Por @Wicho — 30 de Enero de 2009

Sony Rolly SEP-30BT1 estrella: Excesivamente caro Sony Rolly SEP-30BT

Sony nos ha prestado un Rolly, ese curioso reproductor de música que parece una especie de híbrido entre un iPod, EVE (la chica de WALL·E) y Mickey Mouse (o más bien Robocop, más sobre esto más adelante) para probar; estas son mis impresiones sobre él.

La gracia fundamental del Rolly es que es capaz de «bailar» moviendo sus brazos (que no orejas, de ahí lo de Robocop vs. Mickey Mouse) y hombros, así como de girar sobre si mismo o desplazarse gracias a sus dos ruedas; también tiene un par de luces que cambian de color para acompañar a toda esta panoplia de movimientos y que sirven a la vez para indicar los distintos modos de funcionamiento del reproductor:

Ver vídeo
Sony Rolly Video - 2 [YouTube 1:35]

A pesar de que en la caja dice que el Rolly no funciona con sistemas operativos que no sean Windows XP o Vista en realidad tanto Mac OS X como Windows lo ven como un dispositivo de almacenamiento USB (almacena un máximo de 4.096 pistas en formato mp3 o AAC en sus 2 GB de memoria, de los que en realidad quedan 1,88 libres), por lo que no hay problema para transferirle música aunque no seas usuario de Windows y basta con meterla en la carpeta MUSIC.

El Rolly es capaz de analizar la música que almacena y de «bailar» a su ritmo, aunque tambien se puede utilizar el software Rolly Coreographer, sólo disponible para la distintas versiones de Windows XP y Vista citadas en la caja, para crear archivos de movimiento en los que se le dice cual de sus miembros o ruedas mover y de qué color poner las luces, o para localizar archivos ya creados por otros usuarios para una canción determinada y bajarlos e instalarlos. También es capaz de analizar la música que se haya copiado al Rolly y crear automáticamente los movimientos correspondientes que luego se pueden editar y modificar.

Un detalle curioso es que a la hora de buscar estos archivos de movimientos el software en realidad lanza un navegador web que hace una búsqueda en una web de Sony al efecto y aún si encuentra un archivo para la canción en cuestión hay que bajarlo usando el navegador e instalarlo «a mano», cuando parece que el proceso debería ser automático.

Por mi parte, aún a pesar de no usar Windows no tuve ningún problema para instalar este software y usarlo con Windows XP Professional bajo Parallels Desktop 4.0.

A la hora de «bailar» el Rolly tiene ciertas limitaciones, como son que la función se desactiva al final de cada canción (o a los siete minutos de empezar esta) y que no se pueden usar los controles de volumen ni de salto de pista mientras está haciéndolo, ya que se usan las ruedas para ello.

Naturalmente también se puede usar como reproductor de música al uso sin que se mueva, como altavoces del ordenador o de un teléfono móvil vía bluetooth, o incluso como despertador…

Pero por muy gracioso que sea con lo de bailar el Sony Rolly tiene un problema fundamental, que es su precio: 399,01 euros me parecen simplemente demasiado dinero como para gastarlos en unos altavoces a pesar de que no suenan mal del todo para lo pequeños que son, aunque lógicamente suenan peor cuando los «brazos» los tapan durante uno de los bailoteos del Rolly.

Por ese dinero se puede comprar un juego de altavoces convencional para el ordenador bastante decente -y conviene recordar que el Rolly por si mismo no sirve de nada ya que hace falta un ordenador para cargarle la música y cargar su batería vía USB a menos que se adquiera el cargador opcional- o un reproductor de mp3 que no baile pero que se pueda llevar en el bolsillo -y el Rolly no sirve para esto no ya por su forma, tamaño, y peso, sino porque no tiene conector para cascos-.

A lo mejor mi problema con el Rolly es cultural, ya que tampoco entiendo lo de la fijación de los japoneses con el karaoke, pero no acabo de verlo ni como juguete ni como sistema de altavoces, ni acabo de entender que Sony haya decidido fabricar y sacar al mercado este producto…

Aunque a mis hijos ciertamente les hace mucha gracia y me han pedido encarecidamente que no lo devuelva al terminar de probarlo.

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