Por @Alvy — 5 de Octubre de 2016

Esta lista preparada por Top Media incluye todo tipo de ordenadores altamente inútiles, disfuncionales o simplemente horrorosos.

Entre ellos está el TI-99 de Texas Instruments, que solo podía escribir en mayúsculas; el telefonordenador E-m@ailer de Amstrad (¡del 2000!) que servía para «enviar e-mails» y cuyo nombre ya es como pegarle con una fregona al padre y el Lisa de Apple (oh, sí) que por mucha innovación que incorporara nunca consiguió cuajar – probablemente por su precio: unos 10.000 dólares de 1983, que equivaldrían a unos 24.000 dólares/euros hoy.

También están el Adam de Coleco, con tantos bugs que era imposible de utilizar y que incluía innovaciones como una fuente de alimentación… ¡en la impresora!; el Dell Dimension (2003) cuya fuente de alimentación se estropeaba justo cuando acababa la garantía o el Macintosh Portable de Apple (portable, que no portátil) que con sus limitadas características y un peso de 7,7 kg más bien parecía para hacer gimnasia que para llevar de un sitio a otro.

Los Chromebooks, así en general, también están en la lista, quizá «adelantados a su tiempo» entre otras cosas porque eliminaron la unidad de CD/DVD en 2007 (algo que en Top Media califican de alta traición); el Commodore 128, que tras el C-64 tenía poco que hacer y que ni de lejos era tan «para negocios» como pensaban sus creadores y el Apple III, con el mismo cuento: una versión mejorada del Apple II pero «para negocios», en el que el hardware resultó bastante deficiente.

Pero el top de la lista lo encabezan los Packard Bell holandeses, famosos por sus absurdos y estrambóticos diseños, por reciclar piezas viejas y venderlas como nueva y por fallar más que una escopeta de feria. La empresa acabó siendo vendida en 2008 y luego adquirida por Acer, que hizo de ella una nueva «marca Taiwanesa» mucho más digna.

La lista, con nada más y nada menos que tres productos Apple, demuestra cómo a veces incluso las más grandes compañías son capaces de fastidiarla, aunque luego sus creaciones exitosas compensen de sobra los estrepitosos fallos.

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