Por Nacho Palou — 24 de Enero de 2013

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La Samsung Galaxy Camera es un producto curioso. Es un cruce entre una cámara compacta y un teléfono Android. O es un teléfono Android con una cámara supervitaminada pero que no hace llamadas.

Probablemente la Samsung Galaxy Camera (SGC) es un anticipo de lo que está por venir, de lo que será cada vez más habitual: gadgets y aparatos electrónicos provistos de sistemas operativos más sofisticados que los actuales “firmwares”. Y Android es un sistema operativo muy versátil que, con sus correspondientes modificaciones y adaptaciones, no será raro encontrar en cada vez más aparatos; desde cámaras, como en este caso, hasta frigoríficos.

La SGC es grande. Tiene una generosa pantalla LCD de 4,8 pulgadas y 1280 x 720 píxeles (HD) agradable en cuanto a colores y brillo. En la SGC es importante que la pantalla sea brillante ya que en muchos casos se utilizará en exteriores y a la luz del sol, y la SGC no tiene visor óptico. En ese sentido, aunque de tamaño un poco exagerado, la pantalla es adecuada. Pero también es uno de los motivos para que la descarga de la batería sea inusualmente rápida para tratarse de una cámara.

La SGC tiene Android 4.1, procesador de cuatro núcleos y 8 GB de memoria —ampliables con una tarjeta de memoria microSD de hasta 64 GB— de modo que en principio cualquier aplicación Android para captura y edición de fotografía —y de cualquier otro tipo, incluso juegos— funcionará en ella sin problema.

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Y como tiene conexión 3G y conexión wifi por supuesto también es posible utilizar Instagram o Facebook directamente desde la cámara, lo cual tiene cierto punto divertido.

El software que opera la cámara es bastante completo, con tres modos de funcionamiento: Automático, Inteligente (que en español se ha traducido erróneamente como "Elegante") y Experto.

En los modos Automático e Inteligente (perdón, Elegante) el usuario no se tiene que preocupar de nada más que de encuadrar y disparar. Bueno, no: el usuario tiene que sacar el flash manualmente cuando sea necesario, porque tiene un cierre mecánico que no se abre automáticamente aunque estés fotografiando en la boca del lobo.

En el modo Inteligente hay que seleccionar el tipo de fotografía que se va a hacer: nocturna, fuegos artificiales, panorámica, puesta de sol, macro, paisaje, congelar acción,... Y otros modos más sofisticados. Por ejemplo, entre otras, "Mejor cara" hace cinco fotografías de un mismo grupo para obtener la mejor foto de cada una de las personas del grupo.

El modo experto proporciona los controles PASM: ajuste manual con prioridad de apertura o velocidad y ajuste totalmente manual.

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También existe la posibilidad de aplicar filtros similares a los de Instagram directamente en la fotografía, viendo cómo quedan incluso antes de hacer la foto, en tiempo real.

Las fotos se pueden capturar a un máximo de 16 megapíxeles y la grabación en vídeo es Full HD (1080p). LA SGC no es para fotógrafos exigentes en cuanto a calidad de imagen, sino para aquellos que valoren ante todo poder compartir las fotografías según las hacen.

Los resultados varían mucho según la luz ambiente. Con luz las fotografías son razonablemente buenas y el zoom de 21 aumentos hace que sea bastante versátil. Con poca luz el resultado es inferior.

La principal pega de la SGC es que no es barata: cuesta 499 euros libre. Aunque se puede adquirir también en operadora, caso de Vodafone, por algo menos si se contrata un plan de datos.

Pero también por 499 euros e incluso menos hay un montón de cámaras compactas que dan mejor calidad que la SGC y tienen conexión wifi. Aunque, por supuesto, no tienen el catálogo de aplicaciones de Android.

También con cualquier cámara compacta y una tarjeta de memoria Eye-Fi las fotos se pueden pasar directamente desde la cámara al teléfono móvil, lo que básicamente viene a ser lo mismo que la SGC. Aunque el funcionamiento no es tan fácil ni tan transparente como en esta cámara de Samsung.

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