). Al menos se puede conseguir en versión en español y hay piezas de respuesto diversas, que los teclados tan mecánicos no son como los de goma.

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Por @Alvy — 18 de Marzo de 2019

Este curioso reloj de mesa llamado simplemente The City Clock que tienen en la tienda del MoMA es toda una preciosidad: es un kit en madera de balsa cortada con láser, que se monta a partir de las piezas principales y ledes luminosos con sus cables y circuitos. Reproduce un edificio característico de la época de George Haussmann en el París del siglo XIX.

La forma de dar la hora es bastante peculiar y similar a la de los relojes binarios: cada uno de los cuatro dígitos del reloj hay que calcularlo sumando en vertical los dígitos binarios de las ventajas que están encendidas, esto es: +1 +2 +4 +8 (de abajo a arriba). Por esta razón los pisos de la derecha (minutos) se mueven más a menudo que los de la izquierda (horas), lo cual no es muy difícil de calcular pero sí entretenido.

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Como en el interior del reloj hay una placa Arduino se ofrece con software para programarlo con la hora en formato 12 horas o bien en un modo que permite mantener las luces apagadas entre la medianoche y las 8 de la mañana. Eso ya va a gusto de cada cual. El diseño es de la Familia Berbesson y su precio es de unos 149 dólares.

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Por @Alvy — 13 de Marzo de 2019

Este invento quedó finalista en el concurso de tecnología InVenture 2019 que organiza la Universidad de Georgia Tech. Se llama HANDLD y básicamente es una cámara y sensores instalados en las bicicletas que circulan por calles y carreteras. Si un vehículo como un coche o un camión invade la «zona de seguridad» que según la normativa protege a los ciclistas, la infracción queda grabada en forma de vídeo y fotos. En Estados Unidos este «margen de seguridad» es de 3 pies (90 cm) mientras que en España es de 1,5 metros.

Para desarrollarlo sus inventores cuentan que analizaron miles de accidentes, el contexto de la situación y entrevistaron a cientos de ciclistas. Lo que normalmente sucede es que los coches se pegan demasiado a los ciclistas y luego los adelantan sin respetar esa distancia de seguridad (el 90 por ciento se quejaba de esto). En caso de infracción flagrante, los ciclistas tienen un método automático que guarda la posición GPS, la fecha y hora del incidente y el vídeo/fotos con la matrícula para que la policía pueda tomar medidas. Con la app se puede revisar lo sucedido y decidir con un clic si informar del incidente o no. Supuestamente al hacerlo con mayor facilidad se concienciaría a los conductores de que no cumplir esa norma puede salir muy caro.

Al mismo también también permite a las autoridades crear una especie de mapa de «puntos negros» donde este tipo de infracciones sean más comunes, por ejemplo para poder tomar medidas al respecto: planificar carriles bici separados, ampliar las calzadas o poner más vigilancia si por alguna razón hay una concentración de incidentes en ciertas zonas.

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