Logo Lainformacion.com
< Portátiles que son tabletas
Google anuncia el fin de Google Reader >

Cómo Microsoft podría salvar Windows RT, según Wired

Office-Win-Rt

La cuota de mercado es insuficiente, las ventas están siendo pobres y hasta Samsung está retirando algunas tabletas Windows RT en algunos países porque no se cumplen las previsiones. Según Wired, Microsoft tiene un problema pero todavía está a tiempo de hacer algunas modificaciones para que el asunto no se convierta en un fracaso:

  • Luchar por curar la anemia de su tienda de aplicaciones: el número de aplicaciones de la app Store es muy limitado –aunque ha pasado de 10.000 a 50.000 tras el lanzamiento de la Surface– pero siguen faltando las aplicaciones de prestigio de las grandes marcas: Twitter, Facebook o Dropbox. Hay que cortejar mejor a los desarrolladores.
  • Eliminar el Escritorio tradicional (Desktop): es una aberración puesta ahí tan solo porque no todas las aplicaciones están listas para RT, prácticamente es un contrasentido. Si se crearan versiones RT de Office y de otras funciones básicas sería un gran paso, y se podría eliminar una de las opciones más frankensteinanas y confusas de las tabletas RT – especialmente pensando en el mercado de consumo.
  • Moverse rápido: el tiempo es precioso para la competencia tecnológica hoy en día. Microsoft debería poder demostrar que puede hacer cambios rápidos, lanzar una segunda versión de Windows RT en poco tiempo, eliminar el Desktop e incluso adaptar Office a RT y a la nueva interfaz estilo app en tiempo récord. Si es algo que ha de exigirles a los desarrolladores, debería comenzar dando ejemplo.

Tras la experiencia personal conviviendo con una Surface RT durante algunas semanas, coincido con el análisis de Wired. Windows RT tiene mucho potencial, igual que la Surface, pero todavía no lo está sabiendo aprovechar. No hay nada killer, y sin un buen surtido de apps y un claro paso adelante que marque la ruptura con el pasado (simbolizado en el Desktop «a la antigua usanza») lo que todavía no es un fracaso puede acabar siendo algo –por desgracia– muy sonado.